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martes, 26 de marzo de 2019

Boulder, CO (50 Estados USA)


En esta edición nos detenemos en una ciudad de poco más de 100.000, pero llena de indudable atractivo: la “República Popular de Boulder”, como la conocen sus residentes. Universitaria, concienciada, saludable, integrada, respetuosa con el medio ambiente.


La proximidad al Parque Nacional de las Montañas Rocosas, el monte Flagstaff, las Flatirons o la estación de esquí de Eldora Mountain Resort, favorecen la pasión por las actividades al aire libre.

Las actividades urbanas se concentran en la calle peatonal Pearl Street Mall, el campus de la Universidad de Colorado, el parque Chautauqua.
Y un imprescindible teatro:


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Más detalles, a un clic de distancia.




viernes, 31 de enero de 2014

Postureo

“Sí, pero no”.

Se adoptan poses, por el hecho de estar de moda (y se critican, en cuanto dejan de estarlo).

Virtud virtual. (Fingir una apariencia, actuando desde casa).

"Juego de las diferencias: sin hogar vs. hipster"

La esencia del mundo moderno.

(Leyendo entre líneas)

Una mica elevó el postureo hasta cotas grotescas.

María Isabel: “Antes muerta que sencilla”


La atropellada pronunciación, acentuada por la continua visita de Pérez (el ratón), facilitaba la caricatura, en una traducción que se propagó.

Llum Barrera: “Antes muerta que sin silla”


La burla puede resultar predictiva (eligiendo objetos).



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Todo esto, el día después de anunciarse que a Pedro J. Ramírez le han invitado a dejar su silla.

De todo el mundo, el personaje más preocupado por la pose a adoptar (en la esfera pública y, también, en la privada).

Serán coincidencias.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Hipster vs. Mainstream

Me llama un amigo para decirme que leyó el artículo de ayer, sobre la evolución de Alaska, y que no entendía qué significaba eso del mainstream, ni su relación con la modernidad (ha oído hablar de un hipster, al que imagina como un hippie con perilla). Da la sensación de andar un poco perdido.

Es el momento de llamar a:

(el servicio de interpretación y traducción ultra–cool)

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Supongamos que se trata de un partido de tenis.

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El hipster empieza sacando —porque siempre va por delante—.
Ocupa su turno en mencionar grupos musicales, tendencias, accesorios, cantantes, comics, recursos, ideas, apps, programas que no conoce nadie y que, sospechosamente, siempre vienen de fuera.
Siempre cree que la demo era un must, la versión beta no es underground y la secuela está llena de spoilers.

Está ocupado en estar a la última.

Lo que venía siendo un seguidor de la vanguardia (la actitud, no el periódico).

Como en el mito de Sísifo, recordando a Albert Camus 100 años y un día después de su nacimiento, el hipster está condenado a mantenerse en continuo movimiento ascendente, empujando la roca de su absurda obstinación, sin percatarse de que su destino final es envejecer y ser expulsado de la categoría evanescente de la modernidad, en la que es imposible perpetuarse.

Un día descubre que alguien (mucho más joven) le llama de usted y zozobra.

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Las tribulaciones de una hipster son las de una moderna de pueblo.


"La permanente existencia de la duda" Viñeta: modernadepueblo.com

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Tras encajar los golpes del desprecio, el representante del mainstream, agazapado en su resistencia, empieza a reducir la desventaja. Sabe, más por viejo que por diablo, que largo será el camino. Su seña de identidad es carecer de ella. Al fin y a la postre, le interesa lo que interesa a todos. Le gusta lo que a nadie disgusta y encuentra su hábitat natural en un ascensor, en la sala de espera del Centro de Salud, o en las jornadas de puertas abiertas de cualquier cosa que resulte gratis.

Mainstream es Movistar, Vodafone, Yoigo o cualquier otro operador de telefonía móvil, con esa atracción fatal por las promociones exclusivas.

Es la excusa perfecta para organizar una tertulia, sin necesidad de mesa camilla, radio o brasero.

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Entre ambos extremos prototípicos se establecen profundas diferencias (g)astronómicas: el hipster (ser etéreo) tiende a la efervescencia y le gustan emulsiones, aromas, espumas, aires o bocados. Eso explica su capacidad para embutirse en unos pantalones pitillo, más que ceñidos.

En el mundo mainstream se valora más el embutido: gusta el compango, los platos de cuchara contundentes, tradicionales, los de toda la vida. No se hacen ascos a gazpachos, cocidos o gachas.

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En lo afectivo el hipster tiende a las sensaciones; lo mainstream tira de emociones (más o menos básicas).

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Es, para decirlo claramente, el destino de Sísifo que, en una inspiración repentina, se ve como un hámster dando vueltas en su noria y, cansado, se niega a empujar contracorriente, para aceptar transformarse en Maruja, campechana y locuaz, que gusta a todo el mundo (por negarse a formar parte de la generación rock).

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Todos hemos cometido “delitos y faltas”, pecadillos de juventud que admitimos con un mohín cómplice.




El partido se decide en el tie–break. ¿Quién crees que ganará el punto definitivo?

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...