Teniendo en cuenta que ya hemos padecido plagas de avispas asiáticas,
cucarachas o, incluso, jabalíes, parece que el Ayuntamiento debería poner interés
en resolver el asunto. Lo ha hecho. Y ya ha encontrado a quien culpar de las
plagas. En efecto, lo has adivinado: son
los vecinos.
Alan Parsons era un ingeniero de sonido y productor interesado en
trabajar un estilo musical peculiar (incluso para la época). Se alió con Eric Woolfson, compositor y vocalista, bajo una denominación ligeramente engañosa, que corresponde a un dúo, como eje
central (y una cohorte de colaboradores, algunos fijos) y no a un proyecto
individual, pese a lo que la etiqueta (The
Alan Parsons Project, en adelante APP) pueda llegar a sugerir.
La
música de APP está basada en el uso de sintetizadores y, en ocasiones, los
temas se desarrollan en suites. Otra
de las características esenciales de su propuesta es que los álbumes eran
conceptuales, gravitando en torno a algún tema común. Y, por encima de todo,
intentaron marcar su propio rumbo, al margen de modas y tendencias, lo que
supuso que fueran imitados y resultaran de gran influencia para otros.
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1976 — Tales of mystery and imagination. Edgar Allan Poe
¿Cómo
ambientar musicalmente la obra de Edgar
Allan Poe?
El
álbum gravita sobre varios conceptos, todos envueltos en la mística de la
pirámide, aunque de forma subyacente se encuentra el eterno asunto del libre
albedrío. ¿Somos capaces de decidir nuestro destino, por nosotros mismos, o
estamos pre-determinados? ¿Es el hombre libre? ¿Dónde está el origen de las
supersticiones?
Instrumental.
En el vídeo se utilizan imágenes de la película de 1966 “Fahrenheit 451”, basada en el libro de Ray Bradbury (en el que los bomberos se ocupaban de quemar los
libros).
Ahora
APP centran sus esfuerzos en la suerte y el azar. La idea de que la vida es un
riesgo continuo en el que hay que apostar y, en ocasiones, perder.
“May
be a price to pay”
Otro
raro vídeo promocional, con Parsons en los controles de un estudio de grabación
y Woolfson asistiendo al proceso.
“Games people play”
En
el vídeo, el cantante Lenny Zakatek,
muestra su Casio CA-53W-1Z (con
calculadora), recién estrenado. Parsons lleva una gorra de visera (amarilla y
con cuernos). El tiempo no pasa en balde.
¿Soy
el único que encuentra rastros de Ennio
Morricone?
“The
turn of a friendly card (suite completa)”
La
Cara B del disco original se estructuraba en una suite, con cinco movimientos. Aquí están todos. Evocamos la época
en que los discos se oían completos y te dejabas perder en un flujo continuo.
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1982 — Eye in the sky
APP
siempre mostró su atracción por Egipto.
Ahora entregan su trabajo más famoso y lo hacen bajo el ojo de Horus.
“Sirius
/ Eye in the sky”
Está
es la versión publicada en el LP, con “Eye
in the sky” precedida por el instrumental “Sirius”. Para quien la oyó en un disco, “Sirius” es un preámbulo necesario. Para los demás, es un tema que
se ha popularizado porque, en muchos estadios, es utilizado para calentar el
ambiente mientras presentan a los jugadores (a la americana).
El
disco contiene referencias a “1984”,
la distopía imaginada por George Orwell,
en la que un ubicuo Big Brother
controla todo lo que sucede. La individualidad no está permitida y, no sólo se
condiciona hacia un pensamiento único, sino que, de forma más agobiante, el
pasado es reformulado a voluntad. Winston
Smith, el protagonista, se siente atrapado en un mundo sin esperanza.
“Eye
in the sky”
Aquí
está la canción que dio fama eterna a APP, una formación que trabajó en la
línea más progresista de la escena pop
británica (e internacional); no sólo porque se les adjudicó la etiqueta de rock progresivo, sino porque supusieron
un avance con respecto a sus contemporáneos. Incluyeron el uso de
sintetizadores y programadores, dándole un tono reconocible a sus trabajos.
Profundizaron en el desarrollo de ábumes realmente conceptuales, estructurados
en torno a una idea central que, revisando su carrera, se podría resumir en la
búsqueda de la individualidad, frente a la tiranía del terror, o de las máquinas y
sus creadores, o de las supersticiones, o de la influencia de las mujeres, o del azar, o del
condicionamiento del destino individual por entidades que nos gobiernan a su
antojo.
Y
esa línea que les llevó —marcando tendencias, influyendo en otros, guiados por
la intuición de lo que querían hacer, sin importarles demasiado que estuviera
de moda, desarrollando planteamientos sofisticados, complicados, difíciles de
asimilar, pero, precisamente por ello, duraderos— les llevó a un punto en el
que su canción más sencilla, la más accesible, les garantizó un éxito que
supuso, también, el inicio de su declive.
A
partir de aquí siguieron publicando pero ya no eran tan innovadores como al
principio, ni conseguirían ser sustituidos en el recuerdo colectivo por otra
pieza que su “Ojo en el cielo”.
Tan
actual, además, como un par de vídeos que me dejan sin dormir desde hace unos
días.
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Este
artículo corresponde al juego “Por Amor a la Música”, en el que (presento
mis disculpas ahora por haber llegado con un día de retraso, debido a mi
despiste) me tocaba iniciar propuesta. Y mi sugerencia es “Discos que contengan en la portada la imagen de UN OJO”. Espero que sea interesante para todos los
participantes.
Inmersos, como estamos, en un mundo que cambia a una velocidad trepidante, nos encontramos atrapados en las trampas que nos plantean y, sutilmente, nos empujan a actuar de una determinada forma y nos obligan a pensar según las reglas que diseñan para nosotros.
La manipulación opresiva utiliza los canales de comunicación de la mayoría —los mass-media—, en un discurso que asfixia la posibilidad de plantearse un pensamiento divergente.
La pluralidad —manifestada en formas de pensar y comportarse diferentes— paulatinamente va desapareciendo, transformándose en un discurso monocorde —por monótono y por aceptarse por acuerdo mayoritario—.
El lenguaje es la herramienta utilizada. La verdad aceptada se manipula como anticipó George Orwell —desconociendo que su novela era predictiva— y, como si fuéramos todos Winston Smith, ya no sabemos, ni lo que fue cierto entonces, ni lo que es ahora verdadero.
La memoria, el recuerdo, la historia —como todo— son construcciones manipulables interesadamente y, como consecuencia, pueden siempre volverse a escribir. Nuestro mayor enemigo está dentro de nosotros y ya no podemos confiar en nadie.
“Lo importante no es lo que uno dice sino lo que la gente entiende”.
Cuando los trucos se utilizan como entretenimiento, asistimos a un espectáculo —la magia— cargado de ilusión y emocionante para todos.
Cuando su uso implica la búsqueda de un beneficio, interesado, de unos pocos, a costa del sacrificio de muchos, los trucos se convierten en engaños y nuestra obligación es tratar de desenmascarar a los farsantes y las artimañas arteras que emplean para alcanzar sus lúgubres fines.
Las manos frías de Potter tratan de atrapar en sus redes a George Bailey. El fragmento de interés transcurre entre (1:40 y 6:50)
Hasta hace muy poco, asumíamos con una cierta naturalidad —y una elevada dosis de despreocupada inconsciencia— que nuestra economía se regía por la ley de la oferta y la demanda. El mercado era el resultado práctico de la plasmación en un instante concreto de esa relación de fuerzas. Así lo define el diccionario: “conjunto de compradores potenciales, o de posibilidades de venta o de demanda de un producto o de un servicio”. Economía de mercado es, pues, la “basada en la ley de la oferta y la demanda”.
Ya no es el parqué, ahora son ellos. Un enemigo plural, difícil de combatir por carecer de rostro, pero que utiliza su poder para coger un teléfono y obligar a tomar drásticas decisiones. Son actores definitivos.
La sociedad civil debe alzarse frente al atropello a que se ve continuamente sometida.
¡Identifícate!: ¿Alguna vez has hablado de los mercados? Estás atrapado. La sugestión colectiva nunca es espontánea. Los intereses no están ocultos. Cualquiera que quiera ver, encontrará muestras del deterioro creciente y del empobrecimiento al que nos quieren condenar.
Ya ha pasado antes. Pero ni el enemigo era tan poderoso, ni nosotros tan lúcidos para saber cómo enfrentarnos a él.
La película resume, en un breve episodio, la crisis de 1929. Próximamente la verás en TV.
Aprovechando la época, me despido con un mensaje apropiado: “Jo, jo, jo”.