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sábado, 24 de junio de 2023

Fly Me to the Moon

Ahora, cuando estamos sobrecogidos por el fatal destino de los aventureros que se sumergieron en el submarino Titan, tratando de visitar los restos del naufragio del Titanic, es una buena oportunidad para recordar el impulso que JFK, hace ya más de sesenta años, el 12 de septiembre de 1962, en la Universidad Rice, en Houston (Texas), ofreció al programa espacial, cuando anunció:

Hemos decidido ir a la Luna. Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer lo demás, no porque sean metas fáciles, sino porque son difíciles, porque ese desafío servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades.

No debemos olvidar que, ese impulso, ese mismo impulso a través de la historia de la humanidad, ha sido el motor que nos ha llevado a nuestras más importantes conquistas, a nuestros logros más decisivos.

*****

Estoy decidido a volar alto.

No me importará que me consideren lunático.

 


Frank Sinatra
— “Fly Me to the Moon”

It Might as Well Be Swing (1964)

Hoboken, New Jersey (USA)

*****

Al igual que cualquier otro proyecto importante, el programa Apollo de la NASA necesitaba una banda sonora y Sinatra, acompañado por la orquesta de Count Basie, proporcionó la más adecuada.

Clint Eastwood la aprovecharía en el emotivo final de “Space Cowboys”, película que dirigió en 2000 y que protagonizó junto a Tommy Lee Jones, Donald Sutherland y James Garner.

*****

Llévame a la Luna

Déjame jugar entre las estrellas

Y déjame ver cómo es la primavera

En Júpiter y Marte

En otras palabras, toma mi mano

En otras palabras, nena: bésame

 

Llena mi corazón con una canción

Y déjame cantar para siempre

Eres todo lo que anhelo

Todo lo que venero y adoro

En otras palabras, por favor sé fiel

En otras palabras, te amo


Julie London — “Fly Me to the Moon”

The End of the World (1963)

Santa Rosa, California (USA)

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La canción, originalmente titulada “In Other Words”, fue compuesta en 1954 por Bart Howard e interpretada por Kaye Ballard.

Julie London ya la había versionado un año antes. Era evidente que se convertiría en un standard.


Julie London & Gregory Porter — “Fly Me to the Moon (In Other Words)”

Still Rising: The Collection (2021)

Santa Rosa, California (USA) / Sacramento, California (USA)

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Los milagros de la tecnología permitieron que en el anuncio navideño de Marks & Spencer de 2014 pudieran cantar juntos Julie London y Gregory Porter.

Su versión se incluiría en el disco recopilatorio de la trayectoria de Porter.

También en “The Marvelous Mrs. Maisel”.


Bobby Womack — “Fly Me to the Moon”

Fly Me to the Moon (1968)

Cleveland, Ohio (USA)

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Es posible que mi versión preferida sea la de Bobby Wommack, que adquiere un matiz nuevo al integrarse en una escena del segundo episodio de la primera temporada de “Euphoria”, acompañando a la protagonista, Rue (Zendaya), una adolescente adicta, en sus vaivenes emocionales.

Desde las profundidades del Océano hasta la Luna

jueves, 30 de abril de 2020

Bobby Hebb — Sunny

Bobby Hebb — “Sunny”
Sunny (1966)
Nashville, Tennessee (USA)

*****

Nació en Nashville, hijo de dos músicos ciegos.
Con su hermano mayor, Harold Hebb, formó un dúo escénico.
Fueron precoces; empezaron cuando Harold tenía 9 años y Bobby 3.
Más tarde pasó a formar parte de la banda de Roy Acuff, una de las estrellas del Grand Ole Opry, el legendario programa de radio que convirtió a Nashville en “Music City”.

*****

Y continuó trabajando en el negocio de la música, haciendo lo que podía para ir tirando, hasta que una fecha, el 22 de noviembre de 1963, cambió su vida.

El mismo día en que el presidente, JFK, era asesinado en Dallas, su hermano Harold moría apuñalado a las puertas de un nightclub de Nashville.

El efecto combinado fue devastador para Bobby. Pero, inspirándose en ambas tragedias, que le habían afectado tanto, fue capaz de componer una animada canción, elegida como una de las 100 más reconocibles del siglo XX, de la que se han hecho innumerables versiones y que yo recojo en una versión en directo, acompañado por Ron Carter.

*****

Sunny, ayer mi día se llenó de lluvia
Sunny, me sonreíste y realmente aliviaste el dolor
Ahora, los días oscuros han terminado y los brillantes están aquí
Mi Sunny brilla de forma tan sincera
Sunny, es cierto, te quiero




El sol vuelve a brillar tras la lluvia

martes, 21 de noviembre de 2017

Dallas, TX (50 Estados USA)

Llegar a Dallas dos días antes del aniversario del asesinato de JFK el 22 de noviembre de 1963 es una cuestión de perspectiva.


Pero también es ocasión para escuchar buena música.



martes, 4 de marzo de 2014

Wattstax

Para mostrar el potencial que se atesora, ha de librarse uno del letargo y el aturdimiento que conlleva estar sometido al juicio ajeno; esa esclavitud que encierra la conveniencia colectiva (y la mediocridad).

Liberarse de las cadenas, tratando de alcanzar el desarrollo personal de forma autónoma, entraña el riesgo del exceso, la incapacidad de contemplar las consecuencias que un comportamiento incontrolado podrían suponer para otros (o nosotros mismos).

*****

1789. Mientras en España, Carlos IV nombra a Goya pintor de cámara, en Francia, Joseph Ignace Guillotin ultima los detalles del instrumento que le daría fama y, en ultramar, se declara la Constitución de los Estados Unidos. En el Pacífico, un barco británico, el Bounty, ve como su tripulación se amotina. En el Atlántico, otro crucero busca enrolar a jóvenes nativos:

— ¿Queréis libraros de las miradas de vuestros padres y hacer lo que os plazca sin su permanente vigilancia?
— ¡Sí!
— ¿Queréis viajar, conocer mundo, nueva gente y nuevas costumbres, trabajar con encono y vivir en la tierra de la libertad?
— ¡Queremos!
— Os tendremos entre algodones.
— ¡Ostras!, eso sí que mola. Nos apuntamos.

*****

Crónica musical de una revuelta
  

(Elipsis temporal. Viajaremos rápido)

Las cosas en USA siempre fueron difíciles para los negros. Ya habían alcanzado la emancipación que, pese a todo, era un asunto simplemente semántico en la nueva concepción que admitieron, a regañadientes, determinados estados.

Pero el crac del 29 y la depresión que produjo, la militarización de jóvenes negros que había empezado en la segunda Guerra Mundial, continuado en Corea y Vietnam y parecía que no tendría fin, presentaban un complicado panorama para los más desfavorecidos.

El asesinato de JFK, en noviembre de 1963, el profundo desencanto que se marcaba a fuego en una población marginada, sin fututo ni esperanzas, emigrados del sur, huyendo de las grandes plantaciones algodoneras y encontrarse, en el norte, que sus sueños de alcanzar la libertad y la emancipación pasaban por grandes fábricas, en las grandes ciudades, en las que realizaban penosos trabajos, por salarios igualmente miserables que no les facilitaban más que desesperación.

Malcolm X cayó en febrero de 1965, asesinado, lo que hizo que las cosas se pusieran realmente tensas.

En ese tumultuoso torbellino de desencanto surgió un grito racial, procedente de la iglesia, a la que acudían a pedir consuelo y esperanza, pero también de las calles, en las que sentían que debían vivir su vida: amar y disfrutar, buscar la felicidad, el objetivo más simple, pero más ambicioso, que ningún humano pudiera expresar nunca.

A Los Ángeles acudían, no sólo las guapas de los pueblos de todo el país, buscando emular a Lana Turner cuando fue fichada mientras trabajaba de manceba en una botica. Era también el destino de un montón de negros que, más allá de sentirse artistas, aceptaban cualquier empleo, sin preocuparse de las condiciones de su desempeño, de la penuria o degradación que implicara realizarlo, siempre que fuera lucrativo. La principal condición era que debían pasar el día echados a la calle.

Y en ese hervidero, cuando un mismo tipo, negro como un demonio, había anunciado el descubrimiento de un nuevo y excitante ritmo —“Papa’s got a brand new bag”— y exclamaba convencido que se sentía bien porque tenía a su chica —“I got you (I feel good)”—, le faltaba tiempo para afirmar que era negro y estaba orgulloso —“Say it loud – I’m black and I’m proud”—. Todavía no había habido un verano al que se le calificara del amor.

Era 1965.

En ese año, el 11 de agosto, miércoles para más señas, un joven de 21 años, Marquette Frye fue sacado del coche que conducía por un oficial de policía, Lee Minikus, como sospechoso de conducir drogado. Su hermano Ronald fue a casa a buscar a su madre, Rena Price. La cosa se desmadró y, a estas alturas, carece de importancia saber si el oficial disparó primero, si la madre fue la que pegó antes o cómo se inició lo que, en definitiva, se traduciría en un motín de un barrio al completo, destruyendo e incendiando sus propias viviendas, lo que resultaría asombroso en su propia paradoja.



*****

4 de abril de 1968. Martin Luther King es asesinado en Memphis.

Al día siguiente, está previsto que James Brown actúe en Boston. A la vista de cómo se iba caldeando el ambiente en todo el país, el alcalde de Boston había querido cancelar todos los espectáculos. James se negó, temiendo la reacción del público, e intuyendo que él sería capaz de controlarlos. Él era, en todo caso, uno de ellos.

En mitad del concierto, mientras interpretaba “When you touch me”, algunos jóvenes empiezan a subir al escenario y la policía les devuelve, a empujones, a su sitio. James interviene y es capaz de controlar al público, en una actuación valiente que sería recordada como “el día que JB salvó Boston”.

Las imágenes y las palabras (que intento transcribir) lo dicen todo.


JB y grupo, cantando: When you touch me. When you touch me good God. I can't stand it. Can't stand it. I can't stand your love good God.

JB: Espera un momento. Todo está bien. Todo estará bien. Bien. Todo bien. Está bien. ¿Quieres bailar? Baila. Espera un momento, espera un momento, espera un momento. Todo está bien. Todo va bien. Bien. Está bien. Todo está controlado.

Fan: ¡Eh! Tú eres mi hombre, cariño.

JB: Espera. Espera un momento, un momento. Déjame terminar el espectáculo. Dejadme terminar el espectáculo para todo el mundo. Está bien. De acuerdo. Dejadme acabar el espectáculo para todos los demás.

Fans: Vale James.

JB: De acuerdo. Está bien. Dejadme terminar el show ahora, vamos. Gracias. Muchas gracias. Gracias a todos. En un momento vamos a tener un buen espectáculo para todos los jóvenes, chicos y chicas. Espera un momento, espera un momento, espera un momento, espera un momento, espera un momento, espera un momento, espera. Espera un momento, ahora, espera, espera. Señoras y caballeros, esperad un momento. Señoras y señores. ¿Pueden prestarme su atención? Espera un momento, espera, espera. Así no deben ir las cosas. Somos negros. Somos negros. Así que espera un momento. Espera un momento. ¿No podéis bajaros y dejarnos hacer el espectáculo, juntos? Somos negros. No hagáis que todos nos veamos mal. Vamos. Vamos a hacer un show. Salid del escenario. Siéntate hijo. Baja del escenario. Baja del escenario. Sé joven. Espera un momento, espera un momento. Espera un momento, hijo. Espera un momento. Ahora, ¿por qué?, ¿Por qué os habéis subido aquí? ¿Queréis ver el concierto?

Fan: Sí.

JB: Pero, ¿por qué no bajáis, hijos, y me dejáis hacer el espectáculo. No. Eso está mal. No, no. No está bien. Me estás haciendo… No estás siendo justo contigo mismo, ni conmigo. No estás siendo justo con ninguno de los dos, con tu comportamiento. Ahora, le pido a la policía que baje del escenario porque creo que yo podría llegar a conseguir un poco de respeto de mi propia gente. ¿No tiene sentido? Ahora estamos todos juntos, ¿no lo estamos?

Público: ¡Sí!

JB: Sigamos.

*****

Siete años después de las revueltas de Watts, con Bobby Kennedy también muerto (como si se igualara una funesta partida de ajedrez), habiendo pasado el verano del amor y el festival de Woodstock, el sello Stax quiso organizar una muestra de lo que los negros eran capaces de conseguir, montando el festival más alucinante que pudiera llegar a ocurrir, donde mostraban tanto o más los que estaban en las gradas como los que se habían subido al escenario; donde, por momentos, las cosas estuvieron cerca de descontrolarse, pese a que un extravagante anciano supo ejercer de líder y, donde, pese a todo, más que homenajear a los participantes en los disturbios, la verdadera motivación era conseguir financiación para una empresa que, habiendo sido mal gestionada por una pandilla de ingenuos, estaba a punto de quebrar y se organizaba una monumental timba con la que tratar de salvar el culo.


Además del festival, se rodó un documental, dirigido por Mel Stuart, en el que Richard Pryor, sin pelos en la lengua y con el desparpajo que le caracteriza, habla de los temas que preocupan a la juventud de los años ‘70s, en USA: ser negro, revueltas, discriminación, pobreza, religión, orgullo, respeto, libertad, humor, blues, tristeza, amor, sexo, relaciones de pareja, juego, hacer lo correcto, unidad, raíces.

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Wattstax, el documental. Subtitulado en español.


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La nómina de músicos que aparecen en el documental es espectacular. Se indican también las canciones que se escuchan:

The Dramatics — "Whatcha See Is Whatcha Get"
The Staple Singers — "Oh La De Da"
The Staple Singers — "We the People"
Kim Weston — "Star-Spangled Banner"
Kim Weston — "Lift Ev'ry Voice and Sing"
Jimmy Jones — "Someone Greater Than I"
The Rance Allen Group — "Lying on the Truth"
The Emotions — "Peace Be Still"
Stax Golden 13 (supergrupo que contaba con, entre otros, William Bell, The Newcomers, Eddie Floyd, The Temprees o Frederick Knight) — "Old-Time Religion"
The Staple Singers — "Respect Yourself"
The Bar-Kays — "Son of Shaft/Feel It"
Albert King — "I'll Play The Blues For You"
Little Milton — "Walking the Back Streets and Crying"
Johnnie Taylor — "Jody's Got Your Girl and Gone"
Johnnie Taylor — "I May Not Be What You Want"
Carla Thomas — "Pick Up the Pieces"
Rufus Thomas — "Breakdown"
Rufus Thomas — "Do the Funky Chicken"
Luther Ingram — "If Loving You Is Wrong, I Don't Want to be Right"
Isaac Hayes — "Theme from Shaft"
Isaac Hayes — "Soulsville"

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Al final del espectáculo, antes del clímax absoluto que supuso la entrada en el recinto del Moisés negro, y antes incluso de la actuación de Luther Ingram, que entonces arrasaba con su balada sobre un amor adúltero, cuando Rufus Thomas, un veterano de 55 tacos, vestido de la forma más excéntrica imaginable, haciendo el pollo, es capaz de controlar, como hiciera JB, a una multitud que parecía que podía acabar con todo, porque ya no le importaba nada.

Eso fue el festival de 1972: una memoria a los sucesos de 1965, tamizada por el recuerdo de 1968 y la evocación de que, en 1789, cuando se les necesitó, se les reclutó por medio de un engaño.

En todo caso, el sello Stax estaba a punto de quebrar: el acuerdo de distribución que habían firmado con Atlantic, no sólo supuso perder el copyright de todas las grabaciones realizadas desde el principio, sino, de forma más agravante, la propiedad de todas ellas. La gestión de Al Bell, mano derecha del fundador, Jim Stewart, le llevó a una huida hacia delante (y hacia Los Ángeles), a un suicidio financiero y un colapso del sello que, en ese final apocalíptico, dejaría rescoldos de su descomunal talento, como un festival, al que recordamos como el epítome de la fascinación.

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Más información:



jueves, 30 de enero de 2014

50 años para un cambio


PREFACIO

Antes de que me despiste y olvide de qué quería hablar, estoy escuchando a Sam Cooke, explicando la (proximidad) necesidad de un cambio.


Sam Cooke: “A change is gonna come”


CONTEXTO HISTÓRICO

La TV todavía emitía en blanco y negro. Visto hoy, en este mundo lleno de colorines y saciado por la aceptación conformista, da la sensación de que todo era gris.

Quizá, por eso mismo, algunos se empeñaban en mostrar su descontento.

En USA, lo negro era más negro (y algo de lo blanco, más blanco). Se imponía la segregación, y la participación en guerras extranjeras que alimentaran la enorme industria bélica, extendiendo un modo de vida que, en los ‘50s, había llevado prosperidad (a algunos; a los de siempre). Un sistema que era envidiado en una parte del mundo, odiado en otra y empezaba a ser detestado en casa (al descubrirse su desigualdad intrínseca).

Una causa justa hacía que los pequeños (negros, jóvenes, desencantados; en muchos casos, todo ello al mismo tiempo) se unieran en una lucha contra los poderosos. Creían que un cambio era necesario. Les parecía que la música era una forma para transmitir un mensaje, que ellos veían como nuevo y revolucionario.

PRÓLOGO

Un joven, de flequillo rebelde, se armó con una guitarra y una armónica. Quiso mostrar que sus ideas y su autonomía le permitirían cantar en cualquier lugar, sin importar su rasgada voz y su desaliño. O mejor aún: convirtiendo ambos en una seña que marcara su identidad y su autenticidad.

Simplemente se hacía preguntas y miraba hacia otro lado, silbando que la respuesta estaba en el viento.

Bob Dylan: “Blowin’ in the wind”


No eran preguntas simples. Había que tener mucho valor para hacerlas.

“Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
antes de ser prohibidas para siempre.

Cuántas muertes serán necesarias,
antes de que se dé cuenta,
que ha muerto demasiada gente”.

PRESENTACIÓN

Hoy se cumplen cincuenta años del día en que Sam Cooke se metió en un estudio de grabación. Era el 30 de enero de 1964.

Resulta complicado establecer las motivaciones para realizar algo, lo que mueve a un creador (un escritor, un pintor, un compositor) a hacer su trabajo. Esa investigación tiene siempre mucho de especulativa. En el caso presente se han aceptado algunas:

— La muerte de su hijo de año y medio en la piscina de casa.
— En mitad de una triunfal gira, en un motel de Shreveport, Louisiana, se niegan a alojarle (y a su grupo de acompañantes). Sólo una explicación: su raza.
— Escuchar a Bob Dylan.
— El asesinato de JFK en Dallas, el 22 de noviembre de 1963.

Pero no las tenía todas consigo. Su discográfica dudaba del riesgo que entrañaba que un artista negro obtuviera tanta notoriedad.

CARRERA

Sam había empezado con el grupo gospel The Soul Stirrers, grabando para el sello californiano Specialty, propiedad de Art Rupe, un tipo extravagante que, siendo blanco y residente en el este, inició un periplo (por pura diversión, como el que narraría Jack Kerouak) que le llevó a la otra costa. Allí se establecería en Los Ángeles y, en lugar de dedicarse al cine, enganchado a la música por los tugurios que frecuentó en su viaje iniciático, fundó uno de los más importantes sellos de lo que entonces se llamaba race music (música racial), consistente en rhythm & blues, gospel, blues y un seminal rock & roll (su máximo reconocimiento vino gracias a tener en plantilla a Little Richard).

Pero Rupe no se atrevió a promocionar el cambio de estilo de Sam, temeroso de la reacción de los integristas del gospel (una música de inspiración religiosa). Era una leyenda, como voz solista de uno de los grupos más aclamados en las iglesias baptistas y metodistas. Así que, tras permitirle probar con un apodo gaseoso, Dale Cook, le concedió la libertad para fichar por Keen, sello en el que cortaba el bacalao un compinche suyo, Robert ‘Bumps’ Blackwell. Junto al protagonista del día, otro hombre destaca en el catálogo: el fantástico bluesman Johnny ‘Guitar’ Watson.

Así que, en la cima de un éxito que había alcanzado desde su debut, logrando llegar al #1 en listas con su celebrado “You send me”, poseedor de una trayectoria artística que excede las posibilidades del presente artículo —lo esencial de ella se recoge en un recopilatorio editado en 1986 como doble LP y, años más tarde, como CD sencillo: el imprescindible “The man and his music”—, al cambiar de escudería e incorporarse a una de las grandes, RCA Victor (revelando una copia, en negativo, de lo que antes había ocurrido con Elvis Presley), el afán de ser contestatario se queda aparcado, en forma del bosquejo que había plasmado en su cuaderno, hasta hace hoy 50 años, cuando entró en el estudio.

Una canción que aparecería escondida en un LP, “Ain’t that god news”, pero no se publicaría como single en vida del cantante.

GRABACIÓN

El perfil definitivo de la canción queda en manos del arreglista habitual de Sam, René Hall, responsable del acompañamiento orquestal, los violines y la trompa, muy del gusto, también, de los productores: el dúo italo-americano Hugo & Luigi.

LETRA

He incluido un vídeo que incluye subtítulos. Conocedor de la errática política de Google, prefiero transcribirlos y dejarlos aquí, ligeramente adaptados, temeroso de una misteriosa desaparición.

“Nací en la orilla de un río,
en una pequeña tienda de campaña
y, al igual que ese río,
he estado corriendo desde entonces.
Ha sido un largo trecho,
pero sé que un cambio va a llegar.
Así será.

Ha sido muy duro vivirlo,
pero tengo miedo de morir.
No sé lo que habrá ahí arriba,
detrás del cielo.
Ha sido un largo camino,
pero sé que un cambio llegará.
Así va a ser.

Voy al cine, al centro de la ciudad.
Alguien me dice que deje de vagabundear.
Ha sido un largo recorrido,
pero un cambio llegará.
Seguro.

Entonces, veré a mi hermano y le diré:
‘hermano, ayúdame, por favor’.
Pero él, simplemente, me golpea,
dejándome caer de rodillas.
En algunos momentos pensaba
que yo no podría vivir mucho más,
pero ahora creo que podré sobrevivir.

Ha sido un largo viaje,
pero el cambio llegará.
Así será”.

MUERTE

El 11 de diciembre de 1964, con 33 años, Sam Cooke murió en el Hacienda Motel, en el 9137 de South Figueroa Street, en Los Ángeles, California. Un altercado con una chica que había llevado a su habitación, fue resuelto taxativamente por Bertha Franklin, la gerente, que, tras un forcejeo, le disparó en el pecho. Sam, en su último aliento, exclamó antes de fallecer: “Lady, you shot me”.

Más allá de las conjeturas que afirmaban que se trataba de un complot (una conspiración, en terminología actual), lo cierto es que a un cantante exitoso, apuesto, de gira, agotado por los excesos, le rondan multitud de groupies. Parece plausible que, en aquellos años, una chica quisiera jugar al juego de “sí, pero no”. Y que un excitado triunfador no fuera la persona con la que resultase más sencillo pactar un repliegue.

En un motel aislado, en una oscura noche, un tipo negro, airado, semidesnudo, probablemente ebrio, debe ser alguien con una capacidad para atemorizar que, yo mismo, puedo imaginar.

En todo caso, su muerte (más allá de las elucubraciones que se fantaseen), supuso un mazazo para la comunidad negra. A los demás, aunque fuésemos recién nacidos, se nos hurtó la posibilidad de disfrutar de un genio, en plenitud de facultades, justo cuando empezaba a madurar y a ofrecer rasgos de una obra que, con todo, es imperecedera.

PUBLICACIÓN

“La pela es la pela”.

La reacción ante la muerte de Sam barrió todas las dudas acerca del compromiso político. El que se elevó a los altares de la gloria terrenal, tuvo un epitafio en la publicación de la canción, como single, sólo 11 días después de su deceso.

Fue un éxito (relativo) de ventas. Su verdadera valoración llegaría con los años, cuando se le fueron descubriendo matices, en una canción que no envejece, porque expresa un deseo de libertad eterno.

La revista Rolling Stone, en su famoso listado de las 500 mejores canciones de todos los tiempos, la escogió en un destacado número 12.

LEGADO

El que había dejado de cantar a Dios, para dedicarse a cantar a las mujeres, decidió mutar sus intereses e implicarse más en la defensa de sus semejantes. Pasaba a la acción (política y social).

La canción quedó como un himno para el Movimiento de Derechos Civiles.

ABKCO, editora propietaria de los derechos de la canción, planteó muchas dificultades para la inclusión de la misma en películas. A pesar de que ocupaba un lugar destacado en Malcolm X, dirigida por Spike Lee en 1992, no pudo ser incluida en la banda sonora original.

James Taylor interpretó la canción en un episodio de The West Wing, al que daba título.

Y, mucha más gente se atrevió con ella. Es uno de los mejores ejemplos que conozco de la veracidad de la afirmación: “not the singer, but the song”.

50 VERSIONES


DOCUMENTACIÓN

The Sam Cooke Story. Un documental en dos partes. (Parte I / Parte II)

CONCLUSIONES

Han pasado cincuenta años. Ya no somos ingenuos. Ya no somos como éramos entonces.

Eso ha supuesto un cambio. Pero no es el que nadie esperaba.

Quizá deban pasar 50 (o 500) años más para conseguirlo.

FUENTES CONSULTADAS


P.D.

A estas alturas, el brebaje que James Cagney ayudó a llevar al otro lado del muro, superando dificultades mientras negociaba al ritmo de las walkirias, ha decidido batirse en retirada.
No por sus problemas económicos. Es una decisión estratégica. Para poder mantener abierto el Instituto Coca-Cola de la Felicidad.

Asumo que el tío Sam, el que señalaba con el dedo, sólo quería vender Coke.
A cualquier precio.

La otra O...

Mejor no dejo escrito lo que simboliza esa otra O.

EPÍLOGO

(...continuará)

Añadido el 22/02/2014:



Añadido el 29/03/2014:


Pese a que la versión de Bob Dylan ya estaba en la lista de las 50 elegidas (como una forma de cerrar un círculo), mi amigo Joserra Rodrigo compartió una versión, de mejor calidad, con una emocionante introducción, que adjunto.

La lista sigue abierta...



Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...