Nunca he sentido demasiado interés por Alice Cooper, pero en
ocasiones encuentras sorpresas en los sitios más inesperados.
Parte viene por mi predilección por las canciones, frente a los
LPs.
Así que me chiflan las recopilaciones, de donde extraigo tesoros.
Una de ellas llegó a mis manos de forma bastante accidental y
recogía éxitos de la Billboard de 1975; eran muy numerosos los temas de soft-rock, tan de moda entonces.
*****
He investigado un poco y he podido saber que Alice Cooper era una
banda formada en 1968 en Phoenix en la que su cantante era Vincent Damon
Furnier.
Tuvieron mucho éxito en 1973 con su 6º disco, Billion Dollar
Babies. Y el éxito llevó a la ruptura. Y Furnier quiso aprovechar el nombre
y, para poder hacerlo, tuvo que cambiarse oficialmente el nombre. Ahora, en su
permiso de conducir (si es que lo tiene) aparece escrito Alice Cooper, un
nombre que la leyenda dice que surgió en una sesión de ouija, cuando una niña con ese nombre, que había vivido en
Inglaterra en el siglo XVII, no teniendo otra cosa que hacer, se les apareció a
los miembros del grupo.
*****
La banda estableció un ritual en sus conciertos en los que desplegaban
una llamativa puesta en escena; Furnier se maquillaba de forma exagerada, se
vestía con ropas femeninas, se convertía en un villano, asesino de mujeres.
Cortaban bebés (muñecos, no reales) con hachas, empleaban guillotinas y, en una
ocasión, en un concierto en Toronto en 1969, Furnier lanzó una gallina al
público pensando que podía llegar más lejos volando (la ignorancia siempre es
mala consejera), pero se quedó en la primera fila, reservada para asistentes en
sillas de ruedas que, entrando en pánico, destrozaron a la pobre gallina.
El rumor corrió y al día siguiente le dijeron a Frank Zappa que Furnier había decapitado
a una gallina subido al escenario, se había bebido su sangre y había arrojado
el cadáver al público. Cooper negó el rumor; Zappa le aconsejó que no lo
hiciera ante la prensa. Era una publicidad asombrosa.
La banda siguió explotando un estilo conocido como “shock-rock”; incluyeron ejecuciones
(fingidas) en silla eléctrica y una siniestra variedad de torturas góticas. Marilyn Manson, Kiss, o David Bowie
siempre reconocieron ser deudores de su atrevimiento.
El diseñador de los efectos escénicos fue James Randi, que aparecía como verdugo y era famoso también por su
empeño en desenmascarar fraudes de parapsicólogos y charlatanes de diverso
pelaje. Es conocido el episodio con el mentalista israelí Uri Geller, que engañó a José
María Íñigo en España pero no pudo con Randi ni Johnny Carson en USA.
*****
En 1974 la banda se separa, Furnier adopta su nueva identidad
oficial y publica su primer disco como artista en solitario, un álbum
conceptual en el que el niño protagonista, Steven,
se enfrenta a sus pesadillas más sórdidas.
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El tema que origina todo este desvarío (mío) fue motivo de
controversia; muchos pensaron que trataba sobre la menstruación, pero en
realidad hablade una pareja en la que él abusa de ella. Curiosamente, cuando se
lanzó como single el título tuvo que
acortarse a “Only Women”, debido a
las protestas de grupos feministas.
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El hombre consiguió que su mujer recibiera su semilla
Él obtuvo el poder
Ella tiene la necesidad
Pasa su vida tratando de satisfacer a su hombre
Le da de comer, o lo que pueda
Llora sola por la noche con demasiada frecuencia
Él fuma y bebe y a veces ni siquiera vuelve a casa
La
película dirigida por Víctor García León,
estrenada el pasado viernes tras ser premiada en el Festival de Cine de Málaga,
plantea un tono de comedia sobre la crisis —económica y “de valores”, se suele apostillar— española.
Resulta
sencillo acercarse desde el lado trágico: la situación lo es en sí misma; sería
redundante.
Se
agradece el esfuerzo de mostrar una comedia. Como en todas, hay una búsqueda de
reírse de algo, entendiendo que la risa pueda resultar catárquica.
Y
se reconoce el intento de esquivar tres tentaciones en las que la comedia puede
caer: reírse de alguien (cayendo en una burla), apoyarse en prejuicios
(alimentando un clima, molesto en exceso, que favorece el enfrentamiento y la
transformaría en parodia), buscar soluciones simplonas (que conducirían a una
farsa).
Pasan
los años y —me percato de ello—, algunos se acentúan. Me gusta pensar que, con
la edad (o quizá la madurez), he podido tamizarlos, buscando evitar que todos
mis prejuicios sean negativos.
Algunos
me predisponen positivamente hacia algo o, muy especialmente, hacia alguien. Se
activan de forma inmediata cuando escucho:
— realizar una pregunta sin plantear un
expositivo previo
— admitir la incapacidad para establecer
un criterio, al aceptar que se desconocen todos los elementos que puedan
fundamentar la valoración personal
— reconocer que uno mismo es un “vago redomado”.
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Intuyo
lo que significa para quien se identifica así.
De
los dos términos, el esencial se emplaza en segundo lugar.
El
primero se emplea como un señuelo: algunos se quedan con la imagen de Tomás el gafe balanceándose en una
mecedora.
Es
un embuste, un artificio; la muleta que atrapa al morlaco.
Despista
y desenmascara.
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Quien
se etiqueta a sí mismo como redomado,
es cauteloso y astuto.
Tiene
en alta estima la cualidad negativa que se le atribuye.
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No
es alguien apático, holgazán o perezoso. No se siente vacío o desocupado.
Quizá
sea vago2, y ande sin rumbo fijo, sin detenerse en ningún lugar.
Puede
que sea impreciso, indeterminado, indefinido.
Con
seguridad, le gustará matar moscas con el rabo.
Necesitará
disponer de tiempo.
Sabrá
cómo hacer para encontrarlo.
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Con
toda certeza empezará más cosas de las que sea capaz de terminar.
Esa
desazón le anima a confesarse, públicamente, como vago.
*****
Olvido,
en mi deambular errático, que no estoy hablando de mí.
Me
vienen a la cabeza las veces en las que he oído decir: “soy un vago redomado” y, como si fuera un resorte, mis orejas se
ponen tiesas, me quedo parado como si fuera una teckle marcando una presa.
Me
encuentro con alguien que creo que merece la pena dedicarle un poco de tiempo
para ponerme a escuchar.
*****
"Este mundo es un lugar de ajetreo. ¡Qué incesante bullicio!
[...] No hay domingos. Sería maravilloso ver a la humanidad descansando por una
vez. No hay más que trabajo, trabajo, trabajo. No es fácil conseguir un simple
cuaderno para escribir ideas. [...] Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el
crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este
incesante trabajar".
"En estos tiempos en que todo el mundo está obligado, so pena
de ser condenado en ausencia por un delito de lesa respetabilidad, a emprender
alguna profesión lucrativa y a esforzarse en ella con bríos cercanos al
entusiasmo, la defensa de la opinión opuesta por parte de los que se contentan
con tener lo suficiente, y prefieren mantenerse al margen y disfrutar, tiene
algo de bravata y fanfarronería. Sin embargo, no debería ser así. La supuesta
ociosidad, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer muchas cosas que no
están reconocidas en las dogmáticas prescripciones de la clase dominante, tiene
tanto derecho a exponer su posición como la propia laboriosidad".
Robert Louis Stevenson
An apology for idlers (1877) es el primer escrito incluido en
“En
defensa de los ociosos” (Taurus, 2014).
*****
“El trabajo es el esfuerzo que se dedica a crear, a partir
de la materia pasiva (‘bruta’), una cosa nueva a la cual se le da una nueva
finalidad gracias a la mano modeladora del artífice; la proeza, por su parte, y
en la medida en que produce un resultado útil para el agente que la realiza,
consiste en enderezar hacia los fines de éste energías que antes habían sido
dirigidas hacia otros fines por otro agente.
[…] La gama general de actividades que responden al
apelativo de proezas pertenece a los varones por ser éstos más corpulentos, de
mayor envergadura, más capaces de realizar un esfuerzo repentino y violento, y
más inclinados a la autoafirmación, a la emulación activa y la agresión”.
"Nos inclinamos a desear cosas que no nos gustan y a
disfrutar de cosas que no deseamos [...]. La gente se deja llevar por
convenciones sociales -en este caso, la asentada idea de que estar 'de ocio' es
más deseable, y conlleva un mayor estatus, que estar 'en el trabajo'- en lugar
de por sus sentimientos verdaderos".
Ya
he esgrimido bastante material como para espantar a todas las moscas atareadas,
ocupadas, laboriosas; a todos los que les intimida que les consideren ineficaces
o improductivos, carentes de excelencia; los que ocultan su falta de curiosidad
(a la que consideran insana) en una
sucesión inacabable de tareas que les permite “hacer por hacer”, “sentirse
ocupados” o “matar el tiempo”.
He
sido provocador y habrá quien considere que le he hecho perder el tiempo, atendiendo a un sinsentido.
Daba
vueltas sin llegar a ningún sitio (mareando la perdiz, en un circuito, entre semana).
"Soy capaz de hacer amigos (a martillazos)" Foto: David Blackwell
Tengo
la inmensa fortuna de haberme cruzado con Thor.
No el nórdico, el dios al que dio forma una editorial de cómics (americana),
que traspasó las barreras y llegó al cine.
No.
Tengo
la inmensa fortuna de haberme cruzado con un tipo, residente en Bilbao, fumador empedernido, al que
hace poco imaginé, metido en una tumba, buscando cadáveres, suponiendo que todo podría ser peor.
Me
siento afortunado porque, a menudo, sus artículos tienen la virtud de un
martillazo, actuando como un disparador para una forma lenta de pensar (la mía)
y de asimilar las cosas. Hace
unos días hablaba de las frases de internet y, copio y pego, decía:
“Internet,
aparte de los gatos y del porno, está sobresaturado de frasecitas
bienintencionadas sacadas de contexto que no dicen una mierda que sea verdad”.
Y
concluía, a modo de postdata:
“Hacer no
significa copiar y pegar indiscriminadamente cosas que dijeron otros. Hacer
significa: hacer”.
*****
Ahora
me siento culpable cada vez que veo una frase que me inspira, que me ayuda a
pensar (o actuar), a la que doy me gusta o
que comparto.
Es
la putada implícita del trato con dioses modernos (aunque me consuela saber
que, si estos fueran otros tiempos, podrían pedirme que matara a mis hijos,
obligarme a subir una piedra por una rampa de forma infinita, o mantenerme
encerrado en una cueva y dejarme percibir la realidad contemplando únicamente
las sombras proyectadas).
*****
Conozco
a Covadonga de sitios en los que no
recomiendo meterse a nadie. Siempre es amable y sonriente. A mí me ayudó a
pasar una difícil prueba y por eso le estaré siempre agradecido.
También
estamos conectados, en el mundo virtual. Hace unos días compartió una historia,
añadiendo un aviso para que se leyera con calma, porque merecía la pena.
Un
padre, H. Jackson Brown, jr, preocupado
por la marcha de su hijo a la Universidad, le escribe una serie de consejos.
Finalmente, reunidos en un libro, “Life’s
little instruction book”, obtienen un arrollador éxito.
Se
adjuntaban una serie de ellos (42), que merecen ser leídos de forma sosegada,
como mi amiga recomendaba.
Hijo:
üCásate
con la persona correcta. De ésta decisión dependerá el 90% de tu felicidad o tu
miseria.
üObserva
el amanecer por lo menos una vez al año.
üEstrecha
la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos.
üTen
un buen equipo de música.
üElige
a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que
sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.
üDesconfía
de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.
üRecuerda
los cumpleaños de la gente que te importa.
üEvita
a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
üManeja
coches que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa.
üNunca
existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.
üNo
hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está
perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
üRecuerda
que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche (dile
al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza).
üNunca
amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
üMuestra
respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
üHaz
lo que creas que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
üDale
una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en
que ya no te dejará hacerlo.
üAprende
a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas.
üUbica
tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
üRecuerda
el viejo proverbio: sin deudas, no hay peligros ni problemas.
üNo
hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
üAprende
a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. El
que no vive para servir, no sirve para vivir.
üAcude
a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.
üConfía
en la gente, pero cierra tu coche con llave.
üRecuerda
que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
üNunca
confundas riqueza con éxito.
üNo
pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
üNo
esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.
üAunque
tengas una posición holgada, haz que tus hijos paguen parte de sus estudios.
üHaz
dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en
las fotos.
üTrata
a tus empleados con el mismo respeto con que tratas a tus clientes.
üNo
olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
üNo
deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
üNunca
compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte nuestra vida encima de
él.
üNo
confundas confort con felicidad.
üNunca
compres nada eléctrico en una feria artesanal.
üEscucha
el doble de lo que hablas (por eso tenemos dos oídos y una sola boca).
üCuando
necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos.
üAprende
a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.
üNunca
envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
üRecuerda
que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
üSi
no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.
üLa
gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo.
*****
Contemplar
un cuadro que nos agrada, produce una sensación transformadora. En casos
extremos se puede llegar a desarrollar una enfermedad psicosomática (un cuadro patológico por contemplar un
cuadro) que presenta entre sus síntomas taquicardia, vértigo,
palpitaciones, temblor, confusión o alucinaciones. Se conoce como síndrome de Stendhal, por la descripción del
escritor francés de su experiencia tras la visita a la Basílica de la Santa
Croce en Florencia.
Pero
no se ha documentado el caso de que nadie se considere a sí mismo, por
contemplar un cuadro, un artista. El fallido intento de Cecilia Giménez de restaurar el Ecce
Homo de Borja dio carta de
naturaleza para reconocer, universalmente, su intento como fallido y demente.
*****
Escuchar
música no hace que nadie, en su sano juicio, se considere un artista. Cualquier
tentativa que salga de su ámbito propicio (la ducha, de forma privada) hace
dudar de las intenciones de sus practicantes y hasta el más moderado de los
asistentes podría imaginar que la ejecución no sería una medida excesivamente
drástica.
*****
Pero,
paradójicamente, la lectura de una frase (fuera de contexto o insertada en un
lote) hace que el lector se apropie de ella, llegando a considerarla de su
propia factura.
En
estas fechas, se perpetúan adoptando la forma de calendarios (de regalo).
Y
se extiende la idea de considerar que el mundo carece de sentido común y no ser
capaz de reconocerse como parte de ese mismo mundo.
*****
Entre
las frases, se incluía una que he visto repetida en diferentes ocasiones:
“Nunca
existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión”.
La
lees y suena bien. Ese tipo de frases que se llevan tanto, que muestran un
contrasentido con la simple alteración de los términos.
Rotundidad
y profundidad en formato reducido.
Una
píldora de sabiduría.
En
menos de 140.
Un
tuit.
*****
Un
alegato a la superficialidad y a las primeras impresiones.
Una
apuesta por la apariencia y la inmediatez.
Renegar
de las relaciones duraderas, establecidas con firmeza, en una apuesta ciega por
las intuiciones y no por la confianza que da el paso del tiempo.
Una
verdadera estupidez.
*****
He
juzgado tantas veces a los demás, de forma precipitada, apoyándome en la
apariencia (lo que se ve a primera vista) y he descubierto, demasiado tarde, lo
equivocado que estaba que, con el tiempo, me he forzado a ser cauto.
A
no establecer juicios rápidamente.
A
saber esperar.
A
conocer en profundidad.
A
huir de los prejuicios y esperar que, con conocimientos fundados, sea capaz de
juzgar con algo más sólido que una fugaz primera impresión.
Me
interesan las personas que quieren apoyar sus ideas en bases firmes y no en
juicios prematuros; en prejuicios.
Aquellos
interesados en ofrecer segundas oportunidades.
*****
La
primera vez que conocí a Covadonga, me pidió que me desnudara, me tumbara en la
camilla y me relajara para una experiencia que, ella lo explicó así, algunos
definían como erótica.
Ese
contexto inicial favoreció que nos vayamos conociendo.
Y
que nos intercambiemos mensajes inspiradores.
*****
Mientras
tanto, esperaré que Thor perdone mi exceso de confianza.
“Mi gorra de marino. Mis galgos con su vestido a cuadros. Soy Billy Mackenzie y, en cuanto llego
a mi modesta mansión, me cambio el pantalón blanco por uno negro y cojo el
micro que —siempre, siempre— tengo a mi alcance. A pesar de que el caserón
aparenta estar vacío, tengo enchufada la calefacción (no sólo el micro) y por eso
me despechugo al instante. Juego al escondite con mi asistenta japonesa y la
rubia múltiple que me acompaña.
Será una primera impresión mía, pero es imposible aburrirte cuando estás
asociado con una particular vida interior”.
*****
Billy
decía:
Those first
impressions (Esas primeras impresiones)
They keep us guessing (Mantienen
las conjeturas)
In old familiar ways (En
la misma forma de siempre)
With nothing new to say (Sin
nada nuevo que decir)
It only tires me (Simplemente,
me aburre)
*****
No
pidas una segunda oportunidad, si no eres capaz de ofrecerla cuando de ti depende.
Todos
conocemos personas dispuestas a, con prontitud, establecer modelos explicativos
—denigratorios— del comportamiento humano, en el que caben todos, menos uno
mismo.
Los
hay que van todavía más lejos y se exculpan, de forma cobarde, recurriendo a un
irrevertible carácter propio —al que denominan bipolar y que entienden como licencia
personal e intransferible—, o justificándose, sin aceptar reproches, aludiendo
soterradamente a deméritos ajenos como causantes de sus actos fallidos.
"Disociados. Dependen del color desde donde miren" Foto: Apallalu
Aquello
de la paja y la viga.
Por
descontado, formular una ley de la conducta humana y apartarse de su
aplicación, no implica la percepción de sentirse marginado. Más bien, resulta
al contrario; defienden su completa normalidad.
“El sentido común es el menos común de
los sentidos”. Resulta sencillo
mostrar acuerdo con el popular dicho.
Pero
se vislumbra complicado aceptar que pueda ser uno mismo el que carezca
de él; el que se comporte como un insensato (ya sea de continuo, o de forma
aislada).
*****
He
oído hablar del pentalfa del periodismo: la fórmula quinta sobre la
que se establecen las preguntas que deben ser resueltas en una labor de
investigación coherente. Cinco cuestiones elementales, que empiezan por la
misma letra (en inglés): “Qué” [What],
“Quién” [Who], “Cuándo” [When], “Dónde” [Where]
y “Por qué” [Why].
Alguien
se percató de que habían olvidado una sexta, que incluyeron —pese a
incumplir la regla (de la) inicial—. Era importante saber “Cómo” [How].
Pero
en esta sociedad instrumental, utilitaria, que evita el uso de la crítica
aséptica para resultar deudora de filias
y fobias, “conocemos algunos ‘porqués’ y muchos ‘cómo’, pero ignoramos los
principales ‘para qué’ de nuestra existencia”, en palabras de Aurelio Arteta, Tantos
tontos tópicos (p. 22).
Finalmente,
los
enanitos resultaron ser siete, aunque uno de ellos, el menor del grupo, pudiera
pasar desapercibido por ser mudo y no llevar barba. Seguramente nos preguntaría "Para qué"[For what].
*****
En
los ‘60s, cuando se buscaban los límites de la experiencia y se suponía que
otra forma de sociedad era posible, Buffalo
Springfield cantaban que “nadie tiene
la razón si todos están equivocados”, aunque hay esfuerzos que valen la
pena.
Acabo
de ver la película “Hannah Arendt”,
dirigida por Margarethe von Trotta.
Una
película irregular, orientada hacia un clímax en el que la filósofa se defendía
de los que no habían entendido su postura en el juicio del nazi Adolf Eichmann, argumentando de forma
vibrante, en una cita que hago de memoria: “El
pensamiento no es útil para el conocimiento; lo es para aplicar criterios
morales, para distinguir el bien del mal, lo feo de lo hermoso”.
George Zimmerman fue acusado del asesinato de Trayvon Martin, en un caso que atraía la atención pública americana
(y mundial). El jurado popular determinó que no se había demostrado su
culpabilidad, más allá de toda duda razonable y, por eso, su veredicto fue “not
guilty”.
Con
esa consideración hacia la justicia, que se está extendiendo de forma
alarmante, basada en la exigencia del respeto a las decisiones de los
tribunales, cuando se está de acuerdo con ellas, y en la invocación a la
presunción de inocencia, cuando se está próximo a los intereses del acusado, se
tiene la sensación de que, cuanto más ojos públicos están atentos a los
procesos judiciales, más ciega se muestra, la portadora de la balanza, en sus
procedimientos y consideraciones.
Lo
que, en USA, se tradujo en que, al haberse juzgado previamente el caso en los
medios, la sentencia exculpatoria no fue aceptada y se provocaron
disturbios alentados por el prejuicio racial.
No
están los tiempos para alimentar la caldera con la presión excesiva de un
desencanto generalizado que sólo provocaría más desorden y altercados.
*****
En
España, la confirmación de la culpabilidad de José Bretón, como
todo el mundo ya sabía, aplacó la cólera popular.
Hemos
comprobado que la presoterapia
resulta de lo más relajante.
"Relajación vicaria"
Diez
minutos oyendo la radio y escuchando que Bretón o Bárcenas están a buen
recaudo, nos deja el cuerpo más cerca de sentirlo perfecto.
Ya
sabemos que enchironar es un verbo que
nos gusta (salvo que nos lo quisieran aplicar).
*****
Comprobar
que Bárcenas intercambiaba SMS
con Rajoy, al margen de la
interpretación que, anticipadamente, cada cual quiera concluir, transmite una
falsa sensación de tranquilidad aparente, imaginándolo encerrado en la cárcel,
utilizando el WhatsApp e
intuyendo su obsesión en chequear el doble-ckeck.
*****
No
deja de sorprender la facilidad para utilizar las mismas palabras, aplicadas
con disparidad de criterios, simplemente porque el adversario las ha utilizado
previamente y hay carta blanca para apoyarse en el desconocimiento de la
mayoría.
Connivencia — “Disimulo o
tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus
subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven”.
Como
no queremos que las cosas vayan a mayores, proponemos que la siguiente sesión
de presoterapia se lleve a cabo con Urdangarín,
el que en una
meteórica carrera se transformó, ipso
facto, pasando de ser un tipo alto, zocato, a ser un zoquete altivo.