Al final hubo acuerdo.
Y,
pese a lo esperado del enlace, se anunció a bombo y platillo, por todo lo alto,
en el Princesa Sofía, como si fuera una reedición, casi, de la alfombra azul
del Campoamor, con toda la tropa (afín) presente.
Ella
de rojo, él de azul.
Queridos
ambos.
Con
la Montero (Chiqui) luciendo palmas.
Y
ellos dos, Pedro y Yolanda, Yolanda y Pedro, famosos ambos
por sus picos, lanzaron promesas,
compromisos, votos; lo que se terciara.
No
veré nada de esto (en tamaña cantidad) en la boda a la que estoy invitado el
próximo sábado.
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Entre
sus anuncios: dos destacados.
1 – Prohibición de
realizar vuelos domésticos en trayectos en los que haya alternativa férrea de
menos de dos horas y media. Ya asumo que el halcón no es ave doméstica y que el
puente aéreo MAD-BCN está excluido de facto,
pero, ingenuo de mí, deseo que se aplique en reciprocidad la obligación de establecer
vuelos (más o menos regulares) cuando no exista línea ferroviaria alternativa.
El aeropuerto de Asturias iba a tener más tráfico que A Costa da Morte.
2 – Reducción de la
jornada laboral a treinta y siete horas y media sin que implique decremento salarial.
Y,
fíjate tú: podría llegar a creerme que la segunda medida pudiera ser
beneficiosa si predicaran con el ejemplo; si, a partir del momento en que se aprobara,
ambos piquitos (Rubiales, tú no; al banquillo) decidieran reducir sus jornadas y no
trabajar más de treinta siete horas y media. Pero, ambos, yonquis del curro,
serán incapaces de hacerlo porque, en el fondo, además de trabajar no saben
hacer otra cosa.
Ella
aprovecha las madrugadas para planchar, así que no hace falta que añada más.
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¿Y
qué hago yo, además de criticar y darle al pico y picotear entre horas?
No
hago NADA.
Simulo
ser Manuel Tamayo Prats, dandy porteño, bon vivant, crítico (g)astronómico a quien da vida un
espléndido Luis Brandoni.
Absolutamente nada.
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But Here We Are (2023)
Seattle, Washington (USA)
Dave Grohl et alt.
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A todo se acostumbra uno
















