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lunes, 31 de enero de 2022

One

Lo ha hecho.

Rafa Nadal ha ganado el Open de Australia.

Con 21 títulos de Grand Slam consigue ser el Número Uno de la historia.

 

El otro aspirante, Novak Djokovic, se quedó prematuramente fuera de la lucha en un culebrón que sería cansino recordar ahora.

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No hubiera sido la primera vez que habrían tenido que enfrentarse.

En la final del US Open de 2013 promocionaron el encuentro de una forma ingeniosa.

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Nilsson — “One”

Aerial Ballet (1968)

Brooklyn, New York (USA)

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Es posible que hayas reconocido la canción.

Compuesta por Harry Nilsson, cantante y compositor de origen sueco, conocido simplemente por su apellido.

Se incluyó en su tercer disco de estudio.

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Una reflexión sobre lo que sucede cuando consigues ser el número uno.

A Batman no se le ocurrió pensar en las consecuencias.

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Three Dog Night — “One”

Three Dog Night (1968)

Los Angeles, California (USA)

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La canción fue versionada por Three Dog Night en su disco de debut, un combo que estaba tan concienciado sobre los problemas asociados a la soledad que contaban con tres cantantes solistas (Danny Hutton, Cory Wells, Chuck Negron) que se iban alternando en las canciones. En esta ocasión es Negron el responsable, identificable siempre por su mostacho.

La canción llegaría al #5.

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Aimee Mann — “One”

Magnolia: Music From The Motion Picture (1999)

Richmond, Virginia (USA)

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En 1995 un grupo de artistas se unieron para homenajear a Nilsson, un año después de su muerte por insuficiencia cardiaca debido a sus problemas coronarios congénitos, el 15 de enero de 1994.

El disco, For the Love of Harry: Everybody Sings Nilsson, incluye a Randy Newman, Stevie Nicks, LaVern Baker, Brian Wilson o Aimee Mann, que hace suya “One”.

Esa misma versión (y otras nuevas creadas exprofeso) se utilizó en la película “Magnolia”, dirigida por Paul Thomas Anderson en 1999, que incluye en su reparto coral a Tom Cruise, Philip Seymour Hoffman, William H. Macy, Julianne Moore y Jason Robards.

Una película inolvidable.

Uno es el número más solitario que existe

jueves, 12 de febrero de 2015

Nunca sabes cuándo (o dónde) vas a encontrar un amigo

Lunes, 20 de octubre de 2008

Debo coger un avión que me lleve de Oviedo a Badajoz, tras un cambio de aparato en la T-4 madrileña, mucho antes de que supiéramos que se iba a llamar Adolfo Suárez.

Ahora no recuerdo los detalles, pero volar de forma reiterada (como cualquier otra actividad que realices con asiduidad), te permite desarrollar ciertos conocimientos prácticos. Yo sabía entonces, aunque ahora lo haya olvidado, el lugar exacto desde dónde partiría ese avioncito que, por sus características, obliga a embarcar andando y que hace que siempre fuese en la misma zona del aeropuerto.

Habiendo llegado con tiempo a Badajoz, pude dar una vuelta por la ciudad y callejear tranquilo. Al día siguiente tenía que impartir un curso: localicé el centro donde se iba a realizar, visité la catedral y el casco antiguo y aproveché para comprar una chaqueta marrón que me acompañó durante años y que hoy, cochambrosa, guardo con cariño.

Martes, 21 de octubre de 2008

El curso en Badajoz se realizó en una academia vecina a la sede social del cliente. Puerta con puerta. En una de las dinámicas que teníamos que realizar, se debía ambientar el aula como si fuera una zapatería. El grupo que debía actuar como protagonista se envalentonó y, armándose de los rotuladores que yo llevaba para las explicaciones en flipchart, se pusieron a dibujar zapatos, anuncios de rebajas, slogans y dejaron que su creatividad fluyese para llenar la pizarra vileda.

Una vez terminado el ejercicio, intenté borrar los dibujos. Consternado, descubrí que habían empleado mis rotuladores (indelebles) en la pizarra. Una escapada fugaz de una persona apañada nos hizo comprobar que, contando con suficiente alcohol (de 96º) y papel higiénico, los rastros de los rotuladores dejan de ser indelebles. Aunque haya que frotar.

Miércoles, 22 de octubre de 2008

Junto a Rodri, recogemos en la estación de tren de Badajoz un coche de alquiler para hacer los más de trescientos kilómetros que nos separan de Jerez de la Frontera, donde tenemos el siguiente curso. Juraría que comimos en Sevilla. Debíamos devolver el vehículo en la estación de tren, pero ya no había nadie de la compañía de alquiler, así que tuvimos que desplazarnos hasta un polígono industrial, realizar los trámites con una mujer que no se enteraba de la misa la media, llamar un taxi e irnos al hotel donde íbamos a pernoctar, contiguo al estadio del equipo de fútbol. Hablamos con el conductor para que nos recogiera el viernes y agilizar el regreso.

Jueves, 23 de octubre de 2008

Había oído hablar del carácter de los jerezanos y su compromiso y tradición sindical. También era conocedor del habla que todos los gaditanos gastan, en el que los de Jerez son consumados maestros. Pero no estaba preparado para uno de los cursos más conflictivos que pude tener en mi trayectoria como formador. Hasta tres veces tuve que parar el curso, invitar a que saliéramos todos a fumar (y relajarnos), porque resultó complicado avanzar en el desarrollo del programa.

En todo caso, esos momentos complejos son, cuando se resuelven, los que hacen mella y te permiten avanzar en tu desarrollo profesional.

Viernes, 24 de octubre de 2008

Rodri se iba en tren (evitando los aviones) y había quedado con el taxista para que pasara a recogerle a las 5:00 de la mañana. Yo tenía un poco más de margen, porque iba en avión a Madrid y hacía enlace con el vuelo que me llevaba a Asturias de vuelta.

Recuerdo que compartí asiento con alguien a quien creía haber identificado, por sus uñas, como compañero de trabajo en una empresa en la que yo había estado unos años antes. Pero, dormido y cansado, no quise resolver las dudas.

Al llegar a la T-4 veo una llamada perdida de un familiar. Cuando le devuelvo la llamada, me enreda, contándome una historia complicadísima, enrevesada, con una solución disparatada y que, contada por teléfono a esas horas, me pone frenético. Entonces fumaba, así que me encamino a la búsqueda de aquellos recintos claustrofóbicos en que se nos encerraba a los fumadores; unas cabinas que, nos parecía entonces, eran un signo de magnanimidad y rebeldía de Esperanza Aguirre contra Zapatero, que algunos aprovechábamos también como laboratorio de observación costumbrista. Así que, más quemado que la moto de un hípster, con el cigarrillo sin encender colgando ladeado en mi boca, el ceño fruncido bajo mi recién estrenado Stetson, entro furibundo en la pecera y oigo:

— ¡Coño, Indy, deja de refunfuñar!

Es Elías. Iba camino de Oviedo. Estaba invitado a la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, en la edición en la que entregaron el premio de “Investigación Científica y Técnica” a Sumio Iijima, Shuki Nakamura, Robert Langer, George M. Whitesides y Tobin Marks; el de “Letras”, a Margaret Atwood; el de “Ciencias Sociales”, a Tzvetan Todorov; el de “Comunicación y Humanidades”, a …

— ¡Joder, lo que te enrollas Alberto…!
— Vale, de acuerdo.
— Dilo ya, hombre.
— Sí. El año de Nadal.
— Dilo claro.
— Elías estaba invitado el año que le dieron el premio a Nadal.
— Gracias.
— De nada.

Íbamos en aviones distintos. Yo intenté que me adelantaran el vuelo (que no conseguí), pero Elías, que tenía coche reservado, se ofreció a esperarme (lo que acepté y le agradecí).

En mi vuelo iba Matías Prats, tan peripuesto que daba dentera verle. Y también iba un periodista de Radio Nacional, del que omitiré su nombre, porque excitado por la semana que llevaba, me empeñé en conseguir que, en lugar de hablar (como hace por oficio), ese día tuviera que escuchar. Fue una conversación amena y agradable. Una faena para él, que llevaba un montón de documentación sobre los premiados, que había dejado para repasar en el vuelo, y que nuestra charla impidió.

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Al llegar al aeropuerto de Ranón, Elías me estaba esperando y aprovechamos el viaje a Oviedo para despotricar y darle vueltas a las cosas que nos preocupaban a ambos y, así, afianzar más nuestra amistad.

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Luego estuvimos en Ribadeo, dándonos un gustazo en una comida cuya cuenta hubo que pagar a escote porque quien nos había invitado se ausentó de acudir.

Y fuimos unas cuantas veces a su Pola de Lena, a comer callos en una pizzería, la combinación más extraña y apetecible que pueda recordar, con nuestros hijos jugando en la plaza contigua.

Coincidimos en unas cuantas cenas de Navidad.

Se organizó un curso en el que, mano a mano, intercambiamos los papeles de profesor y alumno, mientras yo veía cómo hacía para encontrar solución a cosas que aparentaban no tenerla, mientras él simulaba que prestaba atención a los asuntos sobre los que yo sólo me enrollaba y daba vueltas.

Coincidimos en un plató de Telecinco y, buscando a Belén Esteban, nos encontramos a Sara Carbonero. Aprovechamos una pausa y decidimos casarnos.

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Recuerdos fragmentados. Momentos que me vienen a la memoria de Elías, forjados en muchos encuentros, del que sobresale aquel socarrón Indy, que me espetó en una pecera llena de humo (y desconocidos).

Un amigo del que quiero acordarme.

Una sonrisa dispuesta, un intento de alcanzar un acuerdo, una firme vocación de servicio.

Una excelente persona.

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Elías Prellezo, mi amigo.


miércoles, 10 de julio de 2013

Marca España

Mostrándome incrédulo, tiendo a pensar que el empeño en reforzar esta letanía recurrente, con insistencia machacona, obedece a una estrategia escapista ante un barco que se hunde.

Aunque opto por mantener un ligero escepticismo y prefiero descubrir las claves que puedan definir los objetivos perseguidos.

Resulta evidente que estamos ante una campaña publicitaria, un lavado de cara, un re–styling (como lo llamarían en marketing).

Considerarlo así no presupone un desprecio por mi parte; en absoluto. Reconozco la importancia (necesidad) de promocionar los productos o servicios propios. Pero es trascendente establecer los (nuevos) criterios en los que la promoción se haya de apoyar.

De lo contrario, se convierte en mera palabrería.

Como no hay mejor forma de saciar la sed (de conocimientos) que acudir a las fuentes (originales), he buscado en la red y he encontrado el portal que han creado en el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, a los efectos de aclarar qué significa, en concreto, Marca España.

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"No tengas dudas de que estás ante un entramado"

“Marca España es una política de Estado -más aún, de país-, en la que participan todas las Administraciones, las entidades públicas y  privadas, las empresas, el sector privado y la sociedad civil en su conjunto”.

[Traducción: lo pagamos entre todos]

“En un mundo global, una buena imagen país es un activo que sirve para respaldar la posición internacional de un Estado política, económica, cultural, social, científica y tecnológicamente. Permite atraer más inversiones; facilitar la internacionalización de nuestras empresas y la venta de nuestros bienes y servicios; acceder a los mercados internacionales de financiación en condiciones más favorables; atraer un mayor número de turistas, y adoptar un papel más activo y una posición reforzada en los diferentes foros internacionales de toma de decisiones”.

[Traducción: bla]

“Marca España es un proyecto inclusivo e integrador, con vocación de permanencia en el largo plazo. El Objetivo Marca España 2020 es afianzar una imagen de España como potencia económica y política entre los primeros países del mundo; una visión de país tradicional y moderno al mismo tiempo; sólido y solidario; diverso; flexible y abierto al cambio. Se trata de poner de relieve las innumerables fortalezas de España en los ámbitos de la cultura, el patrimonio, la lengua, la ciencia, la tecnología, el turismo, la moda, la gastronomía, la solidaridad”.

[Traducción: bla–bla]

“Para ello, Marca España cuenta con la inestimable ayuda de la Corona, del conjunto de las Administraciones, de nuestras embajadas, consulados y oficinas sectoriales en el exterior, de las empresas, de los medios de comunicación, de nuestros conciudadanos en el exterior, de la sociedad civil y de todos aquellos, incluidos los extranjeros, que comparten los valores que inspiran nuestro proyecto”.

[Traducción: bla–bla–bla]


Me queda, de nuevo, la sensación de que viven en otro mundo.

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Como tener un portal temático, alojado en el del Ministerio, les parecía escaso autobombo, crearon una página ad–hoc, como escaparate de sus intenciones: marcaespana.es.

En un lugar determinado, explican qué es, exactamente, Marca España.

“El proyecto Marca España descansa sobre tres certezas: la imagen de un país está sujeta a cambio constante; es factible influir en ese cambio; y corresponde a los poderes públicos diseñar políticas que mejoren dicha imagen”.

“Marca España es una tarea académica, pues supone establecer un doble mapa, interior y exterior, que describa nuestras ventajas y nuestras carencias. Pero es también una tarea política, pues consiste en concebir y ejecutar una política de influencia exterior y en hacer propuestas en el ámbito interno con el objetivo de lograr mejoras institucionales en el segundo y de desarrollar acciones de influencia en el primero. Marca España tiene carácter inclusivo y trata de englobar a todos los actores, públicos y privados, institucionales o no, que proyectan la imagen de nuestro país, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Se basa, entre otras cosas, en una buena coordinación entre todos ellos”.

[Traducción: más bla–bla–bla]

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No tiene sentido: no he podido encontrar ni una característica específica que resuma en qué consiste lo español. Ni un slogan, ni una imagen que sirva de recordatorio de aquello que identifica a lo patrio.

"Soy Rafa Nadal. No estoy caído, ni voy de culo"

El mejor resumen de cómo se abordan los asuntos de verdadera relevancia, en este país nuestro, está en la rocambolesca noticia de que un particular registra la Marca España porque estaba vacante.

Claro que el Alto Comisionado, Carlos Espinosa de los Monteros, no se desanima fácilmente y, en su experta opinión, cree que hay que quitarle hierro a la mala imagen de la corrupción en el extranjero.

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Lo que implica España (y su marca) está condensado en una canción de T E J E R O, incluida en su segundo disco “Drimin is pósibol”.

Marca España (haz clic para escuchar la canción).

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Todo este esfuerzo baldío no alterará la impresión que arrastramos, obligados por el contexto:

“Qué país”

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ACTUALIZACIÓN (4/11/13):

T E J E R O han grabado, por fin, videoclip para su canción "Marca España".



Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...