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miércoles, 23 de febrero de 2022

Redbone — The Witch Queen Of New Orleans


Redbone
— “The Witch Queen Of New Orleans”

Message From a Drum (1971)

Los Angeles, California (USA)

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Pat Vegas, Lolly Vegas, Tony Bellamy, Peter DePoe

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Un caso singular el de los hermanos Vegas, mestizos con sangre yaqui, shoshone y mexicana que, siguiendo las indicaciones de Jimi Hendrix (que tenía ascendencia cherokee), formaron una banda con todos los miembros de origen nativo americano (entiéndase indios, sin el menor gesto de desprecio) y que practicaban una sugerente mezcla de estilos: funk, swamp rock, R&B y música nativa.

La canción está dedicada a Marie Laveau, una practicante de vudú del siglo XIX de New Orleans; la Reina Bruja.

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Te contaré una historia

Extraña parece ahora

De un zombie vudú gris

Y la Reina Bruja de New Orleans

 

Ella vivía en un mundo de magia

Poseída por el sesgo del diablo

En una choza cerca del pantano hecha de ladrillos de barro

Marie revolvió su brebaje de bruja

 

Por cinco centavos cualquiera podía comprar

Vudú de todo tipo

Ella tenía pociones y lociones, hierbas y hojas de tanna

Garantizadas para romperte la cabeza

 

Una mañana en el rocío tempranero del pantano

Marie desapareció con odio en la mirada

Aunque ella no regresó, todos los cajún saben

Una Reina Bruja nunca muere

 

Marie, Marie La, Voodoo, Veau

Ella pondrá un hechizo sobre ti

El vudú me da yu-yu

jueves, 4 de marzo de 2021

John Wesley Harding


John Wesley Harding
“I'm Wrong About Everything”

The Confessions of St. Ace (2000)

Hastings, East Sussex (UK)

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Nacido en Hastings, sus padres le llamaron Wesley Stace en recuerdo de John Wesley, predicador de gran influencia en los inicios del metodismo, dado que una de sus últimas prédicas la daría muy cerca de su lugar de nacimiento.

Wesley Stace emplea un nombre escénico desde el principio de su carrera, a mediados de los ‘80s, John Wesley Harding, el mismo que Bob Dylan había usado para homenajear a un forajido.

 

Quiero que sepas lo que estoy pensando

Hace un momento pensaba que era inmortal

Pensaba que tenía razón

Pero ahora sé que me equivoco en todo

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Bob Dylan
— “John Wesley Harding”

John Wesley Harding (1967)

Duluth, Minnesota (USA)

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El 29 de julio de 1966 Bob Dylan, yendo en su Triumph, se encuentra con un gato negro en una curva y tiene un accidente cerca de su casa.

Debe recluirse para su recuperación y se retira de los escenarios.

Cualquiera que haya tenido que pasar por una inmovilización forzada por asuntos relacionados con la salud sabe que es el elemento propicio para la introspección y, en ese contexto, todo intento de cambio pasa por una búsqueda de aligerar la carga.

Y se desenchufa, retornando a la simplicidad de los primeros principios.

Para un genio como el bardo de Duluth resulta comprensible que un forajido real le sirviese de inspiración. Es también excusable que, además de adornar la épica de su violenta historia, prolongara su final añadiendo una letra a su apellido; fue todo un punto a favor de Mr. Zimmermang.

 

JWH era un amigo de los pobres

Viajaba con un arma en cada mano

Abrió muchas puertas

Pero nunca se supo que hiciera daño a un hombre honesto

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The Jimi Hendrix Experience

“All Along The Watchtower”

Electric Ladyland (1968)

Seattle, Washington (USA)

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Una de las formas de calibrar a un artista es su capacidad de influencia.

En caso de tratarse de un músico, máxime si es compositor de sus canciones, nada hay mejor que ver la variedad y la calidad de las versiones de los que se atrevieron a reinterpretar su obra.

El octavo disco de estudio de Dylan incluye una canción que Jimi Hendrix, uno de los miembros más notables del club de los 27, inmortalizó al hacerla de forma diferente.

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Wesley Stace feat. The Jayhawks

“What You Want Belongs to You”

Wesley Stace's John Wesley Harding (2017)

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En ocasiones elegir un seudónimo parece una condena autoimpuesta: se establece una distancia nominal entre la persona y el artista que produce una cierta confusión.

Volver a la simplicidad de los primeros principios también puede implicar desembarazarse de motes y apodos para descubrir el sentido que tiene el nombre que te fue dado, elegido con amor y cariño pensando exclusivamente en ti.

Darte cuenta que JWH nunca fuiste tú. Querer hacer saber a todos que sigues siendo, que siempre lo fuiste, Wesley Stace. Y, aunque lo hayas intentado antes, tampoco está mal si convences a unos maestros, ¡The Jayhawks!, para que te ayuden a proclamarlo alto y claro.

 

Quieres los labios que nunca besaste

Los besos que nunca probaste

Brazos que todavía no te han abrazado

Y quieres recuperar todos los días que desperdiciaste

Pera ya es todo tuyo

Pensé que sabías que cada palabra es verdad

Lo que quieres, te pertenece

 Volver a los primeros principios

lunes, 11 de mayo de 2020

Little Richard — I Don't Know What You've Got, But It's Got Me

Little Richard
“I Don't Know What You've Got, But It's Got Me”
[single] (1965)
Macon, Georgia (USA)

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Un músico esencial falleció el sábado 9 de mayo de 2020.
Se llamaba Richard Wayne Penniman, pero en seguida fue conocido como Ricardito.
Empezó cantando góspel, la iglesia fue su escuela.
En 1955, animado por Lloyd Price, mandó una demo al sello donde grababa Price, Specialty. Art Rupe le ficharía.
Y así empezó una carrera de éxitos y Little Richard se convirtió en “el arquitecto del Rock & Roll”, una figura influyente entre los más grandes de un estilo que despertaba gracias a él.

Elvis Presley, Buddy Holly, Jerry Lee Lewis, Chuck Berry tenían una deuda.

La sucesión de hits es increíble: “Tutti Frutti”, “Long Tall Sally”, “Slippin' And Slidin'”, “Rip It Up”, “Ready Teddy”, “Lucille”, “Jenny Jenny”, “Good Golly, Miss Molly”.

En 1958 tuvo una revelación estando de gira en Australia y, al llegar a USA se retiró (a estudiar teología).

Volvería a actuar en 1962. En 1964 ficha por Vee-Jay y cuenta en su banda con Jimi Hendrix y Billy Preston. Al año siguiente graba un sencillo, escrito por Don Covay, que es una muestra de su versatilidad; una de las canciones más emocionantes de southern soul.

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A veces me siento tan solo que me arrastro fuera
A veces me pongo a gemir, cariño
No sé qué es, pero me parece que vivo a tu voluntad
A veces mi mejor amigo viene a verme al trabajo
Y me mira y dice, “Richard, ¿no sabes lo que está pasando?”
Y miro a mi amigo porque soy inocente

No sé lo que tienes, pero me tienes a mí
Lloro a veces, porque sé que me tienes
Te di todo el dinero que tenía en el banco
Ni una sola vez me diste las gracias
No sé lo que tienes y a veces me haces llorar
A veces siento que voy a morir
No sé lo que tienes, pero me tienes a mí




R.I.P. It Up

domingo, 3 de abril de 2016

Expertos en democracia

Superteam de expertos: Reservoir Dogs + Los Ángeles de Charlie + Jackie Brown
Dicen los expertos —esa parte de la población que se sienta a ver qué nueva soplapollez es capaz de escribir hoy para revolucionar las redes sociales (y no el mundo de verdad)—, que la nueva generación —a la que en vez de sentarla a ver la TV, para que se calle, le han dejado el móvil del abuelo o la tablet de su primo, y que se llama generación Z—, se basa en la búsqueda de la verdad y de la justicia por encima de todo, que dispone de unos valores absolutos en los que la participación ciudadana y la democracia se imponen en cualquier caso. Dicho así, como se ha dicho casi siempre, la nueva generación no será la mierda de las generaciones anteriores —que hemos, por sistema, destruido el mundo—, sino que ellos nos salvarán de ahogarnos en el vómito que hemos provocado con nuestro actuar inconsciente, para no acabar con nosotros como lo hizo con Jimi Hendrix, sino que nos abrirán los ojos legando un mundo mejor que, es evidente, ya ha salido en alguna película infumable de superhéroes.
Con todo, nadie ha sido tan revolucionario como Hendrix, desde que se ahogó en sus excesos.



Esa confianza en lo democrático es un dogma de fe, una gran verdad y un punto innegociable.
Hoy, cuando el rojo ya no está de moda y se convierte en tabú para ideologías, labios o ciclos, es la definitiva línea roja.
Una premisa indiscutible.

En realidad es un arma y, como todas las armas, depende de cómo sea usada.
La democracia actúa de la misma forma que el experimento de Milgram: exime de culpabilidades y lleva a resultados dramáticos.

Algunos ejemplos prácticos:

—En España se decidió hacer una votación democrática y libre para la elección de aquella canción que nos sacara del ostracismo de Eurovisión (que maldita la falta que hacía). Fue un ejemplo de transparencia: mandamos a Rodolfo Chikilicuatre.

—El Reino Unido ha decidido que la nueva joya de la corona naval disponga de un nombre referenciado con los gustos de la mayoría de los votantes y tras censurar la posibilidad de que fuera Blas de Lezo (almirante español cojo, manco y tuerto, apodado “Mediohombre”) aparece con fuerza el intento de llamarlo Rocinante a base de votos y usando las reglas de la democracia como tienen a bien hacer en forocoches.

—Microsoft se ha gastado un buen montón de millones en desarrollar una inteligencia artificial que sea capaz de aprender de los usuarios de twitter para lograr interactuar y copiar los comportamientos humanos pero, a base de aprender, han tenido que cancelar el experimento por convertirse en un personaje racista y nazi, en tiempo record, que expresa ideas, sin valor ninguno (como las muestras de perfume que vienen en las revistas femeninas).

Las consecuencias que aprendemos de ello son que la democracia es un asco, una risotada infumable que se pasan gran parte de los que disfrutan de ella por el arco del Triunfo (por el de la Concordia, en términos Carménicos). Una de las nuevas grandes lacras de las sociedades modernas es que nos salen Trumps, Chiripas, Maduros, LePenes y voceras varios cada elección.
Tuvimos GIL y tuvimos Ruiz-Mateos (pollas), apoyados por una masa rebelde.
Tuvimos, y seguimos teniendo, líderes infumables que ganan una y otra vez cuando su inoperancia y su condición miserable están fuera de toda duda.
Tenemos votaciones en Internet que dan miles de dólares a una ensalada y vídeos con millones de visitas en los que un gato hace una monería.
Tenemos youtubers con millones de seguidores cuya única aportación a la ciencia, la educación o el intelecto es la manera de sobrepasar los límites de la estupidez mientras sus seguidores esperan que lo haga.
Y olvidamos que Ortega y Gasset eran españoles.
Ambos.

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Cada vez que un vídeo de J. Balvin alcanza las cien mil visitas, Dios mata a un músico de verdad.
Y Alborán y Pitingo ni se inmutan.

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La decepcionante verdad es que la democracia y la participación ciudadana generan monstruos.
Lo cierto es que no estamos preparados para esa arma; quizá para ninguna.
La consecuencia es que mientras el mundo esté lleno —cada vez más— de imbéciles, no podemos dejar que las mayorías decidan nuestro futuro porque esto es lo que pasa.
El genocidio de los estúpidos es un argumento, pero no una opción:

Aún estamos a tiempo.

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Vayamos al médico.
Ya no importa que nos diga que debemos dejar de fumar.

“Si los intelectuales de la actualidad esperan lograr la estima de la posteridad,
seguramente se verán obligados a admitir que han sido formados e instruidos
por las pasadas generaciones. Por consiguiente, cuando un autor declara
que no ha logrado aprender nada de los escritos de sus predecesores,
y tal declaración ha sido hecha recientemente, no logrará con semejante manifestación
de imperdonable arrogancia otra cosa que establecer una serie de prejuicios en contra de su trabajo;
porque, ¿qué esperanzas de éxito puede albergar quien hasta ese momento ha marginado
a los más grandes talentos?, ¿o con qué tipo de fuerza especial se cree revestido ese individuo
para poder superar las dificultades que se mostraron invencibles hasta el momento?

El número de aquellos que han sido escogidos por la Providencia para aportar
algo importante a la humanidad es sumamente escaso;
y lo que pudo aportar un solo individuo, por muy brillante que fuera, es muy poco [...].
Comprender las obras de los autores más famosos, saber discernir plenamente
sus métodos y sistemas, y lograr retener y recordar adecuadamente lo aprendido
representa una considerable tarea para las mentes normales”.

Samuel ‘Doctor’ Johnson (Sobre el estudio y el conocimiento, 1753)


Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...