martes, 10 de enero de 2012

Jennifer Egan: El tiempo es un canalla

La editorial Minúscula estrena la colección Tour de force con la ganadora del Premio Pullitzer 2011, esta pieza —luego se explicará de qué tipo— firmada por Jennifer Egan, escritora sobre la que llueven reconocimientos a su mérito; el más destacable de ellos, ser reconocida por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo en 2011.

Es un libro —ahora viene la explicación— estructurado en trece capítulos, con un desarrollo no lineal. Carece de un protagonista concreto: los personajes aparecen y desaparecen de un capítulo a otro y la forma narrativa es cambiante. Parece que la crítica ha denominado este estilo como experimental.

En una entrevista, la autora explica su interés en forzar los límites de su estilo narrativo, explorando territorios que desconoce, “para no aburrirse”, tratando de aprender en el proceso y, además, entretener. Sorprende, por poner un ejemplo, la forma en la que, de repente, la narración se suspende y avanza en el tiempo para explicar lo que sucederá en el futuro con el personaje del que está hablando. Es también destacable el uso de herramientas no convencionales —me refiero, por supuesto, al capítulo escrito en powerpoint, o los diálogos del capítulo final en SMS—.

En fin, lo que resulta realmente interesante es el interés de Egan de forzar sus propios límites. Su intento de plantearse retos de dificultad creciente sorprende en un panorama creativo más bien soso y ramplón. Situar, como escenario, el mundo de la música, resulta también un acierto: la industria discográfica ha sufrido cambios radicales en su corta historia. La relación con sus clientes ha sido, digamos, tortuosa. La propia relación de cada persona con la música cambia con el tiempo: desde momentos en la adolescencia o la juventud en la que sientes que tu vida es la música, hasta el distanciamiento que se produce con el paso de los años.

Resulta gratificante encontrar una postura así, que se plantea forzar de ese modo los propios límites del esfuerzo creativo. He leído estos días alguna entrada, en blogs que sigo, que se planteaban cambiar los derroteros por los que continuar. Hablaré en concreto de dos. En el primero, el autor, muy seguido en los círculos de la reseña literaria, caracterizado por su tono mordaz y su falta de escrúpulos a la hora de decir las cosas por su nombre —el que a él le parece que tienen—, anunciaba el cese de operaciones. Se trata de La medicina de Tongoy. Yo llevo poco tiempo leyendo blogs y acababa de llegar al suyo, para enterarme de que cerraba. Más tarde explicó que, sintetizando por mi parte quizá en exceso, ya no leía para su disfrute, sino para escribir reseñas. Y así posponía las lecturas de clásicos que le apetecían más, para poner a caldo las novedades en un estilo que entendía que sus lectores le demandaban —o él se exigía a sí mismo—. El segundo de los escritores de blog, David Pérez Vega y su Desde la ciudad sin cines, persona amable y honesta, se planteaba de forma parecida que estaba posponiendo la lectura de obras que le apetecían más, por su longitud, ya que eso le impediría cumplir con el calendario que se exigía a sí mismo, de una reseña a la semana. Se planteaba mantener ese ritmo de publicación semanal, completando con la publicación de sus poemas, o con reseñas “de memoria” de lectores que había leído en el pasado.


El proceso de creación es complejo. Hacerlo de forma autónoma, lo es más todavía. Cada uno de los cientos de personas que mantienen abierto un blog, al que dedican una parte importante de su tiempo y energías, sabrá por qué lo hace. Adelanto que, desde mi punto de vista, merecen todo mi respeto y creo que el de la mayoría. Alimentar a la máquina con la que te enfrentas, exponiendo tus anhelos y esperanzas en un camino que, en la mayoría del tiempo, no sabes a dónde llevará, intentando esbozar algo nuevo, con un sentido plenamente creativo, y desear que guste a otros, es una tarea complicada.

Mantener un blog es hacer, públicamente, lo que muchos han hecho antes de forma privada. Pero hacerlo abiertamente entraña mayor riesgo: expones tu trabajo a los demás, que pueden juzgarlo y desdeñarlo de un simple vistazo.

El proceso de creación autónomo pasa por muchos ritos y debe cumplir con reglas estrictas que cada creador se impone. Ésas son las reglas más complicadas de cumplir: cuando uno es honesto, no tratará de engañarse a sí mismo y, por tanto, se juzgará con mayor severidad que si estuviera juzgando a otro. Ponerse reglas está bien siempre: para el proceso de creación es ineludible. Es posible que, en ocasiones, actúen como el cerco electrificado que mantiene a los animales alejados del cercado. También puede resultar un estímulo que incite a salir del territorio desconocido y explorar qué hay más allá, forzando los límites (auto)impuestos en un ejercicio de saludable curiosidad.

La sensación es que Egan ha tratado de forzar esos límites y hacer que el tiempo pase como en el cuadro de Salvador Dalí, La persistencia de la memoria. Los límites deben tener contornos difusos para combatir a ese canalla, que es el tiempo.


Yo también me planteé límites para el desarrollo de mi blog. Hay veces que los cumplo y otras que no. Ahora estoy incumpliendo simultáneamente dos: no quería reseñar novelas y no quería hablar de los límites de mi propio blog —me había marcado el límite del año y las cien entradas para hacerlo, al menos de forma pública—. Estas dos fronteras han caído —estoy más o menos cerca de llegar a ellas, trataré de engañarme e intentaré hacerlo de forma constructiva: eso me obligará a reformular mis limitaciones, desplazarlas y llevarlas un poco más allá, ampliando el terreno de lo seguro, para entrar en lo desconocido—.

Pero también había fijado que debía escribir para mi propio disfrute. Eso implicaba que, inconstante e inquieto como soy, debía romper las estructuras formales que me quisiera poner. Los artículos debían ser diferentes, tenía que buscar nuevas formas de afrontar los temas que quisiera tratar. El tono sería variable: desde artículos serios, formales como si fueran a ser publicados en  una revista técnica, hasta ejercicios juguetones que me inquietaran a mí y pudieran hacerlo con otros. Largos desarrollos de temas complejos y síntesis minimalistas debían poder convivir. Y utilizar al máximo las posibilidades del formato. Música, vídeos, hipertextos. Buscar una experiencia que trascendiera los límites de la escritura convencional.


Los blogs, como los hijos, crecen. En su crecimiento van desarrollándose. A veces uno mira para ellos y los reconoce. Su identidad es, aparentemente, la misma. Pero si miras con calma, si profundizas en los detalles, notarás los cambios que se han producido. El tiempo es un canalla. Pasa rápido y, en ocasiones, te deja atrapado en un recuerdo de lo que fueron antes las cosas. Pero las cosas —como los hijos o los blogs— ya no son así. Han cambiado, han evolucionado. Sólo debes intentar que el cambio se produzca en la dirección correcta.


La novela de Egan se desarrolla en torno a varios personajes que gravitan alrededor de Bennie Salazar, músico y, más tarde, productor musical. La música —como fondo— y el tiempo —como concepto— protagonizan esta novela. La HBO ha comprado los derechos para producir una serie de TV.

Yo he disfrutado mucho leyéndola y me ha hecho plantearme algunas preguntas que he querido compartir aquí.

11 comentarios:

  1. En mi caso y tiempo actual, el tiempo no es solo canalla (que no estoy seguro) sino casi inexistente.
    Y dejo de hacer cosas que me gustaría por culpa del puñetero trabajo (y están las cosas como para quejarse de eso).
    Lo que si tengo claro es que muchas cosas que en un principio empiezas como "hobby" (dicho con el mayor de los respetos, tal y como trato yo a mis hobbys) acaban ocupándote un tiempo que no siempre tienes, creandote unas responsabilidades que en un inicio no tenías ... y es importante fijar esos límites.

    Dicho lo cual, sigo trabajando (que era por lo que decía que no tenía tiempo para otras cosas)

    Salu2

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  2. Hola Alberto:

    Interesante reflexión.
    Gracias por el enlace y la cita.

    saludos

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  3. Pues tus limites no se si te los saltas pero tu grado de exigencia para con tu blog es muy alto. Un saludo.

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  4. No, en la referencia que me haces no sintetizas demasiado. Lo expresas muy bien. Quizá la única puntualización sería que siempre leí por disfrute (jamás leí un libro que no me interesase). El problema es todo aquello que me estaba perdiendo por culpa de las putas "novedades".

    Una entrada muy interesante. Los blogs, al ser parte de nosotros, evolucionan con nosotros y sufren las consecuencias que sufrimos cada uno cada día. El mio "se muere" porque efectivamente para lo que ahora mismo quiero hacer es un estorbo. Dentro de seis meses o un año no lo sé. Si algo he aprendido es a no limitarme a nada. Que sea lo que tenga que ser.

    Es muy interesante también esa relación que estableces con el libro de Egan. Lo cogí el otro día en la biblioteca y espero poder ponerme pronto con él.

    Un saludo,

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  5. Anónimo (a quien supongo byvel): gracias por dedicarme parte de tu reducido tiempo. Eso demuestra un aprecio que recojo con gusto. Si he acertado con tu identidad, sé cómo afrontas tus hobbies y, es mi opinión sincera, es la única forma de abordar cualquier proyecto en el que uno se embarque.

    David: Gracias a ti. Seguiré leyéndote.

    Momentos: Mis límites me fuerzan a exigirme más. Eso es lo que, al menos, trato de plantearme. (((Ya sabes que fui tocado por la varita afortunada de mi hada madrina)))

    Tongoy: Muchas gracias por tus comentarios. Proviniendo de ti, estoy tomando un rubor orgulloso en mis mejillas.

    Estoy encantado con estos comentarios tan amables. Hay veces que da gusto ser seguido y leído (y comentado)

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  6. Además de la reflexión, me gustaría indicaros a todos, incluido al autor de la reflexión, las impresiones que me ha trasmitido con ellas.
    La primera Libertad, con mayúsculas, ya que somos nosotros los que decidimos qué, cómo y cuando. Pero también la capacidad de no encorsetarnos en nuestras propias decisiones.
    Establecer límites está bien, porque así podemos jugar a pasear por ellos, como el niño que juega a correr al lado de los precipicios.
    Cuando un camino los bordea el riesgo es menor, y el juego más interesante.
    La segunda de las sensaciones es pues Flexibilidad.
    La tercera, es diversión. Es divertido tener normas, es más divertido autoimponerselas, y es muy divertido jugar a saltárselas.
    Un saludo para todos.

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    1. Gracias por tu aportación. Transmites que el artículo te ha motivado a la reflexión. ¡Bien! Eso me gusta.

      La libertad es el anhelo que debe regir nuestra actuación, como humanos. Su búsqueda y su defensa. Si no podemos conseguirlo hacia nosotros mismos, difícilmente podremos avanzar hacia un mundo más libre y, por eso más justo. Qué complejo concepto resulta el de la libertad. (siempre debe ir asociado a la responsabilidad). Y no me extiendo más, porque firmaría ahora un artículo. Me lo apunto para trabajar en él.

      La flexibilidad y la capacidad para improvisar cambios en los planes previstos (recuerdo ahora una conversación reciente sobre este tema con buenos amigos en casa) es fundamental.

      Jugar con los límites de las normas es divertido, pero especialmente peligroso.

      Gracias por exigirme ;)

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  7. Si, el tiempo es canalla. Ninguno de nosotros puede librarse de la destrucción del tiempo.Y el tiempo se nos escapa tan rápidamente como la arena entre los dedos.Tenemos una habilidad para desperdiciar el tiempo, quedarnos colgados de lo que es irrelevante en la vida.
    Podemos con la memoria volver al pasado y revivirlo porque las cosas que amábamos de niños viven en nuestros corazones hasta morir."El alma" se suspende sobre nuestros lugares queridos siempre y no tenemos que tener en cuenta ni la distancia ni el tiempo.Simplemente nos trasladamos.

    Leí a Jennifer Egan, un par de libros "Look at me"(tipo Thriller intelectual sobre la identidad y la impostura También su cuentos cortos New Yorker (Why China?,y alguna más que no recuerdo). Es una escritora original, digamos Vanguardista. Me imagino por lo que cuentas que ésta nueva va sobre la huella que deja en nosotros el tiempo.
    Anónimo, a veces las normas/obligaciones que nos ponemos a nosotros mismos son los peores, los más fastidiosos porque en mi caso siempre son los que me empeño como sea en no saltármelas.
    Saludos a todos,
    Nina

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    1. Querida Nina:

      El tiempo pasa. Ésa es la cuenta que nos cobra, que nunca podemos zanjar. El tiempo no es dinero, porque nunca se podrá comprar. El sistema monetario, basado en esa afirmación ("el tiempo es dinero"), podrá tener sentido; yo no lo discutiré AHORA. Pero transponer ese esquema a nuestros modelos de relación y convivencia, nos está despersonalizando.

      El tiempo es un canalla porque pasa y cuando me quiero dar cuenta, dejé de ser el que era y, en ocasiones, no soy capaz ni de recordar cómo era entonces.

      El tiempo es un canalla porque pasa y cuando miro atrás, recuerdo las cosas de otra forma a como las recuerda quien las vivió conmigo, cuando miro al presente, no reconozco a los que antes conocía, y cuando miro al futuro, desconozco lo que me espera.

      El tiempo es un canalla. Y punto. Añadir más cosas sobre este asunto, me terminará produciendo desasosiego.

      El artículo no era una reseña: por eso no quise poner de qué va el libro. Si destaqué quién lo protagonizaba. El tiempo.

      Me gustaría tiempo pata volver a leerlo, dentro de, digamos, 20 años.

      Un saludo

      (((y escucha la propuesta que te envié por otro conducto)))

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  8. Las horas, los días, los meses, los años....
    Irremediablemente el tiempo pasa, pero lo más importante es poder hacer lo que estoy haciendo ahora:contarlo a través de este blog.
    Por muchos años, Alberto

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    1. Muchas gracias: Ya sabes que las puertas están siempre abiertas. Eres un activista incansable. Que dure mucho, sí señor.

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