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miércoles, 25 de octubre de 2023

Ejemplos de NADA

Al final hubo acuerdo.

Y, pese a lo esperado del enlace, se anunció a bombo y platillo, por todo lo alto, en el Princesa Sofía, como si fuera una reedición, casi, de la alfombra azul del Campoamor, con toda la tropa (afín) presente.

Ella de rojo, él de azul.

Queridos ambos.

Con la Montero (Chiqui) luciendo palmas.

Y ellos dos, Pedro y Yolanda, Yolanda y Pedro, famosos ambos por sus picos, lanzaron promesas, compromisos, votos; lo que se terciara.

No veré nada de esto (en tamaña cantidad) en la boda a la que estoy invitado el próximo sábado.

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Entre sus anuncios: dos destacados.

1 – Prohibición de realizar vuelos domésticos en trayectos en los que haya alternativa férrea de menos de dos horas y media. Ya asumo que el halcón no es ave doméstica y que el puente aéreo MAD-BCN está excluido de facto, pero, ingenuo de mí, deseo que se aplique en reciprocidad la obligación de establecer vuelos (más o menos regulares) cuando no exista línea ferroviaria alternativa. El aeropuerto de Asturias iba a tener más tráfico que A Costa da Morte.

2 – Reducción de la jornada laboral a treinta y siete horas y media sin que implique decremento salarial.

Y, fíjate tú: podría llegar a creerme que la segunda medida pudiera ser beneficiosa si predicaran con el ejemplo; si, a partir del momento en que se aprobara, ambos piquitos (Rubiales, tú no; al banquillo) decidieran reducir sus jornadas y no trabajar más de treinta siete horas y media. Pero, ambos, yonquis del curro, serán incapaces de hacerlo porque, en el fondo, además de trabajar no saben hacer otra cosa.

Ella aprovecha las madrugadas para planchar, así que no hace falta que añada más.

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¿Y qué hago yo, además de criticar y darle al pico y picotear entre horas?

No hago NADA.

Simulo ser Manuel Tamayo Prats, dandy porteño, bon vivant, crítico (g)astronómico a quien da vida un espléndido Luis Brandoni.



Absolutamente nada.

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Foo FightersNothing at All

But Here We Are (2023)

Seattle, Washington (USA)

Enlace

Dave Grohl et alt.

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A todo se acostumbra uno

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Letra pequeña


Se han hecho públicos diez puntos del preacuerdo alcanzado entre PSOE y UP.
Un decálogo apuntalado en Empleo, Corrupción, Cambio climático, PyMEs y autónomos, Dignidad personal, Cultura, Feminismo, Despoblación, Cataluña, Fiscalidad.


(((Sergio Dalma suena de fondo, muy tenue)))


Pero, es necesario saber esto (y no dejarse cegar por abrazos, gestos, firmas y acuerdos): nunca dejes de echar un vistazo a la letra pequeña.

O, como dejó escrito Francis Bacon:

“El conocimiento se adquiere leyendo la letra pequeña de un contrato; la experiencia, dejando de leerla”.

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Y así, en primicia informativa, en este momento histórico, Común sin sentido da una nueva muestra de su voluntad de servicio y, habiendo logrado acceso al preciado accésit, manifiesta que se ha formulado en los siguientes términos:

Adenda única:

Desde este momentos el Flyer Aparate Liht Comfort On Navigator (FALCON) será de usos compartido, lo cualo quie decir que semanas alternas sería usado por Pedro y las otras por Pablo, empezando la cuenta para q la semana de Navidá le toque a Pedro y la de Nochevieja a mi q tenemos fiesta de pijamas organizada ya y no es plan de andar y cambiarlo todo del mismo viaje, q una cosa es libertad y otra el livertinage. eso si, me dice pedro q ya lo uso el ya antes q el aparato gasta un güevo y q hay q dejarlo siempre repostao, q luego llegas y no arranca y es una faena, así q no vale quedar en reserva, lo q firmamos ahorita mismo q se han marchao los plastas de los fotógrafos y ya podemos llamar a Irene y a la mujer de Pedro (Bego, creo).


lunes, 4 de junio de 2018

Política (y gestos)

Son malos momentos para quienes reivindicamos la necesidad de una acción política “de profundidad”.
Ahora se estila la superficialidad.
Ya nadie bucea; sólo interesa el surf.

Es época de gestos.

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La toma de posesión de Pdro Snchz (no ha anunciado si ha recuperado todas las vocales) como presidente del Gobierno, ha sido diseccionada. No importan qué determinaciones haya podido tomar hasta el momento —ninguna, que se sepa—. Sólo importa la foto.


Para algunos ha sido definitiva la ausencia de Biblia y Crucifijo.
Se ha tomado como un símbolo.
No resulta novedoso el uso de la promesa en la fórmula.
Antes ya lo había hecho Zapatero.

Que, en ambas tomas, había mantenido la presencia de los símbolos.

Toma 1

Toma 2

Así que, puesto en la tesitura de desentrañar gestos, el más destacado de la foto fija es, precisamente, la ausencia de fotógrafos (en el vídeo se ve a uno que trata, en vano, de agacharse y pasar desapercibido).

El contraste con la toma de Aznar (5 de mayo de 1996) es notorio.
Ya no se produce el tiroteo inmisericorde; antes, los fotógrafos tiraban a dar (y a cegar).
Ya no suenan obturadores, ya no hay flashes.
Aunque haya cambios de planos.

Flasheado.

La prensa se ha vuelto más complaciente.
¡Qué sinsentido!





En cualquier caso, me sigue subyugando el final de la fórmula, idéntico en la historia de la Democracia: “así como mantener el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros”.
Siempre me he preguntado por qué ningún miembro del Gobierno —al menos hasta donde recuerdo— se ha acogido a ese eximente ante una pregunta incómoda; en especial en la rueda de prensa para informar de las medidas que ha tomado el Consejo de Ministros.

martes, 17 de mayo de 2016

Desfachatez y artistas muertos

Ricardo Villegas:

Belén Esteban dijo que había escrito un libro. Mario Vaquerizo, dos. El fin de semana pasado terminé asustado viendo el festival de Eurovisión. Hay un elefante que dibuja con la trompa y colaron un cuadro de un mono en un museo de arte moderno. Lo único que une todos esos conceptos es la puta desfachatez. Desfachatez y desprecio por los que hacen las carreras de Bellas Artes, por los que tiran a la papelera folios llenos de historias y por los que buscan un acorde nuevo o un sonido diferente. A veces, ni siquiera es diferente, sino bueno. Aceptable. Cualquier cosa de la que sentirse orgulloso. Ahí reside otro problema: el orgullo. No puede tener orgullo el cantante de Polonia, ni Eduardo Inda si uno se llama a sí mismo artista y el otro periodista. No pueden tener orgullo Pdro o Pablo; hacen marketing indigno hasta para los ¿creativos? de MediaMarkt. No pueden creer que lo hacen bien Mariano y Albert porque uno no acepta que lo puede hacer mejor y el otro se ha subido, con el beneplácito de Pablo, a un pódium tras un campeonato que ni siquiera han permitido que empiece. No puede ponerse la medalla de director de cine Santiago Segura, porque tendríamos que asumir que Woody Allen y él, “8 apellidos vascos” y “El apartamento”, son lo mismo. Van Morrison y Pitbull. Cervantes y Mari Cielo Pajares.

¡Qué gran cantidad de insultos!
¡Qué miserable autoestima desequilibrada!
¡Qué puto mundo de despropósitos y egos desmedidos!


Y hay quien dice que todo es arte, pero una mierda de perro en medio de la acera no es una escultura de Rodin. Un post no es literatura. Un grito no es un cantante (salvo que la que grita sea Beth Hart).



En algún lugar se quedó la vergüenza. Y los locos rellenan de mentiras sus tarjetas de visita. Los que siguen a los locos son aún más locos.

Los artistas de verdad se mueren. Con las manos gélidas.

Ignorados.

martes, 3 de noviembre de 2015

La decisión sexual de la votante solitaria

Si fuera una mujer llamada España sentada en un bar y dispuesta a ser cortejada, podría tener varios pretendientes:


Uno seria mi ex. Nunca me gustó del todo pero creí que era el compañero mediocre y capaz con el que salir adelante. Trajo comida a casa, no lo voy a negar, pero no me llevó a bailar y me pisó cuando lo intentó en el salón. Ahora le veo como conocido y agotado, con amor y con distancia. He hecho tantos chistes sobre su pene que no soy capaz de diferenciar la verdad de la realidad que tuvimos en las pocas noches de idilio que nos permitió la vida y que nos llevó a tener un piso hipotecado que no es un castillo ni un loft. Se parece más a la antigua casa de la abuela y es mucho, muchísimo más cara. Cada mes que llega la hipoteca pienso que el calzonazos ese podía haber negociado mejor, cada vez que aparece a la hora de la cena me da un asco que flipas y me pregunto cómo pasó de ser un faro a ser el abuelo de Heidi y ahora un mendigo de amor pidiendo, cual recién abandonado, una nueva oportunidad de ser felices.





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Otro es un tipo joven y elegante con una sonrisa embriagadora. Tiene una conversación fluida y estoy segura que se depila los huevos. Le pregunto si acaso es bueno en la cama y me dice que será lo mejor que pueda, que lo hará como le sea posible pero que más adelante, cuando pasen los años y miremos a nuestros hijos a los ojos, estaré orgullosa. “Al fin y al cabo” —me dice— “una relación tiene que tener un objetivo y habrá que trabajar por ello”.  Y sí, eso está bien.  Aburridamente bien.  Conceptualmente correcto y hasta factible. Está bien controlar el misionero y no hacer ruido para que no se despierten los niños. Pero, joder, de vez en cuando también quiero que me follen y que me empotren entre el ruido ensordecedor de nuestros gemidos sin que sea una promesa que no llega nunca después de prepararme y esforzarme y sacrificarme por un bien superior que me ponen en la estantería de “lejano”.





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En otro lugar está el amor platónico de la universidad. Se ha convertido en un anuncio de supermercado como si quisiera ser el galán de las películas somnolientas de los sábados por la tarde. Tintinea con destellos cuando sonríe. Fue el capitán del equipo de fútbol y estoy segura que le siguen quedando bien las medias de deporte. Me dice lo que quiero oír: me dice que estoy guapa, me dice que estoy delgada. Me dice que “no tengo que poner en duda que tendré con él el mejor sexo de mi vida porque ha aprendido de los errores de universidad y ahora es el momento de disfrutar todo lo aprendido”. Me dice que tengo derecho a disfrutar del sexo con él, que es la mejor opción en la cama, que me la puede meter de tres y que la va a meter de tres.  Sin embargo tengo la percepción de que quiere disfrutar él solo y eso nunca es divertido. Nunca es apasionante encontrarse con un tipo guapo y ufano en el otro lado de la cama esperando a que le digas lo viril que es, como si necesitase una aprobación continua, como si le tuvieras que dar un azucarillo después de correrse.


Imposible



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Se me ha acercado un tipo algo desaliñado. Me ha prometido sexo infinito, veganismo y reiki. Me ha asegurado la temperatura correcta en el jacuzzi de nuestra pasión, rodeados de productos ecológicos que fotografiaremos para subirlos a su cuenta de twitter. Me ha intentado convencer de que no debo preocuparme por nada y que él mismo, magnífico en su propia magnificencia, hará de su lengua la varita mágica en la que nos subiremos para no bajar jamás. Es más, me afirma que tiene amor para mí, para la vecina, para una que pasa por ahí, tres turistas, dos refugiadas y cualquiera que lo necesite porque cogerá el amor de los que tienen mucho para repartirlo gratis. Todo será luz tras este bar de oscuridad, tras estos años en los que no tuvimos la suerte de conocer su senda ni su prolífico amor  y, sin embargo, creo que quiere follarme en el callejón de atrás para contar a sus amigos lo bien que lo hizo. Comer una, contar veinte. Ser un trilero del parchís que se olvida que el efecto Coolidge no es infinito y el amor, tampoco. La promesas de amor eterno siempre son mentira hasta en el convencimiento inexperto de los adolescentes que no han salido de casa ni para comprar el pan y no ha sabido gestionar una sola erección en compañía.


Amnesia



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Así que, aunque me carcomo por dentro después de apurar el gin tonic que es la bebida de las separadas porque es amarga, debo de elegir entre esos cuatro y mis genitales se empequeñecen cuando todos, absolutamente todos, en vez de decirme lo que me harán bien, se empeñan en decirme lo mal que lo harán los demás.

Como un reality contemporáneo y miserable no puedo quedarme con lo bueno de cada uno. Me encantaría poderles mezclar en una coctelera, bebérmelos y orinarlos.

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SOLUCIÓN (Como en los pasatiempos): Rajoy, Rivera, Sánchez e Iglesias.
SOLUCIONES ALTERNATIVAS: Garzón, Urkullu, Mas, el tuerto, el barbudo, tu primo.
SOLUCIÓN INVÁLIDA: irse a casa virgen.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Candy Crush Capo

Ayer era el día en que se iniciaba el debate del Estado de la nación, esa función en dos (tres) actos en la que los miembros del Congreso de los Diputados se vuelven sobre sí mismos, más si cabe, enclaustrándose en su intento de tomar el pulso a los asuntos que les preocupan y hablar sobre ellos.

Quizá sea el selfie colectivo más deprimente que puede generar la política.


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Las circunstancias señalaban que éste sería un debate diferente; se esperaba ver a Pdro Snchz y Alberto Garzón (en sus primeras intervenciones en situación similar) y escuchar a Pablo Iglesias y Albert Rivera (como alternativas emergentes, pero sin voz propia por su falta de representación electa) ante un Rajoy, veterano en estas lides (como presidente del Gobierno y, con anterioridad, como parte de la oposición).

Pero, en una muestra de la situación nacional, la verdadera protagonista del evento fue Celia Villalobos.

Durante un momento, tuvo que asumir temporalmente las funciones de presidencia de la cámara. Quizá Jesús Posada anduviera con cistitis, o quizá no recordara que los precios de los gin-tonics habían subido, asuntillos perdonables a sus casi 70 años.

Por el contrario, la actitud de la malagueña fue imperdonable.

En ese instante en que debió colocarse por encima de su presidente, se puso a jugar al Candy Crush.
Y fue pillada.
Por Antonio Maestre, de La Marea.



Me resulta tan indignante, que me quedo sin argumentos para analizar este momento dantesco y dejo que sea Dani Mateo (colaborador de El Intermedio) quien desgrane los detalles.



Dedicarse a jugar (por lo que parece, sin demasiada pericia, usando el dedo en modo buitre) no le impedía cumplir con su obligación; resulta entendible que mientras su superior orgánico habla de cosas a las que ella debe asentir, pueda relajarse un instante. Pero, cuando fue necesario, al subir Joan Coscubiela al estrado de oradores, mostró un nivel adecuado de concentración, atenta a los descalificativos que el interfecto pudiera emplear, agudizando sus orejas de lobo. Su rápida intervención evitó que Coscubiela pasara de denominar a Rajoy como capo (lo que hizo), a demonizarlo y proponer que fuera capado (quedó en conato).

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Las reacciones no se hicieron esperar. La noticia corrió pronto y, olvidando las propuestas políticas (si es que las hubo) se desató una fuerte indignación hacia el hecho de que Villalobos se pusiera a jugar al Candy, un engendro que todos sabemos que es maligno, como bien nos recuerdan Glove and Boots.



Jo.
Ya he enumerado todos los tópicos del día.
Me siento completamente infeliz.
Porque he vuelto a comprobar que no me gustan los tópicos.

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¿Debo criticar a Celia por jugar al Candy, cuando todo el mundo lo hace?
Esté donde esté, hay gente jugando al Candy (o a sus sustitutos).
¿No se supone que criticamos a los políticos, y les consideramos como parte de una casta, porque se encuentran alejados del pueblo, encerrados en un mundo de cristal que no es en el que vivimos los demás?

Pues mostrar una debilidad humana (ampliamente extendida), tampoco debería ser para tanto.

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Efecto boomerang: Antonio Maestre es periodista.
¿No debería formar parte de sus obligaciones conocer el protocolo para grabar un vídeo con el móvil?

No hay problema. Glove and Boots se lo recuerdan.



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A todo esto, por pura curiosidad malsana, ¿de qué cojones se habló en el Congreso?


sábado, 27 de diciembre de 2014

Línea de flotación

Son tiempos convulsos.
La Navidad.
Las nuevas costumbres.
La crisis sistémica.

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Resulta complicado esquivar las explicaciones apocalípticas; es inevitable acudir a metáforas náuticas.

Algunos hitos (la aparición de Pablo Iglesias; la renuncia de Torres-Dulce; el comentario de un cuñado achispado en la cena de Nochebuena; la evolución de la situación procesal de Cristina; los regates de Messi; las revelaciones de Kiko Rivera; el ruido incesante y cansino de los grupos de guasap; el desenlace de GH; cualquier comentario de Pdro Snchz) parecen aparentar un profundo e inminente cambio.

Tan radical, que muchos se apuntan a emplear la combinación “torpedo” y “línea de flotación”.

(Es conveniente usar boyas como indicadores de posición)

No es sólo que para que el torpedo sea efectivo debe ir dirigido “por debajo” de la línea de flotación —y no “hacia” o “contra” ella—. Es que, la mayoría de las veces, resulta tan inocuo como jugar a las sillas musicales (y no quitar ninguna en cada nuevo turno).


Viñeta: El Roto

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...