George Zimmerman fue acusado del asesinato de Trayvon Martin, en un caso que atraía la atención pública americana
(y mundial). El jurado popular determinó que no se había demostrado su
culpabilidad, más allá de toda duda razonable y, por eso, su veredicto fue “not
guilty”.
Con
esa consideración hacia la justicia, que se está extendiendo de forma
alarmante, basada en la exigencia del respeto a las decisiones de los
tribunales, cuando se está de acuerdo con ellas, y en la invocación a la
presunción de inocencia, cuando se está próximo a los intereses del acusado, se
tiene la sensación de que, cuanto más ojos públicos están atentos a los
procesos judiciales, más ciega se muestra, la portadora de la balanza, en sus
procedimientos y consideraciones.
Lo
que, en USA, se tradujo en que, al haberse juzgado previamente el caso en los
medios, la sentencia exculpatoria no fue aceptada y se provocaron
disturbios alentados por el prejuicio racial.
No
están los tiempos para alimentar la caldera con la presión excesiva de un
desencanto generalizado que sólo provocaría más desorden y altercados.
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Hemos
comprobado que la presoterapia
resulta de lo más relajante.
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| "Relajación vicaria" |
Diez
minutos oyendo la radio y escuchando que Bretón o Bárcenas están a buen
recaudo, nos deja el cuerpo más cerca de sentirlo perfecto.
Ya
sabemos que enchironar es un verbo que
nos gusta (salvo que nos lo quisieran aplicar).
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Comprobar
que Bárcenas intercambiaba SMS
con Rajoy, al margen de la
interpretación que, anticipadamente, cada cual quiera concluir, transmite una
falsa sensación de tranquilidad aparente, imaginándolo encerrado en la cárcel,
utilizando el WhatsApp e
intuyendo su obsesión en chequear el doble-ckeck.
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No
deja de sorprender la facilidad para utilizar las mismas palabras, aplicadas
con disparidad de criterios, simplemente porque el adversario las ha utilizado
previamente y hay carta blanca para apoyarse en el desconocimiento de la
mayoría.
Connivencia — “Disimulo o
tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus
subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven”.
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Como
no queremos que las cosas vayan a mayores, proponemos que la siguiente sesión
de presoterapia se lleve a cabo con Urdangarín,
el que en una
meteórica carrera se transformó, ipso
facto, pasando de ser un tipo alto, zocato, a ser un zoquete altivo.
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