Un
nuevo duelo en City WARS®,
tras el paréntesis televisivo de la semana pasada.
Hoy
se enfrentan, Nashville (la capital de Tennessee y de la música country), en el sureste de USA, y, en la
esquina noroeste del país, Seattle (ciudad más poblada de Washington y sede del
grunge, la última revolución musical
del siglo XX).
Y,
pese a lo esperado del enlace, se anunció a bombo y platillo, por todo lo alto,
en el Princesa Sofía, como si fuera una reedición, casi, de la alfombra azul
del Campoamor, con toda la tropa (afín) presente.
Ella
de rojo, él de azul.
Queridos
ambos.
Con
la Montero (Chiqui) luciendo palmas.
Y
ellos dos, Pedro y Yolanda, Yolanda y Pedro, famosos ambos
por sus picos, lanzaron promesas,
compromisos, votos; lo que se terciara.
No
veré nada de esto (en tamaña cantidad) en la boda a la que estoy invitado el
próximo sábado.
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Entre
sus anuncios: dos destacados.
1 – Prohibición de
realizar vuelos domésticos en trayectos en los que haya alternativa férrea de
menos de dos horas y media. Ya asumo que el halcón no es ave doméstica y que el
puente aéreo MAD-BCN está excluido de facto,
pero, ingenuo de mí, deseo que se aplique en reciprocidad la obligación de establecer
vuelos (más o menos regulares) cuando no exista línea ferroviaria alternativa.
El aeropuerto de Asturias iba a tener más tráfico que A Costa da Morte.
2 – Reducción de la
jornada laboral a treinta y siete horas y media sin que implique decremento salarial.
Y,
fíjate tú: podría llegar a creerme que la segunda medida pudiera ser
beneficiosa si predicaran con el ejemplo; si, a partir del momento en que se aprobara,
ambos piquitos (Rubiales, tú no; al banquillo) decidieran reducir sus jornadas y no
trabajar más de treinta siete horas y media. Pero, ambos, yonquis del curro,
serán incapaces de hacerlo porque, en el fondo, además de trabajar no saben
hacer otra cosa.
Ella
aprovecha las madrugadas para planchar, así que no hace falta que añada más.
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¿Y
qué hago yo, además de criticar y darle al pico y picotear entre horas?
No
hago NADA.
Simulo
ser Manuel Tamayo Prats, dandy porteño, bon vivant, crítico (g)astronómico a quien da vida un
espléndidoLuis Brandoni.
Hoy,
entre la fiesta electoral del domingo y la tradicional del Martes de Campo (la
fiesta más antigua de España), la presente edición de City WARS® enfrenta a dos ciudades muy diferentes.
Seattle,
en la esquina NorOeste, cerca de la frontera con Canadá y al borde del
Pacífico, fundada en 1869 experimentó un supersónico crecimiento por la fábrica
de aviones, Boeing, que allí buscó su emplazamiento.
Louisville,
fronteriza con Indiana, se considera la puerta de entrada al Sur y es sede del
Derby de Kentucky, “los dos minutos más
excitantes del mundo del deporte”.
Nacido en Hastings, sus padres le llamaron Wesley Stace en recuerdo de John
Wesley, predicador de gran influencia en los inicios del metodismo, dado
que una de sus últimas prédicas la daría muy cerca de su lugar de nacimiento.
Wesley Stace emplea un nombre escénico desde el principio de su
carrera, a mediados de los ‘80s, John Wesley
Harding, el mismo que Bob Dylan
había usado para homenajear a un forajido.
El 29 de julio de 1966 Bob Dylan, yendo en su Triumph, se
encuentra con un gato negro en una curva y tiene un accidente cerca de su casa.
Debe recluirse para su recuperación y se retira de los escenarios.
Cualquiera que haya tenido que pasar por una inmovilización
forzada por asuntos relacionados con la salud sabe que es el elemento propicio
para la introspección y, en ese contexto, todo intento de cambio pasa por una
búsqueda de aligerar la carga.
Y se desenchufa, retornando
a la simplicidad de los primeros principios.
Para un genio como el bardo de Duluth resulta comprensible que un
forajido real le sirviese de inspiración. Es también excusable que, además de
adornar la épica de su violenta historia, prolongara su final añadiendo una
letra a su apellido; fue todo un punto a favor de Mr. Zimmermang.
JWH era un amigo de los pobres
Viajaba con un arma en cada mano
Abrió muchas puertas
Pero nunca se supo que hiciera daño a un hombre honesto
Una de las formas de calibrar a un artista es su capacidad de
influencia.
En caso de tratarse de un músico, máxime si es compositor de sus
canciones, nada hay mejor que ver la variedad y la calidad de las versiones de
los que se atrevieron a reinterpretar su obra.
El octavo disco de estudio de Dylan incluye una canción que Jimi Hendrix, uno de los miembros más
notables del club de los 27, inmortalizó
al hacerla de forma diferente.
En ocasiones elegir un seudónimo parece una condena autoimpuesta:
se establece una distancia nominal
entre la persona y el artista que produce una cierta confusión.
Volver a la simplicidad de los primeros principios también puede
implicar desembarazarse de motes y apodos para descubrir el sentido que tiene
el nombre que te fue dado, elegido con amor y cariño pensando exclusivamente en
ti.
Darte cuenta que JWH nunca fuiste tú. Querer hacer saber a todos
que sigues siendo, que siempre lo fuiste, Wesley Stace. Y, aunque lo hayas
intentado antes, tampoco está mal si convences a unos maestros, ¡The Jayhawks!, para que te ayuden a
proclamarlo alto y claro.
Quieres los labios que nunca besaste
Los besos que nunca probaste
Brazos que todavía no te han abrazado
Y quieres recuperar todos los días que desperdiciaste