Russell
Hitchcock, Graham
Russell & Frank Esler-Smith
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Una
canción que recuerdo haber escuchado, por primera vez, en una radiofórmula,
término que supongo carece de sentido para quien no tenga años suficientes.
Traducido
vendría a ser Spotify con presentador.
Un
dúo australiano, completado por un teclista y una banda de acompañamiento, en
el que su mayor éxito internacional (entiéndase más allá de Australia), éste,
fue compuesto por Graham en quince minutos tras haber estado de gira con Rod Stewart y ampararse en la soledad
de su país natal como fuente de inspiración.
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Una
canción para bailar lento.
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Sabes
que no puedes engañarme
Te
he estado amando durante mucho tiempo
Todo
empezó tan fácil
¿Quieres
continuar perdido en el amor?
¿Pensaste
en voz alta y perdiste el contacto?
Estoy
de nuevo en pie
Ansioso
por ser lo que querías
Es una pena
que a la versión remasterizada le hayan puesto efectos sonoros
La historia de esta canción es lo suficientemente bizarra como para resistirme a ella.
Lo que sé es que me costará contarla (tengo que acordarme de borrar
este párrafo).
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La banda se formó en Australia, a finales de 1965, por una mezcla
de artistas de origen británico y local. Eligieron el nombre y, tras varios
cambios en la formación muy aburridos de relatar, el nuevo cantante dijo, con enorme
satisfacción:
Los nombres de
los grupos se están volviendo cada vez más ridículos. PLJ es el nombre
definitivo; el nombre que termina con todos los nombres.
Pero el éxito les era esquivo, a pesar de que machacaban el
circuito underground local.
Se separan, se desesperan, se trasladan y vuelven a intentarlo en
UK.
El DJ John Peel les
produce una sesión en la que graban tres temas. La voz no estaba yendo bien y
el cantante y compositor del tema, Dave
Bentley, acepta que le sustituya un desconocido Rod Stewart. Era 1968 y Faces
todavía no habían triunfado, así que le pagan con unas fundas nuevas para los
asientos de su coche (hay quien afirma que también se incluían alfombrillas; no
discutiremos por eso).
Pero la grabación queda en un cajón.
En 1970 se edita como single
y motiva la publicación de un LP en 1972 que recoge todo lo que habían ido
dejando desperdigado.
No pretendo ser exacto en este relato, pero hay una cierta
coincidencia con los hits en
solitario de Stewart (“Maggie May”) y
de Faces (“Stay with Me”): el
conocido efecto bola de nieve que
hace ya nadie quiera deshacerse de los descartes
(“prenso, luego insisto”).
Voy terminando: una canción que me gusta tanto que hace que por
momentos olvide a Rod preguntando si está sexy
(¡mierda!)...
Me paso todo el
tiempo
Bebiendo vino
y sintiéndome bien
Esperando
encontrar una señal
Que pueda
entender
La gente buena
está en la cama
Antes de las
nueve
Me siento
aquí, en mi habitación solitaria
No lleves tu
amor demasiado lejos
Sabes que tus
heridas ni siquiera dejarán una cicatriz
Todo
empezó con Trijntje Oosterhuis, una
cantante holandesa, de la que, por azar, me descubrí mientras la escuchaba.
Dentro de 2 días (el 5 de febrero) va a cumplir 40 años y hay una canción que,
seguro, sus amigos le van a cantar.
Cerraba
su disco de 2006, “The look of love. Burt Bacharach songbook”, que la
artista planteó como homenaje a uno de los compositores más grandes de la
música popular. 14 temas. Cada uno de ellos, contiene una historia completa (en
su mensaje y en las versiones que se le dedicaron).
1 – “Do you know the way to San Jose”
2 – “The look of love”
3 – “A house is not a home”
4 – “I say a little prayer”
5 – “Waiting for Charlie (To come home)”
6 – “I’ll never fall in love again”
7 – “Falling out of love”
8 – “Walk on by”
9 – “Alfie”
10 – “Anyone who had a heart”
11 – “This house is empty now”
12 – “(They long to be) Close to you”
13 – “The windows of the world”
14 – “That’s what friends are for”
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La
canción era conocida por la versión que Dionne
Warwick (la prima de Whitney Houston)
había grabado en 1985, en una colaboración altruista para la American Foundation for AIDS Research (donde se donarían los
beneficios), con algunos amigos que participaron en la grabación del tema.
Para
las nuevas generaciones quizás sea necesario precisar quién es quién (en el
vídeo). El disco se acreditó, genéricamente, a Dionne & friends (aunque su identidad nunca fue un secreto; una
cosa es participar desinteresadamente y, otra muy distinta, hacerlo sin buscar
el reconocimiento). Pero el paso de los años puede haber difuminado su
recuerdo.
Gladys Knight, todo sonrisas, es la chica —bajita— con aire de no
haber roto un plato. La típica vecinita del quinto, siempre dispuesta a dejarte
un poco de azúcar.
Stevie Wonder lleva el pelo recogido en trencitas —del estilo de
las popularizadas por Bo Derek en “10”, la película de 1979 dirigida por Blake Edwards, en la que compartía
estrellato con Dudley Moore y Julie Andrews y ayudó a generalizar el
gusto por acompasar fumar
y escuchar el “Bolero” de Ravel; lo cierto es que, tras cinco
años, nadie se había atrevido a avisarle de que las trenzas se habían dejado de
llevar hace tiempo— y, pluriempleado, toca la armónica.
Elton John muestra también la influencia de Bo Derek (aunque
más reciente), vistiendo como un rejoneador, con corbata de cordón y sombrero
cordobés, como en “Bolero” que, en
1984, además de miel y
erotismo, contaba con la aparición de una americanizada Ana Obregón.
Y
Dionne es la primera en cantar y, como rasgo distintivo, debéis fijaros en sus
gafas, que lleva a modo de diadema.
Ella
había sido la tercera pata de un equipo ganador. Grababa para el sello Scepter y fue la voz que eligieron Burt
Bacharach (música) y Hal David (letras)
para cantar sus composiciones, lo que le supuso un montón de éxitos. De hecho,
es la tercera mujer (ex aequo con Madonna) que más canciones ha
conseguido que entraran en el Top 100 de Billboard
(con 56 temas), tras Aretha Franklin
y Taylor Swift.
En
1973 Bacharach y David recibieron el encargo de realizar la banda sonora para
el remake de la película “Lost horizon”, de Frank Capra, lo que resultó en un enorme fracaso comercial y en la
ruptura de la sociedad que habían formado. Bacharach se divorció poco después
de Angie Dickinson, y descubrió que
podía sustituir a ambos con una sola persona, iniciando una fructífera relación
artística con Carole Bayer Sager y
más tarde personal (se casarían). Entre sus trabajos conjuntos está “That’s what friends are for”.
Sé
que mis amigos me van a perdonar estas cosas. La amistad consiste en recuerdos
compartidos. A cada uno de mis amigos soy capaz de llegar tirando de un hilo en
el que se encuentren los buenos y los malos momentos, aquellos que hemos
compartido y que constituyen nuestra historia común.
Los
que hacen que, mirando atrás, recordamos cómo eran (y cómo éramos). El tiempo,
que pasa y deja poso; que nos hace cambiar, aunque permanezcamos siendo los
mismos.
Gracias
a todos por haber estado (cuando fuera, donde fuera) y ayudarme a tener
recuerdos.