sábado, 31 de marzo de 2012

Competitividad

    ¡Jo! Estoy preocupadísimo con mi hijo mayor.
    ¿Qué le pasa?
    Nada, que desde que practica deporte se está convirtiendo en supercompetitivo. Me preocupa.
    No me extraña. Fíjate el mío; yo siempre digo que es el más competitivo del mundo.
    ¡Qué va, cojones! El mío es mucho más competitivo que el tuyo, dónde vamos a parar.
    ¡Qué no! ¿A que si le digo que se tire al suelo y se ponga a hacer planchas, va y se marca treinta de un tirón.
    ¿Treinta? Treinta se las hace el mío antes de haber desayunado.

"Competir" Foto: Thomas Hawk
De aquellos lodos...

3 comentarios:

  1. Personalmente me disgusta la idea de la competitividad que en nuestra sociedad es ya malsana en muchos aspectos.
    Ni siquiera veo ya que la competitividad de unas olimpiadas sea buena hoy.Las banderas y las fronteras y los pasaportes nunca me han gustado.Traen problemas.

    Qué malgasto de energía les espera a los niños si les inculcamos que hay que vivir para superar, ganar a otros. No es un objetivo que debemos enseñar a nuestros hijos. ¿No sería mejor enseñarles a superarse siempre dentro de sus posibilidades y de jamás aceptar los límites que otros les intentan poner? ¿No es mejor enseñarles a vivir con los demás, aceptarles y respetarles, intentar comprender a todos los que les rodean, interesarse por ellos.

    Yo tengo hoy unos alumnos que tienen (no todos) muy mal perder en el deporte y se traslada eso a la vida en general. ¿Qué pasará cuando sean mayores y se encuentra con que siempre hay alguien que es mejor que él/ella? Debemos enseñarles a ganar y perder. Ganar con elegancia y perder con deportividad. Saber que es sólo un deporte, una manera de divertirse y sacar placer de ello, no atormentarse por ello.
    He visto a tantos padres ya empujar a sus hijos a practicar un deporte que no les gusta o hacer clases de ballet cuando no lo desean y cuando no reúnen las características para hacerlo.

    Una vez comenté a un padre que su hijo había comentado en clase conmigo que en un par de exámenes de su colegio (en sociales y lengua) que normalmente suspende,había copiado y que por ello había sacado un 6 y un 7'5. El padre me respondió: "Ya Nina, sé que no está bien ...pero ha aprobado, ¿no?".

    Habría que reeducar a algunos padres para que luego sean capacitados para enseñar a sus hijos.

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    1. Nina:

      Tu comentario es, como siempre, preciso y certero y complementas de forma extraordinaria el sentido inicial del artículo.

      Quería abrir dos líneas, que se recogen ambas en tu respuesta, sobre la evolución que se podía observar (sólo con prestar un poco de atención).

      Por un lado, la tendencia (influida negativamente por la asimilación que algunos hacen de lo que significa el deporte) que convierte todo en un juego en el que no existen más opciones que la victoria o la derrota. La forma en que se estructura el deporte de competición, ni es única (ya buscaré el documental que lo explica), ni debe ser necesariamente trasponible a toda actividad humana. Un modelo basado en la búsqueda continua de la superación y la mejora (a través del compromiso y el esfuerzo continuado), sería un modelo más provechoso. Está en nuestra mano provocar que el cambio suceda.

      Por otra parte, la influencia de los padres (y educadores) es determinante en la sociedad que acabemos construyendo y en el tipo de personas que la formarán.

      Y no pintan demasiado bien las cosas en ambos aspectos, tengo esa amarga sensación.

      Un beso

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    2. Es un documental maravilloso:

      http://www.mysticball-themovie.com/

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