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sábado, 1 de julio de 2023

Al Stewart — Modern Times


Al Stewart
Modern Times

Modern Times (1975)

Wimborne, Dorset (UK)

Enlace

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Asociado a una canción que menciona un gato y un animal, la carrera de Alastair Ian Stewart trasciende ese importante hito.

Recuerdo varios LPs que circulaban por casa, propiedad de mi hermana mayor, que yo escuchaba con verdadero deleite.

Leo que le compró la guitarra a Andy Summers (futuro miembro de The Police) y empezó a tocar una acústica para actuar junto a Cat Stevens, Ralph McTell y Paul Simon, con quien compartió piso en Londres.

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Haz algo inusual en estos tiempos modernos y dedícale ocho minutos a escuchar esta canción. Lo disfrutarás.

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Hola, viejo amigo, que extraña coincidencia encontrarte

Han pasado quince años desde la última vez que nos vimos, pero todavía te reconozco

Llama al barman y déjanos llenar nuestros vasos

Brindemos por los viejos tiempos, donde yacen todos nuestros recuerdos

 

¿Te acuerdas de cuando éramos jóvenes?

¿Recuerdas los cambios a medida que crecíamos?

 

Él dijo: “No recuerdo... No quiero recordar

De hecho, ya he oído demasiado

No quiero pensar, déjame aquí para que siga bebiendo”

En vuelto en el calor de la ciudad de New York

Parece que simplemente no sabes

No tengo ningún uso para los trucos de los tiempos modernos

Enredan todos mis pensamientos como si fueran hiedra

Resulta difícil mirar atrás

viernes, 1 de mayo de 2020

Angelo De Augustine — Santa Barbara

Angelo De AugustineSanta Barbara
[single] (2020)
Los Angeles, California (USA)

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Suena tan minimalista que recuerda a Sufjan Stevens.
Y no sorprende ver que Stevens está con Angelo en este single.
Veo el vídeo y recuerdo que no me gusta la playa.
Ni el surf.
Pero ahora mismo me montaría en una tabla, si pudiera.

Ya estamos en mayo.

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A veces te das cuenta de que no sabes lo que deseas hasta que ya no está a tu alcance.

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Toda mi vida ha sido una sorpresa
Toda mi vida me lleva a morir
Oh, mi amor, estoy perdido otra vez
Todo este tiempo se ha desperdiciado
Toda esta vida ha sido un disfraz




¿Parece que truena?

lunes, 5 de agosto de 2013

Descenso Ría de Navia

El próximo domingo, 11 de agosto de 2013, se celebra la LVI edición del evento deportivo más destacado del occidente asturiano: el Descenso a nado de la ría de Navia. Todavía estás a tiempo de participar: puedes hacerlo, inscribiéndote en la prueba náutica o acercándote para comprobar lo espectacular del ambiente que se organiza en torno a la competición.

Más detalles en su página web (aquí) o en facebook (aquí).


"LVI Descenso Ría de Navia"

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Este año, Venancio Martínez, me invitó a participar en el programa de actos, escribiendo unas líneas sobre mis recuerdos personales. Fue tan generoso, como es costumbre en él, que me permitió hablar de lo que me pareciera oportuno.

Adjunto el texto que preparé y aprovecho para agradecerle su ofrecimiento.

Soy naviego. Me gusta el Descenso.

En casa, cuando hablábamos de ello, llegábamos a la conclusión de que éramos los únicos veraneantes, que repetían de forma permanente en Navia, careciendo de vinculación familiar.

No sé si es cierto.

Sí lo es, que mis abuelos, Antonio y Baby, llegaron huyendo de la guerra y aquí encontraron el descanso y la paz. Y que hicieron amigos con los que forjaron lazos profundos. Y, también, que gracias a la intervención de la Virgen de Villaoril, llegó mi madre, Dely. Eso oí contar en innumerables ocasiones a mi abuela, primero, y más tarde a mi madre. También explica por qué nos santiguábamos, a modo de ritual, cada vez que pasábamos por el Santuario, yendo o viniendo. Ahora, con el desvío, cuesta intuir dónde debemos hacerlo, pero, un poco a ojo, nos esforzamos en no perder la costumbre.

Al finalizar la guerra, mis abuelos no quisieron perder el contacto con una tierra y unas personas que les habían acogido y hecho sentirse en casa. Tras veranear unos años en el Hotel Mercedes, compraron un terreno en el Pardo, entre juncales, y con empeño baturro y ante la incredulidad de todos, construyeron un chalet orientado hacia la ría, casi dentro de ella. Lo inauguraron el verano en que mi madre me estaba gestando, por lo que puedo afirmar que sentí la ría —y me bañé en ella— antes de haber nacido.

La finca se cercó con unos setos que tardaron en crecer, pero las puertas del jardín estuvieron siempre abiertas para todos los críos que allí disfrutamos de aquellos largos veranos de tres meses, que entrábamos en bici a dar una vuelta a la casa, comíamos bocadillos de media barra y teníamos esa sensación de libertad que da el gozo y el disfrute sano. La rampla que mi abuelo encargó fue el lugar de baño de aquella pandilla.

Recuerdo las fiestas de disfraces que, sin motivo alguno, se organizaban en el jardín. Mi padre, José Luis, me dejaba hacer de ayudante y me invitaba a acercarme con él al maletero del coche, donde había guardado los voladores, petardos y tracas que, como colofón, anunciaban a todos que en el Porche había habido fiesta.

Muchos amigos pasaron por allí. No voy a olvidar el nombre de ninguno. Fueron muchos. Siempre eran recibidos con agrado.

Al atardecer, disfrutando del porche y de las magníficas puestas de sol, los mayores jugaban a las cartas, charlaban y bebían, mientras dejaban que los niños disfrutáramos a nuestro aire.

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Soy naviego por elección, como primero lo fueron mis padres y, antes que ellos, mis abuelos.

Recuerdo emocionarme cantando el himno de la Barca en la novena a la Virgen, asistir como espectador flotante a una procesión en gabarra el día grande de las fiestas y presenciar desde el Casino la prueba náutica, fumando, bebiendo y jugando a las cartas, guarecidos de forma inolvidable.

Las fiestas deben programar actividades para todas las edades. El Descenso, por su carácter deportivo, está orientado a los jóvenes. A los que participan de forma más activa, nadando la prueba. A los que contribuyen organizando y logrando que todo funcione adecuadamente. A los que asisten, como espectadores, a una prueba que trasciende lo deportivo, lo folklórico y lo tradicional y se percibe como una experiencia irrepetible.

Todos son protagonistas. Todos hacemos del Descenso algo nuestro.

Sigue siendo así.

Por eso, cada nueva edición del Descenso, hace rejuvenecer. Porque permite recordar cuando participaste; o cuando ayudaste a recoger gorros, dando colacaos o haciendo lo que se necesitara; o cuando asististe como espectador desde la dársena, o estuviste en una lancha, o en una piragua, o un K-4; o cuando, en el baile de la víspera, te sentías desplazado porque no podías competir con los atletas que llegaban de fuera.

Son historias del pasado. Al recordarlas, nos sentimos jóvenes, un año más.

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Me he casado con una tapiega de adopción y he trasladado 20 kilómetros mi lugar de veraneo. La proximidad hace que me acerque cada año, algún día, huyendo del bullicio y buscando la tranquilidad que siempre encuentro en el Pardo. Mis hijos se bañan y pescan en la rampla, donde hacen amigos. El magnífico paseo me da gratas sorpresas, encontrándome al paso a personas que recuerdo con cariño. Con mi madre, organizamos unas entrañables tertulias, con un espectacular crepúsculo y una ría siempre presente.

Estoy ilusionado en cada nueva edición del Descenso. Supone la confirmación de una prueba que recuerdo con cariño y que es el mejor escaparate de la tierra de la que he decidido sentirme.

Donde siempre me siento joven, aunque me inquieta que me lo recuerden.

Y es que, desde la primera vez que me bañé en la ría, siento que soy naviego.

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Acercaros a Navia. Disfrutaréis de un día que os costará olvidar.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...