Colin Cooper, Pete Haycock, Derek Holt, John Cuffley,
Richard Jones.
*****
Según
se cuenta (y yo me lo creo), esta banda que traigo hoy había terminado su 8º LP
y su manager les dijo que, sí, que
vale, que estaba bien, pero que faltaba algo.
Ése
algo era, nada menos, que una canción que fuera un éxito en ventas, como si el
rendimiento de los anteriores siete discos no fuera suficiente y, total, los hits se sacaran de un cajón en el que permanecían
guardados como si la idea de vender más nunca se les hubiera pasado por la
cabeza a los miembros de la banda y tuviera que llegar el manager a recordárselo.
En
todo caso, se metieron en el estudio y se pusieron a trabajar sobre una canción
que explicara cómo era aquello de hacer tours
por USA, con traslados de mil millas o así, para no saber dónde dormir al
llegar y seguir avanzando, deslumbrados por los letreros de neón que avisaban
que había plazas libres.
Mark Farner, Craig Frost, Mel Schacher, Don Brewer.
*****
Noveno
disco de una banda que, en ocasiones, añade Railroad.
Es
un título apropiado; máxime pensando que la portada incluye las caras de los
cuatro miembros de la banda recortados sobre los cuerpos de dos leyendas del
culturismo: Arnold Schwarzenegger y Franco Columbu.
Se
trata de una versión de un tema de una banda de la segunda división del soul, un
grupo, llamado inicialmente Soul Brothers Five
(por los hermanos Armstrong: Sam, Charles, Moses, Harry y Gene) que tuvo que
cambiar de denominación tras la incorporación de un nuevo vocalista, John Ellison.
Compensaría
con largueza: Ellison era también un atinado compositor, como prueba esta
excelente pieza.
No
importa demasiado que destripe su trama, porque:
1
- No la vas a ir a ver
2
- No se trata de “Psicosis”, “El golpe”, “El sexto sentido”, “El club
de la lucha”, o “Sospechosos
habituales”, películas donde un giro argumental inesperado te dejaba con la
mandíbula batiente; los pocos que incluye son predecibles, lo que hace que la
lectura de lo que vendrá no quite alicientes a su visionado
La
película en cuestión se llama “Way Down”,
dirigida por Jaume Balagueró,
protagonizada por Freddie Highmore (ha
tenido que hacer de productor, porque arrastra la alargada sombra del doctor,
más autista que precoz, en “The Good
Doctor” y, de hecho, interpreta a un joven prodigio de 22 años cuando cumplirá
treinta el próximo San Valentín), Lian
Cunningham y una cuota patria que encabeza José Coronado (le roban chocolate de continuo y ya no va con
regularidad al excusado, justificantes suficientes del careto que luce durante
todo el metraje), Luis Tosar y Emilio Gutiérrez Caba (Gobernador del
Banco de España que fuma a escondidas y aguanta que su jefe de seguridad
coronado le solmene un sopapo).
En
fin.
*****
No
lo he dicho todavía pero la película se sitúa en medio (no “a mitad de camino”) entre las de robos y las de descubrimiento de
tesoros mediante la resolución de enigmas históricos, así que Highmore no alcanza
a ser un juvenil Danny Ocean; ni siquiera
se acerca a Benjamin Gates (Nicholas Cage en “La búsqueda”). Simplemente muestra unas dotes que hacen que, con
22 años, las empresas petrolíferas se lo rifen y le hagan ofertas que no le
cuesta lo más mínimo rechazar. Pero una rubia de peluca (Àstrid Bergés-Frisbey) deja a las claras su ingenuidad galopante
enredándole en una trama para la que sólo se necesitan lisonjas.
El
propietario de un negocio de rescate de pecios decide trasladar sus actividades
submarinas a Madrid para ir al Banco de España, “uno de los edificios más impenetrables del
planeta” y, cómo decirlo, penetrarlo, aprovechando la excepcional circunstancia
de que, en esas fechas (¿quién se acuerda ya?) la selección española de fútbol
(¡No! ¡Toda España!) disputa la fase final de la Copa del Mundo en Sudáfrica.
Así
que el día de la final, mientras todos mirábamos el TV y nos concentrábamos
simbólicamente en Cibeles, las cámaras nos miraban a nosotros y dejaban al
edificio carente de protección.
Dudo
que tanta metáfora sea meramente anecdótica.
En
fin.
Antes de que Iniesta marque gol, esta
pandilla será capaz de desvalijar la cámara acorazada.
Eso
pretenden.
No
sólo buscan la solución a un problema, sino que ni siquiera saben cuál es el
problema
Sin
plan B.
*****
Se
ve de forma fugaz, pero he capturado el momento en que se intuye una
inscripción: “Sic parvis magna”.
Es
el lema elegido por Francis Drake,
marino inglés de origen humilde pero dotado de osadía y soberbia, combinación
excelente para medrar en el Nuevo Mundo en el siglo XVI.
“La grandeza nace de
pequeños comienzos”.
Hace
falta tener arrestos para hablar así de uno mismo.
En
la película lo adaptan a sus intereses y lo transforman en “la grandeza se vislumbra en los pequeños detalles”.
Y
esto sí que es un estímulo para que siga profundizando.
Desplegamos
planos (la verdadera esencia de la planificación) y nos ponemos a darle vueltas
al tarro.
Entrarán
por debajo: “hay más túneles bajo Madrid
que calles en la superficie” (por supuesto esto no ocurre en ninguna otra
ciudad del mundo civilizado donde, es bien sabido, las calles se apilan sobre
la superficie dejando una única avenida —muy amplia, eso sí— soterrada). En
todo nos tienen que ganar, los muy gustavomedinas.
Sólo
disponen de un boceto de la cámara acorazada “que hizo un antiguo empleado que pasó unos minutos en la cámara, en
1944”. Unos minutos, ¡pero qué retentiva y qué pulso tenía el tío!
Tienen
también “una especie de grabado. En el
siglo XIX la estética era lo más importante” (no como ahora, que vivimos
encorsetados por el imperio de la ética).
“Iconografía católica.
Probablemente un mártir. ¡Muy español!” (Tosar sabe de qué habla).
Un
par de llaves, una huella dactilar del jefe de seguridad y parece que todo está
hecho.
Pero
no. “La cámara tiene un sistema de
seguridad, que desconocemos. Si no lo desactivamos antes de entrar, no podremos
salir. Ése es el milagro de la ingeniería que tienes que identificar. Y
resolver”.
*****
¡La
leche!
Pues
sí que servimos para algo los españoles.
Tenemos,
de milagro, un ingenio que nadie
conoce.
Y
yo, que estuve una vez de visita en el Banco de España, sé cuál es, porque la
persona que nos guiaba nos lo explicó, abiertamente, sin que transmitiera la
sensación de estar haciendo algo incorrecto o inadecuado.
Nos
lo dijo: el agua.
Claro
que Freddie lo averigua por su cuenta y elabora un sofisticado plan en el que
pone patas arriba todo lo que habían adelantado sus colegas y por eso ya no van
a entrar por debajo, sino por arriba, aprovechando el despropósito de que, por costumbre
española, ante aglomeraciones multitudinarias tengamos la puta manía de enfocar
todas las cámaras de vigilancia hacia el gentío, en lugar de vigilar ventanas,
terrazas o azoteas.
Así
nos azotó el terrorismo sin que aprendiéramos ni una mínima lección de
seguridad.
*****
La
película española de la temporada, una producción internacional en la que no se
han ahorrado costes y que he tenido la desgracia de ver.
Lo
de que no se han ahorrado costes es un hecho: el presupuesto inicial era de
14.025.598 €, algo menos de los 20 millones en los que Coronado valoraba el
tesoro guardado en la cámara. Se detalla en la resolución
definitiva del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA),
en la que se concede un millón de € y se especifica su reparto entre las tres
productoras concurrentes: El tesoro de Drake, I.A.E. (967.500 €), Producciones
Cinematográficas Ciudadano Ciskul, S.L. (2.500 €) y Think Studio, S.L.U. (30.000
€).
Un
sólido argumento: las subvenciones están bien porque se devuelven, “altas en la seguridad social, IVA” y, además,
devuelven relato cultural, “para que los que vengan detrás sean capaces
de entender qué preguntas nos hacíamos en este momento”.
*****
Es
una idea.
¿Se
justifica la concesión a esta película de un
millón de euros con el relato cultural que devuelve?
Veamos:
1
— El rescate del pecio
La
trama inicial en la que recuperaban un tesoro de un barco hundido es un
trasunto del Cisne Negro, el nombre de la operación en la que la empresa
Odyssey descubrió y extrajo 500.000 monedas de oro y plata procedentes de un
naufragio en aguas jurisdiccionales españolas, asunto que en 2008 generó
gran atención y que se
resolvió en un juzgado de Tampa, Florida (donde Odyssey tenía su sede) que
dictaminó que el barco naufragado era español (Nuestra Señora de las Mercedes)
hundido tras ser cañoneado por la flota inglesa, que el tesoro debía devolverse
a España (pese a que quedaron dudas que las 17 toneladas trasladadas desde
Gibraltar fueran el total del material rescatado) y que la empresa Odyssey tuvo
que indemnizar al Estado español con un millón de dólares por los costes
judiciales (una tercera parte de la cantidad reclamada por España).
En
la película el relato lo devuelve Walter
Moreland (Lian Cunningham) y, por supuesto, da verosimilitud a la versión
inglesa, invalidando la postura española, refrendada por la justicia de Estados
Unidos.
2
— La cámara acorazada
Resulta
sonrojante pretender que una cámara acorazada tenga un sofisticado sistema de
seguridad que nadie conoce si, en una visita guiada, el personal del Banco nos
explicó la historia de los dos arroyos subterráneos que alimentan la plaza de
Cibeles y que, en caso de atraco, inundarían la cámara, una historia que he
leído en algún sitio que puede tratarse de una leyenda. Es interesante
algún detalle más de los que se apuntan en ese artículo, pero dejo que vuestra
curiosidad os empuje a seguir buscando (y a que os quedéis mirando a la pared).
En
todo caso, resulta inverosímil que una cámara tan sofisticada, un milagro de la
ingeniería, haya sido construida por no se sabe quién; en el cine parecía que
unos alienígenas se habían confabulado para dejar ahí tal invento, como si
fuera el monolito de 2001.
Y
la pretensión infantil de que no hay planos; tan sólo el esbozo de un empleado
que, en 1944, pasó unos minutos en
la cámara, es insultante, con ese uso limitado del retrovisor que hace que
tengamos que pasar temerosos por la Historia, de puntillas, como sin duda
hicieron los que en su día debieron cruzarse, unos sacando oro y otros
guardando obras de arte del cercano Museo del Prado.
Pagar
un millón de euros nos devuelve el relato de que los logros de nuestros antepasados
son ninguneados pese a reconocerse su mérito. Un despropósito.
Es
significativo que, siendo su título original en España, “Way Down”, se titule en el mercado internacional “The Vault” (“La cámara”). Quizá hubiera estado mejor si hubiera referencias
patrias, “Atraco en Cibeles”, “Golpe al Banco de España”, o “La cámara impenetrable”, pero es
posible que habiendo especificado un título no hubiera opción de cambiarlo. Es
evidente el poco tirón que tiene el elegido. Peor para ellos.
3
— Francis Drake
Esto
es lo que se nos devuelve tras haber abonado un millón de euros a una
productora que tiene la desvergüenza de llamarse El tesoro de Drake, conocedora de que la ignorancia les permitiría
actuar con impunidad.
Drake,
ese sujeto que fue pirata para españoles y nombrado caballero por Isabel I de Inglaterra, con el único
mérito de combatir contra nuestros compatriotas.
El
final de la película es predecible: la banda logra penetrar la cámara, extraer
el tesoro y, en una rocambolesca peripecia que me niego a relatar, el destino
del mismo es, lo juro por Blas de Lezo,
el Banco de Inglaterra.
Hemos
pagado un millón de euros
al descendiente de Drake para que, lo que no consiguió su antepasado, ni la
Odyssey, lo haya logrado el relato
cultural.
No
fue su primer intento, porque antes de sacar Affection, su debut en
solitario, ya lo había intentado con Blue
Zone, pero se quedó a medias.
Y
tampoco fue su primer single de
adelanto; antes había publicado “This Is the
Right Time”.
Pero
la conjunción había sido perfecta: un single
que sonó en todas partes en el verano del ’89, otro que sale al mercado a
mediados de octubre y un LP que el 20 de noviembre se lo lleva todo de calle.
Ella
está estupenda, con ese rizo en el pelo a lo garçon, su simpatía, su ritmo y su apabullante poderío vocal.
En
la canción Lisa cuenta que ha reñido con su pareja y que ha dado tantas vueltas
al mundo que ni Marco buscando a su madre, pero eso ya lo sabías, ¿verdad?
Patrick
Hetherington, Noah Hill, Jules Crommelin, Louie Swain, Anatole Serret
‘Toto’.
*****
El
2º LP de estos tres australianos se escribió a principios de 2020 en una cabaña
que habían alquilado para retirarse y descansar de la promoción de su debut.
Australia
estaba en llamas y esperaban que los incendios no se extendieran en su
dirección.
Y,
terminado el trabajo, se fueron a Berlín donde tienen su base de operaciones;
una ciudad tan hedonista encaja mejor con su edad e intereses. Nada más llegar
los rumores sobre un virus, pequeño y lejano, empezaron a transformarse en
noticias.
Todo
cambió.
Eso
les dio sustrato para afrontar un disco doble.