Kris Schubert, Stephen Helman, Tony Bibby, Lian Wong
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Descubrí este grupo gracias a Jose Navas,
amigo virtual que ha dejado en secano su fértil blog para hacerse fuerte en FB;
una decisión que respeto, por supuesto, pero que hace que ya no me enteré de
estas joyas que sólo él sabe encontrar.
Todo
vino del día que Marcos Vega (director
de Noche tras noche) me planteó
hacer un especial
sobre la canción del verano y yo, más vago que astuto, trasladé esa
petición a siete sabios, entre los que Navas no podía faltar (la idea es
deudora de una iniciativa suya, cuando hacía un estupendo programa de radio y,
entre otros notables, me dio la oportunidad de seleccionar y presentar una canción).
Y
él me recomendó a esta banda, formada en Sydney, pero que habían trasladado su
residencia a las cercanas Blue Mountains, en un intento de recuperar la paz que
ya no encontraban en la megaurbe donde Nemo se reencontró con su padre. No era ésta,
sino otra del mismo LP, pero la que elijo, compuesta en el confinamiento, era
otra joya que no quiero dejar pasar.
¿Sabes
la historia del perro que tocabas una campanita y se ponía a salivar?
Pues
ahora me interesa, más que el mecanismo por el que se estableció la conexión,
lo predecible del resultado, una vez que has oído hablar de ello.
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Viene esto a cuento porque un amigo (esta vez no diré su nombre)
me avisó de la publicación del último single
de Joss, anticipo del LP del año que viene, que será la continuación del
precedente, de 2015.
Y tantos años sin novedades de una artista a la que sigo desde su
debut en 2003 (The Soul Sessions) con un disco que grabó con 16 años y
que supuso la aparición, otra más, de la nueva esperanza blanca del soul
británico, como Dusty, Amy, Adele, hace que esté aquí hablando de ella.
Y es que la canción es muy correcta; está muy bien.
Daniel Allen (voz), Richard
Forehand (guitarra solista), Paul
Bruens (bajo), Beau Cooper (teclados),
Bryan Harris (batería) hacen
Southern Rock y acaban de publicar su 5º disco.
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Decir
adiós nunca es fácil
No
es buen momento o lugar para irse
Estamos
posponiendo el dolor, intentando esconderlo
Una
canción predilecta, en mi Top Ten de canciones de southern soul, el más emocional de los estilos musicales que
conozca.
Editada
en 1968 por el sello angelino Kent,
como uno de los cuatro singles que
lanzó para esa etiqueta.
Años
más tarde, Kent sería comprado por Ace
Records, la discográfica inglesa, que la reservó para editar las mejores y
más documentadas recopilaciones de música soul. Uno de esos CDs juntó a nuestro
protagonista de hoy con Z.Z. Hill
(que había grabado para la original Kent en los mismos años), titulado Southern
Soul Brothers. Así le conocí yo.
Cinco
años antes de esta canción, Clay había compuesto otra para Little Johnny Taylor (no el Johnnie Taylor de STAX),
que llegaría al #1 en listas de música negra, un tema próximo al blues, otro clásico imprescindible.
Christopher
Joseph Baio, o Chris Baio, o Baio (como elige para su trayectoria en
solitario), es bajista en Vampire
Weekend. Pero, está a la vista en la presente canción, sus habilidades
exceden del manejo de las cuatro cuerdas. En realidad, como todos los bajistas
(la gran mayoría; unos cuantos) tiene un desarrollado sentido del ritmo.
Suena
esta canción y se me van los pies.
Incluida
en el 2º de los tres LPs que ha entregado hasta ahora.
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Creo
que casi pierdo la cabeza en Turín
Mirando
hacia el abismo
Del
lío en el que estamos metidos ahora
Ten
la seguridad de que escucho cada gemido
Cada
vez que estamos sentados
Solos,
en una habitación tranquila
Dime
sólo lo que tengo que hacer
No
hay tiempo para la filosofía
Tienes
que llegar al meollo del problema que tenemos juntos
No
hay nada que prefiera hacer
Que
sentarme y hablar de filosofía
Pero
estoy pensando
Somos
como un barco que se está hundiendo
¿Podemos
volver a navegar como al principio?
A
veces te entiendo menos de lo que entiendo a Descartes
Es
categóricamente imperativo solucionar nuestros problemas
En
la Batalla de los Estados®
de hoy se produce un enfrentamiento entre norte y sur, marcado por el cauce del
río Mississippi, que nace en el lago Itasca, en el norte de Minnesota y
discurre durante 3734 Km en dirección sur, atravesando diez estados (entre
ellos al que da nombre) antes de verter sus aguas al Golfo de México.
Yendo
contracorriente, mucha población emigró del Sur, rural y segregacionista, en
dirección Norte, en busca de la libertad y la prosperidad que prometía el
desarrollo industrial del Medio Oeste. Entre ellos, muchos negros, conocedores de
que su única posibilidad de medrar pasaba por su capacidad de trabajo, que
entregaban en ocasiones junto a su vida.
Los
forjadores de sueños nunca han mostrado preocupación por los que se quedan al
margen.