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jueves, 25 de febrero de 2016

Alberto Royo — “Contra la nueva educación”

Conozco a Alberto Royo, al que sigo con interés en su blog personal, Profesor Atticus.

Allí libra una batalla, de forma amena y entusiasta.

Por eso, cuando anunció la publicación de su libro “Contra la nueva educación. Por una enseñanza basada en el conocimiento”, tenía ganas de leerlo, para diseccionarlo y, si fuera pertinente, realizar algunas anotaciones o comentarios.

Edita Plataforma Editorial.

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Umberto Eco, fallecido el pasado 19 de febrero, antes de ser novelista (“El nombre de la rosa”, 1980 o “El péndulo de Foucault”, 1988) era doctor en Filosofía y Letras, crítico literario y experto en semiótica y comunicación. Su ensayo “Apocalípticos e integrados”, publicado en italiano en 1964 y traducido al año siguiente en edición de Lumen, explica las posturas que, ya entonces, tomaban los teóricos de la comunicación frente a la expansión de los mass-media; ambas posiciones pueden entenderse como polos dialécticos, yendo de favorables (integrados) a desfavorables (apocalípticos), aplicables a cualquier proceso crítico.

Además, en 1977 publicó una obra esencial para cualquier estudiante de Humanidades, disponible en la edición de Gedisa, titulada “Cómo se hace una tesis”.

De allí se extrae esta síntesis:

"Hacer una tesis implica: (1) localizar un tema concreto; (2) recopilar documentos sobre dicho tema; (3) poner en orden dichos documentos; (4) volver a examinar el tema partiendo de cero a la luz de los documentos recogidos; (5) dar una forma orgánica a todas las reflexiones precedentes; (6) hacerlo de modo que quien la lea comprenda lo que se quería decir y pueda, si así lo desea, acudir a los mismos documentos para reconsiderar el tema por su cuenta".

Mi amigo JL, con el que hablaba hace nada, me recordaba la elegancia de la terminología académica, cuando me explicaba que habían estado con su hijo, que tenía que defender su tesis.
Se trataba de una doctoral, pero la idea puede extenderse a otros ámbitos.

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Leo a Gustavo Bueno, profesor mío (condición que, otorgada por un alumno, no se extingue nunca), interesado como estoy por la actualidad política. Reviso “El mito de la izquierda” (Ediciones B, 2003) y, encuentro una de esas joyas que sus libros ofrecen en abundancia.

“Entendemos por ideología, como es habitual, un sistema de ideas socializadas cuya pretensión de verdad es mantenida en la medida en que representan o canalizan los intereses de un grupo social ‘en tanto éste se opone a otros grupos sociales’ [...]. Toda filosofía es una ideología, porque una concepción del mundo sólo puede estar formulada desde alguna parte; pero no toda ideología es filosofía. Las ideologías filosóficas deben mantener por lo menos la forma dialéctica, es decir, el reconocimiento, reexposición y crítica de las ideologías opuestas”.

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En 1890, Oscar Wilde publicó un ensayo, editado por Rey Lear (“La importancia de discutirlo todo”), del que extraigo tres perlas:

"Es la crítica la que, al no reconocer ninguna posición como definitiva y al rechazar los dogmas superficiales de cualquier secta o escuela, crea ese sereno ánimo filosófico que ama la verdad por la verdad, y no mengua su amor por saberla inalcanzable".

“¡Ah! No digas que estás de acuerdo conmigo. Cuando alguien se muestra de acuerdo conmigo tengo la sensación de estar por fuerza equivocado”.

“Nuestro sistema educativo pone toda la carga en la memoria, lastrándola con un montón de datos inconexos, y se esfuerza laboriosamente en impartir unos conocimientos laboriosamente adquiridos. Enseñamos a la gente a recordar, pero no la enseñamos a evolucionar. Nunca se nos ha ocurrido desarrollar esas cualidades intelectuales de comprensión y discernimiento, mucho más sutiles”.

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Y ya no puedo dilatarlo más, debo recordar que estoy afrontando el libro de Royo.

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Una buena forma de empezar es por el final.

El libro tiene uno magnífico.
Una verdadera declaración de intenciones, que me hubiera gustado firmar:

“A pesar de todos los pesares, tenemos que mantener una esperanza combativa, un entusiasmo racional y una actitud de vigilancia permanente y activa. Lo merece este oficio. Lo merecen nuestros alumnos y nuestros hijos. No construimos. No fabricamos. No generamos riqueza monetaria ni bienes materiales. No perseguimos la utilidad, la rentabilidad o el beneficio económico. Hacemos algo mucho más valioso: formamos personas”. (pp. 203 – 204)

Un planteamiento humanista de la educación (o de la formación, o de cualquier otra actividad en la que nos impliquemos) es imprescindible.

“Lo que hacemos es importante. Y todos, en algún momento, hemos sentido la satisfacción de comprobar que hemos ayudado a alguien, que hemos contribuido a que un alumno tome una buena decisión”. (p. 202)

El educador (profesor, maestro, formador; a veces los términos son intercambiables) no puede perder de vista para qué realiza su labor.
Es una tarea continuada, que deja huella, pese a que en ocasiones no llegue a ver los frutos.
En cierta medida, es desinteresada.
Y, siempre, a largo plazo.

“Uno enseña [...], influye [...], da ejemplo [...], con la intención de poner su granito de arena en relación con cada uno de los alumnos que pasan por sus manos, con el noble propósito de colaborar en el desarrollo de sus capacidades hasta lo máximo de lo que puedan y quieran dar, de sembrar en ellos la curiosidad por aprender y disfrutar de lo que uno aprende”. (p. 201)

Royo cree que puede contribuir, además de en su labor docente, defendiendo un modelo de educación consolidado en la experiencia, evitando las innovaciones innecesarias o carentes de una mínima cautela.

“Pretendo defender con argumentos y con innegable entusiasmo un modelo de instrucción pública serio, ilustrado, basado en el conocimiento y la exigencia, que ejerza su función de palanca de mejora social para las personas y se aleje de supercherías y propuestas excéntricas mejor o peor intencionadas”. (p. 25)

En su estrategia —el título así lo delata— ha preferido cargar contra aquellos a los que considera desacertados, por su metodología, su retórica, o sus objetivos.

“A cada ocurrencia educativa estrafalaria que conozco, a cada nueva manifestación del “reverso tenebroso”, salto raudo, movido por una especie de resorte que me impide asumir sin presentar batalla ante tanta propuesta grotesca”. (p. 84)

En su itinerario encuentra proyectos que trata de desarmar en el libro.
Son muchos. Y a ellos se dedica con empeño.
No queda muy claro cuál es el método seleccionado para elegir adversarios.
Transmite la sensación de que se los encuentra, porque ha coincidido con ellos, por leer una entrevista en el periódico o escuchar una charla radiofónica.
No parece que haya habido una búsqueda de aquellos autores de referencia, que resulten pertinentes y a los que se deba presentar batalla.
Como el manchego, se enfrenta a los molinos que va encontrando en su discurrir.
En todo caso, son muchos. Adjunto una relación alfabética de los autores a los que trata de desmontar.
Conozco a varios; a alguno de ellos, en persona.
Tienen un rango de solvencia dispar: algunos son unos “singermornings” (cantamañanas, en terminología royiana): pese a resultar peligrosos, no precisaban tanto detalle. Sus palabras hablan por ellos y les desenmascaran al instante. Según mi particular criterio, no merecían tanto esfuerzo.
Otros son interesantes; aportan ideas valiosas pese a que puedan (o deban) ser reformuladas. Ahora omito mencionar en quiénes pienso, dejando abierta la posibilidad de presentar argumentos, si se precisan.
Y algunos no pertenecen al ámbito educativo, pese a que hayan opinado, como podrían haberlo hecho sobre cualquier otro asunto. No merecía la pena detenerse en ellos. Tengo en la cabeza a Punset y Coelho.
En todo caso, la lista de aquellos contra los que arremete, es:

Acaso, María / Alberca, Fernando / Aren, Belén / Barajas, Sebastián / Bona, César / Coelho, Paulo / Daniels, Kristin / Figel’, Ján / García Pérez, José Blas / García-Rincón de Castro, César / Laporte, Joan-Ramon / Marina, José Antonio / Pedró, Francesc / Pérez-Orive Carceller, José Félix / Prensky, Marc / Punset, Eduard / R. / Rallo, Juan Ramón / Rodríguez, Germán / Rodríguez Hernández, Antonio / Robinson, Ken / Sáenz de Miera, Ana / Sánchez Bayo, Alberto / Server, Richard

Es cierto que presenta su crítica con gracia y saña.
No pasa nada.
Yo he hecho algo parecido alguna vez.

“No creo que haya en mis opiniones caricatura alguna, pues es imposible caricaturizar lo que ya de por sí es paródico [...]. Intento distinguir siempre a los pedagogos serios de los iluminados”. (p. 197)

Pero quizá resulta pobre comparar la lista de los que critica (“los iluminados”) con la de aquellos que elogia (“los serios”).

Enkvist, Inger / Fontanieu, Jérémie / Innerarity, Daniel / Luri, Gregorio / Moradiellos, Enrique / Moreno Castillo, Ricardo

Puede que sea el momento de concentrarse en la tarea; de presentar su(s) tesis; de explicar en qué consiste el modelo que defiende, relegado en la portada del libro a formar parte de la faja, dando forma a una especie de subtítulo, adecuado a la maquetación de la editorial.

“Convendría entonces no andarnos por las ramas. Todos estamos de acuerdo en que la educación es importante. Lo estamos también en que una sociedad con una adecuada educación pública tendrá mayor capacidad de progreso que la que no disponga de ella [...]. Entonces, ¿dónde está el problema? Quizás en la manera en que unos y otros entendemos que es posible conseguir el ideal de una sociedad instruida, formada humana y académicamente, crítica y con valores, en lo que entendemos que es principal para su consecución y en lo que entendemos que es accesorio, en la importancia que concedemos, por ejemplo, a la transmisión de conocimientos y en la que damos a otros objetivos más abstractos o más vistosos. Y ahí la pedagogía no termina de cumplir con su misión (que no es otra que la de ayudar a los profesores a conquistar esa meta) al enrocarse en una concepción fantasiosa de la enseñanza, como si la racionalidad fuera incompatible con la búsqueda de las estrategias didácticas más eficaces”. (p. 175)

Espero que Royo, profesor con experiencia (experto, pues), explique aquello de lo que sabe; que exponga sus conocimientos.

“Lo que me cuesta más comprender es cómo podemos profundizar en un tema si no es el profesor (el que sabe) el que se lo explica al alumno (el que no sabe)”. (p. 161)

¡Qué ganas!

“Debería propiciarse el aprendizaje de recursos y metodologías definidas, pero al mismo tiempo abiertas a ser adaptadas e incorporadas a las estrategias de cada profesor y siempre directamente relacionadas con su disciplina académica. Y todo ello sin olvidar que la metodología que a un docente le funciona no tiene  por qué ser eficaz para otro, como tampoco dos alumnos responden igual ante la misma estrategia didáctica.
[…] A veces nosotros mismos, los profesores que renegamos de la pedagogía, pecamos de poco hábiles, y nos situamos en la trinchera en lugar de desarrollar nuestro razonamiento, justificando que una cosa es la pedagogía (la didáctica) y otra muy distinta la pedagogía oficial, la del ‘establishment’ educativo”. (pp. 172 – 173)

¡Sí! Que nos explique su metodología didáctica. Si quiere pasar por encima de contenidos teóricos, que, al menos, llegue al fondo de su forma de trabajar, de la aplicación práctica de su desempeño cotidiano.
Que comparta con el lector la forma de afrontar la interacción con sus discentes.

“Clase de Música. 3º de ESO. Siglo XVIII. Estatus social del músico durante el Antiguo Régimen. Haydn en la Corte de los Esterházy:
En primer lugar, leemos algunas de las cláusulas del contrato de 1767 firmado por Franz Joseph Haydn al entrar a trabajar como maestro de capilla en la Corte de los Esterházy en 1761, entre los que podemos destacar la obligación de componer sólo para el príncipe, preguntarle cada día si deseaba o no audición, cuidar de los instrumentos y las partituras, no salir de Palacio sin permiso, resolver conflictos entre los músicos a su cargo o vestir con librea, distintivo que los nobles hacían llevar a sus criados.
En segundo lugar, los alumnos llevan a cabo una valoración personal del texto, explicando qué y por qué les ha llamado la atención, relacionándolo con la situación del músico en la actualidad, o con las obligaciones contractuales de otros profesionales y tratando de trabajar la reflexión crítica.
A continuación se celebra un debate a partir de las distintas intervenciones para generar un intercambio de pareceres sobre las diferencias entre la condición social del músico durante el siglo XVIII y la que tiene en el día de hoy.
Sigue al debate un resumen de las diferentes consideraciones y la explicación final del profesor.
Como actividad voluntaria, se propone la búsqueda de información sobre distintos tipos de contratos recientes (discográfico o de actuación musical, por ejemplo) y una reflexión individual al respecto.
Conclusión: resulta que llevo tiempo practicando la tertulia dialógica. Pero yo lo llamaba de otra forma: dar clase”. (pp. 157 – 158)

No es tan importante la forma de llamar a las cosas. Por eso resulta sorprendente el empeño de algunos en incorporar neologismos, los nuevos collares con los que llamar a los mismos perros de toda la vida. Pero, quizá, no tenga tanto sentido rechazar los términos nuevos, como traducirlos al lenguaje convencional, para hacerlos entendibles.
Recuerdo a Bueno: la dialéctica requiere el reconocimiento y reelaboración de los argumentos contrarios, para formular una crítica.
Ese esfuerzo nunca es baldío.

“Más de una vez me he preguntado [...] si merece la pena invertir tiempo y esfuerzo en armar razonamientos para rebatir la vacuidad argumental del contrario”. (p. 196)

Quizá, siguiendo a Eco, sea importante tratar de reformular los planteamientos atendiendo a los argumentos, favorables o contrarios, que se hayan recogido. Incorporar ideas ajenas que permitan defender la(s) tesis propia(s).
La forma de presentar los argumentos es importante. En algunos momentos es esencial. “Verba volant, scripta manent”.
La liturgia del trabajo académico (de la escritura de un ensayo, si se quiere) es diferente a la exposición verbal.

“No basta con que el docente se limite a hablar de lo que sabe sin importar la manera en que lo haga, no se trata sólo de lo que exprese, sino de cómo lo exprese”. (p. 67)

La crítica es complicada. No reconoce posiciones definitivas. Wilde lo expresó con claridad.
Es complicada de aceptar, porque puede atentar contra las ideas y creencias personales; es sencillo llegar a entenderla en un plano personal, porque la línea que separa acciones e intenciones es estrecha y difusa.
Pero, siendo difícil de aceptar, es muy compleja de realizar. Para afirmar su consistencia debe huir de generalizaciones y prejuicios
Presentar puntualizaciones no implica que uno sea un apocalíptico, en la línea marcada por Eco; es una búsqueda de la verdad, de una pequeña parte al menos.

“Cualquier persona tolerante admite puntos de vista diferentes al propio [pero] debo replicar todas y cada una de [las respuestas] con el único propósito de que quien lea estas réplicas compruebe que hay otra forma de entender la enseñanza diametralmente opuesta”. (p. 103)

La estrecha relación entre maestro y discípulo se actualiza en ámbitos distintos de los talleres en que surgió, en la que un artesano enseñaba su oficio al aprendiz. Si el contexto es distinto y la persona que debe aprender necesita desarrollar habilidades (sociales), y no sólo adquirir conocimientos, el coaching (o el mentoring) puede resultar útil —por más que se prefiera el uso del término tutelaje, incorporado al lenguaje ordinario—.
La dramatización, con o sin asignación de papeles, es una forma excelente de poner en marcha habilidades sociales, de forma descontextualizada, medible y observable, que permite el entrenamiento mediante la repetición y que conduce a la interiorización de hábitos. El role playing no es una metodología chic; es una metodología eficaz.
Nada puede ser aprendido si no se experimenta. Ningún alumno de guitarra podrá aprender a tocarla si no la tiene en sus manos y, después de conocer, se pone a trastear con ella. El aprendizaje experiencial es indispensable. Insisto: nadie aprenderá las operaciones o relaciones que le resulte indispensable dominar, escuchando a otro disertar sobre ellas, o mirando a otro hacer lo que debería aprender a hacer por sí mismo.
La única forma de conocer los avances es recibiendo información ajena. La tutoría es una forma de feedback, como lo son las calificaciones o cualquier tipo de interacción entre docente y discente. Es ineludible.

[Hablando sobre el coaching] “...a partir de metodologías ‘chic’ como el ‘role playing’, el “aprendizaje experiencial” y el ‘feedback’”. (p. 81)

No pretendo mostrarme insensible; más bien, resulta al contrario.
Estoy sensibilizado con la educación.
Como ciudadano, como padre, como protagonista en la construcción social.

“Esto es lo que los visionarios de turno están intentando vender a las administraciones educativas: que aquellos que somos críticos es porque ni sentimos ni padecemos”. (p. 118)

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El libro, apasionado y divertido, peca de inconsistencia [RAE: Consistencia: “Trabazón, coherencia entre [...] los elementos de un conjunto”] en la tesis principal que defiende, al colocar el conocimiento en la base de la enseñanza, pero sin aclarar cómo actúa.
En el discurrir del libro, el conocimiento se transmite (p. 32), se construye (p. 38), se alcanza (p. 41) o se adquiere (p. 48).

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Al ocuparse de desarmar los argumentos de tantos sujetos que, en su mayoría, no son más que chisgarabís, Alberto emplea una estrategia que centra el foco en un lugar inapropiado.

Ilustración: Juan Ramón Carneros


Y lo digo con el mayor de los respetos, porque sé que Alberto podría detenerse en elaborar una metodología didáctica que, desde su experiencia docente, mostrara su utilidad para conseguir el noble propósito al que se dedica, el de formar personas.

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He reservado para el final tres verdaderos hallazgos:

“Entonces, ¿por qué no practicar mejor la música, la lectura, la escritura, el cálculo... que son, además, habilidades que adquirimos sólo mediante el aprendizaje y no son, por tanto, innatas?”. (p. 95)

“Todo docente expresa emociones mientras enseña (emociones que no encontraremos en las nuevas tecnologías)”. (p. 118)

“La pasión y la extravagancia son conceptos distintos”. (p. 110)

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Espero que esta reseña se interprete desde las intenciones con que fue escrita.
Gracias.

domingo, 2 de febrero de 2014

Un (triple) paso atrás

Cada persona construye su pensamiento de forma individual, estructurando de forma única ideas que adquiere por la experiencia, la lectura o la imitación de modelos y referentes.

Uno es lo que cree saber (y lo que cree recordar).

En ese proceso de desarrollo personal, se producen altibajos, normales en cualquier proceso de cambio. No son lineales, ni uniformes.
Pero sí son acumulativos.

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Hoy, domingo radiante, apetecía hacer planes.

Bobby Hebb: “Sunny”


Los británicos, que tienen sus cosas, organizan la semana de forma diferente. Sitúan el domingo en el inicio. Es una condición determinante. Si todo fue bien, que cada día sea como si fuera domingo, es una alegría que hasta el melancólico Morrissey es capaz de apreciar.

Morrissey: “Everyday is like sunday”


Organizamos un plan familiar, basado en tres “P”, modernizando el clásico gastronómico “paella, pollo, pasteles” (sabiendo que no lo resistiríamos), suponiendo, ingenuos, que sí podríamos superar una dieta de “paseo, prole, periódicos”.

No puedo objetar nada a los dos primeros, pero la lectura del periódico, me convenció de que siempre hay tres patas para un banco, que, como en un proceloso piélago polinesio, deben producir un efecto combinado: hoy se trata de un tufo que se percibe pronto, una pestilencia, un hedor putrefacto.

“Algo huele a podrido en Dinamarca”.

"Algo huele a podrido" Ilustración: Borja Montoro

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Un juego que recuerdo haber practicado: preguntabas a alguien qué significaba ese dicho y, como cuesta admitir que se desconoce la respuesta, todos se aventuraban a dar la primera contestación que les pasaba por la cabeza. Hoy, perdería parte de su gracia; todo el mundo cuenta con conexión instantánea. Hay quien en su móvil se ha puesto enlace directo a la wikipedia y al diccionario de la RAE, lo que zanja cualquier debate de forma fulminante.

Pero, en una caverna, sin WiFi, como postulado inicial, se obtendrían respuestas dispares:

Un programa de la MTV.
Un blog de política.
El último libro de relatos de Agustín Fernández Mallo.

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Hoy, es la sensación que me queda —un pegadizo y pestilente olor putrefacto—, tras leer el periódico que, por última vez, se publica con Pedro J. Ramírez al frente de la orquesta.

Sé que no me será suficientemente agradecido, pero he tenido el valor de leerme, al completo, la postrera Carta del Director, en la que, era sabido, explicaría a su modo la historia reciente de España, atravesada por su figura, más caballeresca que triste, en una crónica tan matizada y llena de postureo como se había vaticinado. Vi también, en su momento, el meeting con el que se despidió de su redacción.

Paso por encima de su tramposa forma de hacer cuentas, dando “las gracias de corazón a todos esos españoles que han abierto casi catorce mil millones de veces un periódico con mi firma” (sin plantearse, siquiera, que hubiera podido realizarse, al menos en una parte, “a pesar de ello”), sin detenerme en su idea falaz de que, siendo un cambio necesario, todo seguirá siendo lo mismo, de la mano de Casimiro García Abadillo, el nuevo director, quien “tiene muchas de mis virtudes y pocos de mis defectos” y, omito analizar en profundidad su metáfora de la orquesta y los músicos, toda vez que intuyo que su pretensión era la de figurar, él mismo, como un artista, vestido de frac, batuta en mano, como muestra la ilustración de Ricardo Martínez, en la que aparece, no podía ser de otro modo, simbólicamente decapitado.

Entre alguna cita ajena (tan variopintas como Juvenal, John Adams y Alaska y Dinarama), y muchas propias, me quedo con la siguiente:

“Lo he dicho siempre: el periodismo es una forma de vida que adquiere valor en sí misma. La forma de vida más digna y emocionante a la que cabe dedicar el tiempo de cada uno en esta tierra”.

Con un par.

Anuncia, de todas formas, en un tono que se percibe amenazante, sus proyectos futuros, entre los que estarán sus cartas dominicales, “bajo un nuevo epígrafe y en una ubicación distinta”.

La coincidencia con Luis María Anson, el cadáver de otro director de rotativos, hará que El Mundo adquiera, al menos durante un día a la semana, el destino final de cualquier diario: “envolver pescado podrido”.

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Aliviado, termino la lectura de la carta y miro la columna derecha de la página 3, donde se incluyen los editoriales. El tercero de ellos reclama mi atención.

El ‘psicólogo’ que cambió la historia

Miro preocupado, tratando de saber de qué compañero de titulación hablan.
El antetitular, en tipo más pequeño, lo aclara.

Fallece Luis Aragonés, referente del fútbol español de los últimos 40 años

Más adelante, se mencionan algunos de los episodios más destacados de su trayectoria como entrenador, de sus métodos de trabajo (los que justificarían la utilización del calificativo) y sus enfrentamientos con algunos jugadores: Romario, José Antonio Reyes, Eto’o.

Una filosofía vital (más que una psicología): “y ganar, y ganar, y ganar, y después ganar. Eso es el fútbol”. Una idea, preocupante siempre, de que el fin justifica los medios, refrendada en una cita que no he visto, pero que recuerdo, en la que afirmaba que “este partido hay que ganarlo, por lo civil, o por lo criminal”.

Un tipo singular, inolvidable, que justifica que hoy, 25 años después, entienda el verdadero significado de las palabras de ella, cuando decía tajante que “serás licenciado en Psicología, pero tú no serás psicólogo en la p**a vida”.

No es, desde luego, el tipo de psicología con el que yo quiera identificarme. Me parece una forma podrida de despedir a un futbolista, a un entrenador, a alguien que desempeñó, con pasión y éxitos, su labor profesional.

Pero no era psicólogo.

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Y, tras periodistas cesados y falsos psicólogos, queda una tercera “P” en la que apoyar mi tesis del estado de podredumbre en que nos encontramos, el que hace que algo huela mal aquí: el Plan de formación (una ramificación política).

No hablo de aquellos en los que participan empresarios y sindicatos. Pienso en los que se perfilan para los jóvenes, mucho más determinantes para nuestro futuro (y el suyo). Esa ley de Educación que se aprobará que, según resumía alguien hace unos días, se trata, básicamente, de “los mismos perros, con distintos collares (pero libros nuevos)”.

Cambios cosméticos (nominales) que, ni buscan un cambio profundo, ni cuentan con consenso inicial. Se cumple el precepto: “Nuevo Gobierno, nueva Ley de Educación”.

Se marca como objetivo prioritario una orientación hacia el mercado laboral, usando como elemento primordial la “empleabilidad”, en un discurso utilitarista, apoyado en la convicción de que la gente —las masas, según Ortega y Gasset—, sean considerados recursos, reemplazables sin escrúpulos, como explica Michela Marzano en su ensayo esencial “Programados para triunfar”.

Junto a mi amigo Johnny fantaseábamos con la posibilidad de que se incluyera una asignatura obligatoria para enseñar a los jóvenes a conocer la música rock. No dudo de la importancia de estudiar a Bach, Vivaldi o Mozart (recordando a Fernando Argenta, recientemente fallecido), pero, con toda seguridad, conocer a los Stones, Beatles o Sam Cooke, les producirá mayor impacto y favorecerá el desarrollo de mejores personas.

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Pero no interesa el desarrollo de personas completas, formadas, con criterio propio.
Que busquen saciar sus conocimientos en las fuentes (originales).
Que cumplan con el mandato reiterado de Gustavo Bueno en sus magistrales clases: “lean, hombre, lean”.

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Algo seguirá oliendo a podrido en Dinamarca, siempre, mientras todo siga siendo lo mismo.

Para salir de esta locura, deberemos dar un paso adelante.

Madness: One step beyond


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Dejo como tarea irresuelta la aclaración exacta del origen de la cita.

Actualización (19:30)

Claro que me acabo de enterar que hoy es el día de la marmota. Eso lo explica TODO.

(Gracias a RV)

martes, 1 de mayo de 2012

Resumen abril 2012

"Abril 2012" Foto: The_Old_Grey_Wolf

Buscando una imagen para ilustrar este resumen mensual, encontré un calendario ilustrado con la fotografía del LP que recogía los momentos de gloria de un artista, minúsculo de estatura, pero sobrado de simpatía y talento: Shorty Long, el más breve astro de la constelación Motown.

El título del disco, y de su éxito más destacado, es “Here comes the judge”, inspirado por un gag recurrente en el programa de TV “Rowan & Martin’s Laugh-In” que, en 1968, recuperó a un notable pionero de la comedia televisiva americana, Pigmeat Markham que, ya en 1949, recogía carcajadas en “Love making bureau”. Así que cuando, como muchos otros artistas, apareció en “Laugh-In”, su recreación de un juez desequilibrado, tuvo un éxito tremendo y, si Shorty Long compitió con su versión en vinilo, Sammy Davis, jr pretendió hacer lo mismo con su aparición en TV. El sketch es ya un clásico, versionado hasta el hartazgo.

El disco tuvo también mucho éxito y sirvió para multitud de versiones, desiguales en su inspiración, pero abrasivas en su entusiasmo.


En USA pudieron disfrutar de un juez divertidísimo: el original Markham, o el cortito Long, cuando nuestra única posibilidad de valorar jueces —de ficción— que actuaran en TV, se circunscribió a “Tribunal popular”, un programa que llevaba como testigo a Gustavo Bueno, para someterse a las preguntas de Javier Nart y Ricardo Fernández Deu, y el actual “De buena ley”, elevando la nota media en calidad de su cadena, Tele 5.

¡Qué suerte poder contar con esos elementos de juicio —los que tenían los americanos, que también contaban con los Hermanos Marx— y saber, a ciencia cierta, si el presentador del programa se estaba poniendo en ridículo! La reina de corazones lo tendría claro: ¡que le corten la cabeza!


Este es el resumen de los hechos presentados en abril:

Resumen marzo 2012 (1/04/12) [Resumen mes]

Destacados 1/04/2012 (1/04/12) [Destacados]

El (des)encuentro (1/04/12) [Conciliación, Confianza, Desarrollo personal, Oviedo, Semana Santa]

Es mi tía (2/04/12) [Economía]

Un poquito más (5/04/12) [Conciliación, Costumbrismo social, Vida en pareja]

Alitécico (7/04/12) [Conciencia social, Creatividad]

Destacados 8/04/2012 (8/04/12) [Destacados]

Dilo bien alto: “Soy negro y estoy orgulloso” (10/04/12) [Música, Soul, Viajes]

Culturamas ocio: El protagonismo (12/04/12) [Colaboraciones, Costumbrismo social, Desarrollo personal, Escribir, Habilidades sociales]

Destacados 15/04/2012 (15/04/12) [Destacados]

El Rey se rompe la cadera en Botsuana (16/04/12) [Conciencia social, Creatividad]

¿Qué pasó en Botsuana? (17/04/12) [Costumbrismo social, Viajes]

Medidas contundentes (17/04/12) [Deporte, Política]

Mundo cafre (17/04/12) [Conciencia social, Películas, Viajes]

El regreso (17/04/12) [Ficción]

Culturamas ocio: Vale (18/04/12) [Colaboraciones, Costumbrismo social, Formación]

Repoker (19/04/12) [Antisistema, Cartas, Ficción, Juegos]

Érase una vez en Botsuana – El duelo final (20/04/12) [Conciencia social, Desarrollo personal, Escribir, Ficción]

Hospedería (21/04/12) [Creatividad, Deporte, Fútbol]

Destacados 22/04/2012 (22/04/12) [Destacados]

Una de toros (22/04/12) [Creatividad, Toros]

Repercusión de la situación económica en el día a día (24/04/12) [Economía, Radio, Vida en pareja]

Recapitulando sobre el día del libro (25/04/12) [Atención al cliente, Escribir, Leer, Libros]

Yo compro en comercio local [Culturamas ocio] (25/04/12) [Atención al cliente, Colaboraciones, Comercio, Conciencia social, Confianza, Costumbrismo social, Oviedo]

El tiempo que le dedicas al alcohol (27/04/12) [Conciencia social, Costumbrismo social, Deporte, Formación, Habilidades sociales, Padres, TV]

Destacados 29/04/2012 (29/04/12) [Destacados]

Una educación saludable (30/04/12) [Conciencia social, Costumbrismo social, Educación, Formación]

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...