miércoles, 30 de noviembre de 2011

El orgullo

Sentimiento inequívocamente humano y profundamente arraigado entre nosotros, desde nuestra propia consideración como tales.


Bajo esa única denominación —orgullo— se esconden dos comportamientos que, además de antagónicos, son mutuamente excluyentes.





Ambas eran mujeres orgullosas, pero, en ellas, se manifestaba de forma diferente.

Estamos ante dos posibilidades:

  1. Alta estima de sí mismo o de las cosas propias, frecuentemente con sentimiento de superioridad sobre los demás o arrogancia.

  1. Satisfacción personal que se experimenta por algo propio o relativo a uno mismo y que se considera valioso.

¿Prefieres ser Glenn Close o Hilary Swank?

Foto: luvi


Una de las formas alternativas de entender el orgullo se fundamenta en la soberbia, uno de los pecados capitales. Imagino a una persona orgullosa, a la que dicen algo que le disgusta, y que marca una barrera invisible.

Algunos rasgos que caracterizan a los orgullosos: no pedir perdón, no admitir las equivocaciones, los propios errores; exigir a los demás de forma inclemente.

Perdonar a los demás es empezar a crecer.


La otra forma, se fundamenta en la tenacidad, la perseverancia. Trabajar duro para vencer las dificultades, las limitaciones.

El afán de superación: esforzarse continuamente y exigirse a uno mismo para continuar creciendo.

Aplicar dosis masivas de humildad para combatir la soberbia. Asumir que soy imperfecto y trabajar duro para moldearme. Saber que es un reto continuo, que durará siempre y que necesitará un nivel creciente de exigencia.


El orgullo es un motor, pero también puede ser un freno. Puede impedirme hacer cosas, pero puede convertirse en un impulso.


Ha sido continuo motivo de inspiración. Dejo constancia de citas orgullosas:

Si eres orgulloso conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos. (Amado Nervo)

Aquél que es demasiado pequeño, tiene un orgullo grande. (Voltaire)

Lo que más irrita a los orgullosos es el orgullo de los demás. (William Cowper)

Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos. (Esopo)

El orgullo es una forma de egoísmo. (D. H. Lawrence)

El orgullo es el complemento de la ignorancia. (Bernard B. de Fontanelle)

A través del orgullo nos engañamos a nosotros mismos. (Carl Jung)

Mucho más que los intereses, es el orgullo quien nos divide. (Auguste Comte)

Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen. (Alfonso X el Sabio)

El orgullo lleva consigo un castigo, la necedad. (Sófocles)

Si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo. (Dante Alighieri)

Si no tuviéramos orgullo, no nos quejaríamos del de los otros. (François de la Rochefoucauld)

Si sólo tuviera un sermón que predicar, sería un sermón contra el orgullo. (G. K. Chesterton)

De la rivalidad no puede salir nada hermoso; y del orgullo, nada noble. (John Ruskin)

La amargura y el orgullo son hermanos gemelos; el mal humor y la irritabilidad son sus inseparables acompañantes. (Teresa de Calcuta)

Muchos se muestran orgullosos de lo que saben y presuntuosos con lo que ignoran. (Johann Wolfgang Goethe)

He aquí la prueba de que todo en ti es orgullo. Ahora que has reconquistado el permiso de telefonearle y escribirle, no sólo no lo haces, sino que siquiera sientes la necesidad ardiente de hacerlo. (Cesare Pavese)

El orgullo engendra al tirano. (Sócrates)

El orgullo de los humildes consiste en hablar siempre de sí mismos; el orgullo de los grandes, en no hablar de sí nunca. (Voltaire)

Es arduo adivinar de dónde viene el orgullo de los poetas cuando, tan a menudo, quedan avergonzados por la revelación de su fragilidad. (Czeslaw Milosz)

En la mujer, el orgullo es a menudo el móvil del amor. (George Sand)

El orgullo es igual en todos los hombres; solo se diferencia en el modo y en los medios de manifestarse. (François de la Rochefoucauld)

Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas. (Oscar Wilde)

El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos sirve también para moderarla. (François de la Rochefoucauld)

Entre todos los vestidos que yo he visto poner al orgullo, el que más me subleva es el de la humildad. (Henry Mackenzie)


Aunque el orgullo no es una virtud, es padre de muchas virtudes. (John Churton Collins)

Se debe morir orgullosamente cuando ya no es posible vivir con orgullo. (Friedrich Nietzsche)

El orgullo de madre, la alegría de padre. (Walter Scott)

La altivez es útil, todo hombre debe ser altivo. (Fénelon)

Para aguantar todo lo que precisas, ángel mío, hazte una coraza secreta, compuesta de poesía y orgullo. (Gustave Flaubert)

¡Qué desgraciados seríamos si no estuviéramos orgullosos de nuestros antepasados! (Laure Conan)

Una cierta cantidad de orgullo es un ingrediente útil para el genio. (Hugo Von Hofmannsthal)


El orgullo es un paraguas. Te protege o te aísla.
Depende cómo lo uses.

Foto: hidden side

Así que, piénsalo. ¿Te ayuda o te dificulta?, ¿te protege o te aísla?, ¿te impulsa o te frena?
¿Glenn Close o Hilary Swank?

viernes, 25 de noviembre de 2011

Talento


Siempre es deseable
(menos cuando le pasa a mi ordenador)

Foto: chasingfun

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Gratis total

¡Aprovecha! Hoy es todo gratis. He decidido tirar la casa por la ventana y, tras la pausa que os he impuesto, volvemos a lo grande. ¡Gratis total!



¿Cómo vas a pagar por esto?

Te lo mereces. No puedes tener que pagar por todo lo que te gusta.


Es la palabra mágica. Todos la reconocemos.


La publicidad sabe cómo funcionamos. Sabe lo que queremos. Y nos lo ofrece continuamente. Pero saben que lo queremos gratis.


En ocasiones los publicistas nos ponen a prueba. Quieren saber cómo reaccionamos. Hace mucho que han descubierto que no nos importa que los protagonistas de los anuncios —nosotros— parezcamos tontos.


Yo no soy tonto




Hay un anuncio que me preocupa especialmente, al incluir tres de mis referentes personales: Cola-Cao, Bob Esponja y las gafas con cristales en forma de corazón. Es la Bati-jarra de Bob Esponja, gratis en los envases de 25 Kg. de Cola-Cao.


Atención: promoción limitada a 500.000 unidades.


Hay que tener cuidado con los regalos, con lo que, aparentemente, es gratis.



El movimiento social y asambleario del 15-M ya empieza a ser capitalizado en publicidad.

Aprende a decir NO




Ya lo hemos dicho: Piensa, es gratis.


Empezaremos a hablar en serio.


“La fama cuesta. Y aquí es donde vais a empezar a pagar: Con sudor”.

Visto de forma retrospectiva resulta contradictorio encontrar elementos edificantes en una serie de sobremesa de los ochenta —que repudiábamos—. Pero, el propósito principal de la Escuela de Arte de New York —educar el talento mediante la repetición continua de rutinas que conducen a su interiorización; el aprendizaje y el desarrollo de habilidades a través del esfuerzo— sigue estando igual de vigente.


Tener un sueño —y mantenerlo— durante años es realmente complicado. A veces la forma de los sueños cambia.



Pero, y esto sí será imperturbable, las cosas más importantes son las que más cuestan. Otorgamos importancia atendiendo al esfuerzo que tuvimos que poner para alcanzarlas. Todos recordamos los logros conseguidos después de un esfuerzo prolongado. Reconocemos nuestra dedicación continuada, aunque no seamos capaces de observarla en los demás.

Pero la publicidad —y este mundo endemoniado que todos estamos contribuyendo a construir— quiere las cosas ya. Ahora mismo. Que no requieran esfuerzo. Que no tengan ningún coste. Gratis.


 


Se ha abusado tanto del “todo gratis” que se ha sustituido por el “desde 0 €”.

 



La consecuencia más inmediata es que olvidamos lo que ya había avisado Antonio Machado: “Todo necio confunde valor con precio”.


Éste es un país de genios: La aceptamos para todo lo que puedas llegar a imaginar.

En otros países también tienen la imaginación desatada.

(AVISO Vídeo No Recomendado para menores de 18 años)



Dos apuntes en cuanto a la palabra gratis.

En inglés gratis es igual a libre (free). Nada más lejos de la realidad. Las cosas que nos ofrecen gratis terminan esclavizándonos. Piénsalo.

Etimológicamente, comparte la misma raíz con gracias, una palabra, hoy,  francamente en desuso. En su origen eran gratis las cosas que se hacían a modo de favores, a cambio tan sólo del agradecimiento, de dar las gracias. Quien los recibía —los favores, de gratis— quedaba agradado y agradecido.

Tal como ahora. Igualito.


La consideración generalizada de que lo que es gratis significa que no tiene coste, es completamente perniciosa. Y también lo es pensar que sólo se paga si supone un desembolso inmediato, desvirtuando notablemente la realidad de las cosas. Es de necios confundir valor y precio y es de insensatos confundir gratis y sin coste.

Así nos van las cosas: acostumbrados a ver como se dilapida el dinero público, desapreciamos el coste inasumible que suponen determinados servicios que se prestan a los ciudadanos sin que, a su vez, tengamos que abonarlos directamente para percibirlos.

La sanidad pública, ese logro conjunto de la sociedad española, está en crisis. Se plantea ahora la posibilidad de que haya que pagar los servicios médicos que se nos prestan y se denomina a esa posibilidad como co-pago, olvidando que muchos ciudadanos están, ahora mismo, co-pagando su asistencia sanitaria al contratar seguros médicos para poder mejorar su nivel asistencial. Y si la primera forma de pago, no electiva, viene vía impuestos, la segunda, electiva, proviene del mismo bolsillo que la primera. Si, además, se llegara a obligar al soporte de una parte del coste sanitario por el ciudadano, para algunos se terminaría convirtiendo en una forma de tri-pago.


Los medicamentos suponen un gasto desorbitado para el Estado español y para el conjunto de sus ciudadanos. Se plantea una regulación del sistema que incluya la dispensación de medicamentos genéricos, así como la obligación de dispensar recetas que incluyan las dosis necesarias para cada tratamiento, de forma individualizada.

Por otro lado, el exceso de regulación existente implica que, determinados medicamentos no puedan despacharse en las farmacias si no es por prescripción facultativa. En determinados casos, resulta comprensible. Pero que, medicamentos ordinarios no puedan despacharse sin receta médica, resulta inquietante. A mí, personalmente, me queda la sensación de la proximidad del Gran Hermano, cuando el farmacéutico me pide, además de la receta, la presentación del DNI. Además, teniendo en cuenta que las recetas implican una asunción de parte del coste por el Estado —si no su totalidad—, aparece también la intuición de que es un gasto exagerado incluir entre los mismos, determinados medicamentos, ordinarios, que podían ser costeados sin problemas por el propio enfermo. Es decir, el exceso de regulación supone una carga añadida para el conjunto de los ciudadanos, sin que suponga evitar determinadas prácticas insaludables que se seguirán produciendo.


Y llegamos a la Formación, uno de los caballos de batalla para el desarrollo de España como país. Los criterios con los que se haya diseñado —o se vaya a diseñar— permitirán, con el paso del tiempo, emplazarnos en el lugar que nos hayamos merecido, atendiendo a los criterios con que se haya construido.

No diferenciamos, aquí, a la Educación de la Formación, sino que consideramos que ambas constituyen diferentes manifestaciones de una misma realidad. Es nuestra opinión que, las dos, contribuyen a la adquisición y al desarrollo de las competencias de las personas que participan activamente en el proceso de cambio, evolución y mejora (educandos y formandos en función del ámbito).

En la artificiosa dicotomía que plantea dos enfoques diferenciales del recurso del aprendizaje y que pone, en ambos platos de la balanza, al refuerzo y al esfuerzo, creo que está suficientemente explicada mi posición. Por si alguien necesita alguna aclaración, resumiré la cuestión señalando que, ni ambas son excluyentes, ni existe una forma mejor de desarrollo competencial que el compromiso del formando con los objetivos a alcanzar —al fin y al cabo se trata de sus objetivos—. Resulta evidente que, sin su propia exigencia, le resultará imposible crecer y desarrollarse en ese proceso interminable que es su propia vida. Así que, contestando de forma explícita, todo proceso de cambio debe estar fundamentado en la exigencia, en el propio esfuerzo. Eso no excluye la (auto)aplicación de refuerzos para favorecer la repetición de comportamientos adaptativos y útiles a la persona, protagonista, en definitiva, de su experiencia vital.

El otro debate, que aparece de forma recurrente y soterrada, inicialmente en cuanto a la Educación, se presenta de forma desenfocada. La tesis que defendemos es que la Educación debe ser universal, no necesariamente gratuita y no de forma excluyente pública. Se olvida, a mi juicio de forma interesada, la verdadera relevancia del elemento diferenciador que, debe ser, sin ninguna duda, la calidad de la Educación, entendiendo que será de calidad “cuando atienda a las necesidades del conjunto de ciudadanos que intervengan en ella”.  Esta definición de carácter amplio incluye, de forma intencionada, a los siguientes actores:

ü      Educandos. Destinatarios de la Educación. Sujetos del cambio.

ü      Profesores. Intermediarios del proceso educativo. Agentes del cambio.

ü      Gestores. Supervisores del grado de cumplimiento de los objetivos comprometidos.

ü      Sociedad. Beneficiarios finales de la adecuación del proceso. Receptores del progreso o la carestía.


Cuando el planteamiento de la Formación reglada (la Educación), se percibe como un proceso que, principalmente, sirve para retrasar la incorporación de los jóvenes al mercado laboral, se entiende que debe ser reformulado. La valoración de la calidad del sistema educativo, debe ajustarse a otros parámetros que deberán atender a criterios de beneficio personal y utilidad social. No importa tanto que un estudiante pague por asistir a clase, como que realmente le resulte de provecho, a él, pero también a todos.

No todo lo que es gratis es conveniente, no todo lo que no pagamos es gratis y no todo lo que no se paga carece de valor.

Confundirnos así es tomarnos por necios y, si dejamos que nos hagan eso, demostraremos que se lo estamos permitiendo.


La Universidad, ¿debe ser gratis? Dejo enlace a un artículo que responde a la pregunta.


¿Y la Formación Continua?

El empeño de (todas) las organizaciones participantes en el sistema nacional de Formación Continua en resaltar la gratuidad de los cursos impartidos —sin atender a disquisiciones de mayor profundidad—, ha provocado una situación actual caracterizada, “grosso modo”, por la percepción de los trabajadores que mantener su nivel de cualificación no es su obligación, sino que es responsabilidad de otros. “Tienen que formarme”. En la mayoría de los casos se ha perdido el afán de saber, la necesidad interior, la búsqueda de la adquisición de conocimientos o el desarrollo de habilidades aplicables en el puesto de trabajo o que permitan el desarrollo de una carrera profesional.

Bien es cierto que la forma de (des)organizarse la Formación ha supuesto, en muchos casos, una desbandada generalizada, una especie de huida forzada de cursos aburridos, inútiles, faltos de provecho y que sólo servían para saturar la agenda diaria de trabajadores con, en muchos casos, exceso de dedicación (pero faltos de motivación). El panorama es desolador. Después de cantidades inmorales de dinero público empleado (ése que tanto cuesta recaudar a base de impuestos), ni las empresas ni los trabajadores españoles se han mostrado capaces de afrontar los retos para los que la Formación les había debido preparar.

Es el momento de cambios. La consideración que el uso del dinero público tenga, determinará las posibilidades de nuestros hijos. Yo no quiero que a los míos les acostumbren a pensar que, las cosas realmente importantes (la Salud, la Educación), sean cosas que, por no tener precio —por ser gratis—, carecen de valor.

Nos jugamos SU futuro.

lunes, 7 de noviembre de 2011

10,000


Foto: Magdalene Sun
Gracias

Debatir

Intercambio de opiniones.

Ingenuamente, uno desearía que, en su trasfondo, se encontrara el ánimo constructivo de, conjuntamente, encontrar soluciones compartidas a un problema común.

Foto: emdot
Cuando dos o más personas tratan un asunto, pueden abordarlo de formas diferentes y la manera de encarar la conversación condiciona los frutos, que de ella, se pueden esperar.

Afrontar un asunto de forma prejuiciosa, presuponiendo los argumentos del otro, predispone al enfrentamiento.

Atender a los argumentos, y estar dispuesto a comprenderlos, facilita el entendimiento.


Cuando dos personas, o más, emplean sus recursos en la alternancia del discurso previamente preparado, las conversaciones terminan siendo improductivas.

De la disposición de los participantes a sacar provecho de los argumentos de todos, surgirá una discusión útil. Lo demás no son más que debates estériles —discutir por discutir—; una forma ampliamente extendida de perder el tiempo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

jueves, 3 de noviembre de 2011

Vistas desde la Catedral

El pasado lunes, 31 de octubre, aprovechando el puente de todos los Santos, decidimos aceptar la amable invitación que Fran venía haciendo a nuestros hijos para completar la visita a la Catedral de Oviedo. Las dos primeras etapas, correspondientes al interior de la Catedral y, en segundo lugar, la Cámara Santa y el Claustro, son visitas accesibles al público, a pesar de que nos sentimos afortunados por contar en ambas con el mejor guía para realizarlas, Fran, perfecto conocedor de la Historia de la Catedral y entusiasta trasmisor de sus conocimientos.

Pero este lunes la visita era reservada para algunos escogidos: mis dos hijos mayores lo fueron, por la generosidad de Fran y Don Benito, y por los méritos contraídos por su labor de ayuda, como monaguillos, en la misa dominical de las doce del mediodía.

Así que nos presentamos a las 9:30 para asistir a la maravillosa misa capitular, que se celebra de lunes a sábado en la capilla de Santa Bárbara y, tras participar en ella, acceder a la Torre de la Catedral donde Yago y Luis realizaron el siguiente reportaje fotográfico.


Empezando. Se vislumbra la escalera interior

Reloj de la Caja de Ahorros, la Jirafa, Banco Bilbao, Capilla de la Balesquida

Gárgolas

Engranajes del reloj

El reloj desde dentro

Aguja

Plaza de la Catedral
Demostración gráfica de que no subí

Sierra del Aramo

Torre y reloj del Ayuntamiento

Seminario Metropolitano

Izquierda: Torre de los Carmelitas / Centro: Torre de Telefónica
Detrás: Calatrava / Delante: Campo de San Francisco

La Jirafa, San Juan el Real, Centro Asturiano y el Naranco

Patio del Palacio Arzobispal, Corrada del Obispo
Residencia de los artistas gráficos

Aguja II


Claustro de la Catedral, Escuela de Música, Corrada del Obispo
Segunda Torre. Etapa prerrománica y recrecido románico

Planta de la Catedral: nave principal y transepto
Santa María La Real de La Corte, Museo Arequelógico (recrecido)
Facultad de Psicología, Cocina Económica
Fábrica de armas, Palacio de los Deportes, Nuevo HUCA

Gárgola indecorosa (gracias a la hoja de parra...)

Monasterio de las Pelayas y acceso exterior a la Capilla del Rey Casto


Jardín interior del Monasterio de las Pelayas

Fábrica de armas, Palacio de los Deportes, Nuevo HUCA

Caracol

Bígaro