lunes, 29 de febrero de 2016

Top Songs 2015 — Epílogo


Yo La TengoAutomatic Doom
[Stuff Like That There]
Fuente: Hotel Arizona

Hoboken, New Jersey (USA)
Georgia Hubley / Ira Kaplan / James McNew



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Alex Bleeker and The FreaksThe Rest
[Country Agenda]
Fuente: Hotel Arizona

New Jersey (USA)
Alex Bleeker / Alex Steinberg / Nick Lenchner
Dylan Shumaker / Jacob Wolf



*****

Lee Harvey OsmondBlue Moon Drive
[Beautiful Scars]
Fuente: Exile

Ontario (Canada)
Tom Wilson



*****

Cigarettes After SexKeep On Loving You
[Affection]

Brooklyn, New York (USA)
Greg Gonzalez / Phillip Tubbs / Randy Miller / Jake Tomsky



*****

MonophonicsFind My Way Back Home
[Sound of Sinning]

San Francisco, California (USA)
Kelly Finnigan / Ian McDonald
Myles O’Mahony / Austin Bohlman / Ryan Scott



*****

Simon LoveThe New Adam & Eve
[It Seemed Like A Good Idea At The Time]
Fuente: AllMusic

London (UK)



*****

Joshua HyslopThe Flood
[In Deepest Blue]

Abbotsford, British Columbia (Canada)



*****

Simon Joyner“You Got Under My Skin”
[Grass, Branch & Bone]
Fuente: Río Rojo

Omaha, Nebraska (USA)



*****

Ethan Johns & The Black Eyed DogsI Don't Mind
[Silver Liner]
Fuente: Hotel Arizona

Merton, Surrey (UK)



*****

Family of the YearMake You Mine
[Family of the Year]

Los Angeles, California (USA)
Joseph Keefe / Sebastian Keefe / Christina Schroeter / James Buckley



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BONUS: Esta canción me llevó a otra, favorita desde que la he descubierto.

Hero
[2012 — Loma Vista]



Se incluyó en la BSO de “Boyhood”, una película independiente, dirigida por Richard Linklater, estrenada en 2014 y rodada entre 2002 y 2013. Cuenta la historia de Mason Evans Jr (Ellar Coltrane) y su transición de la infancia a la adolescencia. La familia de Mason la completan sus padres (Ethan Hawke y Patricia Arquette) y hermana (Lorelei Linklater, la hija del director).

En España se tradujo como “Momentos de una vida”.
Soy incapaz de encontrarla.
Pero me sirve para romper el círculo de las canciones de 2015, en el que he estado enredado, hasta hoy.

Día bisiesto.

*****

Estampas:

I — Intro
II — 250 // 226
III — 225 // 201
IV — 200 // 176
V — 175 // 151
VI — 150 // 126
VII — 125 // 101
VIII — 100 // 76
IX — 75 // 51
X — 50 // 26
XI — 25 // 11
XII — 10 // 1
XIII — Epílogo

jueves, 25 de febrero de 2016

Alberto Royo — “Contra la nueva educación”

Conozco a Alberto Royo, al que sigo con interés en su blog personal, Profesor Atticus.

Allí libra una batalla, de forma amena y entusiasta.

Por eso, cuando anunció la publicación de su libro Contra la nueva educación. Por una enseñanza basada en el conocimiento, tenía ganas de leerlo, para diseccionarlo y, si fuera pertinente, realizar algunas anotaciones o comentarios.

Edita Plataforma Editorial.

*****

Umberto Eco, fallecido el pasado 19 de febrero, antes de ser novelista (El nombre de la rosa, 1980 o El péndulo de Foucault, 1988) era doctor en Filosofía y Letras, crítico literario y experto en semiótica y comunicación. Su ensayo Apocalípticos e integrados, publicado en italiano en 1964 y traducido al año siguiente en edición de Lumen, explica las posturas que, ya entonces, tomaban los teóricos de la comunicación frente a la expansión de los mass-media; ambas posiciones pueden entenderse como polos dialécticos, yendo de favorables (integrados) a desfavorables (apocalípticos), aplicables a cualquier proceso crítico.

Además, en 1977 publicó una obra esencial para cualquier estudiante de Humanidades, disponible en la edición de Gedisa, titulada Cómo se hace una tesis.

De allí se extrae esta síntesis:

"Hacer una tesis implica: (1) localizar un tema concreto; (2) recopilar documentos sobre dicho tema; (3) poner en orden dichos documentos; (4) volver a examinar el tema partiendo de cero a la luz de los documentos recogidos; (5) dar una forma orgánica a todas las reflexiones precedentes; (6) hacerlo de modo que quien la lea comprenda lo que se quería decir y pueda, si así lo desea, acudir a los mismos documentos para reconsiderar el tema por su cuenta".

Mi amigo JL, con el que hablaba hace nada, me recordaba la elegancia de la terminología académica, cuando me explicaba que habían estado con su hijo, que tenía que defender su tesis.
Se trataba de una doctoral, pero la idea puede extenderse a otros ámbitos.

*****

Leo a Gustavo Bueno, profesor mío (condición que, otorgada por un alumno, no se extingue nunca), interesado como estoy por la actualidad política. Reviso El mito de la izquierda (Ediciones B, 2003) y, encuentro una de esas joyas que sus libros ofrecen en abundancia.

“Entendemos por ideología, como es habitual, un sistema de ideas socializadas cuya pretensión de verdad es mantenida en la medida en que representan o canalizan los intereses de un grupo social ‘en tanto éste se opone a otros grupos sociales’ [...]. Toda filosofía es una ideología, porque una concepción del mundo sólo puede estar formulada desde alguna parte; pero no toda ideología es filosofía. Las ideologías filosóficas deben mantener por lo menos la forma dialéctica, es decir, el reconocimiento, reexposición y crítica de las ideologías opuestas”.

*****

En 1890, Oscar Wilde publicó un ensayo, editado por Rey Lear (La importancia de discutirlo todo), del que extraigo tres perlas:

"Es la crítica la que, al no reconocer ninguna posición como definitiva y al rechazar los dogmas superficiales de cualquier secta o escuela, crea ese sereno ánimo filosófico que ama la verdad por la verdad, y no mengua su amor por saberla inalcanzable".

“¡Ah! No digas que estás de acuerdo conmigo. Cuando alguien se muestra de acuerdo conmigo tengo la sensación de estar por fuerza equivocado”.

“Nuestro sistema educativo pone toda la carga en la memoria, lastrándola con un montón de datos inconexos, y se esfuerza laboriosamente en impartir unos conocimientos laboriosamente adquiridos. Enseñamos a la gente a recordar, pero no la enseñamos a evolucionar. Nunca se nos ha ocurrido desarrollar esas cualidades intelectuales de comprensión y discernimiento, mucho más sutiles”.

*****

Y ya no puedo dilatarlo más, debo recordar que estoy afrontando el libro de Royo.

*****

Una buena forma de empezar es por el final.

El libro tiene uno magnífico.
Una verdadera declaración de intenciones, que me hubiera gustado firmar:

“A pesar de todos los pesares, tenemos que mantener una esperanza combativa, un entusiasmo racional y una actitud de vigilancia permanente y activa. Lo merece este oficio. Lo merecen nuestros alumnos y nuestros hijos. No construimos. No fabricamos. No generamos riqueza monetaria ni bienes materiales. No perseguimos la utilidad, la rentabilidad o el beneficio económico. Hacemos algo mucho más valioso: formamos personas”. (pp. 203 – 204)

Un planteamiento humanista de la educación (o de la formación, o de cualquier otra actividad en la que nos impliquemos) es imprescindible.

“Lo que hacemos es importante. Y todos, en algún momento, hemos sentido la satisfacción de comprobar que hemos ayudado a alguien, que hemos contribuido a que un alumno tome una buena decisión”. (p. 202)

El educador (profesor, maestro, formador; a veces los términos son intercambiables) no puede perder de vista para qué realiza su labor.
Es una tarea continuada, que deja huella, pese a que en ocasiones no llegue a ver los frutos.
En cierta medida, es desinteresada.
Y, siempre, a largo plazo.

“Uno enseña [...], influye [...], da ejemplo [...], con la intención de poner su granito de arena en relación con cada uno de los alumnos que pasan por sus manos, con el noble propósito de colaborar en el desarrollo de sus capacidades hasta lo máximo de lo que puedan y quieran dar, de sembrar en ellos la curiosidad por aprender y disfrutar de lo que uno aprende”. (p. 201)

Royo cree que puede contribuir, además de en su labor docente, defendiendo un modelo de educación consolidado en la experiencia, evitando las innovaciones innecesarias o carentes de una mínima cautela.

“Pretendo defender con argumentos y con innegable entusiasmo un modelo de instrucción pública serio, ilustrado, basado en el conocimiento y la exigencia, que ejerza su función de palanca de mejora social para las personas y se aleje de supercherías y propuestas excéntricas mejor o peor intencionadas”. (p. 25)

En su estrategia —el título así lo delata— ha preferido cargar contra aquellos a los que considera desacertados, por su metodología, su retórica, o sus objetivos.

“A cada ocurrencia educativa estrafalaria que conozco, a cada nueva manifestación del “reverso tenebroso”, salto raudo, movido por una especie de resorte que me impide asumir sin presentar batalla ante tanta propuesta grotesca”. (p. 84)

En su itinerario encuentra proyectos que trata de desarmar en el libro.
Son muchos. Y a ellos se dedica con empeño.
No queda muy claro cuál es el método seleccionado para elegir adversarios.
Transmite la sensación de que se los encuentra, porque ha coincidido con ellos, por leer una entrevista en el periódico o escuchar una charla radiofónica.
No parece que haya habido una búsqueda de aquellos autores de referencia, que resulten pertinentes y a los que se deba presentar batalla.
Como el manchego, se enfrenta a los molinos que va encontrando en su discurrir.
En todo caso, son muchos. Adjunto una relación alfabética de los autores a los que trata de desmontar.
Conozco a varios; a alguno de ellos, en persona.
Tienen un rango de solvencia dispar: algunos son unos “singermornings” (cantamañanas, en terminología royiana): pese a resultar peligrosos, no precisaban tanto detalle. Sus palabras hablan por ellos y les desenmascaran al instante. Según mi particular criterio, no merecían tanto esfuerzo.
Otros son interesantes; aportan ideas valiosas pese a que puedan (o deban) ser reformuladas. Ahora omito mencionar en quiénes pienso, dejando abierta la posibilidad de presentar argumentos, si se precisan.
Y algunos no pertenecen al ámbito educativo, pese a que hayan opinado, como podrían haberlo hecho sobre cualquier otro asunto. No merecía la pena detenerse en ellos. Tengo en la cabeza a Punset y Coelho.
En todo caso, la lista de aquellos contra los que arremete, es:

Acaso, María / Alberca, Fernando / Aren, Belén / Barajas, Sebastián / Bona, César / Coelho, Paulo / Daniels, Kristin / Figel’, Ján / García Pérez, José Blas / García-Rincón de Castro, César / Laporte, Joan-Ramon / Marina, José Antonio / Pedró, Francesc / Pérez-Orive Carceller, José Félix / Prensky, Marc / Punset, Eduard / R. / Rallo, Juan Ramón / Rodríguez, Germán / Rodríguez Hernández, Antonio / Robinson, Ken / Sáenz de Miera, Ana / Sánchez Bayo, Alberto / Server, Richard

Es cierto que presenta su crítica con gracia y saña.
No pasa nada.
Yo he hecho algo parecido alguna vez.

“No creo que haya en mis opiniones caricatura alguna, pues es imposible caricaturizar lo que ya de por sí es paródico [...]. Intento distinguir siempre a los pedagogos serios de los iluminados”. (p. 197)

Pero quizá resulta pobre comparar la lista de los que critica (“los iluminados”) con la de aquellos que elogia (“los serios”).

Enkvist, Inger / Fontanieu, Jérémie / Innerarity, Daniel / Luri, Gregorio / Moradiellos, Enrique / Moreno Castillo, Ricardo

Puede que sea el momento de concentrarse en la tarea; de presentar su(s) tesis; de explicar en qué consiste el modelo que defiende, relegado en la portada del libro a formar parte de la faja, dando forma a una especie de subtítulo, adecuado a la maquetación de la editorial.

“Convendría entonces no andarnos por las ramas. Todos estamos de acuerdo en que la educación es importante. Lo estamos también en que una sociedad con una adecuada educación pública tendrá mayor capacidad de progreso que la que no disponga de ella [...]. Entonces, ¿dónde está el problema? Quizás en la manera en que unos y otros entendemos que es posible conseguir el ideal de una sociedad instruida, formada humana y académicamente, crítica y con valores, en lo que entendemos que es principal para su consecución y en lo que entendemos que es accesorio, en la importancia que concedemos, por ejemplo, a la transmisión de conocimientos y en la que damos a otros objetivos más abstractos o más vistosos. Y ahí la pedagogía no termina de cumplir con su misión (que no es otra que la de ayudar a los profesores a conquistar esa meta) al enrocarse en una concepción fantasiosa de la enseñanza, como si la racionalidad fuera incompatible con la búsqueda de las estrategias didácticas más eficaces”. (p. 175)

Espero que Royo, profesor con experiencia (experto, pues), explique aquello de lo que sabe; que exponga sus conocimientos.

“Lo que me cuesta más comprender es cómo podemos profundizar en un tema si no es el profesor (el que sabe) el que se lo explica al alumno (el que no sabe)”. (p. 161)

¡Qué ganas!

“Debería propiciarse el aprendizaje de recursos y metodologías definidas, pero al mismo tiempo abiertas a ser adaptadas e incorporadas a las estrategias de cada profesor y siempre directamente relacionadas con su disciplina académica. Y todo ello sin olvidar que la metodología que a un docente le funciona no tiene  por qué ser eficaz para otro, como tampoco dos alumnos responden igual ante la misma estrategia didáctica.
[…] A veces nosotros mismos, los profesores que renegamos de la pedagogía, pecamos de poco hábiles, y nos situamos en la trinchera en lugar de desarrollar nuestro razonamiento, justificando que una cosa es la pedagogía (la didáctica) y otra muy distinta la pedagogía oficial, la del ‘establishment’ educativo”. (pp. 172 – 173)

¡Sí! Que nos explique su metodología didáctica. Si quiere pasar por encima de contenidos teóricos, que, al menos, llegue al fondo de su forma de trabajar, de la aplicación práctica de su desempeño cotidiano.
Que comparta con el lector la forma de afrontar la interacción con sus discentes.

“Clase de Música. 3º de ESO. Siglo XVIII. Estatus social del músico durante el Antiguo Régimen. Haydn en la Corte de los Esterházy:
En primer lugar, leemos algunas de las cláusulas del contrato de 1767 firmado por Franz Joseph Haydn al entrar a trabajar como maestro de capilla en la Corte de los Esterházy en 1761, entre los que podemos destacar la obligación de componer sólo para el príncipe, preguntarle cada día si deseaba o no audición, cuidar de los instrumentos y las partituras, no salir de Palacio sin permiso, resolver conflictos entre los músicos a su cargo o vestir con librea, distintivo que los nobles hacían llevar a sus criados.
En segundo lugar, los alumnos llevan a cabo una valoración personal del texto, explicando qué y por qué les ha llamado la atención, relacionándolo con la situación del músico en la actualidad, o con las obligaciones contractuales de otros profesionales y tratando de trabajar la reflexión crítica.
A continuación se celebra un debate a partir de las distintas intervenciones para generar un intercambio de pareceres sobre las diferencias entre la condición social del músico durante el siglo XVIII y la que tiene en el día de hoy.
Sigue al debate un resumen de las diferentes consideraciones y la explicación final del profesor.
Como actividad voluntaria, se propone la búsqueda de información sobre distintos tipos de contratos recientes (discográfico o de actuación musical, por ejemplo) y una reflexión individual al respecto.
Conclusión: resulta que llevo tiempo practicando la tertulia dialógica. Pero yo lo llamaba de otra forma: dar clase”. (pp. 157 – 158)

No es tan importante la forma de llamar a las cosas. Por eso resulta sorprendente el empeño de algunos en incorporar neologismos, los nuevos collares con los que llamar a los mismos perros de toda la vida. Pero, quizá, no tenga tanto sentido rechazar los términos nuevos, como traducirlos al lenguaje convencional, para hacerlos entendibles.
Recuerdo a Bueno: la dialéctica requiere el reconocimiento y reelaboración de los argumentos contrarios, para formular una crítica.
Ese esfuerzo nunca es baldío.

“Más de una vez me he preguntado [...] si merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en armar razonamientos para rebatir la vacuidad argumental del contrario”. (p. 196)

Quizá, siguiendo a Eco, sea importante tratar de reformular los planteamientos atendiendo a los argumentos, favorables o contrarios, que se hayan recogido. Incorporar ideas ajenas que permitan defender la(s) tesis propia(s).
La forma de presentar los argumentos es importante. En algunos momentos es esencial. “Verba volant, scripta manent”.
La liturgia del trabajo académico (de la escritura de un ensayo, si se quiere) es diferente a la exposición verbal.

“No basta con que el docente se limite a hablar de lo que sabe sin importar la manera en que lo haga, no se trata sólo de lo que exprese, sino de cómo lo exprese”. (p. 67)

La crítica es complicada. No reconoce posiciones definitivas. Wilde lo expresó con claridad.
Es complicada de aceptar, porque puede atentar contra las ideas y creencias personales; es sencillo llegar a entenderla en un plano personal, porque la línea que separa acciones e intenciones es estrecha y difusa.
Pero, siendo difícil de aceptar, es muy compleja de realizar. Para afirmar su consistencia debe huir de generalizaciones y prejuicios
Presentar puntualizaciones no implica que uno sea un apocalíptico, en la línea marcada por Eco; es una búsqueda de la verdad, de una pequeña parte al menos.

“Cualquier persona tolerante admite puntos de vista diferentes al propio [pero] debo replicar todas y cada una de [las respuestas] con el único propósito de que quien lea estas réplicas compruebe que hay otra forma de entender la enseñanza diametralmente opuesta”. (p. 103)

La estrecha relación entre maestro y discípulo se actualiza en ámbitos distintos de los talleres en que surgió, en la que un artesano enseñaba su oficio al aprendiz. Si el contexto es distinto y la persona que debe aprender necesita desarrollar habilidades (sociales), y no sólo adquirir conocimientos, el coaching (o el mentoring) puede resultar útil —por más que se prefiera el uso del término tutelaje, incorporado al lenguaje ordinario—.
La dramatización, con o sin asignación de papeles, es una forma excelente de poner en marcha habilidades sociales, de forma descontextualizada, medible y observable, que permite el entrenamiento mediante la repetición y que conduce a la interiorización de hábitos. El role playing no es una metodología chic; es una metodología eficaz.
Nada puede ser aprendido si no se experimenta. Ningún alumno de guitarra podrá aprender a tocarla si no la tiene en sus manos y, después de conocer, se pone a trastear con ella. El aprendizaje experiencial es indispensable. Insisto: nadie aprenderá las operaciones o relaciones que le resulte indispensable dominar, escuchando a otro disertar sobre ellas, o mirando a otro hacer lo que debería aprender a hacer por sí mismo.
La única forma de conocer los avances es recibiendo información ajena. La tutoría es una forma de feedback, como lo son las calificaciones o cualquier tipo de interacción entre docente y discente. Es ineludible.

[Hablando sobre el coaching] “...a partir de metodologías ‘chic’ como el ‘role playing’, el “aprendizaje experiencial” y el ‘feedback’”. (p. 81)

No pretendo mostrarme insensible; más bien, resulta al contrario.
Estoy sensibilizado con la educación.
Como ciudadano, como padre, como protagonista en la construcción social.

“Esto es lo que los visionarios de turno están intentando vender a las administraciones educativas: que aquellos que somos críticos es porque ni sentimos ni padecemos”. (p. 118)

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El libro, apasionado y divertido, peca de inconsistencia [RAE: Consistencia: “Trabazón, coherencia entre [...] los elementos de un conjunto”] en la tesis principal que defiende, al colocar el conocimiento en la base de la enseñanza, pero sin aclarar cómo actúa.
En el discurrir del libro, el conocimiento se transmite (p. 32), se construye (p. 38), se alcanza (p. 41) o se adquiere (p. 48).

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Al ocuparse de desarmar los argumentos de tantos sujetos que, en su mayoría, no son más que chisgarabís, Alberto emplea una estrategia que centra el foco en un lugar inapropiado.


Ilustración: Juan Ramón Carneros

Y lo digo con el mayor de los respetos, porque sé que Alberto podría detenerse en elaborar una metodología didáctica que, desde su experiencia docente, mostrara su utilidad para conseguir el noble propósito al que se dedica, el de formar personas.

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He reservado para el final tres verdaderos hallazgos:

“Entonces, ¿por qué no practicar mejor la música, la lectura, la escritura, el cálculo... que son, además, habilidades que adquirimos sólo mediante el aprendizaje y no son, por tanto, innatas?”. (p. 95)

“Todo docente expresa emociones mientras enseña (emociones que no encontraremos en las nuevas tecnologías)”. (p. 118)

“La pasión y la extravagancia son conceptos distintos”. (p. 110)

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Espero que esta reseña se interprete desde las intenciones con que fue escrita.
Gracias.

martes, 23 de febrero de 2016

Heria y Clofonte

Morel de Sal. Círculo literario.
22 de febrero de 2016.
Coordina Patricia Núnez.

Motivo: Gustave Moreau“La peri” (grafito, pincel y tinta negra, gris lavado y toques de pintura metálica dorada), circa 1865, Art Institute Chicago.



Motor: Elaborar un mito (“narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”) a partir de la imagen.

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Heria y Clofonte, el ser del árbol hueco

En un recóndito páramo, expuesto a las inclemencias (sol, lluvia, alimañas), un árbol, hueco en su interior, sagrado para los que conocían su historia, llamado Glay por los que se atrevían a decir su nombre, dejaba pasar el tiempo. Llegó el momento en que nadie recordaba su historia, ni mostraba interés por querer escucharla.

Dicen y cuentan y recuerdan, a quien muestra ganas de escuchar, que el último huevo de un dragón de sangre púrpura estaba escondido en el tronco hueco de Glay.

Cuentan y recuerdan y dicen, a quien muestra ganas de escuchar, que un águila sobrevolaba en círculos al árbol hueco, Glay. Alguien se aventuró a conjeturar que buscaba alimento; es conocido que ciertas águilas muestran predilección por la tibieza púrpura de un dragón en gestación.

Recuerdan y dicen y cuentan, a quien muestra ganas de escuchar, que una leona vagaba por el páramo, circundando a Glay, el árbol hueco. No daba sombra, no daba protección, ni siquiera servía de consuelo por la pérdida de sus crías. Pero la leona acechaba.

Cierto día, del que nadie dice, del que nadie recuerda, del que nadie cuenta, del que nadie muestra ganas de escuchar nada, el cielo se oscureció, sin que hubiera nubes, ni hubiera llegado la noche, ni se hubiera producido un eclipse. Existen cosas que son inexplicables y quizá no tenga sentido perder el tiempo en buscar una razón.

El último huevo de un dragón de sangre púrpura notó algo y se removió.
El águila notó la presencia del último huevo de un dragón de sangre púrpura, y se lanzó en picado para saciarse.
La leona vio al águila y se puso al acecho; su apetito se había avivado.

Y, en un brevísimo instante, desconocido para muchos desde entonces, el águila se comió el último huevo de un dragón de sangre púrpura; justo en el momento en que la leona se comía al águila que había devorado al último huevo de un dragón de sangre púrpura; al tiempo que caía un rayo sobre Glay, el árbol hueco, en el que se abrigaba el último huevo de un dragón de sangre púrpura, que era devorado por un águila mientras una leona se comía al águila.

Nadie había que hubiera presenciado el instante.
Muchos años pasaron sin que nadie fuera capaz de explicar lo ocurrido.
Sólo Heria, la joven que había caído siendo niña cuando jugaba en las ramas de Glay, el árbol hueco, sintió algo.
Un estremecimiento, una premonición.
No sabía qué era, pero supo que tenía que llegar hasta Glay, el árbol hueco.

Un largo viaje exige demasiadas explicaciones y convertirían este relato en una saga.

Heria ya había llegado a su destino y pudo comprobar que una criatura andaba cerca, volaba alto y reptaba en las inmediaciones de Glay, el árbol hueco. Respondía al nombre de Clofonte, “el ser del árbol hueco”, pese a que sea cierto que nadie se atrevía a nombrarla.

Heria quiso montarla y Clofonte se opuso.
Heria susurró unas palabras al oído de Clofonte.
Desde entonces, Heria cabalga a lomos de Clofonte.

Sólo para quienes muestren ganas de escuchar: dicen que Heria pudo montar a Clofonte, porque sabía su nombre, y sabía por qué se llamaba de la forma en que se llamaba.

Era la hija concebida al caer el rayo sobre Glay, el árbol hueco: hija de Clótela (águila), hija de Fontia (dragón), hija de Teyna (leona), las tres hembras que quedarían unidas para siempre. Sólo Heria —la única que había mostrado ganas de escuchar a los que decían, contaban y recordaban— sabía su nombre y conocía su historia.

Heria ya podía sentirse libre, más que nunca, para completar su viaje, en pos del último dragón púrpura, que dicen y cuentan y recuerdan, a quien muestra interés en escuchar, que se llama Fluffy, que liberará a Heria de la maldición que le impide andar.

Cuentan y recuerdan y dicen, también, que Clofonte, el ser del árbol hueco, sufrirá alguna transformación, pese a que es sabido que ésa es otra historia, a la que habrá que prestar atención, mostrando ganas de escuchar a quienes recuerdan y dicen y cuentan.

Eso creo yo, al menos.

MC Secades

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La lectura de Pilar fue un complemento perfecto al relato imaginado por mi hijo.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Villegas

José Manuel Villegas, vicesecretario general de C’s, concedió una rueda de prensa en el Congreso de Diputados, hoy, 17 de febrero, para informar de la reunión del grupo de negociadores de su partido con los del PSOE.



— “Como todo el mundo sabe, hace ya algunos días en un proceso de negociación entre el Partido Socialista Obrero Español y Ciudadanos de cara a explorar la posibilidad de llegar a acuerdos políticos ante el próximo pleno de investidura que, que, que ya está, que ya está convocado. Ha habido durante esta última semana unos trabajos, eeeh sectoriales, eeeeh, digamos por ..., temáticos, en cada una de las áreas de trabajo en que se ha dividido, en que hemos dividido, un poco ese posible programa y hoy era una reunión de, ..., plenario, le hemos llamado así, de los grupos negociadores para hacer un poco de puesta en común y evaluar, pues, cuales eran los avances en esta negociación y en qué puntos, pues, no existían esos avances, o esos avances, o había dificultades. La valoración general es que, efectivamente, ha habido avances, que se están avanzando en algunos temas y legando a, a, a puntos de encuentro y también, ninguna sorpresa, que hay otros puntos en los que hay más dificultades, hay otros puntos en los que, eeeh, a día de hoy no hay, no hay un acuerdo y que por lo tanto se va a tener que seguir trabajando. Tal como dijimos al iniciar la negociación, nos dimos un par de semanas para evaluar si podía haber acuerdo o no y tenerlo más o menos ultimado; este plazo expirará este fin de semana y vamos a seguir trabajando con esa idea, con la idea de, este fin de semana, o principios de la semana que viene, intentar ver si hemos llegado a un acuerdo definitivo o no. Ha habido aproximaciones, como he dicho, en algunos ámbitos; menos, en otros, pero, a nadie se le escapa que un acuerdo de estas características tiene que ser un acuerdo global, tiene que ser un acuerdo total y por lo tanto, si en alguno de los puntos que, alguna de las partes considere fundamentales, no hay acuerdo, pues, eeeh, pues no habrá acuerdo global y de poco servirán los avances parciales que se hayan, que se hayan podido producir.
En cuanto a ..., por entrar un poco en detalle, sin querer ser exhaustivo, pero, por ver un poco cuáles son los temas en los que se ha avanzado más, o los temas en los que aún hay dificultades, podemos decir que, ..., hay avances, digamos significativos, o parece que puede haber puntos de encuentro en ámbitos sobre todo como es la lucha contra el capitalismo de amiguetes, que le llamamos nosotros..., la lucha contra la corrupción ...”.



Exhausto, tras el proceso de negociación y haberse expuesto, en persona, a la mayor expectación de su carrera, con una comparecencia en la que había más de lo que no podía hablar que aquello de lo que sí podía hacerlo —porque el significado de “luz y taquígrafos” resulta tan incomprensible que no merece la pena detenerse en él; como nadie hace, en efecto—, Villegas, frustrado por tener que improvisar —algo que detesta—, pero paladeando el excitante momento de una fama que intuye efímera, decide que cenará en casa, donde le espera lo que —él así lo desea— un suculento tentempié; ha podido comprobar que los focos le ponen y que aguantará despierto toda la noche, si es preciso.

Se entregará, sin dudarlo un instante.

*****

— ¿Viste la comparecencia, chiqui?
— Claro. Me llamaste justo antes de que empezaras. Tuve que poner el 24 horas, justo a la hora de Sálvame...
— Espero que no fuera el naranja.
— Cari, ya lo sabes: sólo Albert y tú os fijáis en el color de Sálvame.
— Es que entre limón y naranja, ¡no hay color!
— Cari: naranja y limón son colores.
— Siempre eres tan práctica, chiqui.
— Ya te digo.
— ¿Y qué, te gusté?
— ¿Perdón?
— En la comparecencia: ¿te gusté?
— No llevabas la corbata que te había preparado...
— Es que, con la nueva etiqueta que estamos poniendo, ya sabes que nadie va de corbata...
— Ya. No me importan los otros. Yo te había preparado una; te la regaló mi madre por tu cumple, cari...
— Sí. Si la llevaba. Pero me la tuve que quitar. Era el único.
— A mí no me importan los otros. No llevabas la corbata.
— La próxima vez la llevo.
— La próxima vez no será la primera vez que te atiende todo el mundo.
— Jo, chiqui, ya lo siento. Trataré de acordarme la próxima...
— ...vez. Ya lo has dicho.
— ...
— ...
— Pero, ¿Qué te pareció?
— Que no tenías ganas de irte.
— Sí.
— Estabas disfrutando y no querías dejar de hacerlo.
— Sí.
— Le habías cogido gusto y estabas disfrutando y no querías irte.
— Sí.
— Te estaba gustando ver cómo te atendían todos, y no al jefe, y no querías irte.
— Sí.
— Te estaba gustando. Le pillaste el tranquillo y avanzabas, pero no...
— Sí.
— Avanzabas, pero retrocedías; adelante, pero poco...
— Sí.
— Un poco para atrás; decías, pero no decías.
— Sí.
— Me recordaste el día que salimos por primera vez.
— Sí.
— Después de toda la noche, mandándote señales de que estaba accesible...
— Sí.
— Me acompañaste a casa de mis padres.
— Sí.
— Nos acompañaba Alberto.
— Lo recuerdo. Nunca olvidaré ese día.
— Yo estaba en la puerta, con la mano detrás de la cabeza, con la señal universal de luz verde.
— Sí. Siempre dices eso.
— Estaba en escorzo. Me empezaba a doler el cuello.
— Sí.
— Y tú, ahí, hablando y hablando y hablando.
— Sí.
— Me dolía la cabeza. Habíamos estado toda la noche bebiendo.
— Sí.
— Y tú hablabas. Y no callabas.
— Sí.
— Llegó un momento en que ya no sabía si quería que me besaras o no.
— Sí.
— No. No lo sabía, de verdad.
— Sí.
— Al principio pensaba que quería; luego tenía dudas.
— Sí.
— Luego empezó a amanecer. Ya no veía nada, porque el sol me daba en la cara...
— Sí.
— ...y me estaba cegando.
— Sí.
— Entonces te moviste y vi a Alberto.
— Sí.
— Estaba parado, encima de la valla de la casa de mis padres, parado sobre una pierna.
— Sí.
— Parecía que estaba en la postura de la grulla.
— Sí. Dijo que se aburría.
— Sí. Él también tenía ganas de que me besaras y pudierais iros.
— Sí.
— Pero no.
— No.
— Y estaba en la postura de la grulla. Y lo vi. Y me empezó a entrar la risa.
— Dijo que se aburría y se puso a hacer de gárgola.
— Ya lo sé. Alberto nunca deja pasar la oportunidad de contar esa historia.
— Sí.
— Aunque no venga a cuento.
— Sí.
— Y tú no parabas de hablar. Y a mí me dolía la cabeza. Y estaba bebida. Y quería entrar en casa de mis padres. Y echarme a dormir. Y el sol me cegaba la vista. Y te moviste. Y vi a Alberto. Y estaba parado sobre una pierna, en la valla de la casa de mis padres, en la postura de la grulla...
— Haciendo de gárgola.
— Ese día debía haberte mandado a hacer gárgaras.
— Sí.
— Mi madre tenía razón. Debía haberme quedado con tu hermano Ricardo.
— Sí.
— Le ponías un Luis delante y podías conseguir que hiciera lo que te diera la gana.
— Sí.



— Pero tendría que estar todo el día con el cantidubi-dubi-dubi.
— Sí.
— Y estoy con el candiduti.
— Sí.
— Hablo de ti, melón.
— Llámame naranja, chiqui.