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domingo, 22 de enero de 2023

Toño Velasco — In itinere

 

Ayer estuve en la exposición del trabajo de Toño Velasco, artista multifacético local, que, hasta el 24 de enero, puede disfrutarse en la plaza de Trascorrales, en la antigua plaza del pescado de Oviedo.

Una parte importante de la muestra corresponde al proyecto 13 plantas, 13 plazas, donde el pintor aprovecha las plantas del edificio de la antigua estación de autobuses (galería comercial, además de uso residencial y oficinas) para retratar otras tantas plazas de la ciudad en que vive.

Además del proyecto mencionado, se recogen otros espacios de la ciudad, que Velasco retrata viva, luminosa, superando el lastre de la oscuridad y el letargo con el que los ovetenses debemos cargar, inmóviles (parece) desde tiempos de Clarín y “La Regenta”.

Son todos espacios exteriores, públicos, con la única excepción del bar “La Perla”, desaparecido hace muchos años, pero inolvidable para quienes lo frecuentamos.

Es una muestra que debe visitarse y que seguirá abierta hasta el 24 de enero, así que apúrate si pretendes hacerlo.

También es posible ver los murales en el edificio de la Plaza Primo de Rivera y contemplarlos en su ubicación definitiva y su tamaño real. Las fotografías de la exposición son de Pedro Domínguez Carazo, otro ovetense ilustre.

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Más información: página web del artista.

El Oviedo que queremos




martes, 22 de octubre de 2019

De princesas y reinas (50 Estados USA)

El pasado viernes se entregaron los premios Princesa de Asturias, el acontecimiento que hace que Oviedo salga por un instante de su proverbial letargo, y se desperece, y se vuelque hacia afuera, en un intento sincero de mostrarse internacional y moderna.
Quizá sea el día de encontrar sentido a las tradiciones, esforzándose en renovarlas.

El pasado viernes supuso el debut público de la princesa Leonor.

Qüina y Barbi

Vamos a darle un repaso (musical), sin pie ni cabeza.

Pie de foto

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Programa: Noche tras noche (RPA)
Fecha de emisión: 21 de Octubre de 2019



miércoles, 2 de octubre de 2019

De ratas y hombres


Los vecinos denuncian la existencia de una plaga de ratas en distintos barrios de Oviedo, la ciudad donde vivo.




Teniendo en cuenta que ya hemos padecido plagas de avispas asiáticas, cucarachas o, incluso, jabalíes, parece que el Ayuntamiento debería poner interés en resolver el asunto. Lo ha hecho. Y ya ha encontrado a quien culpar de las plagas. En efecto, lo has adivinado: son los vecinos.

viernes, 28 de junio de 2019

Yo compro en comercio local [Manifiesto]


Actualización (28/06/2019)
Escribí este artículo el 25 de abril de 2012, hace más de siete años.
Lo recupero porque (creo que) su espíritu sigue vigente.

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En el artículo hablo de 20 comercios. De ellos, hoy siguen funcionando 16. 2 han cambiado de dueño (y orientación). 2 han cerrado. Dudo que la muestra se ajuste a la realidad, porque veo cada vez más locales vacíos. El porcentaje probablemente esté segado por la elección de la muestra, que distaba mucho de ser aleatoria. Quizá la especialización haya sido la garante de su supervivencia.

El panorama ha cambiado: el número de reglamentos, legislaciones, trámites, impuestos no deja de crecer, en volumen y complejidad.

Uno tiene la sensación de que la Administración aplica criterios universales, con independencia de que, determinados requisitos, tienen sentido aplicados a las grandes empresas, pero carecen de él cuando estrangulan la iniciativa de los pequeños.


A continuación el artículo original íntegro:

Admito que el título que encabeza el artículo suena a una “declaración de intenciones”. Mi propósito es aún más profundo; pretendo que, en su desarrollo, se convierta en un “manifiesto”. Yo compro en comercio local.

"Mercado" Foto: jose_gonzalvo


A pesar de que hablaré de los comercios que frecuento por residir en Oviedo, mi pretensión no es hacer publicidad de ninguno de ellos —aunque me honraría que algún amigo se sintiera orgulloso de reconocerse—. Espero no pecar tampoco de un provincianismo excluyente que impidiera que el relato fuera reconocible más allá del entorno que lo propició, pero, tengo para mí, que determinadas características humanas son extrapolables, transportables, generalizables. He sido capaz de identificarme con las motivaciones personales de asesinos sistemáticos, políticos corruptos, hombres de la prehistoria, escarabajos, psicóticos, oficinistas, y tantos otros...

He viajado en el tiempo y he podido sentir como míos, ideas pensamientos y creencias de la época victoriana, del Renacimiento, de la Guerra Civil —o de cualquier otra guerra sobre la que haya leído—, o incluso del año 2.050. El tiempo no supone una frontera que mi imaginación no pueda franquear —hago homenaje, con dos días de retraso, a lectores y escritores, protagonistas principales, mayores en su importancia, que determinados objetos (de) culto—.


Así que, mirando hacia mi interior —a là Montaigne—, podré encontrar claves en mi comportamiento que otros más puedan identificar y comprender, aunque no necesariamente tengan que compartirlas.


Dos claves resultan significativas en mi formación como persona —integrada en una comunidad— y las expongo, sin rubor, orgulloso de sus implicaciones de alcance:

1 – Soy boy-scout. Cuando digo “soy”, no quiero decir que “lo fui”; quiero decir que “lo sigo siendo”. Cumplir la promesa era como ingresar en los marines: se adquiría una condición —así me lo transmitieron— perpetua, que no se perdía, que te acompañaba para siempre.

Entre las múltiples enseñanzas que conllevaba la integración en ese colectivo, la más decisiva —ahora— era la búsqueda permanente, cotidiana, de dejar el mundo un poco mejor de cómo lo habías encontrado, lo que se objetivaba en la buena acción diaria —una receta simple de recordar— y en la implicación, más relevante y revolucionaria, de la importancia de la huella transformadora que cada uno dejamos.

2 – Las meriendas con Barrio Sésamo, un programa contenedor que aunaba episodios extraídos de Sesame street (spin-off deThe Muppets) —en los que destacaban Epi y Blas, Coco, Triki, el Conde Draco o Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, cuando está trabajando— con la ambientación de la vida en un barrio, de producción local, que explicaba las peripecias cotidianas de dos niños: Ruth (acreditada como Abellán, de mayor se convertiría en Ruth Gabriel) y Roberto, hijos de Matilde y Antonio, dueños de la horchatería. En el barrio también echaba tiempo Julián, el quiosquero (cuando todavía no se escribían con “k”), de carácter cascarrabias, y, junto a otros personajes interpretados por personas reales —incluyendo a Cristina Higueras, la amiga hippie, deudora de Julia, la pintora cómplice de Chanquete—, conformaban el coro que daba soporte al verdadero trío protagonista de las aventuras: Don Pimpón, Espinete (el erizo) y Chema (el panadero).

Sucintamente perfilaré sus personalidades: Don Pimpón era un adelanto de Matt, el viajero (tanto del original, como del franquiciado), uno de los primeros en aprovechar al máximo las iniciativas del Inserso (justo tras crearse) para que los mayores —entonces se les denominaba jubilados— recorrieran mundo. Don Pimpón, sin necesitar psicotrópicos, estaba permanentemente de viaje, a pesar que, fatalmente para el resto de vecinos, volvía y no paraba de dar la chapa sobre sus aventuras con su compinche, el Maharajá de Kapurthala. Era una recreación espídica y (entonces) futurista del abuelo Cebolleta.

Espinete era un erizo —de identidad sexual no definida claramente— que, viviendo desnudo, se ponía pijama, zapatillas y gorro para irse a dormir. Tenía un punto de rebeldía comedida que lo convertía en simpático para padres e ídolo potencial de la chiquillería.

Chema era la piedra angular del invento: nunca se le veía trabajar (a pesar de que siempre llevaba el delantal puesto y, sorprendentemente, impecable en su blancura, como la camiseta de manga ultra-corta que en ocasiones vestía). Bailaba con estilo, cantaba a la menor oportunidad, lucía un flequillo rubio arrebatador y, visto hoy, contemplando el subidón permanente de sus juergas de barrio, hace sospechar que la harina no era el único ingrediente blanco de su (nunca visto) pan. Descubrir que Chelo Vivares —la actriz que sudaba para meterse, literalmente, en la piel del erizo—, era su pareja tras las cámaras, no hace más que aumentar las sospechas de que su negocio era una tapadera.


Estos son dos de los ingredientes básicos que conformaron mi infancia: la importancia de las relaciones de proximidad, de tu entorno, de tu barrio. La gente que ves todos los días y que te hace desear ponerte a cantar —en un mundo de relaciones personales, de gente que se conoce y se saluda, que protagoniza el ¡Viva la gente! particular de cada uno—.

Y por otro lado, la trascendencia que todos tenemos en relación a los demás, nuestra relevancia.  Entender que el mundo es como es, en parte, por nuestra aportación y, como comprobamos todas las Navidades con James Stewart y ¡Qué bello es vivir!, la huella imborrable que dejamos en nuestro entorno y en los demás. Asimilar para siempre que “el mundo no sería igual si tú no hubieras existido”.


Siempre tuve un claro objetivo personal: convertirme en alguien exótico, que dispone de tiempo para hacer las cosas ordinarias en una dimensión diferente. Hoy me siento rara avis por no visitar los centros comerciales, por frecuentar las tiendas de mi entorno y por buscar profesionales especializados en sus distintas ocupaciones.

Compro el periódico en el quiosco, la carne en la carnicería, las frutas en la frutería y, cuando fumaba, el tabaco en un estanco. No me gustan los comercios que tienen de todo —cuando se junta el concepto “bazar” con el de “país asiático en franca expansión”, se produce una mezcla de complicada digestión— y creo firmemente que las cosas baratas terminan siendo caras a la larga.

Mi suegro siempre decía —y en eso, como en muchas otras, tenía toda la razón—: “no tengo dinero para comprar zapatos baratos”.

Cuando voy a comprar, por lo común, me gusta que me conozcan. Si, por alguna razón, tengo que volver, me gusta que me recuerden.

La mejor forma de animar a que un cliente vuelva —lo que algunos confunden con fidelizar—, es sugerirle productos que se ajusten a sus hábitos de compra. Eso implica (re)conocimiento: la sugerencia bien realizada estimula la sensación de identificación y de pertenencia que todos anhelamos. Las tendencias más novedosas del marketing on-line avanzan en esa dirección: personalizar las recomendaciones que se nos ofrecen (incluyendo en esta directriz a los algoritmos de búsqueda más sofisticados).

El comerciante tradicional (el tendero) atesora esta cualidad que parece telepática y que algunos quieren, ahora, reutilizar de forma telemática.


Compro en una tienda de ultramarinos, cuya dueña ha obtenido merecidamente la medalla al trabajo, por sus muchos años de atención continuada. Llevo legumbres, conservas, embutidos y fruta: siempre me dice el punto y me recomienda la que está mejor. Si alguna vez no está del todo bien, me la deja un poco más barata. Está cerca de casa y, mandando a los hijos, siempre nos saca de un apuro. Sé cuánto la llegaré a echar en falta.

Visito la papelería cercana a mi casa: lo hago porque su dueña tiene mucho gusto y me ayuda a encontrar la solución, para organizarme, que mejor se adapta a mis necesidades y preferencias. Conoce las novedades del mercado y, si no las tiene disponibles, hace todo lo posible por encontrarlas y, si terminara resultando imposible, me ofrece alternativas adecuadas.

Frecuento una carnicería que siempre tiene el pollo del tamaño que yo pido; incluso cuando, a veces, compruebe más tarde que no era “exactamente” pequeño (o grande, o mediano). A veces llega incluso a suponerme una molestia, pero, de momento, sigo aguantando.

Me gustan las tiendas especializadas: tienen todos los artículos que puedo llegar a necesitar de un gremio concreto: voy a una ferretería de mostrador de las de toda la vida (renovada por un traslado forzoso por incendio) y compro allí cuchillos, tijeras, cafeteras y multitud de enseres domésticos; encargo las flores en el mismo sitio que adornó la iglesia para nuestro enlace; a ella le gusta ir a la misma mercería de siempre, que lo tiene todo y con la que compartí tantos desayunos con su dueña.

Compro los zapatos en la misma zapatería. Tienen las marcas que calzo (son cómodos, aunque no especialmente baratos).

Encontré hace años una tienda que localiza los vaqueros que me gustan, los que llevo gastando desde hace 30 años y cuando voy, me los llevo por parejas.

Visito siempre la misma farmacia. No explicaré aquí lo que hacen conmigo —porque a lo mejor no es del todo correcto—, pero saben que voy a volver y me facilitan el rato que voy a permanecer allí —uso siempre el banco que todas las farmacias siguen teniendo, por mucho que algunas lo empiecen a llenar de publicidad—.

Compro sombreros, bolsos, macutos, cinturones, tirantes, llaveros, monederos, maletas y guantes en el mismo sitio. Tienen de todo y lo exponen con arte y con gusto. Su dueño ha sido capaz de renovar un comercio tradicional de forma ejemplar. Su escaparate (físico y virtual) está siempre impecable.

Acudo a la colchonería —más que por colchones, que cada vez vende menos— para utilizar las virtudes de su dueño, que parece un genio usando la máquina de coser y que ha demostrado un increíble olfato para adaptar su negocio y hacer lo que ya no hace nadie. Una cuñada viene desde Madrid para plantearle tareas complejas que siempre resuelve con pericia.

Si tengo que comprarme una TV, o una radio, o algún electrodoméstico, o un periférico (no me refiero a un chalet en una urbanización en el campo, sino a una impresora, unos altavoces o un monitor), debo ser rematadamente tonto, porque sé dónde NO voy a ir nunca. Conozco alguna tienda en mi ciudad que sigue abierta, a pesar de las intenciones monopolísticas (oligárquicas, siendo generoso) de algunos. En ellas, me reconocen, saben lo que quiero, me informan de lo que me conviene.

Los productos de higiene personal, para el afeitado o la limpieza, los encuentro en una droguería (perfumería) próxima. Son extremadamente amables y me orientan cuando tengo dudas. Me dejo aconsejar porque sé que saben de lo que están hablando.

Siempre voy a la misma tienda de reparación de calzado. También duplican llaves y son capaces de arreglar un bolso que se ha roto, reparar un remache o parchear los patines de hockey de mis hijos.

Desde que tengo perro, acudo a la misma tienda, tan pequeñita que, para que entre un cliente, debe salir el anterior. A pesar de las dimensiones, tiene una buena selección de artículos y, hasta ahora, siempre he encontrado solución a lo que necesitaba.

Enfrente, hay una tienda “delicatessen” que visito cuando quiero darle una sorpresa a ella, o a alguien que nos venga a visitar. También frecuento otro establecimiento cercano, donde venden una amplia variedad de quesos y embutidos, con una cuidada selección y siempre frescos. Cuando me acompaña algún hijo, les ofrecen una loncha de queso cremoso, recién cortado que mis hijos van aficionándose a tomar.

Me corto el pelo en la misma peluquería desde hace quince años. Desde hace mucho, además de saludar y la charla estimulante entre parroquianos, no tengo nada que hablar; sólo con sentarme, se ponen a trabajar. Saben cómo me gusta el pelo, sin que tenga que volver a repetírselo. Mis hijos se cortan el pelo ahí también; si pasan a saludar les invitan a un puñado de caramelos (a veces me recuerdan a los secuaces de Al Capone).

Cerca hay un supermercado pequeño, en el que compro en ocasiones, y en el que, el segundo de mis hijos, saluda al dueño llamándole “Súper”, a voces, tal y como antes hacía su padre.

Mis hijos van los domingos a gastarse parte de su asignación en la misma tienda de dulces (el tutti). Conocen a los hijos de los dueños y alguna vez jugaron con ellos al fútbol a la puerta de la tienda.


Todos estos locales —y muchos que olvido, espero me disculpen— configuran mi experiencia diaria. Me gusta conocer a los tenderos y comerciantes y saludarlos al paso. Conozco su realidad, como ellos conocen la mía: hacen que me sienta integrado en una comunidad real.

Leo carteles que ponen “Fiamos dos días al año: uno fue ayer, el otro será mañana” y sé que no van conmigo. He podido comprar, tras comprobar que me había olvidado la cartera. Saben que no voy a escapar, que volveré al día siguiente.


Conocen a mis hijos y los ven crecer. Ellos saben dónde acudir si se encuentran en problemas. Sé que muchos pares de ojos les vigilan si los ven pasar.


Todos dejamos huella de nuestro paso; para algunos (los más desafortunados) será efímera y fugaz como una sombra. Los agraciados por su relevancia, dejarán un surco duradero.


Todos los comercios que frecuento tienen dueños locales. Parece que quisiera fomentar la cerrazón, el asilamiento, el espíritu de un ghetto. Explicaré mi idea: mi barrio es mi casa. No me importa que haya visitas, me encanta que se produzcan; las puertas de casa están abiertas de forma permanente, pero hay momentos reservados para los que son íntimos.

Cuando mis hijos empiecen a salir, no les pondré (demasiadas) trabas: pero me gustará saber con quién lo hacen. No permitiré el acceso de cualquiera al interior de mi hogar. Espero que, para entonces, mis hijos hayan desarrollado su propio criterio y que sepan fundamentar sus relaciones, reservando para los que quieran tener próximos, vínculos profundos, duraderos, basados en la confianza mutua, establecida de forma igualitaria, compartida y recíproca.

Y que, también, aprovechen todo lo que puedan para viajar, conocer mundo, idiomas, culturas y comidas, diferentes y exóticas, variadas y sorprendentes, adquiriendo experiencias inolvidables que me gustaría escucharles narrar a su vuelta.


Apoyarte en tu entorno te permite tener unas bases sólidamente asentadas.

La gente que vive a tu alrededor tiene intereses compartidos contigo. Los comerciantes, —como los que tienen un bar, un servicio de reparaciones, un negocio de albañilería, o de fontanería, o de lo que sea— constituyen el tejido principal de la red social en que nos encontramos inmersos.

Los autónomos nunca podrán ser sustituidos por autómatas. Sus intereses (por mucho que parezcan de pequeña entidad, ámbito o finalidad) nos afectan a todos. Su grandeza es enorme, pese a que sólo se acuerden de ellos cuando ya no están o cuando se les necesita para reafirmar su estatus.


Me gusta dejarme “enredar” por las conexiones que permite la tecnología. (Re)encontrar gente que hacía mucho de la que no sabía nada. Acceder a lugares remotos y encontrar, allí, personas con ideas e inquietudes plenas de interés. Proyectos que me resultan fascinantes y que quiero conocer a fondo.

Pero, para poder ser libre y volar, hay que estar firmemente arraigado, se necesita la fortaleza que se establece en los vínculos, esas relaciones de mutua implicación, basadas en la confianza, que se renuevan todos los días.


La posibilidad de proyectarse viajando a los lugares más remotos carece de interés si no hay un sitio al que volver y contarlo. Otrosí, viajar y descubrir que, en el otro extremo del mundo las costumbres y las comidas son iguales que en tu lugar de residencia habitual, restan entretenimiento a la experiencia. Nadie organiza un viaje turístico para visitar la segunda fase de la urbanización en la que nosotros fuimos pineros. Hay viajes como esos, por supuesto, pero pertenecen a otra categoría y su intención excluye, por antagónica, la condición de social. Viajar y no buscar lo diferente de lo rutinario es viajar “a media pensión”, cuando a todos nos gusta viajar de la forma más exclusiva posible.


Así que esta sociedad aberrante, desequilibrada, injusta, egoísta, anónima, alocada y alienante, esta sociedad basada en un principio funesto —“piensa globalmente, actúa localmente”— cuyo propósito final es convertirnos en marionetas de una uniformidad embrutecida, este mundo donde todo parece cada vez lo mismo, pero no te sientes a gusto en ningún lado, es una sociedad que me disgusta.

Una forma de combatirla es fortalecer las relaciones de proximidad, con la gente que te rodea, y, entre otras cosas, yendo a las tiendas de tu barrio.


Una consideración egoísta, antes de terminar: la implicación del comerciante con su entorno es muy profunda. Se peleará, con uñas y dientes, para defender su negocio y, si las cosas se le tuercen tanto que no pueda aguantar, ni poniendo dinero de su propio bolsillo, echará el cierre notando cómo una parte suya se resquebraja.

Si tiene suerte y le van bien las cosas, sus ganancias se quedarán en el sitio en que vive.

Y todo en una lucha desigual, frente a los que quieren cambiar nuestros hábitos: las grandes multinacionales, impersonales y deslocalizadas, que se llevan sus beneficios y, sin ningún escrúpulo, echan el cierre cuando los balances no acompañan, dejando miseria y penuria a su paso, cual moderno caballo de Atila. En esta tarea son ayudados por los políticos, sus secuaces necesarios en la labor de rapiña.


— ¿Y el pan? ¿O es que coméis sin pan?

— El pan merecería un capítulo aparte.

jueves, 9 de junio de 2016

Películas Para Perros

TNT ha vuelto a hacerlo.
El canal que surgió para dinamitar la forma de ver TV ha dado en el clavo.
De nuevo.
Éramos conscientes de que ellos propiciarían una expansión continua: su principal pilar sigue siendo explorar las posibles consecuencias del “big bang”.
Tienen suficientes teóricos de la ciencia reunidos en el mismo cuarto como para no ser capaces de predecir una interminable sucesión cíclica de ocurrencias.

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¡Ciclos de cine!, ¡por supuesto!
Tras haber organizado, con éxito, un ciclo de películas orientado a las madres, se han devanado los sesos hasta encontrar otra forma de fomentar el avance de la ciencia y el entretenimiento.

Cifras que representan cosas que no sabemos lo que son:
así es la nueva ciencia, amigos.





—¡No me jodas!
—No seas malhablada.
—¡No me lo puedo creer!
—Puedes hacerlo mejor.
—¡Oh, my Dog!

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En TNT, hartos de que se dejaran pasar algunos de los protagonistas de ciertos avances de la humanidad, olvidados sin remisión, apuesta por ellos.

La perrita Laika, catapultada al espacio y comprimida en su misión para convertirse en el primer ser vivo de un hipotético menú intergaláctico.

Los anónimos perros de Pávlov, únicos acompañantes del pionero psicólogo en su vejez. Tras los experimentos, hastiado de la colosal repercusión de sus trabajos, se recluyó en su casa, con dos de sus más fieles compañeros: Boris y Doris. En su decadencia llegó a olvidar que había quitado el badajo de la campanilla de la entrada, harto del estado en que dejaban la casa los malditos chuchos cada vez que alguien accionaba el llamador de la puerta. Murió en soledad, resentido con familiares y amigos, a los que despreciaba injustamente por haberle abandonado. D y P murieron de inanición, ahogados por dentro en unas babas que eran incapaces de secretar.

Y un perro negro, en un dirigible de plomo.

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Asumo que empiezo a divagar.

No quiero irme sin recordar a mi perro televisivo favorito de siempre: Pipin.
En 1988 protagonizó una campaña para concienciar del uso de la TV.
En tres entregas.




Todo se presenta en ciclos: para qué negar la evidencia.
Ya no importa que veas demasiado la TV.
Ahora quieren que ellos también la vean.

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Me voy a pasear a mi perro. Lo haré con mi amigo Rufus.






Al que pintan, que no agreden.

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Me voy, convencido de lo que represento para un canal de TV que veo; las campañas son una demostración de la consideración que se tiene por el público al que se dirigen.

Para TNT soy un perro.

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En una campaña, todo cabe en un catálogo.

martes, 8 de marzo de 2016

8 de marzo. Día Internacional de la Mujer

Con motivo de la celebración del día Internacional de la Mujer, el Círculo literario Morel de Sal tuvo la oportunidad de presentar el libro que recoge textos de los diferentes talleres desarrollados desde su creación en 2010.

El libro, publicado in memoriam de Marisa Gómez-Morán e ilustrado por Concha García Almazán, incluye textos de Mª Soledad Larrañaga, Silvia Pérez, Pilar Tuero Secades, Marisa Gómez-Morán, Mª Oliva Álvarez-Cienfuegos García, Concha García Almazán, Daniel García Pérez, María Pilar López Vega, Javier Prieto, Sonia Suárez, Asunción García-Prendes, Diego García-Otero, Sara Huidobro, María Iglesias y Teté Secades.

Se leyeron algunos de ellos. María puso voz al texto de su madre, Marisa, en el momento más emotivo de la jornada.

El acto contó con la presencia de la Concejala de Bibliotecas del Ayuntamiento de Oviedo, Mercedes González Menéndez y la coordinadora y alma máter del proyecto, Patricia Núñez.


Como colofón al evento, se realizó la lectura (des)dramatizada de un entremés (“pieza teatral de carácter cómico y de un solo acto”) preparado ad hoc, que contó con el siguiente elenco: Alma (Pilar Tuero), Óscar (Juan Mortera), Cuca (Teresa García), Jota (Hugo Baizán), Niño (Luis Secades)

Autor: Alberto Secades.



Un día espléndido, acogidos por Isabel en nuestro espacio de la Biblioteca La Granja, acompañados por multitud de amigos y familiares

sábado, 24 de octubre de 2015

¡Redcarpetízate!

Contagiado por el ambiente con el que se ha despertado, hoy, la ciudad en que vivo —en la que se entregan los Premios Princesa de Asturias—, animado por las letras, las artes, las ciencias sociales, la comunicación, la investigación científica, la cooperación internacional, la concordia y el deporte, que se galardonan en Oviedo, he decidido que hoy es el día para dejarme llevar por las tendencias en boga...

— ¿Tendencias en boga? ¿Pero qué manera de hablar es ésa?
— Perdón, quería decir que voy a tratar de adaptar mi forma de hablar...
— ¿Adaptar? ¿Forma de hablar? ¡Eres más antiguo que la Campos!
— ¿María Teresa?
— Ná; ésa tiene un aire fresco, desenfadado, mítico.
— Ya.
— Hablo de la otra, la que no deja de llorar.
Terelu.
— Con ese nombre, ¡qué ibas a esperar!
— ¿Qué le pasa?
— A ella nada; es a ti. Olvídate de hablar como un viejo.
— Será que he alcanzado esa incierta edad.
— ¿Lo ves? Lo has vuelto a hacer.
— No te sigo, Doc.
— ¿Hay alguien en casa?
— Como me des con el puño y me llames McMosca, ¡te lo comes!
— ¡WTF1!
— ¡OK2! Es época de cambios. Me haré runner3, y hípster4, merendaré cupcakes5, compraré packs6, le pediré a cualquiera que pase que me haga un selfie7, tendré TDAH8, seré bipolar9, Community manager10, haré un curso online11 de marketing12 gamificado13, gestionaré14 mis management15 skills16, just in Bieber17.
— Te estás rallando, OMG18.
— lol19.
— ytd20.
— ¿Qué hago?
— ¡Redcarpetízate!
— ...
— Que pongas una alfombra roja.
— Será azul.
— Vale. ¡Bluecarpetízate!
— Suena un poco triste.
— Déjalo.

*****

No vuelvo a leer la prensa.


“Los convocantes de las "marchas de la dignidad" en Oviedo lograron ayer ejecutar con éxito un plan que llevaban meses preparando: ocupar el Ayuntamiento de la ciudad y pasar la noche en su interior”.

“…durmieron en la sala de prensa”.

“Los participantes, que en todo momento aseguraron que se trataba de una "ocupación pacífica", metieron mantas, comida, bebida y medicamentos para pasar una noche que calificaron de "histórica"”.

“El alcalde, Wenceslao López, aseguró ayer que no tenía conocimiento del asunto […]. "Siempre es posible el diálogo", justificó el regidor”.

“Iban con camisetas amarillas, una pancarta con el lema "Emburriando un cambio social", mochilas y sacos de dormir, y accedieron sin oposición”.

*****

Me siento incapaz de resolver el sinsentido de que una marcha pueda alcanzar el éxito ocupando un espacio para pasar la noche en su interior, ejecutando un plan preparado durante meses.

Para realizar en la sala de prensa lo mismo que los periodistas hacen, a diario, en su jornada laboral.

O encontrar qué necesidad de introducir ¿medicamentos? para pasar una noche.

¿”Emburriando un cambio social”? ¿En serio? ¿A nadie se le ocurrió otro slogan?

*****

Es todo un asunto de educación.
O de falta de educación.
O de modelo educativo.
O de acuerdo sobre el modelo educativo.
O de olvido de las tradiciones.
O de priorizar las novedades.
O de creer que lo emergente es, además, más importante.

Olvidamos lo FIFO21; ahora todo es LIFO22.
Ya ni siquiera sirve la FIFA23, pero eso todos los intuían.

Dado que no hago más que recibir limones, me dispongo a hacer litros de lemonade24.

*****

Despliego mi red carpet25 y me dispongo a hacer un photocall26.


"La línea roja más selectiva que conozco"

A partir de aquí, establecemos un estricto filtro.
Los de siempre, pasarán por el papo.
El resto, pueden adquirir su abono y elegir la opción que se ajuste mejor a sus necesidades:

Premium27
Exclusive28
Ultimate29

*****

¡Aha30!. Una inspiración.
Llamo a mi agente.

— Voy a organizar una serie.
Wow31.
— Tengo todos los detalles.
— ¿Casting32?
— Sí. Cuento con el actor principal.
— ¿Seasons33?
— Cinco. Organizado como el Pentateuco, los primeros cinco libros de ...
Holy Bible34. I know35.
— ¿Ya no hablas español?
— Un poco, ofcors36.
— ¿Sigo?
— ¿Follow?
— I hope so, my fellow. C'mon.
— ¿Episodios?
— Piloto, prólogo, siete episodios en la temporada 3, otros siete en la 4 y grand finale37.
— ¿Open end38?
— Sí. Permite spin-offs39.
— ¿Timeline40 o feedback41?
— Discurso lineal con pequeñas excursiones.
— Se te irá la olla, ¿no?
Little crazy42.
— Tu estilo característico. ¿Plot43?
— ¿Sin miedo a spoilers44?
— Sí.
— Te haré un teaser45.

*****

Hablaré de educación.

Génesis: En el principio. Orígenes del protagonista.
Éxodo: Todo viaje es una transformación. Analizamos su trayectoria.
Levítico: Manual para elegidos. Elitismo. Cohesión interna.
7 episodios, según las enseñanzas de los sabios de Grecia.
Números: Babilonia en lugar de Salomón. La minuciosidad.
Modelo antagónico. Deconstrucción en 7 elementos.
Deuteronomio: Conclusiones que anuncian una despedida.
Búsqueda del elemento aglutinador que caracterice a la educación.
Talento o esfuerzo.
En casa o en la escuela.
Conservación de las tradiciones o adopción de novedades tecnológicas.

*****

A partir de la semana que viene, la primera entrega.

Nuestro invitado espera en el photocall de la red carpet.

Es Dustin.

*****

Términos traducidos a lenguaje viejuno.

1 WTF — What The Fuck: ¿Qué diantres?
2 OK — McKay.
3 Runner — Corredor.
4 Hípster — Sin afeitar.
5 Cupcakes — Madalenas.
6 Pack — Quiero 1, me llevo 6, pago 5. Me sobran 4 que he pagado y no quería.
7 Selfie — Ego replicado.
8 TDAH — Trastorno con Déficit de Atención e Hiperactividad. Falta de un cachete a tiempo.
9  Bipolar — Indeciso.
10 Community manager — Experto en hacer ruido.
11 Online — Conectado. Enchufado. Adicto. Mátrix.
12 Marketing — Gasolina apagafuegos.
13 Gamificado — WTF.
14 Gestionar — Hacer como que se sabe lo que se está haciendo.
15 Management — No sé de qué me hablas, pero te diré cómo debes hacerlo. Tráeme un café.
16 Skill — Habilidad. Salvo el escaqueo, en total desuso.
17 Just in time — Técnica logística para salir del auditorio antes de que llegue el cantante. Karaoke evasivo.
18 OMG — Oh My God: No me lo puedo de creer.
19 lol — Tip y Coll.
20 ytd — Ya te digo.
21 FIFO — First In First Out: Atender por orden de llegada. Miras el papel del turno en la Delegación de Hacienda y recuerdas una carnicería.
22 LIFO — Last In First Out: Atender al último que llega. Mundo virtual.
23 FIFA — Blatter y Platini me tocan más las pelotas que Mourinho.
24 Lemonade — Cara que se me queda cuando pienso en el trío precedente.
25 Red carpet — Alfombra roja.
26 Photocall — Selfies que te hacen otros. Evitas el uso del palo.
27 Premium — Tarifa A.
28 Exclusive — Tarifa B.
29 Ultimate — Tarifa Z.
30 Aha — Grupo musical (y tipo de pensamiento) favoritos de Martin Gardner.
31 Wow — Guau.
32 Casting — Proceso de selección guiado por criterios intuitivos y subjetivos. (Pre)Dominio de la apariencia.
33 Seasons — Temporadas. Formas de agrupar contratos laborales de carácter fijo discontinuo
34 Holy Bible — Un libro. El libro. Una sarta de engaños. Opio para el pueblo. Atrapapolvo. No hay acuerdo para una definición canónica.
35 I know — Ni idea de qué me hablas.
36 Of course — X deskontao, maGT.
37 Grand finale — Se nos acaba el presupuesto. Cogorza bestial. Comprar alka-seltzer.
38 Open end — Recurso narrativo aplicable cuando faltan las ganas o la inspìración.
39 Spin-offs — Ha gustado. Volver a empezar.
40 Timelime — Avance continuo. Mira tu red social favorita.
41 Feedback — Volver atrás. McFly en estado puro.
42 Little crazy — Twin Peaks.
43 Plot — Trama argumental.
44 Spoilers — Destripar la sorpresa final.
45 Teaser — Avance que trata de funcionar como gancho..

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...