Burton Cummings, Randy Bachman, Jim Kale & Garry
Peterson
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No
hay mucho acuerdo entre los cuatro miembros del grupo sobre dónde surgió la
canción, pero sí tienen algunas cosas bastante seguras.
Lo
primero es que fue una improvisación mientras actuaban en directo; según parece,
Bachman estaba afinando su guitarra tras haber cambiado una cuerda que se había
roto y tocó un riff que le había
gustado y, para no olvidarlo, se puso a repetirlo sin parar y Kale y Peterson
se le unieron.
Y
también está claro que Cummings se puso a improvisar unas letras y se dieron
cuenta de que estaba quedando algo que merecía la pena y que, además, había un
chaval que grababa el concierto con su cassette portátil (una novedad entonces)
y el caso es que consiguieron la cinta y, gracias a ella, pudieron volver a
repetir una canción que sería un éxito instantáneo tras su publicación.
Y
hay un cierto consenso en que la letra no se oponía a la guerra, ni a USA, sino
que, habiendo comprobado las diferencias entre las chicas canadienses (más
timoratas) y las estadounidenses (más precoces y liberales y que parecía que
envejecían antes) ellos, por alguna razón, preferían a las de su país.
Pero
es sabido que la interpretación de las obras de arte se realiza cuando la
elaboración ha finalizado, lo que da lugar a que puede que no
coincida con las verdaderas motivaciones de sus autores, ni aunque se empeñen
en repetirlo.
La
versión de Kravitz se incluyó en la película de 1999 “Austin Powers: The Spy Who Shagged Me”, protagonizada por Mike Myers y también en la reedición
del disco 5, del año anterior.
En
el vídeo aparece la actriz Heather
Graham, coprotagonista de la película juto a Myers.
Andy Newman, Speedy Keen, Jimmy McCulloch & Pete
Townshend
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Pete
Townshend, guitarrista de The Who,
formó una banda alternativa con la que dar la oportunidad a Speedy Keen,
batería y cantante en la banda, de poder interpretar las canciones escritas por
él. Reclutó al pianista Andy ‘Thunderclap’
Newman y al guitarrista Jimmy McCulloch, que en ese momento tenía 15 años.
Publicaron
este sencillo en 1969 y fue un éxito tan inesperado como arrollador que les obligó
a completar un LP al año siguiente, con el que darían carpetazo a una
fulminante y efímera carrera, pero que dejó un himno para la comunidad hippie.
Tom Petty, Mike Campbell, Benmont Tench, Howie Epstein & Stan
Lynch
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Como
cambian las cosas en cuestión de años.
En
1993, Tom Petty y su banda, que llevaban publicando discos con gran éxito desde
1976, deciden publicar su primer recopilatorio, tras diecisiete años de carrera. El disco incluía 16 temazos, una
canción nueva —“Mary Jane’s Last Dance”—
y una versión muy fidedigna del himno de los Thunderclap.
John Fogerty, Tom Fogerty, Stu Cook, Doug Clifford
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El
6º LP de CCR se planteó en un momento de crisis: estaban en el apogeo de su
carrera y habían alcanzado más fama y reconocimiento del que nunca hubieran
podido imaginar, pero Tom estaba a punto de iniciar una carrera en solitario
porque las diferencias con su hermano eran insalvables.
Y
el cambio de década les hacía ver que los problemas que ellos denunciaban desde
el principio seguían sin ser resueltos, pero parecía que ya a nadie le
importaba.
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En
conmemoración del 50º aniversario de la fundación de la banda se presentó el
vídeo que adjunto, protagonizado por Sasha
Frolova, Jack Quaid y Erin Moriarty.
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Alguien
me dijo hace mucho tiempo
Hay
una calma antes de la tormenta
Lo
sé, ha estado presente durante un tiempo
Cuando
termina, dicen que lloverá en un día soleado
El
mayor éxito de esta banda, una historia en la que Jim Peterik (guitarrista, voz solista y compositor de la canción)
muestra su hartazgo por tener que hacer de chófer para una chica que luego no
le hace caso.
La
noticia del fallecimiento, ayer, tras una larga enfermedad, de Anna Mae
Bullock, más conocida como Tina Turner, o The
Queen of Rock ‘n’ Roll, conmocionó a todos los seguidores de la música
popular.
Una
trayectoria en la que, tras su regreso, el más espectacular del mundo del
entretenimiento, adquirió las características de una diva, protagonizó
películas y recobró el reconocimiento que es posible que le faltara en su carrera
junto a su marido, pero lo hizo de forma holgada.
Como
pareja, Ike & Tina llegaron a protagonizar las actuaciones más torrenciales
del circuito, sólo comparables a las de James
Brown.
Su
versión del clásico de la Creedence
Clearwater Revival, les valió un Grammy y queda como ejemplo manifiesto de
su poderío escénico.
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Ya
sabes, creo que de vez en cuando
Te
gustaría escuchar algo nuestro
Agradable
y fácil
Pero
hay una cosa que debo decir
Verás:
nunca hacemos nada
Agradable
y fácil
Siempre
lo hacemos agradable y rudo
Así
que vamos a tomar el inicio de esta canción
Y
la haremos fácil
Luego
haremos un final áspero
Así
es como hacemos ‘Proud Mary’
Y
estamos rodando, rodando, rodando en el río
Escucha
la historia
Dejé
un buen trabajo en la ciudad
Trabajando
para mi hombre cada noche y cada día
Y
nunca perdí un minuto de sueño
Preocupada
sobre la forma en que las cosas podrían haber ido
Uno
de los cantantes más elegantes del soul
de los ‘70s.
Nació
en Mississippi y, como muchos otros negros sureños, tuvo que emigrar hacia el
norte, buscando prosperidad. Primero estuvo en Saginaw, Michigan (donde nació Stevie Wonder) para recalar en Chicago,
Illinois. Allí trabajó como chófer y ayudante personal del cantante de bluesFreddie King y empezó a cantar en clubs locales. En 1968 fichó por
el nuevo sello del productor Carl Davis,
Dakar Records, donde estaría ocho
años y desarrollaría una carrera de éxitos, ya desde su debut, con “Can I Change My Mind”.
Esta
canción, que empieza con el bajo de Billy
Robinson, cuenta en los coros con Barbara
Acklin, Eugene Record (voz
solista de The Chi-Lites) y Robert Lester y alcanzó el #1 en listas
de música negra.
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Oh,
cariño, estoy tan solo sin ti
No
puedo dormir por la noche
Siempre
pensando en ti
Si
tuviera la oportunidad de empezar de nuevo
Estaría
deseando tener un trébol de cuatro hojas
Irme
sería lo último que tendría en mente
Si
pudiera hacer retroceder las manecillas del reloj
Una
viuda (Shirley Jones) y sus cinco
hijos (David Cassidy, Susan Dey, Danny Bonaduce, Jeremy
Gelbwaks y Brian Forster)
deciden dedicarse a cantar, en el ficticio pueblo de San Pueblo y viajan con un
autobús, al estilo de los Merry
Pranksters de Ken Kesey.
Es
la trama de una serie de TV, “The
Partridge Family”, que en España se emitió entre 1971 y 1973 y que yo
recuerdo haber visto (doblada en México; he aquí un episodio a modo
de ejemplo) bajo el título de “Mamá y
sus increíbles hijos”.
Inicialmente
estaba pensado que los actores no cantaran. La única que sí lo iba a hacer era
Shirley Jones, mientras sus hijos (ficcionales) simulaban esforzarse cantando y
tocando diferentes instrumentos. Entre los hijos David Cassidy puso empeño y
demostró tener valía y determinación. Enseguida cantaba junto a Shirley,
acompañados por coristas profesionales y los músicos de sesión conocidos como The Wrecking Crew.
Todo
encajó a la perfección y su primer sencillo se encaramó en las listas de
éxitos.
Excuso
detenerme en analizar el componente edípico subyacente en una interpretación
tortuosa de la letra de la canción en la que la voz principal (Cassidy) se ve
acompañada por su partenaire habitual
(su madre en la ficción) como corista, y lo hago para que no me tengas por
enfermizo, pero debo apuntar que la evolución de ambos dio alas a Cassidy (que
rehusaría mantener una relación afectiva duradera con Susan Dey, su supuesta
hermana, dejando que el triunfo de ésta llegara como parte del elenco de “La ley de Los Ángeles”) y le llevaría a
ser un destacado teen idol, responsable
y destinatario de la cassidymania. En
todo caso te dejo sobre aviso (por si te animas a buscar por tu cuenta y no me
puedas acusar de no haberte prevenido) que, retorcida que es la vida en
ocasiones, Shirley Jones era su madrastra, tras haberse casado con su padre
natural, el actor Jack Cassidy (en tres
ocasiones fue el asesino atrapado por el Teniente
Colombo; su propia muerte en 1976 fue un enorme enigma; había llamado a su ex-esposa,
Shirley, para invitarla a tomar una copa en su apartamento, a lo que ella se
negó y, tras encender un cigarrillo, se quedó dormido, se le resbaló de las
manos, prendió fuego al sofá en el que reposaba y a toda la habitación, y murió
calcinado. Sus restos fueron incinerados y sus cenizas esparcidas en el
Pacífico. David y Shirley confirmarían los problemas de salud mental de los
últimos años de Jack: se le diagnóstico trastorno bipolar, fue visto por sus
vecinos regando las plantas desnudo, afirmó su certeza de “saber que era Cristo”, confesó a su hijo sus experiencias
homosexuales y su convicción de ser bisexual, mostraba en suma un
comportamiento que a nadie extrañaría si fuera calificado como errático).
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Hay
ocasiones en que tengo la sensación de que Sófocles
era algo más que un visionario.
We All Shine On:
Celebrating The Music Of 1970 (2022)
Pittsburgh,
Pennsylvania (USA)
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La
encontré hace un tiempo, versionada por un genio del power pop, dentro de un recopilatorio de canciones de 1970, en una
de esas recomendaciones
semanales que junta Bernardo de
Andrés en Mi tocadiscos dual.
Todo
lo que había de ficticio en la serie de TV de los Partridge era producido por la inspiración de una familia real, los
Cowsills, cuatro hermanos que
tocaban y cantaban juntos tratando de emular a The Everly Brothers, primero, y The Beatles, más tarde (las modas cambian, amiguitos) y que,
gracias a la intuición de alguna luminaria a la que se le ocurrió añadir a su
madre, formaron un grupo, recogiendo el testigo de los Von Trapp, reavivado por el éxito de la película de 1965
protagonizada por Julie Andrews y Christopher Plummer.
Su
primer lanzamiento dio en la diana, pero, pese a que tuvieron dificultades para
lograr reproducir el sonido de la lluvia que sirve de introducción a la canción
(lo que consiguieron tras acelerar el chisporroteo del bacon al freírse), eso
no fue todo. Ya tenían el tema grabado cuando la madre (Mini-Mom, como era conocida, por su diminuta estatura) se incorporó
al grupo y tuvieron que grabar sus voces. Según palabras de Bob les resultó muy
chocante estar en el estudio y escucharla cantar, algo que nunca había hecho
antes junto a ellos).
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El
fenómeno de los clanes familiares (y sus clones ficticios) fue fértil para la
TV: The Archies, The Monkees, The Jackson 5, The Banana
Splits...
Y
cierro esta excursión con el disco que la familia (renovada; sólo sigue Bob de
la formación original; Susan y Paul son los hermanos que se apuntaron al constatar
sus padres que, haciéndolo, se podían ahorrar una pasta en canguros) publicó el
30 de septiembre, cincuenta y cinco años
después de su primer (y exitoso) lanzamiento; un disco tan digno y lleno de
mérito que Bernardo de Andrés (otra vez él) incluyó en su lista
de 87+1 mejores discos del año que confeccionó para Rock The Best Music, un fanzine
digital en el que comparte una pequeña fracción de sus desvaríos musicales.
Nacida
Sandra Elayne Hurvitz, esta compositora vio cómo cambiaba su vida cuando
conoció a Frank Zappa, que le convenció
para formar parte de The Mothers of
Invention. Sería una etapa muy breve. Mo
Ostin, uno de los capos de Reprise
la vio cantando en un club de New York y la ficharía. Mientras grababa el
disco, este esencial Primordial Lovers, se casó con el productor Frazier Mohawk y cambiaría su nombre
escénico tomando su nuevo apellido y la abreviatura (S-ra) de su nombre Sandra.
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El
resultado es una obra atemporal, muy disfrutable a pesar del paso de los años.
El
26 de enero de 1970 se publicó el que sería el quinto (y último) disco del dúo.
Fue
un gran éxito, pero ambos tenían ganas de andar sus propios caminos.
De
hecho, Garfunkel no estuvo en la preparación del disco, porque estaba en México
rodando el que sería su debut en el cine, a las órdenes de Mike Nichols (director de “El
graduado”, que incluía canciones de la pareja).
Así
que se puede entender la canción como una descripción de la situación a la que
se tuvo que enfrentar Simon.
Tom,
coge tu avión a tiempo
Sé
que tu parte irá bien
Vuela
a México
Aquí
estoy yo: el único chico vivo en New York
La
película que Garfunkel había ido a rodar era “Catch-22”,
basada en el libro antibelicista de Joseph
Heller, donde también actuaban Alan
Arkin, Martin Balsam, Anthony Perkins, Martin Sheen, Jon Voight
y Orson Wells.
La historia de esta canción es lo suficientemente bizarra como para resistirme a ella.
Lo que sé es que me costará contarla (tengo que acordarme de borrar
este párrafo).
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La banda se formó en Australia, a finales de 1965, por una mezcla
de artistas de origen británico y local. Eligieron el nombre y, tras varios
cambios en la formación muy aburridos de relatar, el nuevo cantante dijo, con enorme
satisfacción:
Los nombres de
los grupos se están volviendo cada vez más ridículos. PLJ es el nombre
definitivo; el nombre que termina con todos los nombres.
Pero el éxito les era esquivo, a pesar de que machacaban el
circuito underground local.
Se separan, se desesperan, se trasladan y vuelven a intentarlo en
UK.
El DJ John Peel les
produce una sesión en la que graban tres temas. La voz no estaba yendo bien y
el cantante y compositor del tema, Dave
Bentley, acepta que le sustituya un desconocido Rod Stewart. Era 1968 y Faces
todavía no habían triunfado, así que le pagan con unas fundas nuevas para los
asientos de su coche (hay quien afirma que también se incluían alfombrillas; no
discutiremos por eso).
Pero la grabación queda en un cajón.
En 1970 se edita como single
y motiva la publicación de un LP en 1972 que recoge todo lo que habían ido
dejando desperdigado.
No pretendo ser exacto en este relato, pero hay una cierta
coincidencia con los hits en
solitario de Stewart (“Maggie May”) y
de Faces (“Stay with Me”): el
conocido efecto bola de nieve que
hace ya nadie quiera deshacerse de los descartes
(“prenso, luego insisto”).
Voy terminando: una canción que me gusta tanto que hace que por
momentos olvide a Rod preguntando si está sexy
(¡mierda!)...
Me paso todo el
tiempo
Bebiendo vino
y sintiéndome bien
Esperando
encontrar una señal
Que pueda
entender
La gente buena
está en la cama
Antes de las
nueve
Me siento
aquí, en mi habitación solitaria
No lleves tu
amor demasiado lejos
Sabes que tus
heridas ni siquiera dejarán una cicatriz