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jueves, 19 de abril de 2012

Repoker

Pensé que estábamos jugando al tute, ese juego tan español, tan de hombres, tan tradicional, tan tabernario. Ese entretenimiento viejuno, casi de asilo, que se realiza en parejas, en el que se arrastra para quitar los triunfos y evitar que el rey y el caballo canten, que a la baza final se le suman diez de últimas y que se alcanza la victoria final si juntas en tu mano a los cuatro reyes.

"Cuatro Reyes"

Porque, en el tute, sólo hay cuatro reyes:



Espadas: Mundo cafre

Bastos: El regreso


Pero en este mundo globalizado, todo cambia, aunque terminen volviendo los de siempre. Y, claro, en está sociedad 2.0, el juego que mola es el poker.

Un juego en el que se utiliza la baraja francesa, se va de farol y la máxima jugada es la escalera real, a pesar de que, en determinadas variantes, se puede superar con un repoker. Eso se debe a la intervención del joker. En las películas y series americanas era el antagonista de Batman (interpretado, entre otros, por Jack Nicholson). Su traducción literal sería el bromista. En España, mucho antes de eso, ya le habíamos puesto nombre: el comodín, aunque visto lo visto deberíamos pensar en actualizarlo (propongo el comodón).

Pero jugábamos al poker y tengo que incluir la jugada final construida por las once palabras escuchadas ayer:

“Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”.


Ya sé que la idea de que “todos somos iguales” es una ficción construida para nuestro engaño. Lo asumo, pese que no me gusta sentirme, además de cornudo, apaleado.

Me imagino en una tesitura similar (ya sé que podría parecer excesivo, pero tengo una imaginación paquidérmica) y, si hubiera traicionado la confianza de alguien a quien respeto, no me quedaría en una generalización imprecisa. Me sentiría en la obligación de explicar qué siento, en qué me he equivocado y qué no volverá a ocurrir.

Releo el artículo El (des)encuentro, de fecha 1 de abril, y noto matices que, leídos ahora, lo convierten en premonitorio. En particular me quedo con la siguiente afirmación: “el arrepentimiento, ennoblece; la terquedad, nubla el entendimiento”. Y, sin ánimo de ser rencoroso, afirmo:

1 – el rey ya es el máximo representante de la nobleza; por mucho que se arrepienta, no se ennoblecerá más.

2 – empeñarse tercamente en doblarse como lacayos nubla el entendimiento de la mayoría de analistas; escuchar cómo exageran el gesto para dotarle de un contenido de humildad, es absolutamente irreal y ha estado a punto de provocarme vómitos. ¡Qué vara de medir tan flexible y tan comprensiva con los actos de según quién! ¡Qué predisposición tan cortesana para empeñarse en no reconocer que va, sin tenerlas, permanentemente en pelotas! ¡Qué menos que afronte con gallardía las consecuencias de sus actos, y no poniendo pucheros que, se mire como se mire, solo dan lástima!

3 – ser rey, por la gracia di vino, exige firmeza y entereza. Y frases, para citar, que trasciendan lo que pueda decir hasta el más pequeño de mis hijos.

4 – está (no sé si se le espera), porque se le mantiene.

5 – construir un edificio de responsabilidad sobre las once palabras dichas, es una prolongación del pelotazo inmobiliario, caso “el güevazos nobiliario”.


Y paso página sobre este tema. Quiso mi mala suerte que mi convalecencia febril (y mi exposición a la radiación televisiva) coincidiera funestamente con este pedazo de vida real que me repugna.

Así que cierro ahora el asunto.


Salvo que, otro traspiés, me vuelva a agitar. Dejaríamos el poker, para pasar a otro juego, tan castizo como el mus—dejando la baraja francesa y volviendo a la española—. Un juego peligroso, pero que reúne tres características que lo hacen verdaderamente interesante:

1 – como todo buen jugador sabe (yo no lo soy, pero lo he oído), gana, no el más atrevido, sino el que mejor cuenta.

2 – los treses se cuentan como reyes y, a todos, se les conoce por cerdos.

3 – se puede terminar anticipadamente con un órdago.


Atención, SM, que estoy barajando.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Cuatro

Foto: srqpix
Cuatro eran los jinetes del Apocalipsis (seguro que pocos recordáis cuáles). Cuatro son los puntos cardinales (ésta era más fácil: norte, sur, este, oeste). El cuarto jinete era la muerte. Hay una pizza con cuatro quesos y otra que lleva cuatro estaciones (aceitunas y alcachofas por la primavera, salami y pimienta por el verano, tomate y mozzarella por el otoño y setas y huevo duro por el invierno). Cuatro palos tiene la baraja española (oros, copas, espadas y bastos). La baraja francesa, otros cuatro (diamantes, tréboles, picas y corazones). El tercer jinete era el hambre. Eran cuatro los fantásticos (Mister Fantástico, la Chica Invisible, Antorcha Humana y La Cosa) y los fab four (John, Paul, George y Ringo). Cuatro es el número que Cesc eligió para su retorno al Barça y es también una cadena de TV española. Cuatro colores tiene el juego del parchís (amarillo, azul, rojo, verde). El segundo jinete era la guerra. François Truffaut firmó una película con 400 golpes. El que queda cuarto en los Juegos Olímpicos se lleva la medalla de chocolate. Cuatro son los elementos (tierra, agua, aire y fuego). Los Cuatro Evangelios canónicos fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En los trayectos off-road se suelen usar los 4X4. Existen cuatro tipos de temperamentos: sanguíneo, colérico, melancólico, flemático. El primer jinete era la victoria. Hay (idealmente) cuatro poderes públicos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, quedando reservado el cuarto poder para la prensa. En un cuarteto de cuerdas clásico participan dos violines, una viola y un violonchelo. Cuatro años deben pasar entre dos Juegos Olímpicos y también entre dos Campeonatos del Mundo de Fútbol. Cuatro operaciones matemáticas básicas: suma, resta, multiplicación y división.

¿Ya has identificado los cuatro jinetes?

¿Cuál es el primero?

Cuando algo no tiene suficientes seguidores, se dice despectivamente que son cuatro gatos. Hay cuatro grandes mares y cuatro grandes vientos. Está también el motor de cuatro tiempos. Y cuatro cascabeles lleva mi caballo. Ya veis la importancia del cuatro. Ahora os diré cuatro cosas.



El extremismo del carácter de los españoles nos impide disfrutar de la riqueza de los matices intermedios. Somos prisioneros de una mentalidad de todo o nada. O eres del Madrid o eres del Barça. De derechas o de izquierdas, del Norte o del Sur.

Para los que nos sentimos confusos ante ese dualismo irrenunciable, nos parece estar entre la espada y la pared cuando nos obligan a optar por alguna de las dos (únicas) alternativas que nos presentan y, a veces, nos da la sensación de que, decantarte por uno, es como mostrarte ante los demás como antagonista del otro. Nos arrebatan la posibilidad de elegir, vistas la tesis y su antítesis, la elegante solución de la síntesis.

Funesto reduccionismo.



Os aviso con antelación suficiente de lo que ocurrirá en breve. Terminada la pausa vacacional y tras el reinicio del curso escolar y las actividades ordinarias, el ¿verano? llegará a su fin. Sí, ya sé que este año la estación pasó de refilón, como el amigo que pone excusas preñadas de disculpas para evitar acudir a cenas de la antigua pandilla de las vacaciones y no mostrar su economía en apuros. [para quienes lo reclamaron: ya está hecho].

Así que este año el verano (y sobre todo en Asturias), fue un suspiro. Pero insisto, una vez retomado el ritmo de actividad normal, cuando los chicos empiecen otra vez en el colegio, el horario sea el habitual, todo marche como siempre y la playa se haya sumido en la bruma del olvido, así, de repente, sin previo aviso, el tiempo cambiará. Negros nubarrones presagiarán una fuerte tormenta, la temperatura descenderá apreciablemente y, a la fuerza, sacaremos de las cajas la ropa de abrigo. Entonces, en todas las panaderías se repetirá infinitamente el mismo comentario sagaz:

-         Ya volvió el invierno…

Y así, con un par de nubes y cuatro gotas reduciremos nuestro calendario estacional a la mitad de sus posibles, alcanzando la dimensión dual en la que todo español se siente a gusto: verano / invierno.



Nos cargamos de un plumazo el otoño y la primavera y dejamos a Vivaldi, de por vida, a media pensión. ¡Vaya!

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...