miércoles, 5 de febrero de 2014

Agorafobia, yoghourt y publicidad

Una nueva edición de la Super Bowl, la XLVIII, se celebró en la madrugada del 2 al 3 de febrero. Un evento global, no sólo por su repercusión, de alcance planetario, sino por su formato integral. Se atiende a lo deportivo (el desarrollo del partido) y a lo musical (las actuaciones del descanso). Los anunciantes muestran productos, en sus spots, en una competición que sirve también para mostrar quién es el macho más alfa de América, del mundo civilizado.

Todo un espectáculo.


En lo deportivo, los Seahwaks, de Seattle, batieron a los Broncos, de Denver, por un contundente 43-8, sin que sea preciso detallar más.

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En Grecia, la antigua, organizaban Juegos en los que participaban los atletas más destacados del mundo helénico. Una forma de competición que, al adoptarse en los tiempos modernos, se transformó, romanizándose bajo el lema pronunciado por Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos de la Edad Moderna: citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte). Una forma sencilla para comprender por qué el deporte se ha convertido en un circo.

No extraña que se haya apostado por un modelo finalista, en el que lo que prima no es la superación personal, sino el hecho de ganar, a cualquier precio, por encima de todo, sin importar demasiado las estrategias empleadas.

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En Grecia, la antigua, estructuraban las ciudades en torno al ágora: un espacio público que contribuía a dar al ciudadano conciencia de sí mismo. Permitía el intercambio de ideas y mercadería. El comercio y el debate confluían en un lugar organizado por intereses comunes. Al adaptarse a Roma, el espacio se transforma y se convierte en el Foro, espacio que daba conciencia de sí mismo al Estado.

Mientras el ágora tenía un carácter público, abierto, plural, carente de jerarquías y motor de intercambio, el foro adopta una forma cerrada, mucho más definida, enclaustrado en torno a estructuras arquitectónicas (y jerarquizadas) que ayudan a controlar las actividades que se realizan.

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En Grecia, la antigua, los ciudadanos se involucraban en la construcción de su modelo de sociedad. Daban importancia al pensamiento, sentando las bases de la filosofía. Creían en la participación colectiva en asambleas deliverativas.

Cuando el modelo se adaptó a los modos romanos, se impuso la jerarquía, se instauró el modelo imperial y el debate político se circunscribió a los notables, dejando para el pueblo llano el entretenimiento, en forma de pan y circo.

No es extraño que frente a la lista de pensadores griegos, apenas se recuerde ninguno romano. El libro más destacado de la época es una crónica militar, escrita por un dictador: Julio César y “Guerra de las Galias”.

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En la final de la Super Bowl, no sólo se decide quién es el campeón de la NFL.
También se establecen las tendencias que marcarán al mundo, en el pase de modelos que supone la publicidad de la retransmisión televisada.

La gran estrella fue Bob Dylan. Su presencia siempre se percibe, aunque no esté verdaderamente presente, como en la última película de los hermanos Coen: “Inside Llewyn Davis”.

En los anuncios, Dylan apareció dos veces. Un cantante que, durante muchos años, no quiso ceder a la presión del marketing (y el dinero) y no sólo se negaba a que sus canciones aparecieran en campañas, sino que exigía tapar la publicidad presencial en los estadios que usaba como escenarios de sus conciertos. La traición que supuso su participación en un anuncio, por vez primera en 2004, fue, para algunos, mayor que la que supuso enchufar su guitarra, abandonando el folk y abrazando el rock.

En todo caso, su editora controla con mano férrea su obra y su leyenda: traten de encontrar una versión suya de su clásico “Hurricane” en youtube.

Pero este año apareció, polémicamente, por partida doble.

De manera aparente, en la primera, preguntando si ¿hay algo más americano que América?. Nos explica que todo empezó allí, que América fue la inspiración para el resto del mundo. El verdadero sentido de un legado es su posesión: podrás importar muchas cosas, pero nunca podrás encontrar, en ningún otro lugar, el orgullo americano. “Deja que los alemanes hagan tu cerveza, los suizos tus relojes, o los asiáticos monten tu teléfono. Nosotros haremos tu coche”.


Es bastante claro mostrando sus argumentos.

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La segunda aparición es mucho más sutil. Un pueblo apacible —que claramente evoca al que acogió a un doctor neoyorquino, neurótico y judío (todo un prototipo de urbanita) en su exposición al norte, los grandes espacios naturales y la importancia de la implicación en relaciones profundas—, como el Cicely de Northern exposure. Se perciben diferencias entre el que conoció Joel Fleischman y éste. En la tienda que se asemeja a la de Ruth Anne, han puesto un timbre para gente con prisa y es atendida, claramente, por una empleada. Sospecho que, incluso, ahora venden cupcakes. Y, en lugar de ver caribús en un paseo pausado, se ve a un oso, buscando con ansia saciar su apetito con yogur, mientras suena de fondo Dylan, interpretando “I want you”.


Será mejor quedarse en casa, enchufado a la pantalla. No saldremos más.

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Imagino que los griegos, los modernos, no debe sentarles nada bien esa idea de que se apropien de sus ideas y hayan quedado como unos tipos, insolventes, a los que hay que rescatar porque tienen su economía como su propio país.

La abuela se enfada mucho.


Con razón. Ni siquiera se toman la molestia de aprender a escribirlo con corrección.

Lo más denigrante debe ser sentir que, continuamente, “te hagan un griego”.

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Es el triste final de la cuna de la civilización occidental: aquella donde surgieron los modelos para el resto del mundo en estructuración arquitectónica de la ciudad, formas de pensamiento, organización política, celebración de competiciones deportivas o elaboración de postres lácteos.

Perdurará la agorafobia y la publicidad, aunque Álvaro Carmona se empeñe en desmontar sus campañas.


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No es que crea que la competición esté mal.
Acabo de participar en un concurso para elegir la mejor Web de Asturias.
Y ha sido que NO, a pesar del apoyo cariñoso, que agradezco profundamente, de un montón de amigos.

Porque tengo la sensación de que no es sólo el resultado lo que importa.


6 comentarios:

  1. Unos argumentos de historia del pensamiento socio-político de lo más elaborados. Sirve para pensar. Pero ¿Qué podemos hacer....?

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    1. Jerónimo, si yo supiera qué hacer, estaría intentándolo. De momento, me queda el consuelo de poder ver lo que sucede.

      Un abrazo.

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  2. Que conste que si algo aprecio de la Superbowl no es el aspecto deportivo que entiendo es lo de menos sino el mercántil. Brutal exhición de espectáculo y mercadotecnia. ha sido entretenidismo este año,

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    1. Desde luego, es una exhibición de espectáculo brutal.
      Y una exposición de tendencias inapelables.

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