Así
dicho no parece una propuesta demasiado original, porque hacer una recopilación
de cosas (discos, libros, películas, loquesea)
que cumplan cincuenta años es algo que se le ocurre a cualquiera. De hecho
intuyo que el año que viene habrá un aluvión de propuestas centradas en 1972.
Lo
malo es que todas esas listas vienen a ser recurrentes.
Lo
bueno es que Juanjo se salta la frontera de lo mainstream para adentrarse en el terreno de lo desconocido.
Y
hay un montón de sugerencias apabullantes en la primera de las entregas. Me excuso
de imaginar que deparará la segunda parte, porque espero (paciente) a descubrir
cosas nuevas.
Ya
he dejado pasar cincuenta años, así que unos días más no importan demasiado...
*****
La
muestra que selecciono es fascinante: la música es un compendio de Gospel y Funk, una mezcla tan arrebatadora que, hoy, sigue resultando moderna.
Y
la historia de su protagonista, Thomas Lee Barrett, Jr. merece dejar escritas
algunas líneas.
*****
En
lo biográfico: nació el 13 de enero de 1944 en Jamaica, New York, hijo de un
músico góspel que se mudó a Chicago para ayudar a su hermana a dirigir el coro
de la Iglesia.
Y, al igual que el hijo de un zapatero aprende a arreglar zapatos y se dedica a ello
toda su vida, Tomas Lee se convirtió en pastor (o reverendo, según el momento)
y organizó y dirigió un coro de jóvenes que se reunía los martes y llegaba a
una cuarentena de miembros. Por allí se acercaban Maurice White y Philip
Bailey (de Earth, Wind & Fire),
o Donny Hathaway.
La
congregación estaba en gracia.
Era
un buen momento para el góspel. Edwin Hawkins ya había arrasado en 1969
con “Oh Happy Day”, una
adaptación de un antiguo himno.
Barrett
se animó a grabar un disco con su coro. Le echó una mano Phil Upchurch, legendario guitarrista, entre otros músicos de
Chicago.
En
1989 un juez del condado de Cook ordenó que entregara su título de pastor,
acusado de haber estafado más de dos millones de dólares a sus feligreses
empleando un esquema piramidal. En 1998 se le obligó a entregar 1.2 millones de
dólares para evitar la cárcel, lo que hizo con presteza. Poco después, ese
mismo año, se le rendirían honores por su contribución cívica a la ciudad de
Chicago y se pondría su nombre a un parque cercano a la Iglesia del Monte Sión,
donde Barrett ejerció su ministerio y formó un coro que grabó un disco que
constituye un legado espléndido para comprender la relevancia de la música en algunas
comunidades negras.
*****
Último
apunte: las imágenes del enlace en YouTube están extraídas de la película “Killer of Sheep”, dirigida en 1978 por Charles Burnett, sobre la vida en el
distrito de Watts, en Los Angeles, una suerte de neorrealismo italiano en un suburbio
negro.
Nació en Chicago, Illinois, pero creció en St. Louis con su abuela, una cantante de góspel que le llevó pronto a la Iglesia y, con tres años, le animó a que subiera a cantar junto a ella. Le enseñó a tocar el piano. Ésa fue su escuela.
Luego volvería a la ciudad del viento, donde trabajaría en el sello Curtom, de Curtis Mayfield, pese a que su debut en solitario sería en Atlantic, en 1970. Allí estaba su amiga y compañera en la Universidad, Roberta Flack, con la que grabó un disco conjunto de mucho éxito.
Su tercer disco de estudio incluye una declaración de amor nada afectada.
*****
Durante la mayor parte de su carrera sufrió graves episodios depresivos. Fue diagnosticado de esquizofrenia paranoide. Se le recetaron fármacos, pese a que no era muy diligente a la hora de tomarlos, lo que supuso diversos ingresos hospitalarios.
Se habían programado sesiones de grabación para un nuevo álbum de Roberta y Donny que se publicaría en 1979. El 13 de enero, tras haber trabajado en una sesión, el productor Eric Mercury encontró que empezaba a comportarse de manera irracional, por lo que le aconsejó que se fuera a descansar al Hotel Essex House, donde estaba alojado. Horas más tarde fue encontrado muerto en la acera, bajo la ventana de su habitación en el 15º piso. La investigación determinó que había sido un suicidio.
“Amor, ¿por qué has tardado tanto en venir conmigo?
Cariño, dime dónde te escondes de mí, todo el tiempo.
Cada vez que intento encontrar a alguien que ocupe tu lugar, resulta en vano.
Sus labios nunca son iguales.
Cuando estaba besando a otra persona, en mi interior estaba echándote de menos.
Tú me haces enamorarme de ti, no sé lo que voy a hacer.
Miré hacia el espacio vacío y todo lo que vi fue tu dulce rostro.
Amor, no puedes imaginar lo que me hiciste.
Tu amor me atraviesa cada vez que me sonríes, todo el tiempo.
Un día tras otro me estoy enamorando de ti.
No es mentira.
Atraviesa mi corazón.
Y, cariño, espero morir, porque no estoy intentando engañarte.