En
la ceremonia de los Oscars, celebrada el pasado 9 de febrero, se otorgó
reconocimiento a los mejores de una industria llena de atractivos y relumbrón,
con una elevada carga centrífuga que permite disponer de los mejores en todos
los ámbitos profesionales. Hay un montón de dinero y prestigio en juego, así
que una oferta para aparecer en una película es una gran oportunidad.
Y
los mejores fotógrafos, decoradores, modistos, escenógrafos, ..., trabajan al
servicio de Hollywood.
¿Los
mejores?
Me
permito dudar.
He
repasado la lista de candidatos a la “Mejor
canción original” y sigo con los pelos de punta (1).
Es
evidente que no constituyen, NI DE LEJOS, lo mejor del panorama musical actual.
Y
cabe preguntarse la razón (si es que existe) por la que el cine no aprovecha el
potencial de la música como elemento narrativo.
Intentar hacer una crítica de una película de Terrence Malick resulta un esfuerzo ímprobo.
Su último estreno, “Vida oculta”, cuenta la historia de Franz Jägerstätter, un granjero austriaco que se negó a jurar lealtad a Hitler y que fue declarado beato y mártir en 2007 por el papa Benedicto XVI.
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Una película espléndida, apabullante, sobrecogedora, que hace que te plantees muchas cosas y dudes de las respuestas que encuentras.
El título procede de una cita, sacada de la novela “Middlemarch: Un estudio de la vida en provincias” (1874), de George Eliot (nacida Mary Anne Evans, que tuvo que utilizar seudónimo para poder publicar).
"Que el bien siga creciendo en el mundo depende en parte de actos no históricos; y que las cosas no vayan tan mal entre nosotros como podría haber sido se debe en parte a aquellos que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita".
Las canciones sirven para acentuar determinados momentos.
“Jojo Rabbit” (2019) —dirigida por Taika Waititi, con él mismo (como Hitler, amigo imaginario de un niño de
diez años), Scarlett Johansson y Sam Rockwell— emplea las canciones: Love,
Llevo tiempo intentando encontrar algo que decir sobre el pin parental (o veto parental, dependiendo de a quién le preguntes) que no fuera una
repetición de lugares comunes.
Y buscaba también una canción que ilustrara mi idea.
Por fin la he encontrado.
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En 1960 Marilyn protagonizó una película dirigida por George Cukor. Le acompañaban en el
reparto Yves Montand y Tony Randall. Era la época en que
estaba casada con Arthur Miller, que
participó en la escritura del guión. Se tituló “Let’s Make Love”, pero era un título demasiado explícito y, en
España, se tradujo como “El millonario”.
En la película Marilyn escenifica un número musical en el que representa a una joven
llamada Lolita, seductora y promiscua, que se debate preguntándose sobre el
significado de la pertenencia.
Dada la complejidad del debate, he buscado un vídeo subtitulado
para que todo quede más claro. Eso ha provocado unas imágenes menos nítidas,
pero, todos sabemos ya esto, en los asuntos de enjundia las palabras deben primar
sobre las imágenes.
Debo decir que la película registró el último número musical de
Norma Jeane Mortenson, quizá abatida ante tanta duda.
El
pasado viernes, 4 de octubre, se estrenó en España el mejor documental musical
que vaya a poder ver en muchos años.
Llega
con casi 50 años de retraso.
Es Aretha
en estado puro, en el momento más brillante de su carrera.
Un
documental sobre el
rodaje de los dos conciertos que ofreció el 13 y 14 de enero de 1972 y constituyen
la base de su celebrado Amazing Grace (su disco más vendido).
“Los bailarines bailan,
pero los artistas se arriesgan”.
Maestra
Chery
Iciar Bollaín
dirige “Yuli”, la película basada en
la autobiografía “No Way Home” (“Sin mirar atrás”), de Carlos Acosta, bailarín cubano negro
que llegó, desde los barrios más pobres de La Habana, a formar parte de algunas
de las Compañías más prestigiosas del mundo, ser el primer Romeo negro y, tras una
vida de desarraigo y soledad, regresar a su Cuba natal para formar compañía
propia.
La
película sigue la vida de un niño que no quiere bailar, Carlos
que
se convierte en una figura internacional
No
es posible realizar ese recorrido sin realizar un sacrificio.
Su
padre, en la película un excepcional Santiago
Alfonso, es una figura capital en la vida de Yuli. Él le empuja a alcanzar
su destino.
“Yo te puse el nombre
de un indio bravo el día que naciste: tú eres Yuli.
La
película dirigida por Víctor García León,
estrenada el pasado viernes tras ser premiada en el Festival de Cine de Málaga,
plantea un tono de comedia sobre la crisis —económica y “de valores”, se suele apostillar— española.
Resulta
sencillo acercarse desde el lado trágico: la situación lo es en sí misma; sería
redundante.
Se
agradece el esfuerzo de mostrar una comedia. Como en todas, hay una búsqueda de
reírse de algo, entendiendo que la risa pueda resultar catárquica.
Y
se reconoce el intento de esquivar tres tentaciones en las que la comedia puede
caer: reírse de alguien (cayendo en una burla), apoyarse en prejuicios
(alimentando un clima, molesto en exceso, que favorece el enfrentamiento y la
transformaría en parodia), buscar soluciones simplonas (que conducirían a una
farsa).
La canción se incluye en la película “Into the Wild”, dirigida en 2007 por Sean Penn, protagonizada por Emile
Hirsch, para la que Eddie Vedder
compuso su banda sonora.
La
película está basada en el libro homónimo de Jon Krakauer, que narra la vida de Chris McCandless, un joven que decide alejarse de la sociedad e
iniciar una búsqueda de sus límites personales, tratando de encontrarlos en la
naturaleza salvaje. Su aventura le lleva a Alaska.
Denuncia
cómo nos aferramos: a nuestras posesiones, a nuestros miedos, a nuestro pasado,
a nuestras relaciones personales, a nuestras ideas.
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En
su viaje, alimentado por los libros que lee (Tolstoi, Jack London, Henry D. Thoreau, Boris Pasternak), por las experiencias que vive y por las personas
que conoce, alcanza el convencimiento de que la felicidad está más cerca de lo
que parece:
“He
vivido muchas cosas y creo que ahora sé lo que se necesita para ser feliz.
Una
vida tranquila y alejada en el campo, con la posibilidad de ser útil
para otras
personas con las que resulte fácil hacer el bien
y que no estén acostumbradas a
que las ayuden.
Quizás algún trabajo que tenga algún provecho.
Y luego,
descansar, la naturaleza, libros, música, el amor al prójimo...
Ésa
es mi idea de felicidad.
Y
para culminar todo lo anterior, que usted fuera mía.
Y que tuviéramos hijos,
tal vez.
¿Qué
más puede desear el corazón de un hombre?”.
Leon Tolstoi
(En “Felicidad conyugal”)
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Que,
para alcanzarla, debemos renunciar: a nuestras posesiones, a nuestros miedos, a
nuestro pasado, a nuestras relaciones personales, a nuestras ideas.
Quizá
no a todo; seguro que a una buena parte.
Porque
aferrarse a lo que sea, en especial a una idea, es incompatible con el cambio.
Y
vivir es un viaje. Y viajar es cambiar.
Y,
como descubre finalmente Alex Supertramp,
“la felicidad sólo es real cuando se
comparte”.
En 1999 la película “Notting
Hill”, dirigida por Roger Michell,
emparejaba a Hugh Grant (dueño de
una encantadora, y abocada al fracaso, tienda de guías de viaje) con Julia Roberts (en un remedo de sí
misma).
La banda sonora era fascinante, con Al Greenversionando
a Bee Gees.
Eternal Sunshine of the
Spotless Mind (Original Soundtrack) (2004)
La película, en España “¡Olvídate
de mí!”, trata del amor y del olvido y del paso del tiempo y de la extraña forma en que las relaciones se enredan y se complican y se alargan y se hacen
más fuertes.
O no.
Dirige: Michel Gondry.
Con: Jim Carrey, Kate Winslet, Elijah Wood, Mark Ruffalo,
Kirsten Dunst y Tom Wilkinson.