Todos
sabemos de qué se va a hablar hoy en España.
Y,
aunque no te hayas percatado de ello, la sustancia de todas las conversaciones
estará impregnada de un mismo argumento, empeñados en hacer valer los intereses
propios por encima de los que tuvieran los demás (a los que se considera,
simple y llanamente, que están de más).
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| "Te voy a espetar una cornada" |
Hoy,
el día después de que se fueran al traste las intenciones de revalidar su
reconocimiento como reyes del deporte rey, sus seguidores reclamarán respeto para
los de la Roja, alegando títulos y honores pasados, reivindicando de forma
eterna un merecimiento obtenido en justa contienda (pero que parece injusta cuando no coincide con sus
deseos).
Perderán
balones, pero sus galones se mantendrán intactos, expresados en una solitaria
estrella (y obligando a sus séquitos a guardar en el armario una
capa, con la que no podrán tapar sus vergüenzas, sino, más bien, sentir sonrojo).
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Por
otra parte, hoy es el día en que se proclamará a Felipe, al que algunos tienen ganas de colgar como si fuera un Tiësto, mientras los
que admiten gustosos ser considerados súbditos, exigen respeto, invocando los
honores pasados, exhibiendo los títulos y (con)decoraciones, mostrando una
corona y un cetro a modo de símbolos secundarios de una tradición fundada a
golpes y transmitida como herencia.
Los
detractores opinarán que supone una falta de respeto, pero no habrá forma de
que se pongan de acuerdo entre ellos.
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En
otro lugar, hace casi cincuenta años, la segregación se palpaba en las calles
de cualquier población USA. Si eras negro, estabas francamente jodido, en unas
condiciones mucho peores de las que hoy puedas llegar a imaginar.
No
poder compartir escuelas, establecimientos públicos o asientos en un autobús,
suponía un bochorno y un ultraje.
Algunas
voces se alzaron contra esa situación, iniciando un movimiento social que
buscaba obtener algunos derechos (y eliminar ciertos privilegios).
El
avance fue complicado, en un sendero que nunca discurrió en línea recta. Reyes
(Martin Luther) y seres sin
identidad (Malcolm), sentaron las
bases para que algunos artistas comprometidos (en especial, desde el soul) fondo sonoro a sus
reivindicaciones.
Otis Redding pidió respeto (aunque, vista
hoy, su petición doméstica resulte anticuada, considerándose rey de la casa por ser él quien llevaba el dinero, cariño).
Esa
rima primaria fue diseccionada con tino por Aretha
Franklin. En ese lenguaje tan conocido en la convivencia marital,
deletreaba su exigencia para que no hubiera nada que alegar al r–e–s–p–e–c–t–o.
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Las
cosas se entienden mejor acudiendo a la familia.
Sin necesidad de ser italiano.
El soul surgió en las iglesias, a las
que las familias acudían juntas, buscando la integración y justificando sus
plegarias coreando las consignas de los predicadores. Y la Stax, el sello más apasionante, organizó un festival (para negros),
a imagen del que los blancos habían orquestado en Woodstock, como forma de reivindicar la injusticia a la que estaban
sometidos.
Fue
Wattstax,
el desfile de modelos más desinhibido que se haya imaginado. Uno de los
momentos destacados surgió cuando Roebuck ‘Pop’ Staples inició su cántico,
como si fuera un sermón, reconociendo que, en la base del amor, la paz y la
libertad, debe estar el respeto
hacia uno mismo, sin el cual nada podrá funcionar. Ese discurso, se
convirtió en elegía cuando una de sus hijas, la portentosa Mavis, toma el relevo y desborda a cualquiera que la oiga y se sienta partícipe de la congregación.
The Staple
Singers coronaron el acontecimiento con verdadera brillantez.
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Hoy
hemos aprendido que, a reyes muertos, Rey puesto.
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Pese
a que siempre haya suspicaces,
que no creen en coincidencias y afirmen que todo esto de la proclamación se
orquestó para que la pompa y el boato hicieran olvidar el mal rato pasado.