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sábado, 20 de marzo de 2021

C. Tangana — Te Olvidaste


C. Tangana
Te Olvidaste (feat. Omar Apollo)

El Madrileño (2021)

Madrid (España)

Enlace

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Te olvidaste de quién te enamoraste

Voy a pedir más tragos

Voy a tirar los dados

Voy a perder los chavos

Y acabar con los nudillos marcados


Sin prejuicios

viernes, 29 de mayo de 2020

Alice Cooper — Only Women Bleed

Alice CooperOnly Women Bleed
Welcome to My Nightmare (1975)
Phoenix, Arizona (USA)

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Nunca he sentido demasiado interés por Alice Cooper, pero en ocasiones encuentras sorpresas en los sitios más inesperados.
Parte viene por mi predilección por las canciones, frente a los LPs.
Así que me chiflan las recopilaciones, de donde extraigo tesoros.
Una de ellas llegó a mis manos de forma bastante accidental y recogía éxitos de la Billboard de 1975; eran muy numerosos los temas de soft-rock, tan de moda entonces.

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He investigado un poco y he podido saber que Alice Cooper era una banda formada en 1968 en Phoenix en la que su cantante era Vincent Damon Furnier.

Tuvieron mucho éxito en 1973 con su 6º disco, Billion Dollar Babies. Y el éxito llevó a la ruptura. Y Furnier quiso aprovechar el nombre y, para poder hacerlo, tuvo que cambiarse oficialmente el nombre. Ahora, en su permiso de conducir (si es que lo tiene) aparece escrito Alice Cooper, un nombre que la leyenda dice que surgió en una sesión de ouija, cuando una niña con ese nombre, que había vivido en Inglaterra en el siglo XVII, no teniendo otra cosa que hacer, se les apareció a los miembros del grupo.

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La banda estableció un ritual en sus conciertos en los que desplegaban una llamativa puesta en escena; Furnier se maquillaba de forma exagerada, se vestía con ropas femeninas, se convertía en un villano, asesino de mujeres. Cortaban bebés (muñecos, no reales) con hachas, empleaban guillotinas y, en una ocasión, en un concierto en Toronto en 1969, Furnier lanzó una gallina al público pensando que podía llegar más lejos volando (la ignorancia siempre es mala consejera), pero se quedó en la primera fila, reservada para asistentes en sillas de ruedas que, entrando en pánico, destrozaron a la pobre gallina.

El rumor corrió y al día siguiente le dijeron a Frank Zappa que Furnier había decapitado a una gallina subido al escenario, se había bebido su sangre y había arrojado el cadáver al público. Cooper negó el rumor; Zappa le aconsejó que no lo hiciera ante la prensa. Era una publicidad asombrosa.

La banda siguió explotando un estilo conocido como “shock-rock”; incluyeron ejecuciones (fingidas) en silla eléctrica y una siniestra variedad de torturas góticas. Marilyn Manson, Kiss, o David Bowie siempre reconocieron ser deudores de su atrevimiento.

El diseñador de los efectos escénicos fue James Randi, que aparecía como verdugo y era famoso también por su empeño en desenmascarar fraudes de parapsicólogos y charlatanes de diverso pelaje. Es conocido el episodio con el mentalista israelí Uri Geller, que engañó a José María Íñigo en España pero no pudo con Randi ni Johnny Carson en USA.

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En 1974 la banda se separa, Furnier adopta su nueva identidad oficial y publica su primer disco como artista en solitario, un álbum conceptual en el que el niño protagonista, Steven, se enfrenta a sus pesadillas más sórdidas.

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El tema que origina todo este desvarío (mío) fue motivo de controversia; muchos pensaron que trataba sobre la menstruación, pero en realidad habla de una pareja en la que él abusa de ella. Curiosamente, cuando se lanzó como single el título tuvo que acortarse a “Only Women”, debido a las protestas de grupos feministas.

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El hombre consiguió que su mujer recibiera su semilla
Él obtuvo el poder
Ella tiene la necesidad
Pasa su vida tratando de satisfacer a su hombre
Le da de comer, o lo que pueda

Llora sola por la noche con demasiada frecuencia
Él fuma y bebe y a veces ni siquiera vuelve a casa

Sólo las mujeres sangran




Intento superar mis prejuicios

miércoles, 28 de junio de 2017

Selfie

Una comedia sobre la crisis.


La película dirigida por Víctor García León, estrenada el pasado viernes tras ser premiada en el Festival de Cine de Málaga, plantea un tono de comedia sobre la crisis —económica y “de valores”, se suele apostillar— española.
Resulta sencillo acercarse desde el lado trágico: la situación lo es en sí misma; sería redundante.
Se agradece el esfuerzo de mostrar una comedia. Como en todas, hay una búsqueda de reírse de algo, entendiendo que la risa pueda resultar catárquica.
Y se reconoce el intento de esquivar tres tentaciones en las que la comedia puede caer: reírse de alguien (cayendo en una burla), apoyarse en prejuicios (alimentando un clima, molesto en exceso, que favorece el enfrentamiento y la transformaría en parodia), buscar soluciones simplonas (que conducirían a una farsa).

jueves, 30 de abril de 2015

Vago redomado

Estoy lleno de prejuicios.

Pasan los años y —me percato de ello—, algunos se acentúan. Me gusta pensar que, con la edad (o quizá la madurez), he podido tamizarlos, buscando evitar que todos mis prejuicios sean negativos.

Algunos me predisponen positivamente hacia algo o, muy especialmente, hacia alguien. Se activan de forma inmediata cuando escucho:

— realizar una pregunta sin plantear un expositivo previo
— admitir la incapacidad para establecer un criterio, al aceptar que se desconocen todos los elementos que puedan fundamentar la valoración personal
— reconocer que uno mismo es un “vago redomado”.

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Intuyo lo que significa para quien se identifica así.
De los dos términos, el esencial se emplaza en segundo lugar.
El primero se emplea como un señuelo: algunos se quedan con la imagen de Tomás el gafe balanceándose en una mecedora.



Es un embuste, un artificio; la muleta que atrapa al morlaco.
Despista y desenmascara.

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Quien se etiqueta a sí mismo como redomado, es cauteloso y astuto.
Tiene en alta estima la cualidad negativa que se le atribuye.

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No es alguien apático, holgazán o perezoso. No se siente vacío o desocupado.
No es, en absoluto, un vago1.
Quizá sea vago2, y ande sin rumbo fijo, sin detenerse en ningún lugar.
Puede que sea impreciso, indeterminado, indefinido.
Con seguridad, le gustará matar moscas con el rabo.
Necesitará disponer de tiempo.
Sabrá cómo hacer para encontrarlo.

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Con toda certeza empezará más cosas de las que sea capaz de terminar.
Esa desazón le anima a confesarse, públicamente, como vago.

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Olvido, en mi deambular errático, que no estoy hablando de mí.
Me vienen a la cabeza las veces en las que he oído decir: “soy un vago redomado” y, como si fuera un resorte, mis orejas se ponen tiesas, me quedo parado como si fuera una teckle marcando una presa.
Me encuentro con alguien que creo que merece la pena dedicarle un poco de tiempo para ponerme a escuchar.

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"Este mundo es un lugar de ajetreo. ¡Qué incesante bullicio! [...] No hay domingos. Sería maravilloso ver a la humanidad descansando por una vez. No hay más que trabajo, trabajo, trabajo. No es fácil conseguir un simple cuaderno para escribir ideas. [...] Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar".
Henry D. Thoreau

Life without principle (1863) es uno de los escritos incluido en Desobediencia civil y otros escritos (Alianza, 2013).

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"En estos tiempos en que todo el mundo está obligado, so pena de ser condenado en ausencia por un delito de lesa respetabilidad, a emprender alguna profesión lucrativa y a esforzarse en ella con bríos cercanos al entusiasmo, la defensa de la opinión opuesta por parte de los que se contentan con tener lo suficiente, y prefieren mantenerse al margen y disfrutar, tiene algo de bravata y fanfarronería. Sin embargo, no debería ser así. La supuesta ociosidad, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer muchas cosas que no están reconocidas en las dogmáticas prescripciones de la clase dominante, tiene tanto derecho a exponer su posición como la propia laboriosidad".
Robert Louis Stevenson

An apology for idlers (1877) es el primer escrito incluido en En defensa de los ociosos (Taurus, 2014).

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“El trabajo es el esfuerzo que se dedica a crear, a partir de la materia pasiva (‘bruta’), una cosa nueva a la cual se le da una nueva finalidad gracias a la mano modeladora del artífice; la proeza, por su parte, y en la medida en que produce un resultado útil para el agente que la realiza, consiste en enderezar hacia los fines de éste energías que antes habían sido dirigidas hacia otros fines por otro agente.

[…] La gama general de actividades que responden al apelativo de proezas pertenece a los varones por ser éstos más corpulentos, de mayor envergadura, más capaces de realizar un esfuerzo repentino y violento, y más inclinados a la autoafirmación, a la emulación activa y la agresión”.
Thorstein Veblen

The theory of the leisure class (1899) se tradujo como Teoría de la clase ociosa (Alianza, 2014).

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"Nos inclinamos a desear cosas que no nos gustan y a disfrutar de cosas que no deseamos [...]. La gente se deja llevar por convenciones sociales -en este caso, la asentada idea de que estar 'de ocio' es más deseable, y conlleva un mayor estatus, que estar 'en el trabajo'- en lugar de por sus sentimientos verdaderos".
Nicholas Carr


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Es suficiente.
Ya he esgrimido bastante material como para espantar a todas las moscas atareadas, ocupadas, laboriosas; a todos los que les intimida que les consideren ineficaces o improductivos, carentes de excelencia; los que ocultan su falta de curiosidad (a la que consideran insana) en una sucesión inacabable de tareas que les permite “hacer por hacer”, “sentirse ocupados” o “matar el tiempo”.

He sido provocador y habrá quien considere que le he hecho perder el tiempo, atendiendo a un sinsentido.

Daba vueltas sin llegar a ningún sitio (mareando la perdiz, en un circuito, entre semana).

Estaba, definitivamente, perezoso (y un poco tonto).

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Es la forma más enrevesada que puedo concebir para aceptar un ofrecimiento que me ha sido hecho.
Nunca he usado paraguas.

jueves, 2 de enero de 2014

Una forma lenta de pensar (y de dejarse impresionar)

"Soy capaz de hacer amigos (a martillazos)" Foto: David Blackwell

Tengo la inmensa fortuna de haberme cruzado con Thor. No el nórdico, el dios al que dio forma una editorial de cómics (americana), que traspasó las barreras y llegó al cine.

No.

Tengo la inmensa fortuna de haberme cruzado con un tipo, residente en Bilbao, fumador empedernido, al que hace poco imaginé, metido en una tumba, buscando cadáveres, suponiendo que todo podría ser peor.

Me siento afortunado porque, a menudo, sus artículos tienen la virtud de un martillazo, actuando como un disparador para una forma lenta de pensar (la mía) y de asimilar las cosas. Hace unos días hablaba de las frases de internet y, copio y pego, decía:

“Internet, aparte de los gatos y del porno, está sobresaturado de frasecitas bienintencionadas sacadas de contexto que no dicen una mierda que sea verdad”.

Y concluía, a modo de postdata:

“Hacer no significa copiar y pegar indiscriminadamente cosas que dijeron otros. Hacer significa: hacer”.

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Ahora me siento culpable cada vez que veo una frase que me inspira, que me ayuda a pensar (o actuar), a la que doy me gusta o que comparto.

Es la putada implícita del trato con dioses modernos (aunque me consuela saber que, si estos fueran otros tiempos, podrían pedirme que matara a mis hijos, obligarme a subir una piedra por una rampa de forma infinita, o mantenerme encerrado en una cueva y dejarme percibir la realidad contemplando únicamente las sombras proyectadas).

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Conozco a Covadonga de sitios en los que no recomiendo meterse a nadie. Siempre es amable y sonriente. A mí me ayudó a pasar una difícil prueba y por eso le estaré siempre agradecido.

También estamos conectados, en el mundo virtual. Hace unos días compartió una historia, añadiendo un aviso para que se leyera con calma, porque merecía la pena.

Un padre, H. Jackson Brown, jr, preocupado por la marcha de su hijo a la Universidad, le escribe una serie de consejos. Finalmente, reunidos en un libro, “Life’s little instruction book”, obtienen un arrollador éxito.

Se adjuntaban una serie de ellos (42), que merecen ser leídos de forma sosegada, como mi amiga recomendaba.

Hijo:

ü        Cásate con la persona correcta. De ésta decisión dependerá el 90% de tu felicidad o tu miseria.
ü        Observa el amanecer por lo menos una vez al año.
ü        Estrecha la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos.
ü        Ten un buen equipo de música.
ü        Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.
ü        Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.
ü        Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
ü        Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
ü        Maneja coches que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa.
ü        Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.
ü        No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
ü        Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche (dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza).
ü        Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
ü        Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
ü        Haz lo que creas que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
ü        Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.
ü        Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas.
ü        Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
ü        Recuerda el viejo proverbio: sin deudas, no hay peligros ni problemas.
ü        No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
ü        Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. El que no vive para servir, no sirve para vivir.
ü        Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.
ü        Confía en la gente, pero cierra tu coche con llave.
ü        Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
ü        Nunca confundas riqueza con éxito.
ü        No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
ü        No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.
ü        Aunque tengas una posición holgada, haz que tus hijos paguen parte de sus estudios.
ü        Haz dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en las fotos.
ü        Trata a tus empleados con el mismo respeto con que tratas a tus clientes.
ü        No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
ü        No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
ü        Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte nuestra vida encima de él.
ü        No confundas confort con felicidad.
ü        Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.
ü        Escucha el doble de lo que hablas (por eso tenemos dos oídos y una sola boca).
ü        Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos.
ü        Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.
ü        Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
ü        Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
ü        Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.
ü        La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo.

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Contemplar un cuadro que nos agrada, produce una sensación transformadora. En casos extremos se puede llegar a desarrollar una enfermedad psicosomática (un cuadro patológico por contemplar un cuadro) que presenta entre sus síntomas taquicardia, vértigo, palpitaciones, temblor, confusión o alucinaciones. Se conoce como síndrome de Stendhal, por la descripción del escritor francés de su experiencia tras la visita a la Basílica de la Santa Croce en Florencia.

Pero no se ha documentado el caso de que nadie se considere a sí mismo, por contemplar un cuadro, un artista. El fallido intento de Cecilia Giménez de restaurar el Ecce Homo de Borja dio carta de naturaleza para reconocer, universalmente, su intento como fallido y demente.

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Escuchar música no hace que nadie, en su sano juicio, se considere un artista. Cualquier tentativa que salga de su ámbito propicio (la ducha, de forma privada) hace dudar de las intenciones de sus practicantes y hasta el más moderado de los asistentes podría imaginar que la ejecución no sería una medida excesivamente drástica.

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Pero, paradójicamente, la lectura de una frase (fuera de contexto o insertada en un lote) hace que el lector se apropie de ella, llegando a considerarla de su propia factura.

En estas fechas, se perpetúan adoptando la forma de calendarios (de regalo).

Y se extiende la idea de considerar que el mundo carece de sentido común y no ser capaz de reconocerse como parte de ese mismo mundo.

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Entre las frases, se incluía una que he visto repetida en diferentes ocasiones:

“Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión”.

La lees y suena bien. Ese tipo de frases que se llevan tanto, que muestran un contrasentido con la simple alteración de los términos.

Rotundidad y profundidad en formato reducido.

Una píldora de sabiduría.

En menos de 140.

Un tuit.

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Un alegato a la superficialidad y a las primeras impresiones.
Una apuesta por la apariencia y la inmediatez.
Renegar de las relaciones duraderas, establecidas con firmeza, en una apuesta ciega por las intuiciones y no por la confianza que da el paso del tiempo.

Una verdadera estupidez.

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He juzgado tantas veces a los demás, de forma precipitada, apoyándome en la apariencia (lo que se ve a primera vista) y he descubierto, demasiado tarde, lo equivocado que estaba que, con el tiempo, me he forzado a ser cauto.

A no establecer juicios rápidamente.

A saber esperar.

A conocer en profundidad.

A huir de los prejuicios y esperar que, con conocimientos fundados, sea capaz de juzgar con algo más sólido que una fugaz primera impresión.

Me interesan las personas que quieren apoyar sus ideas en bases firmes y no en juicios prematuros; en prejuicios.

Aquellos interesados en ofrecer segundas oportunidades.

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La primera vez que conocí a Covadonga, me pidió que me desnudara, me tumbara en la camilla y me relajara para una experiencia que, ella lo explicó así, algunos definían como erótica.

Ese contexto inicial favoreció que nos vayamos conociendo.

Y que nos intercambiemos mensajes inspiradores.

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Mientras tanto, esperaré que Thor perdone mi exceso de confianza.

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En la etapa correspondiente al resto de Escocia (excluyendo Glasgow) del viaje UK 666, aparecieron The Associates, originarios de Dundee, con su canción Those first impressions.



Entonces, quedó escrito:

“Mi gorra de marino. Mis galgos con su vestido a cuadros. Soy Billy Mackenzie y, en cuanto llego a mi modesta mansión, me cambio el pantalón blanco por uno negro y cojo el micro que —siempre, siempre— tengo a mi alcance. A pesar de que el caserón aparenta estar vacío, tengo enchufada la calefacción (no sólo el micro) y por eso me despechugo al instante. Juego al escondite con mi asistenta japonesa y la rubia múltiple que me acompaña.

Será una primera impresión mía, pero es imposible aburrirte cuando estás asociado con una particular vida interior”.

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Billy decía:

Those first impressions                                      (Esas primeras impresiones)
They keep us guessing
                                           (Mantienen las conjeturas)
In old familiar ways
                                        (En la misma forma de siempre)
With nothing new to say
                                         (Sin nada nuevo que decir)
It only tires me
                                                          (Simplemente, me aburre)

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No pidas una segunda oportunidad, si no eres capaz de ofrecerla cuando de ti depende.

martes, 16 de julio de 2013

La disociación

Todos conocemos personas dispuestas a, con prontitud, establecer modelos explicativos —denigratorios— del comportamiento humano, en el que caben todos, menos uno mismo.

Los hay que van todavía más lejos y se exculpan, de forma cobarde, recurriendo a un irrevertible carácter propio —al que denominan bipolar y que entienden como licencia personal e intransferible—, o justificándose, sin aceptar reproches, aludiendo soterradamente a deméritos ajenos como causantes de sus actos fallidos.


"Disociados. Dependen del color desde donde miren" Foto: Apallalu

Aquello de la paja y la viga.

Por descontado, formular una ley de la conducta humana y apartarse de su aplicación, no implica la percepción de sentirse marginado. Más bien, resulta al contrario; defienden su completa normalidad.

Pero se sienten excluidos de la norma. Ése es el fundamento de su bipolaridad.

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“El sentido común es el menos común de los sentidos”. Resulta sencillo mostrar acuerdo con el popular dicho.

Pero se vislumbra complicado aceptar que pueda ser uno mismo el que carezca de él; el que se comporte como un insensato (ya sea de continuo, o de forma aislada).

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He oído hablar del pentalfa del periodismo: la fórmula quinta sobre la que se establecen las preguntas que deben ser resueltas en una labor de investigación coherente. Cinco cuestiones elementales, que empiezan por la misma letra (en inglés): “Qué” [What], “Quién” [Who], “Cuándo” [When], “Dónde” [Where] y “Por qué” [Why].

Alguien se percató de que habían olvidado una sexta, que incluyeron —pese a incumplir la regla (de la) inicial—. Era importante saber “Cómo” [How].

Pero en esta sociedad instrumental, utilitaria, que evita el uso de la crítica aséptica para resultar deudora de filias y fobias, “conocemos algunos ‘porqués’ y muchos ‘cómo’, pero ignoramos los principales ‘para qué’ de nuestra existencia”, en palabras de Aurelio Arteta, Tantos tontos tópicos (p. 22).

Finalmente, los enanitos resultaron ser siete, aunque uno de ellos, el menor del grupo, pudiera pasar desapercibido por ser mudo y no llevar barba. Seguramente nos preguntaría "Para qué" [For what].

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En los ‘60s, cuando se buscaban los límites de la experiencia y se suponía que otra forma de sociedad era posible, Buffalo Springfield cantaban que “nadie tiene la razón si todos están equivocados”, aunque hay esfuerzos que valen la pena.

Buffalo Springfield — For what it’s worth


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Voy concluyendo.

Acabo de ver la película “Hannah Arendt”, dirigida por Margarethe von Trotta.


Una película irregular, orientada hacia un clímax en el que la filósofa se defendía de los que no habían entendido su postura en el juicio del nazi Adolf Eichmann, argumentando de forma vibrante, en una cita que hago de memoria: “El pensamiento no es útil para el conocimiento; lo es para aplicar criterios morales, para distinguir el bien del mal, lo feo de lo hermoso”.

Su criterio no gustó a nadie, porque, cuando el juicio depende de la persona a quien se dirige, se convierte en prejuicio. Y, aunque no suponga falta de honradez, es profundamente deshonesto.

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La ética de las excepciones (autoaplicadas) es irreconciliable con la exigencia (arrojadiza) de dimisiones.

Escasean los librepensadores.

lunes, 15 de julio de 2013

La presoterapia

George Zimmerman fue acusado del asesinato de Trayvon Martin, en un caso que atraía la atención pública americana (y mundial). El jurado popular determinó que no se había demostrado su culpabilidad, más allá de toda duda razonable y, por eso, su veredicto fue not guilty.

Con esa consideración hacia la justicia, que se está extendiendo de forma alarmante, basada en la exigencia del respeto a las decisiones de los tribunales, cuando se está de acuerdo con ellas, y en la invocación a la presunción de inocencia, cuando se está próximo a los intereses del acusado, se tiene la sensación de que, cuanto más ojos públicos están atentos a los procesos judiciales, más ciega se muestra, la portadora de la balanza, en sus procedimientos y consideraciones.

Lo que, en USA, se tradujo en que, al haberse juzgado previamente el caso en los medios, la sentencia exculpatoria no fue aceptada y se provocaron disturbios alentados por el prejuicio racial.

No están los tiempos para alimentar la caldera con la presión excesiva de un desencanto generalizado que sólo provocaría más desorden y altercados.

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En España, la confirmación de la culpabilidad de José Bretón, como todo el mundo ya sabía, aplacó la cólera popular.

Hemos comprobado que la presoterapia resulta de lo más relajante.


"Relajación vicaria"

Diez minutos oyendo la radio y escuchando que Bretón o Bárcenas están a buen recaudo, nos deja el cuerpo más cerca de sentirlo perfecto.

Ya sabemos que enchironar es un verbo que nos gusta (salvo que nos lo quisieran aplicar).

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Comprobar que Bárcenas intercambiaba SMS con Rajoy, al margen de la interpretación que, anticipadamente, cada cual quiera concluir, transmite una falsa sensación de tranquilidad aparente, imaginándolo encerrado en la cárcel, utilizando el WhatsApp e intuyendo su obsesión en chequear el doble-ckeck.

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No deja de sorprender la facilidad para utilizar las mismas palabras, aplicadas con disparidad de criterios, simplemente porque el adversario las ha utilizado previamente y hay carta blanca para apoyarse en el desconocimiento de la mayoría.

Connivencia“Disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven”.

Alto nivel en el duelo dialéctico entre Rubalcaba y Floriano.

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Como no queremos que las cosas vayan a mayores, proponemos que la siguiente sesión de presoterapia se lleve a cabo con Urdangarín, el que en una meteórica carrera se transformó, ipso facto, pasando de ser un tipo alto, zocato, a ser un zoquete altivo.

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Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...