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jueves, 11 de julio de 2019

Trabajo en equipo: La hondura de Barracus o la simpleza de Jane

Publicado originalmente el 12 de abril de 2013

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La línea descendente que marca el declive mostrado por la TV, no sólo se manifiesta en momentos ruborizantes —como arrojar (proto)tipos a una piscina, en una humillante y renovada parada de los monstruos—, sino que, de modo más preocupante, la ficción (hablo de la americana, por supuesto), servida a domicilio (y seriada), ha perdido su capacidad para mostrar referentes válidos.

Pongamos que intento averiguar qué es un equipo.

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Lo mejor del trabajo en equipo es saber que tienes a otros de tu lado y que, todos, pueden llegar a pensar como uno sólo.

Un equipo se mimetiza, consigue mirar siempre en la misma dirección y también, siempre, consigue ver lo mismo.

Después de cuatro años, el equipo avanza, ya, como una sola persona, y una sola mente.

"Un gran equipo sería algo así" Foto: lumaxart

Quizá no entiendas por qué se plantea la evolución apoyada en torno a ciclos de cuatro años.

Yo tampoco.

Sólo puedo esgrimir, en mi defensa, que es una cita textual, extraída de un anuncio (que acompaño, para que, los suspicaces, puedan realizar las comprobaciones pertinentes).
Así que, ya sabes: delego toda la responsabilidad en Patrick Jane, antiguo feriante, hoy colaborador de la policía y conocido, urbi et orbe, como “el mentalista”.

De forma más apropiada: en su publicista.

Y, concretando todavía más: en TNT (España).

Seré más claro, exponiendo de forma diáfana mi propósito: refutar su tesis y convencerte de que es un charlatán de feria, un tipo peligroso; de los que hablan y hablan y no dicen nada.

Un aprendiz de político.

Una escoria social.

Un paria.

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—Pues a mí me resulta simpático.
—Y a mí también, pero eso no significa que sepa de lo que está hablando.
—Cambia de canal.
—Eso voy a hacer.
—Pero no pongas fútbol, anda...

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La otra gran ficción televisada.

El deporte.

El fútbol, para ser exacto (y sus triquiñuelas).

Esa estrategia desplegada de forma permanente por los que se colocan a la sombra de los llamados astros (no de los que se ocupa Sandro Rey) y que consiste, básicamente, en el examen minucioso del gesto. El análisis ad nauseam de cualquier detalle, por nimio que sea, para ampliar la repercusión y el alcance de los nuevos héroes de la modernidad: las estrellas del balompié.

No lo son [héroes, me refiero] por su deseo desinteresado de contribuir a la defensa de causas justas, o por su empeño en alcanzar un anhelo duramente perseguido.

No.

Se mueven por su propio interés: la búsqueda de la riqueza y la fama [ese reverso siniestro asociado al reconocimiento ajeno de las gestas individuales].

Todos creen que llevan dentro al nuevo Messi y que conseguirán que su padre (y el resto del clan) abandone el ostracismo y la pobreza.

Un modelo (defendible en ocasiones), pero que acarrea peligros al tratar de trasponerlo a otros ámbitos, cuando, algunos, se empeñan en que se convierta en una forma de vida paradigmática (y de entender el mundo y las relaciones sociales).

Por decirlo claramente: el espíritu de superación, el deseo de integrarse en colectivos, el trabajo en equipo, la competición como forma de estimular el deseo de perfeccionamiento, son buenos y deseables. Pero, estructurar la práctica del deporte en torno a victorias (y derrotas), no debería ser la forma excluyente de entender la superación personal y colectiva.

Más aún, con total rotundidad: nunca llegará a ser la única forma de entender las relaciones. Más allá de la competitividad (entendida como la forma de vencer a la competencia), permanecerá la colaboración (en la que, todos, según sus capacidades, contribuyen a alcanzar objetivos compartidos, abordados con miras de mayor alcance y trascendencia).

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"Orquestando un trabajo conjunto" Foto: miss mass

La búsqueda (individual) del virtuosismo se incardina en un esfuerzo (plural), organizado y sincronizado, que se manifiesta en una viva demostración de talento. No requiere de vencedores (ni vencidos), pero atiende, igualmente, a un alto nivel de sacrificio y exigencia.

Mueve (y conmueve) a cualquiera que se interese.
Algunos lo llaman arte.
No importa su nombre.
Para que funcione correctamente, sus miembros deben trabajar en equipo.

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¿Cuáles son las características esenciales de un equipo?

Reducidas a su mínima extensión, son dos:

— Son plurales. Formados por varios; cada uno, con su propia identidad.

— Buscan alcanzar un objetivo común.

Una definición para subrayar:

Grupo de personas que trabajan coordinadas en una empresa común. Muestra su eficacia alcanzando los resultados previstos”.

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— ¿Podrías poner un ejemplo?
— Por supuesto.

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Si tiene usted algún problema y si los encuentra, quizá pueda contratarlos.

Entre 1983 y 1987 (en USA) mostraron de lo que eran capaces. En España, hoy mismo, te los puedes encontrar, sin que tengas que, necesariamente, estar buscándolos.

Pueden suponer un problema —por su ingenuidad sonrojante—, aunque, en una velada insomne o un domingo sin planes, despiertan esa complicidad reservada para los amigos antiguos, a los que, a fuerza de conocerlos, se les termina perdonando todo.

Son, todos lo admitimos, un equipo.
  
Eran:

John “Hannibal” Smith (En España, Aníbal). El ideólogo del grupo. Fumaba habanos y sentía predilección por disfrazarse ante desconocidos.
Templeton “Faceman” Peck (aquí, Fénix). Apuesto. Seductor. Un galán. Todo ingenio y descaro. Un conseguidor.
H. M. “Howling Mad” Murdock. Para Barracus, una pesadilla. Para el resto del mundo, un loco. Él se sentía comandante de sus (delirantes) sueños.
Bosco Albert “B. A.” Baracus” (para nosotros, “M A Barracus”). Su mote (“mala actitud”) se justifica en su incapacidad para mostrar sentimientos, más allá de los que pueden expresarse en un gruñido. Su gran corazón (y sus nobles intenciones), se ocultaban bajo el vestuario estándar del Carrefour fin de siècle (zapatillas deportivas, pantalones de chándal —o petos— y camiseta de tirantes). Su atracción por el oro se convierte en garantía de un trapecio hipértrofe. El pelo, a cepillo, es la única diferencia apreciable con un Rafa Mora sometido a una sesión intensiva de rayos UVA.

En la vida real respondían a otros nombres.

George Peppard, Dirk Benedict, Dwight Schultz y Mr. T. En la primera temporada, les acompañaba una periodista, interpretada por Melinda Culea. Su nombre incluye todas las claves para que puedas averiguar, por tu cuenta, los motivos de su contratación.

La otra cara del equipo A (según La hora chanante).


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Utilizar, de forma provechosa, las diferencias entre los componentes del equipo, será ineludible. Si se combina con otro estilo de liderazgo, distribuido —en el que todos los miembros adquieren relevancia y deben ejercer su aportación particular en la persecución del objetivo común—, estaremos construyendo un modelo diferente, mucho más interesante y responsable.

Así podremos adoptar a Barracus. Su tótemica figura resulta imponente, presidiendo el salón familiar; mejorando el desvaído porte de Patrick Jane, vistiendo un terno, y tratando de resultar sorprendente.

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En un equipo, muchos están dispuestos a echar una mano.
Chus, Santi o Adolfo (entre otros) lo hacen siempre de forma ejemplar.




jueves, 1 de agosto de 2013

Mekí boké

No es una receta mozambiqueña, ni un combinado congolés. Es la síntesis absoluta del pensamiento simplista, actuando a lo jíbaro, siendo capaz de destilar, lo que antes otro había necesitado once palabras, para quedarse en sólo dos (y querer decir lo mismo).


"En dos palabras; cinco si hablas latín"

Se esperaba su comparecencia. Algunos quisieron entender como un gesto que se fijara el 1 de agosto, primer día de vacaciones para muchos algunos españoles, en un intento de permitir que se le prestara la máxima atención.

Habida cuenta que no quería robar horas de asueto, trató de ser escueto.

Sólo necesitó dos palabras: “Me equivoqué”. Y un gesto à la Churchill.

Pero era mucho más que un gesto (a la galería). Era un homenaje a todos los pensadores que le precedieron; los que mostraron su humanidad y su capacidad de reconocer que se habían equivocado.

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Palito OrtegaYo me equivoqué


Hora de Aventura Me equivoqué


Martín Pugliese Perdón, me equivoqué


Franco Peletti Me equivoqué


Vicky Gastelo Me equivoqué contigo

Banda Pequeños Musical Y me equivoqué

The Only ¿En qué me equivoqué?

La Pionera de ChihuahuaMe equivoqué

Marre Me equivoqué


La Hija del Mariachi Me equivoqué contigo


Chosen Me equivoqué

Aruba Me equivoqué

Mario Álvarez Me equivoqué


Sirio BMe equivoqué

GodaivaMe equivoqué


Millie Corretjer Me equivoqué

Ana Gabriel Me equivoqué contigo


Mariajose Me equivoqué


Nena Leal ¿En dónde me equivoqué?

BelindaMe equivoqué

Víctor Díaz Y me equivoqué


Óscar García Me equivoqué

Lizeth Lázaro Me equivoqué


María Seoane Me equivoqué


Flor Sinqueña Otra vez me equivoqué

A. B. Quintanilla Yo me equivoqué

Tovien Me equivoqué


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Equivocarse es de humanos. Herrar, de herreros.

Empecinarse en el evidente error es, realmente, motivo de burla.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...