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domingo, 19 de junio de 2011

Excitando la curiosidad

Foto: Martin Neuhof
La curiosidad es una cualidad innata. Todos nacemos siendo curiosos. Eso implica, no que dejemos la ropa bien doblada cuando nos cambiamos, sino que tenemos necesidad de saber, de conocer, de explorar. Nos hacemos preguntas, se las hacemos a otros y con ellas buscamos comprender el mundo que nos rodea.

El proceso de socialización pasa necesariamente por tres estamentos en los que se fundamenta el proceso educativo y en los que cristalizan las primeras etapas del desarrollo personal: la familia, el colegio y la calle. Los tres tienen importancia a la hora de impulsar o contener la curiosidad latente en los niños. La forma de educar a los niños determinará el tipo de adultos que llegarán a ser.

Impulsar, animar (excitar) su curiosidad provocará adultos, caracterizados por:

Afán de saber. Interés en ampliar el rango de sus conocimientos y de profundizar en ellos
Mentalidad crítica
Actitud flexible y adaptable a los cambios

Veamos qué sucede en los estamentos educativos:



  1. La calle. Como padres, tememos lo que pueda ocurrirles una vez que salgan de la burbuja protectora. Si desconocen lo que se van a encontrar, su curiosidad les animará a probar las experiencias novedosas que se les presenten. Fortalecer su carácter y reducir el aislamiento parecen recomendaciones razonables. Cuidar el círculo de amistades también. Pero el peligro de las tentaciones del mundo exterior exceden las limitaciones y el objetivo del presente artículo.

  1. El sistema educativo. Antes de añadir nada más, recomiendo ver con tranquilidad una extraordinaria charla de Ken Robinson titulada “¿Destruyen las escuelas la creatividad?” —dura 20 minutos, pero merece la pena—.

  1. La familia. Y en casa, ¿qué hacemos? ¿Alentamos la curiosidad de nuestros hijos o les pedimos que nos dejen un rato tranquilos, que nos permitan descansar al llegar del trabajo, aunque sea sólo un poquito? Cuando tienen que afrontar retos, ¿les allanamos las dificultades para que no se frustren por no poder superarlas? ¿Les explicamos las cosas hablando despacio, con palabras simples y a veces, visto desde fuera, parece que pensamos que, en lugar de ser niños, son un poco tontos? ¿Les ponemos trampas o les decimos siempre la verdad, como si fuera un pecado gravísimo jugar un poco con ellos?

Lo cierto es que los hijos juegan con nosotros de otra forma. Nos prueban, para saber hasta dónde son capaces de llegar, hasta dónde llegamos sus padres. Nos mienten, claro; la mayoría mentiras inocentes, pero muchas veces porque creen que no seremos capaces de comprenderles. Sienten curiosidad por lo que pasa a su alrededor. Es bueno. Hemos visto lo que sucede cuando buscamos excitar su curiosidad. Debemos buscar estrategias para ellos que les pongan a prueba, que hagan que pongan en juego lo mejor de sí.

Mis hijos saben que escribo un blog. No tienen muy claro en qué consiste eso, pero de alguna manera intuyen que debe ser divertido: me ven muchas horas dedicado a él, saben que ella y yo hablamos a escondidas de algún artículo que he terminado o sobre un punto en el que he quedado atascado. Me ven pidiendo direcciones de correo electrónico al asalto y notan que parte de las conversaciones versan sobre él. Les debe parecer realmente entretenido, así que no les permito ver qué es lo que estoy haciendo. Es cosa de mayores, les digo.
Foto: Edward in Canada

Sé positivamente que está funcionando. Si les ánimo a hacer algo, tienen menos ganas de hacerlo que cuando les pongo trabas, se lo impido o directamente se lo prohíbo. Quiero picarles y quiero desarrollar en ellos su curiosidad. Parece que quieren saber más de lo que saben. No les gusta que les mantenga fuera de una actividad que consideran entretenida. Tratan de esquivar el bloqueo y alguno, de vez en cuando, se acerca por el despacho para ver qué estoy haciendo, el otro me preguntó si podía hacer él un blog y al pequeño le gusta echar miradas furtivas a las fotografías que utilizo para ilustrar los artículos.

Parece que está funcionando:

Se incrementa su afán de saber
Han desarrollado una actitud crítica frente al bloqueo impuesto
Han trazado planes alternativos para cambiar la situación

Están actuando como adultos. Su curiosidad está siendo alentada


Y el mayor de mis hijos está trabajando en la planificación y diseño de su nuevo blog.

[Gracias a Juan Ramón de los Toyos. Una conversación con él provocó la chispa que inició este artículo]

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...