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jueves, 23 de junio de 2016

Sadie Jemmett — Teach Your Children

Sadie Jemmett — “Teach Your Children”
Music Is Love (2012)

Tú, que estás en el camino.
Debes tener un código que rija tu vida.
Y convertirte en ti.
El pasado es sólo un adiós.

Enseña bien a tus hijos.
El infierno de sus padres lentamente se desvanecerá.
Aliméntalos de tus sueños.
Aquel que elijan, será por el que serás conocido.

*****

En el disco homenaje a Crosby, Stills, Nash & Young, se incluye esta deliciosa versión de Sadie Jemmett.



La canción apareció inicialmente en “Déjà vu”, el segundo disco de David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash; el primero con la incorporación de Neil Young.

Fue compuesta por Graham Nash, fotógrafo él mismo y coleccionista de fotografías.

Fue inspirada por una de Diane Arbus, “Child with Toy Hand Grenade in Central Park”.



Su futuro está en nuestras manos.

Niño con granada de mano de juguete en Central Park, NY (1962)


viernes, 5 de septiembre de 2014

En tu casa, ¿o en la mía?

Aquellos tiempos en los que Telefónica no se había convertido en Movistar.
En los que no se había liberado el mercado de comunicaciones.
Cuando el móvil era el aparato (inmenso) que convertía en odioso a Gordon Gekko, en “Wall Street” (como si saber que llevaba en su interior a Michael Douglas no fuera suficiente) y te engañabas pensando que tú serías incapaz de llegar a hacer esa ostentación tan grosera.

"Cachis. Me he dejado los garbanzos con el fuego encendido"

Hace muchísimo tiempo.

*****

Antes de la última de las glaciaciones, el teléfono (de casa) tenía un cable que te mantenía pegado a la pared (y al mundo), cuyo radio de acción podías prolongar si comprabas el mismo alargador que usaban en las series de TV americanas, que les permitían parlotear de forma incesante en esas cocinas, extensas como sets de grabación, y que, en un piso de soltero español, hacían que comprobaras la ineficacia de utilizar un hilo de Ariadna para terminar irremisiblemente atrapado.

En todo caso, la ventaja de mantenerte comunicado exclusivamente en la guarida, implicaba que, en caso de avería, el técnico debía desplazarse hasta tu casa, en lugar de tener que perder el tiempo en las infames tiendas actuales de los operadores, en los que te agolpas, sin sitio para descansar las posaderas, mirando alternativamente el papel que se arruga en tu mano y el display de carnicero donde informan del siguiente en el turno.

El inconveniente era que tenías que llamar, dar el aviso, esperar que el técnico devolviera la llamada y, entonces, concertar la cita.

— Hola, ¿qué tal? Creo que tienes un problema en tu teléfono.
— Sí. No sé qué pasa. Uno de los aparatos no funciona.
— Así que tienes más de un aparato.
— Sí.
— ¿Cuántos tienes?
— Dos. Salón y cocina.
— En el dormitorio, ¿no tienes ninguno?
— No.
— Vale. ¿Cuándo podría pasar por tu casa? ¿Qué horario te viene mejor?
— A la hora de comer.
— ¿A qué hora comes?
— A las tres, pero llego un poco antes, sobre las dos y media.
— ¿Te va bien, entonces, que pase por tu casa, el jueves, pasado mañana, hacia las tres?
— Sí. Una cosa, por favor.
— Dime.
— ¿Sería posible que me llamara de usted?
— ¿Cuándo? ¿El jueves, cuando vaya por tu casa?
— No. Ahora. El jueves nos conoceremos en persona y posiblemente no me resulte tan engorroso como me está resultando ahora.

*****

Crisis en las comunicaciones.
Crisis de valores.
Crisis en la educación y en la enseñanza.

No todas las crisis son económicas.

*****

Todas corresponden a un cambio de criterio y a la dificultad de adaptarse a las novedades introducidas.
Seguir el ritmo de la actualidad es difícil, pero, incorporar con acierto las nuevas modas a nuestro acervo de costumbres, resulta casi imposible.

Máxime, con esa fijación en mostrarse partidario de la oposición, como si todos fuéramos estudiantes de Derecho.

*****

Circula una idea, ampliamente extendida, que pretende delimitar los ámbitos de actuación de la educación y la enseñanza, resumida en un meme que colma espacios sociales.


Como si fueran cosas distintas.
Como si se pudiera sostener un sistema que trabaja con criterios enfrentados.
Como si no fuéramos capaces de saber qué hacer y dónde.
Como si, al igual que los políticos, no pudiéramos razonar y alcanzar acuerdos.

Como si el único interés estribara en decidir dónde está mi casa (y dónde la tuya) y nos tuviéramos que limitar a permanecer expectantes, encerrados en nuestra guarida, contemplando impávidos la nefasta influencia de la calle y los mass-media, esperando que las enseñanzas de la azafata del un-dos-tres, que ejerce de profe (ni se te ocurra imaginarla como maestra) no resulten perjudiciales y te permitan que, el fin de semana, mientras el mozo sea pequeño (y poco pesado) admita ir a hombros (sin que suponga que haya marcado un gol), organizando un plan familiar que incluye jersey naranja de tendencias psicóticas (para él), maxifalda y tartera (para ella) y simpática gorra ladeada (para el infante), en un anticipo de que, pese a no ser capaz de emplear el usted, en nada, sabrá qué hacer con Nicki Minaj y su “Anaconda”.
(RESULTA CONVENIENTE AVISAR QUE LAS IMÁGENES SON EXPLÍCITAS)

*****

Si la escuela enseña (entendida la enseñanza como “transmisión de conocimientos”), ¿qué sentido tiene mandar tanta tarea para casa, asumiendo que los deberes serán realizados con la supervisión de los padres?

Si el aprendizaje se produce por la emulación de modelos, y la educación viene a ser un aprendizaje de “buenos modales” (aquellas nociones de “urbanidad” que se abandonaron por obsoletas), ¿cómo podremos enseñar a nuestros hijos, en casa, a emplear el usted, si, por la frecuencia en el trato y la proximidad y el cariño, nos abrazamos, nos besamos y, en esencia, nos tuteamos?

Y, finalmente, si los objetivos no son contradictorios (lo que carecería de sentido) y la fórmula que repiten en el centro al que acuden mis hijos (“ésta es vuestra casa”) no es exclusiva, porque se asume que todo el proceso educativo debe ser inclusivo, ¿resulta tan complicado establecer unos criterios mínimos, consensuados, sobre aquello que resulta conveniente para hijos, padres, educadores y el conjunto de la sociedad?

VALE.

No me responda, gracias. Ya me he dado cuenta.

*****

Están a punto de volver al colegio. Beberán refrescos y comerán puñetitas.
Y montarán en un tiovivo, tranquilos y relajados.



No hay nada de qué preocuparse.

Seguramente, aprenderán a putear, al ritmo de los Deftones.

martes, 9 de julio de 2013

Una forma de entender el aprendizaje (y la enseñanza)

“Aparte de su evidente eficacia, aquel sistema estaba en consonancia con el segundo de los tres principios pedagógicos del maestro Burlingame, a saber, que la mejor manera de aprender una cosa es enseñarla. El primero era que de los tres motivos usuales por los que se aprenden las cosas (necesidad, ambición y curiosidad), la simple curiosidad era el más digno de estímulo, por ser el más “puro” (en cuanto a que el valor de lo que nos induce a aprender es, más que un instrumento, un fin en si mismo), el más propicio a un estudio continuado y exhaustivo, en lugar de superficial y limitado, y el que más probabilidades tiene de hacer del aprendizaje una tarea grata. El tercer principio, íntimamente relacionado con los otros, era que el juego de enseñar y aprender jamás debiera asociarse a ciertas horas ni a determinados lugares, para evitar que tanto el discípulo como el maestro (y en el sistema de Burlingame no había mucha diferencia entre uno y otro) cayeran en el hábito vulgar de perder el estado de alerta, cosa que sólo podía suceder a dichas horas y en dichos lugares, evitándose así la perniciosa conclusión de hacer distingos entre el aprendizaje y otros tipos de comportamiento natural”.

John Barth: “El plantador de tabaco”



Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...