Me
acordé de la película dirigida por Alan
Parker, basada en la primera novela de la Trilogía de Barrytown de Roddy Doyle (que completarían “Café irlandés” y “La camioneta”). Las tres tuvieron adaptación al cine pero,
desconociendo los motivos, la primera no se ha traducido al castellano.
En
este caso, la trama gira en torno a Jimmy
Rabbitte (Robert Arkins) un
joven apasionado de la música soul
que decide montar un conjunto con sus vecinos en el nordeste de Dublín para
versionar los clásicos de los grandes del soul,
con Andrew Strong como voz solista (en
el grupo toca la guitarra un jovencísimo Glen
Hansard).
Si
no has visto (todavía) la película, no dejes de hacerlo.
También
recordé un grupo de los ‘80s, inglés, que, con un cantante pelirrojo y rizoso
muy parecido a Booz, Mick Hucknall, se
esforzaba con éxito en darle cuerpo a un tema incendiario.
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Si
no me conoces todavía
Nunca,
nunca, nunca me conocerás
Todo
por lo que hemos pasado
Debería
hacer que me entendieras
Como
yo te entiendo a ti
Ahora,
cariño, conozco la diferencia entre el bien y el mal
Por
supuesto no puedo olvidar que la versión original correspondía a uno de los grupos
más destacados del soul vocal,
apoyados en la extraordinaria garganta de su cantante solista, el fantástico Teddy Pendergrass.
Es
cierto que el quinteto no destacaba por sus coreografías, como otros, que, en
su caso, se limitaban a movimientos de sus articulaciones superiores. Eso sí,
su elección de vestuario para actuar en el mítico Soul Train es imbatible.
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Con
todo (y volviendo al principio), lo más notable del debut de Boaz es que todas
las canciones sean composiciones propias.
Nacida
Kristi Raias y proveniente de la capital de Estonia, esta rubia tiene un
poderoso sentido del ritmo que hace que gravite más cerca del funk que del soul.
El
debut de esta mujer, nacida en Sheffield pero afincada en Londres, llegó a nis oídos
a finales del año pasado, vía los resúmenes de Bernardo de Andrés, en este caso para Arcadia
Negra (la filial especializada en black
music).
Una
gozada disco, con un estilo muy depurado (caso notable por su evidente
juventud) y asentados sus cimientos en el soul
y el R&B.
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En
la descripción de YouTube, Kate afirma que “es
mi canción favorita del disco [...]. Es un intento de llegar a aquellos que
están luchando para hacerles saber que no están solos. Los dos últimos años han
sido una gran tensión para nuestra salud mental colectiva. Aquellos de nosotros
que nos sentíamos emocionalmente aislados desaparecimos en nuestros caparazones
cuando nos encerramos [...]. La música permite una conexión tácita. No
necesitas conocer al artista para saber que te conoce por dentro cuando unas
letras llegan a su destino [...]. ¿Por qué no te tomas un momento para entrar
en contacto con alguien, simplemente enviándole una canción para hacerle saber
que estás pensando en esa persona y que sea el primer paso para que os pongáis a
hablar?
Había
pensado dejarlo, porque es una idea recurrente.
Pero
estoy revisando las listas de lo mejor de algunos amigos (como sustento para
hacer la mía) y me doy cuenta de lo muchísimo que me gusta la música y
encontrar lugares que comparten cosas que me flipan y, siendo cada vez menos,
son cada vez más valorados.
Así
que no me voy.
(((aunque
no sepa cómo hacer para continuar)))
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Uno
de mis proveedores habituales (el principal) es Bernardo de Andrés.
En
Arcadia Negra (dedicada a la black music), ha preparado su lista, llena
de conejos.
Y
tirando del hilo del reciente El Alimento, llego al trabajo anterior de Erick Iglesias Rodríguez, el genio que
se hace llamar Cimapunk, un cubano
que mezcla afro, latin y funk para
conseguir un combinado rítmico imbatible.
Nacida
y criada en New Orleans, Acantha se mudó a New York, para tener más
oportunidades, lo que consiguió en Harlem, donde, durante tres años, participó
en grabaciones de artistas mayores, como Chaka
Khan, Prince, o Roy Ayers.
Y
se trasladó a Londres, donde se ha ido haciendo un nombre, en espera de poder
publicar su primer LP. De momento ha entregado un espléndido EP (5 canciones)
que dan muestra de su enorme potencial.
Una
canción escrita mientras vivía en New York, en un momento en el que su relación
se estaba desmoronando y pasaba por un momento difícil, pero la ayuda de Jimmy Bralower consiguió que tomara
forma en el estudio que él tenía en su sótano. En un principio sonaba más lenta
y melancólica, pero tras un periodo de reflexión reescribió la letra y la
canción evolucionó naturalmente a esta versión más funky. Según afirma Acantha, “el
tiempo es un gran maestro. Me enseñó que, a veces, romper con alguien puede ser
una bendición disfrazada, así que decidí darle al tema una pizca de energía
positiva”.
Y
vaya si mola.
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Descubierta
en Arcadia
Negra, el blog especializado en música negra, todo un must, hermano pequeño de Mi Tocadiscos Dual, del incombustible Bernardo de Andrés.
Un
tipo de 24 años, nacido Mason Brooks Kelly, imbuido del espíritu de la capital
de su Estado, Atlanta, decide que le interesa más la música antigua y el alma
de los negros que se dedicaban a ciertos menesteres, cantar y tocar, y, sin centrarse
demasiado en si sus intenciones eran elevadas (soul) o terrenales (blues), se
sumerge en una recuperación rutilante de aquellas pasiones, de aquellas
músicas, de aquellas épocas y entrega un disco fabuloso (es ya el segundo) lo
que constituye un hecho notable del que soy conocedor porque mi amigo Bernardo De Andrés alimenta un blog, Arcadia
Negra, donde estos milagros son algo así como cotidianos.
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Hace
mucho tiempo estuve enamorado de una chica
Creo
que llevé ese amor un poco demasiado lejos
Puedes
ver las quemaduras de cigarrillos en la pared
Y
todas las botellas vacías en el pasillo
Si
las cosas se ponen difíciles, sabes a quien llamar, ¿verdad cariño?
Y
puedo ver la forma en que se ve en tus ojos
Un
alma tan perdida con tus tontas mentiras
Estoy
tan sorprendido de que tengas que preguntar...
A
veces tienes que dejar a tu amante
Si
quieres aprender a amar otra vez
Pequeñas
moscas negras vuelan por toda la cocina
Alas
rotas y malas decisiones
Bueno,
aquí estoy otra noche más
Son
las dos de la mañana y todavía puedo oírlos pelear
Subo
las escaleras iluminadas por la vieja luz del porche
La mezcla multicultural de este trío afincado en Berlín (Dvora es
inglesa, con raíces jamaicanas e hindúes, es vocalista y presencia; Adam, polaco
de nacimiento, está en las baquetas; Nick, una mezcla de ancestros franceses y
estadounidenses, se ocupa de la guitarra) aglutina todas las influencias de la
música negra, con fuertes bases de blues, soul y americana.
Acaban de publicar su disco de debut, reseñado en Arcadia
Negra.
La canción fue compuesta por R.L. Burnside, uno de esos músicos
que tocaban blues en el delta del Mississippi y que, por su abundancia, apenas
eran valorados pese a llevar años en escenarios y carretera. Se incluyó en uno
de los discos que empezaron a publicarle a inicios de los ‘90s, pero él ya cantaba la canción desde
hacía por lo menos veinte años.
La canción sería incluida en el fantástico disco de debut de NMAS.
Por aquel entonces el grupo actuaba como trío, con Chris Chew
acompañando a los hermanos Dickinson. Todavía no estaba con ellos Duwayne Burnside, el hijo de R.L., que formaría
parte del elenco durante un par de años.
Oyes la etiqueta retro-soul
y se te ponen las orejas de punta porque crees que vas a escuchar algo que
suena a rancio (en el peor de los casos) o a una burda imitación de los
pioneros que te deja nostálgico (en el mejor de los casos) y un pelín resentido
por aquello de la engañifa.
Pero de vez en cuando, si te rodeas de personas con bagaje y libre
de prejuicios, encuentras verdaderas maravillas.
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Lo diré pronto: si lo tuyo es la música negra, no dejes de acudir
a Arcadia Negra.