Mostrando entradas con la etiqueta Henry D. Thoreau. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Henry D. Thoreau. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de septiembre de 2016

The Lighthouse and The Whaler — Pioneers

The Lighthouse and The Whaler
Pioneers
This Is an Adventure (2012)

El plan de estudios de los adolescentes americanos les invita a leer obras clásicas.
Crecen conociendo a Henry D. Thoreau, o a Herman Melville.
Leen el libro del primero, “Walden”, en el que narra su aventura personal, cuando decidió retirarse a los bosques de Walden, durante dos años, dos meses y dos días, tratando de encontrarse a sí mismo, superando las dificultades.
También leen al segundo, “Moby Dick”, con la búsqueda de una ballena blanca, por el obsesivo capitán Ahab, narrada por un marinero llamado Ishmael.

*****

Eso eran aventuras.

*****

Lo que hace el grupo de Cleveland, Ohio, El Faro y el Ballenero —deudores de sus lecturas— es también una aventura. Ponerse a tocar y grabar un disco es una verdadera aventura.



Pero no deberían engañarse: cruzar un bosque, subirse a un cerro o tirar piedras desde un acantilado no les convierte en pioneros, por mucho que su música suene bien.

Es un bagaje demasiado pequeño.
Y llegan muy tarde para serlo.

lunes, 8 de agosto de 2016

Eddie Vedder — Society

Eddie VedderSociety
Into the Wild (2007)

Creo que necesito encontrar un lugar mayor.
Cuando tienes más de lo que crees.
Necesitas más espacio.

*****

La canción se incluye en la película “Into the Wild”, dirigida en 2007 por Sean Penn, protagonizada por Emile Hirsch, para la que Eddie Vedder compuso su banda sonora.



La película está basada en el libro homónimo de Jon Krakauer, que narra la vida de Chris McCandless, un joven que decide alejarse de la sociedad e iniciar una búsqueda de sus límites personales, tratando de encontrarlos en la naturaleza salvaje. Su aventura le lleva a Alaska.

Denuncia cómo nos aferramos: a nuestras posesiones, a nuestros miedos, a nuestro pasado, a nuestras relaciones personales, a nuestras ideas.

*****

En su viaje, alimentado por los libros que lee (Tolstoi, Jack London, Henry D. Thoreau, Boris Pasternak), por las experiencias que vive y por las personas que conoce, alcanza el convencimiento de que la felicidad está más cerca de lo que parece:

“He vivido muchas cosas y creo que ahora sé lo que se necesita para ser feliz.
Una vida tranquila y alejada en el campo, con la posibilidad de ser útil
para otras personas con las que resulte fácil hacer el bien
y que no estén acostumbradas a que las ayuden.
Quizás algún trabajo que tenga algún provecho.
Y luego, descansar, la naturaleza, libros, música, el amor al prójimo...
Ésa es mi idea de felicidad.
Y para culminar todo lo anterior, que usted fuera mía.
Y que tuviéramos hijos, tal vez.
¿Qué más puede desear el corazón de un hombre?”.

Leon Tolstoi (En “Felicidad conyugal”)

*****

Que, para alcanzarla, debemos renunciar: a nuestras posesiones, a nuestros miedos, a nuestro pasado, a nuestras relaciones personales, a nuestras ideas.
Quizá no a todo; seguro que a una buena parte.

Porque aferrarse a lo que sea, en especial a una idea, es incompatible con el cambio.
Y vivir es un viaje. Y viajar es cambiar.

Y, como descubre finalmente Alex Supertramp, “la felicidad sólo es real cuando se comparte”.

*****

Una película que volveré a ver.
Quiero creer.

sábado, 7 de mayo de 2016

Poder canijo

TVE anuncia en su portal corporativo un nuevo programa que “emitirá en próximas fechas”, con esa imprecisión tan característica de la información actual.

Común Sin Sentido, atendiendo a su compromiso con la verdad, la paz y la libertad, desgranará algunos detalles que hagan más digerible el anuncio.

Empezamos con las FAQ. Las 10 más FAQ. El TOP 10 FAQ.

¿Tiene nombre? (1)
—“Poder canijo”. Nos lo hemos currado y hasta hemos hecho un logo innovador.



¿En qué consiste? (2)
—Una aventura apasionante, una experiencia única, una ventana al mundo, un puente con la historia, una fábrica de mentes inquietas, un laboratorio de experimentación, una cantera de científicos...
—Estás leyendo...
—Me han dado una tarjeta. Es el método televisivo standard.
—No me lo puedo creer.
—¿Te imaginas a Jordi Hurtado sin una tarjeta en las manos? Sería como imaginártelo desnudo...
—¡No!
—¿Cómo que no? Te digo yo que sí.
—Que sí, ..., que a lo que digo que no es a imaginarme a Jordi Hurtado, desnudo, sin tarjeta en las manos, sin saber qué hacer con ellas, cantando un rap, con su sonrisa, que parece que le han puesto dientes como le ponían accesorios al ornitorrinco, ...
—No es una imagen que nadie quiera tener. Bórrala.
—Ya no es posible. Puede que si nos detenemos en las metáforas que has leído, incluidas en la tarjeta que te ha facilitado el ente...
—No será fácil.
—Una aventura apasionante.
—Sí. Como salir a la calle. El reto diario.
—En el logo, está nublado.
—Siguiente.
—Una experiencia única.
—Sí. Imagínate montar en globo.
—Vuestro globo va para abajo.
—Siguiente.
—Una ventana al mundo.
—Abierta, para que pueda entrar el aire.
—Y poder tirar al canijo.
—¡No!
—O tirarte tú. Deprimido por el cielo encapotado. Angustiado en un globo que se viene abajo.
—Siguiente.
—Un puente con la historia.
“Toc, toc”.
“Quién es”.
“El sable del coronel”.
“Cierra la muralla”.
“Toc, toc”.
“Quién es”.
“La paloma y el laurel”.
Abre la muralla.
—Tiende el puente.
—Ya lo sé. Es un programa de cocina: “paloma estofada al aroma de laurel y tomillo”.
—Siguiente.
—Una fábrica de mentes inquietas.
—Alguien dijo que nos pasamos los dos primeros años enseñando a nuestros hijos a hablar y a andar y, los quince siguientes, mandándoles que se callen y se estén quietos.
—¿Quince? ¿Sólo quince?
—A los diecisiete ya están en la calle y están con el móvil.
—Siguiente.
—Eso debo decirlo yo.
—Se nos está yendo de las manos, como al Dr. Scholl, que su gama de productos se le empieza a ir de los pies...
—Le han quitado el título. En ocasiones es sólo Scholl.
—¿Tú también te has fijado?
—Siguiente.
—Un laboratorio de experimentación.
—Intentaremos crear algo nuevo.
—Como Frank, el hermano de Albert.
—No exactamente. Buscamos al docente más innovador de España.
—Podría ser peor. Podría llover.
—No seas cenizo. Sigo viendo las nubes.
—Siguiente.
—Una cantera de científicos.
—Los que diseñan o adaptan las metodologías más innovadoras que les permitan lograr el máximo de aprendizaje en sus alumnos.
—Ya. Recuerdo la combinación de niños y cantera, plasmada por Sebastião Salgado en los trabajos de Serra Pelada.
—Siguiente.


—¿Cómo se realizará el proceso de selección de candidatos? (3)
—Un casting.

—¿Se ha bosquejado un perfil del candidato idóneo? (4)
—No iremos al bosque: no queremos un nuevo Thoreau, ni un nuevo Walden. No les haremos mirar de perfil. No existe un ánimo discriminatorio. Todos valen.
—Métodos tradicionales, también, supongo.
—¿Por quién nos tomas? No somos unos retrógrados. Miramos hacia adelante. En la situación en que nos encontramos, resulta todavía más necesario.
—¿Qué situación?
—Estamos al borde del abismo.
—¿Sí?
—Sí. Y ahora es cuando debemos ser capaces de empujar a los niños para que den un gran paso adelante...
—...y caigan directamente al abismo.
—Siguiente.

¿Cómo se desarrollará la dinámica? (5)
—Sencillo. Un talent show. Exhibirán su talento.
—Ta lento, ¿como mi ordenador cuando se cuelga?
—A ti sí que te colgaba yo...
—¿Estás intimando? Porque me estás intimidando...
—Siguiente


¿Metodologías didácticas que destaquen por su innovación o por su calidad? (6)
—No tienen por qué ser excluyentes.
—¿Métodos que incentiven el esfuerzo?
—Excluidos.
—¿Métodos que fomenten el respeto?
—Excluidos.
—¿Métodos que primen la búsqueda de la excelencia?
—Excluidos.
—¿Métodos que recuperen las tradiciones seculares?
—Excluidos.
—¿Métodos que incentiven el desarrollo de un pensamiento personal crítico?
—Excluidos.
—¿Métodos que incentiven el desarrollo de un pensamiento personal?
—Excluidos.
—¿Métodos que incentiven el desarrollo de un pensamiento?
—Excluidos.
—¿Métodos que incentiven el desarrollo de un?
—Excluidos.
—¿Métodos que incentiven el desarrollo?
—Excluidos.
—¿Métodos que incentiven?
—Excluidos.
—¿Métodos?
—Excluidos. Seremos metódicos en eso.

¿Quién formará parte del jurado? (7)
—No está decidido todavía.
—¿Alguna idea?
—Gente solvente.
—¿Habéis pensado incluir alumnos, como parte del jurado?
—Puede ser una ocurrencia...
—¿Y blogueros ocurrentes?
—Tú no, melón. Pero si quieres te paso mi número, corazón.
—Pareces a Igartiburu, en una danza invisible.
—Siguiente.

¿Qué criterios se primarán en la valoración de los participantes? (8)
—Los que considere el Comité de sabios.
—¿Quién lo forma?
—DLO Producciones, RTVE y Fundación Telefónica. Quieren “reconocer el talento y el esfuerzo de los miles de docentes españoles que diariamente tratan de convertir la experiencia educativa de los alumnos en una aventura de aprendizaje apasionante”.

¿Quién patrocina esta ocurrencia? (9)
—Me remito a la respuesta anterior.
—¿Te remites?
—Me remito.
—Como muestra sin valor.
—Hace falta valor...
—...ven a la escuela de pasión.
—Siguiente.

¿Qué objetivos se han concretado para establecer el éxito o el fracaso de la iniciativa? (10)
Share. “To share or not to share”, por citar al lombardo.
—Fin de la cita.

*****

No se olviden. Poder Canijo.
Si lo digo yo, me acusan de usar lenguaje inapropiado.

jueves, 30 de abril de 2015

Vago redomado

Estoy lleno de prejuicios.

Pasan los años y —me percato de ello—, algunos se acentúan. Me gusta pensar que, con la edad (o quizá la madurez), he podido tamizarlos, buscando evitar que todos mis prejuicios sean negativos.

Algunos me predisponen positivamente hacia algo o, muy especialmente, hacia alguien. Se activan de forma inmediata cuando escucho:

— realizar una pregunta sin plantear un expositivo previo
— admitir la incapacidad para establecer un criterio, al aceptar que se desconocen todos los elementos que puedan fundamentar la valoración personal
— reconocer que uno mismo es un “vago redomado”.

*****

Intuyo lo que significa para quien se identifica así.
De los dos términos, el esencial se emplaza en segundo lugar.
El primero se emplea como un señuelo: algunos se quedan con la imagen de Tomás el gafe balanceándose en una mecedora.



Es un embuste, un artificio; la muleta que atrapa al morlaco.
Despista y desenmascara.

*****

Quien se etiqueta a sí mismo como redomado, es cauteloso y astuto.
Tiene en alta estima la cualidad negativa que se le atribuye.

*****

No es alguien apático, holgazán o perezoso. No se siente vacío o desocupado.
No es, en absoluto, un vago1.
Quizá sea vago2, y ande sin rumbo fijo, sin detenerse en ningún lugar.
Puede que sea impreciso, indeterminado, indefinido.
Con seguridad, le gustará matar moscas con el rabo.
Necesitará disponer de tiempo.
Sabrá cómo hacer para encontrarlo.

*****

Con toda certeza empezará más cosas de las que sea capaz de terminar.
Esa desazón le anima a confesarse, públicamente, como vago.

*****

Olvido, en mi deambular errático, que no estoy hablando de mí.
Me vienen a la cabeza las veces en las que he oído decir: “soy un vago redomado” y, como si fuera un resorte, mis orejas se ponen tiesas, me quedo parado como si fuera una teckle marcando una presa.
Me encuentro con alguien que creo que merece la pena dedicarle un poco de tiempo para ponerme a escuchar.

*****

"Este mundo es un lugar de ajetreo. ¡Qué incesante bullicio! [...] No hay domingos. Sería maravilloso ver a la humanidad descansando por una vez. No hay más que trabajo, trabajo, trabajo. No es fácil conseguir un simple cuaderno para escribir ideas. [...] Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar".
Henry D. Thoreau

Life without principle (1863) es uno de los escritos incluido en Desobediencia civil y otros escritos (Alianza, 2013).

*****

"En estos tiempos en que todo el mundo está obligado, so pena de ser condenado en ausencia por un delito de lesa respetabilidad, a emprender alguna profesión lucrativa y a esforzarse en ella con bríos cercanos al entusiasmo, la defensa de la opinión opuesta por parte de los que se contentan con tener lo suficiente, y prefieren mantenerse al margen y disfrutar, tiene algo de bravata y fanfarronería. Sin embargo, no debería ser así. La supuesta ociosidad, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer muchas cosas que no están reconocidas en las dogmáticas prescripciones de la clase dominante, tiene tanto derecho a exponer su posición como la propia laboriosidad".
Robert Louis Stevenson

An apology for idlers (1877) es el primer escrito incluido en En defensa de los ociosos (Taurus, 2014).

*****

“El trabajo es el esfuerzo que se dedica a crear, a partir de la materia pasiva (‘bruta’), una cosa nueva a la cual se le da una nueva finalidad gracias a la mano modeladora del artífice; la proeza, por su parte, y en la medida en que produce un resultado útil para el agente que la realiza, consiste en enderezar hacia los fines de éste energías que antes habían sido dirigidas hacia otros fines por otro agente.

[…] La gama general de actividades que responden al apelativo de proezas pertenece a los varones por ser éstos más corpulentos, de mayor envergadura, más capaces de realizar un esfuerzo repentino y violento, y más inclinados a la autoafirmación, a la emulación activa y la agresión”.
Thorstein Veblen

The theory of the leisure class (1899) se tradujo como Teoría de la clase ociosa (Alianza, 2014).

*****

"Nos inclinamos a desear cosas que no nos gustan y a disfrutar de cosas que no deseamos [...]. La gente se deja llevar por convenciones sociales -en este caso, la asentada idea de que estar 'de ocio' es más deseable, y conlleva un mayor estatus, que estar 'en el trabajo'- en lugar de por sus sentimientos verdaderos".
Nicholas Carr


*****

Es suficiente.
Ya he esgrimido bastante material como para espantar a todas las moscas atareadas, ocupadas, laboriosas; a todos los que les intimida que les consideren ineficaces o improductivos, carentes de excelencia; los que ocultan su falta de curiosidad (a la que consideran insana) en una sucesión inacabable de tareas que les permite “hacer por hacer”, “sentirse ocupados” o “matar el tiempo”.

He sido provocador y habrá quien considere que le he hecho perder el tiempo, atendiendo a un sinsentido.

Daba vueltas sin llegar a ningún sitio (mareando la perdiz, en un circuito, entre semana).

Estaba, definitivamente, perezoso (y un poco tonto).

*****

Es la forma más enrevesada que puedo concebir para aceptar un ofrecimiento que me ha sido hecho.
Nunca he usado paraguas.

domingo, 18 de mayo de 2014

Tres años de Común Sin Sentido

Mucho tiempo transcurrido.

Un proyecto que se inició a modo de prueba, que se convirtió en una forma de obsesión y que hoy, tres años después, con más de 400 artículos escritos, presenta un futuro incierto.

*****

"En stand-by"

Es momento de confesiones.

Tratar de buscar explicaciones, mirando hacia atrás, supone convertir motivos en razones.

Los motivos son los argumentos que conducen a la acción; los que mueven a comportarse de una determinada manera; los motores de nuestros actos. Muchas veces son irracionales y se dejan guiar por impulsos. Son errantes y caprichosos.

Las razones son los argumentos que utilizamos para explicar por qué hicimos las cosas. Son re–construcciones, racionalizadas y no espontáneas, no siempre fieles, que tratan de hilvanar en un hilo lineal lo que, en realidad, pudo haber sido una forma de actuar inconexa y errática (e incluso errónea).

Juzgarse con excesiva benevolencia facilita la aparición de la necedad, un empeño falto de provecho para el que Baltasar Gracián nos prevenía en El arte de la prudencia:

“…todos los necios son audaces. Su misma estupidez, que les impide primero advertir los inconvenientes, después les quita el sentimiento de fracaso”.

*****

Así que, de forma imprudente, expongo las que hoy juzgo mis razones:

Un cáncer (en el que perdí un pulmón), un ictus como reacción a la quimioterapia (que mermó mis capacidades cognitivas, fulminando mi memoria a corto plazo y afectando áreas asociadas al lenguaje, lo que me impide hablar de seguido, sin trabucarme) me abocaban a tener próxima (y tentadora) la posibilidad de derrumbarme.

No soy dado a andar quejándome. Entiendo que todos andamos sobrados de preocupaciones. Las personas que te hacen partícipes de las suyas, sin quererlo, te trasladan una carga que puedes rechazar o que puede sumirte en una congoja que procede de tu incapacidad para hacer nada e intervenir de forma útil.

Uno debe poner mucho de su parte para afrontar la carga que le haya correspondido. Acabo de terminar el libro de Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido. Una muestra de determinación y de un comportamiento verdaderamente ejemplar. Un estímulo. Una forma de entender que hay una manera apropiada de afrontar lo que corresponda.

En aquel momento, escribir un blog suponía cambiar el foco de atención, desplazarlo desde mi enfermedad y llevarlo hacia otros intereses, haciendo que, estando ocupado, dejara de preocuparme.

*****

Tuve la inmensa fortuna de contar con la mujer más entusiasta que haya conocido. Siempre estuvo a mi lado y, sin ella, no hubiera sido capaz de superar las dificultades que me he ido encontrando.

Mis hijos fueron la esperanza que tiraba de mí y que hacía que tuviera ganas de vivir, por descontado. Me obligaban a plantearme el futuro, de forma gozosa, buscando encontrar la forma de disfrutar junto a ellos y de seguir pudiendo mostrarme como un ejemplo que quisieran emular (y que les resultara de provecho para su vida futura).

Así que, acompañado por ella, inspirado por mis hijos, apoyado por mi familia y los profesionales médicos que cuidaron de mí, tuve la fortuna de encontrar un montón de gente buena, cariñosa, amable, agradecida, desprendida. Todos los que con sus gestos generosos, grandes o pequeños, hicieron que todo resultara más sencillo.

Cuando el blog cumplió un año, quise mostrar mi gratitud para todos. Hoy ese agradecimiento se ve renovado (y debería ampliarse a más personas que han pasado a formar parte de mi vida desde entonces).

*****

No sabría definir el blog. Sé que quise tratar de plasmar mis propias ideas, evitar ser predecible y establecer conexiones de formas no convencionales.

No sé si ha funcionado. Aunque creo que su nombre encierra las claves de mis pretensiones:

Común

Quise tratar aspectos cotidianos, cosas que contemplaba a mi alrededor, comportamientos propios y ajenos que suscitaran interés. En algunos casos, por lo novedoso; en otros, por lo sorpresivo; en la mayoría, tratando de encontrar explicación a la forma de actuar en asuntos ordinarios. Plantear preguntas, más que intentar establecer respuestas.

Sin

…ataduras para mí, ni obligaciones para quien se acercara a leer. Traté de forzar límites, de buscar nuevos formatos, de no mantenerme en un territorio que, por conocido, me resultara cómodo.

Sentido

Parecerá pretencioso: intentaba devolver (de una extraña manera, admito) la generosidad y el apoyo que recibí en mis momentos de debilidad.
Planteé preguntas, compartí inquietudes, busqué sonrisas.
No sé si supe lograrlo.

*****

Estoy orgulloso de tres artículos que hoy puedo releer sin ruborizarme.
Expresan lo que opinaba entonces, firmes convicciones que se mantienen vigentes.


*****

Mi dedicación se volvió obsesiva, convirtiéndose en un refugio en el que invertía tiempo y esfuerzos, cayendo atrapado en una rutina de la que me costaba salir.

Y me dejaba robar a mi mujer y a mis hijos, y a todos los que debería seguir sintiéndome vinculado, para enredarme de forma virtual en proyectos que, pese a ser vibrantes, me exigían más de lo que podía ofrecer.

No era consciente de que todos mis amigos (en Madrid, Bilbao, Barcelona, La Coruña, Albacete, Santiago de Compostela, Ciudad Real, Pamplona, Burgos, Valencia, León, y más sitios) estaban presentes, pero que mi realidad cercana era a la que debía prestar verdadera atención.

*****

¿Cómo darse cuenta de los errores que uno comete?
Nos acostumbramos a criticar al vecino; nos mostramos osados dando consejos a los demás; percibimos las malas intenciones en los actos ajenos, pero no somos capaces de vernos como vemos a los demás (y, menos aún, como los demás nos ven a nosotros).

Nadie reconoce en sí mismo a un miserable. Es fácil encontrar excusas.

*****

Me avergüenza reconocerlo; un programa que emite Divinity Channel me abrió los ojos: Consumidos por el caos.



Lo presenta Jill Pollack, una mujer que recuerda a Monica Lewinsky. Ejerce de terapeuta del hogar, incluyendo las relaciones entre los miembros de la familia y el entorno que comparten (porque el desorden y el caos están causados por otros problemas implícitos).

Vi que lo que resultaba evidente en otros, era patente en mi forma de actuar: más allá del apego a los objetos, resultaba deprimente comprobar que usaba la tecnología como forma de evadirme de lo que debía sentir más cercano.




Dejarme seducir, una vez más, por los matices de quien lleva más de 17 años compartiendo éxitos y fracasos, haciendo encantadora la compañía y la rutina.

Descubrir que tengo a tres hijos llenos de virtudes; que es agradable compartir tiempo con ellos; que saben enseñarme a jugar, porque desbordan imaginación, curiosidad e ingenio. Que la labor que iniciamos da frutos, porque tratamos de hacer con ellos lo mismo que hicieron con nosotros: “prepararles para lo imprevisible”.

*****

Cumplidos tres años de este blog, ya no volverá a ser el mismo.

Yo tampoco.

*****

Recuerdo las veces que me reí con ellos, los artículos que le dediqué a ella, los muchos que le leí a mi madre y que son su recuerdo más reciente. También los comentarios de los que, por cualquier conducto, me mostraron su gratitud por cualquier cosa que hubiera escrito.

Creo que quien haya llegado leyendo hasta aquí habrá imaginado que pensaba dejar de escribir. Es entendible. De hecho, fue mi propósito firmar hoy un epitafio. Pero, recapacitando, teniendo presente la lectura del maravilloso libro de Nuccio Ordine en el que reclama la necesidad de reivindicar la utilidad de lo inútil, captando la sutileza del título de Marino en el que anima a volver a la normalidad y comprendiendo que no puedo haber leído a Thoreau y permanecer parado, asumo que probablemente sea mejor no ceder del todo, sino, más bien, moderar mi dedicación y prestar atención a lo que verdaderamente importa.

*****

Supongo que, siendo así, podré cambiar el stand by, para pedir un poco de comprensión y de confianza

Ben E. KingStand by me

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...