miércoles, 6 de marzo de 2013

Por Amor a la Música: Buena Vista Social Club — “BVSC” (1997)

En ocasiones, la madurez encierra un profundo apasionamiento.

Ry Cooder es un músico y productor con variedad de intereses.
Ha empleado ingredientes tex-mex, rock, blues, soul, folk, y algunos otros.
Ha producido a artistas muy diversos.
Ha participado en películas, componiendo la banda sonora.

En 1996, interesado en cierta música cubana, con ritmos procedentes de África —en un intento de que la root-music que confeccionaba resultara más solvente—, viajó a Cuba y descubrió a un conjunto de músicos que, gravitando en torno a un Club Social, clausurado 50 años antes, demostraban, a pesar de su edad, un talento y una vitalidad desbordante.


Allí se encontró con Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Elíades Ochoa, Rubén González, Omara Portuondo, entre otros.

Los artistas.

Grabaron un disco, producido por Cooder, con 14 canciones, impregnadas de son, la música tradicional cubana —profunda y arrebatadora—, en las antípodas de la salsa, ese moderno aderezo, empalagoso y superficial.

01 — Chan chan
02 — De camino a la vereda
03 — El cuarto de Tula
04 — Pueblo nuevo
05 — Dos gardenias
06 — ¿Y tú qué has hecho?
07 — Veinte años
08 — El carretero
09 — Candela
11 — Orgullecida
12 — Murmullo
13 — Buena Vista Social Club
14 — La bayamesa


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El disco era tan fascinante que supuso una verdadera revolución. Se vendió muchísimo. Hizo que los artistas tuvieran que organizar una gira para actuar en Ámsterdam y en el Carnegie Hall, en New York. Y dotó de sentido comercial a una orientación hacia un tipo de música (world, root), que Putumayo llevaba años promocionando en proyectos verdaderamente singulares.


Todo se contó en una película dirigida por Wim Wenders en 1999.


El director alemán había alcanzado notoriedad con El amigo americano (1977), —adaptación libre de “El juego de Ripley”, novela de Patricia Highsmith—,  París, Texas (1984), Cielo sobre Berlín (1987) o ¡Tan lejos, tan cerca! (1993).


El trailer oficial

Orlando Cachaíto López

Silencio

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Esta es la historia de una búsqueda.

La de un músico, persiguiendo las raíces de un sonido que le apasionaba.
La de un cineasta, tratando de encontrar sentido a su propia identidad.
La de un puñado de músicos que, negándose a sentirse pobres o, simplemente viejos, encontraron la oportunidad de mostrar su pasión a un mundo dócil y, por eso mismo, sorprendido y emocionado a la vista de quien muestra empeño, decisión y bravura.
La de alguien que, bordeando recuerdos personales y tratando de cerrar (con agradecimiento) una página, quiere tener alicientes para iniciar una nueva deriva.

Es la historia de muchas búsquedas.

Es la historia de todas las búsquedas.

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Llevaba dudando, desde que se me ocurrió por primera vez proponer Cuba, como escala en este juego de Por Amor a la Música, sobre la conveniencia de mencionar el tema político, a sabiendas de que, siempre que sale al tapete, las posturas están tomadas con antelación. Pero era también consciente de que, como si fuera un runrún, estaría presente para todos y tratar de eludir el asunto generaría mayor distracción.

Así que hoy, 6 de marzo de 2013, el día después del fallecimiento del venezolano Hugo Chávez, me atreveré a dejar unas notas sobre el asunto cubano:

Una isla que antes era próspera, hoy es miseria y pobreza.

Un destino cautivador se ha convertido en un cautiverio asfixiante, que impide regresar a los que quieren hacerlo, salir a los que lo pretenden y que condiciona a todos a vivir de una forma que les disgusta.

Antiguo manantial de riqueza, hoy es una tierra yerma.

El paraíso que todos querían visitar es un lugar aislado.

Se ha convertido en un asunto humanitario: un pueblo no puede sostenerse, manteniéndose segregado por una barrera infranqueable que impida que todos sus miembros, a pesar de sus diferencias, puedan juntarse para celebrar que siguen vivos (y que están llenos de pasión y de esperanza).

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Escuché a mi padre contar historias apasionadas de cuando vivió en Cuba. Y siempre le noté emocionarse escuchando a Luis Aguilé. Recuerdo que me explicó que, cuando raramente bebía, le gustaba tomarse un cubalibre (eso que hoy ha quedado reducido al sabor para un caramelo duro).

Esta Navidad releí el relato que hizo mi suegro de su viaje a Cuba, junto a su mujer y su hijo Gonzalo, que subyugaba cuando lo contaba en persona, porque transmitía su pasión y su intensa curiosidad y que se publicaría, en dos partes, curiosamente el mismo año del disco que ahora reseño.

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Todas las búsquedas empiezan en un punto conocido. En todas, se desconoce el destino. Esa es la parte verdaderamente interesante.

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Esta es mi última participación en el juego Por Amor a la Música. He sido feliz haciéndolo. Era un estímulo y un reto y me permitía, con un plazo mínimo, tener un enigma que resolver: encontrar una historia que contar, con unas claves que me eran impuestas.

Fue muy divertido.

Pero tengo ganas de explorar otros ámbitos, de salirme del camino y ponerme a andar por la vereda.

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Más detalles:

martes, 5 de marzo de 2013

Descomunal caída

Al principio, puede que no lo notes. Pero, de repente, se hace tan notable que ya no puedes dejar de verlo.


Un canal de TV por cable que empezó a emitir, en USA, el 17 de junio de 1985.

En su línea inicial, se hizo una marca como una cadena con una programación divulgativa, con temas científicos y la emisión de documentales y programas sobre la naturaleza. Un canal que buscaba formar a la audiencia.

En 2004 trataron de abarcar más terreno y fueron el sponsor principal en el equipo con el que Lance Armstrong corrió y ganó el Tour de Francia de ese año y el siguiente (los que hacían sexto y séptimo en su fraudulenta cuenta).

Ahí se inició su caída imparable. Algunos programas respetables de la cadena (Los Cazadores de Mitos, Así se hace, Megaconstrucciones, Top Gear) no evitan que otros provoquen sonrojo (American Chopper) y que preocupe la línea mágica que, últimamente, parece haberse abierto (Dynamo, Keith Barry: el mentalista).

Pero, siempre habrá un punto de no retorno.


lunes, 4 de marzo de 2013

El cónclave

He estado tentado de escribir un artículo resumiendo los pasos a seguir para la elección de un nuevo Papa, en sustitución de Benedicto XVI. A raíz del cónclave precedente, en que se designó a Joseph Ratzinger, recuerdo haber preparado una presentación para mis hijos y algunos amigos suyos, para que entendieran mejor lo que había sucedido.

Incluso llegué a utilizar el momento del anuncio, tras la fumata blanca, como trama para explicar la valoración personal que me pidieron hacer, a principios del año pasado, de Urdangarín.

Así que es un tema que me ha interesado y sobre el que he leído.


Pero asisto, ligeramente perplejo, a una realidad en la que, todos saben todo lo que afirman que necesitan saber.

Son capaces de determinar si resulta más conveniente un cónclave largo o uno corto, las características que debería tener el futuro Papa, su cualificación, la edad que debería tener y su procedencia.

Por descontado, nadie se pone de acuerdo y frente a cada uno que apunta la necesidad de que vuelva a ser italiano, otro apuesta por que sea hispano parlante y un tercero sostiene que debería ser africano.

Unos prefieren un Papa conservador y otros se decantan por uno reformista.

Y más.

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No importa cuál sea el punto sobre el que se debata: todos tienen sus posturas definidas y se enrocan en su defensa a ultranza, en lugar de tratar de entender los argumentos de quien se encuentra delante. No parece la forma más recomendable de debatir.

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Un proceso tan delicado, tan elaborado y en el que se debe ser tan cuidadoso; un sistema apoyado en muchos años de experiencia, encaminado a facilitar la reflexión sosegada, se ventila de un plumazo en una intervención apresurada.

La mayor sorpresa se produce al contemplar que, el mayor acaloramiento, procede de los que se definen, rápidamente, como ajenos al club del que cuestionan sus normas.

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Así que, ahora que, por motivos que no vienen al caso, deberé estar un par de días confinado, aprovecharé el espíritu reflexivo que el cónclave transmite, en mi propio beneficio, tratando de encontrar, en mí mismo, los cambios que deba llegar a procurarme (que seguro que los hay), las cosas que deba mantener y las que deba imperiosamente empezar, para, más que tratar de decirles a otros lo que deben hacer, asegurarme de que yo sí hago las cosas como debiera.

Por descontado, esto resulta mucho más complejo y, al conocerme, me resultará más difícil conseguir engañarme.

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Para conocer los mecanismos del cónclave, leí en su momento el libro que escribió Alfredo Urdaci en 2005, El cónclave. Los secretos de la elección del Papa al descubierto, escrito antes del fallecimiento de Juan Pablo II. También leí el que escribió, tras la celebración del cónclave más reciente, Benedicto XVI y el último cónclave. Los secretos de la elección del nuevo Papa.

Ambos libros, editados por Planeta, estaban llenos de interés (estoy releyéndolos ahora), aunque están descatalogados.

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Más información:

Zenit: Especial en dos partes (primera / segunda).
Conferencia Episcopal Española: Colegio cardenalicio / Sede vacante

sábado, 2 de marzo de 2013

Seres heroicos

La principal responsabilidad que tiene encomendada un padre, cualquier padre, es la educación de sus hijos.

Nada hay tan importante.

"Mirando al futuro" Foto: pcgn7

En casa empleamos un principio revolucionario que rige la educación que tratamos de facilitar a nuestros hijos: les estamos preparando para que se vayan de casa.

Algún día.

Pronto.

Cat Stevens“Father and son”


El tiempo pasa más rápido de lo que nadie imagina.

“Con lo lentos que pasan los días, la prisa que se dan los años en pasar”.

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Tres peligros acechan. Debemos estar alerta. No podemos ceder ante ellos:

1 – El desapego.

Nos cuesta vincularnos con sus intereses, actividades o preocupaciones. Olvidamos cómo fuimos nosotros y lo necesitados que estábamos de proximidad y afecto.

2 – La dejadez.

Posponer el momento de abordar determinados asuntos (de importancia) y descubrir que se ha hecho demasiado tarde.

3 – La comodidad.

Regir nuestros actos, tratando de eludir el conflicto, en la búsqueda de una armonía que termina siendo sólo aparente.

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Queremos que, en nuestros hijos, con los años, en su momento, a su ritmo, surja la necesidad de buscar su autonomía.

Que lleguen a saber que tienen que irse, para cumplir con su propio proyecto personal.

Que tengan ganas de volver y compartirlo y escuchar cómo nos involucran en sus experiencias y nos permiten aprender con ellos, de ellos.

Que se cumplan en nuestros hijos las mismas expectativas que nuestros padres pusieron en nosotros cuando, creciendo, mostrábamos nuestra necesidad de independencia. Y nuestros miedos.

Jorge Marazu“Miedo”


Como no sentir, por nuestros hijos, lo complicado que es vivir, cuando hemos recorrido antes ese mismo camino.

Qué fugaz la juventud, imposible de parar.
Cómo se escapó de entre tus dedos.

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Es su momento. Cambian el centro de sus atenciones y ya no vamos a estar para acompañarles en sus decisiones. Creeremos ciegamente que hemos sabido transmitir la confianza en que, las que vayan a tener que tomar, sean las adecuadas.

Y si se equivocan, que lo van a hacer, que no sea irreparable.

Que tengan fortaleza para superar el cañón del qué dirán.

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Son mis hijos. Seres heroicos. Saldrán, solos, a enfrentarse a lo desconocido.

Ángel de la Guarda: hasta ahora hemos estado pendientes de ellos, Llega el momento en que tendrás que multiplicar tu jornada.

No les abandones nunca.

Pide refuerzos.

viernes, 1 de marzo de 2013

Inglés para todos

Ayer:

— ¿Qué significa “almost”?
— Casi.
— Y, entonces, ¿”also”?
— También.

"Igual" Foto: Ezequiel Coelho

— ¿Cómo va a significar lo mismo “almost”, que “also”?

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Seguro que a ti también te molestó el vídeo de los representantes españoles en el Parlamento Europeo.


Como cuando oímos a Aznar:


O a Botín:


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Ya se hizo una crónica de un encuentro telefónico en la cumbre.

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jueves, 28 de febrero de 2013

Por Amor a la Música: Deee–Lite — “World clique” (1990)

Del mestizaje vendrá la inspiración (y el baile).


En 1990 eran lo más. Una propuesta totalmente innovadora. Un clásico intemporal para la música de baile. Una estética musical que mezclaba la psicodelia hippie, con el rap, los samples y el scratch.


En New York forman Deee–Lite —el trío que hoy nos hará bailar, sin movernos del sitio—, un productor de Kiev, Ucrania (Super DJ Dmitri), un teclista de Tokyo, Japón (Towa Tei) y una atrevida jovencita, de Youngstown, Ohio, que ponía voz, cara y coreografía y respondía al epíteto de Lady Miss Kier.

Es verdad que, en su pueblo, Kierin Magenta Kirby (como realmente se llamaba), era una más de los 65 000 que vivían allí (a los que Bruce Springsteen cantó en su disco “The ghost of Tom Joad”).

De allí salieron también Billy Beck (el que gritaba en Love rollercoaster, de Ohio Players), Robert y Ronald Bell (de Kool & The Gang), Tiny Bradshaw o The Human Beinz, el grupo que dejó un recuerdo a las rutinas de baile; ésas que todo el mundo sabía hacer, pero nadie como ellos (Nobody but me).

Sidney Poitier, en una de las excursiones culturales en las que, en la película “To Sir, with love”, llevaba a sus alumnos (en este caso, a una boîte) se animaba a bailar, empujado por Lulu, haciendo aparecer, en todas sus alumnas, el mohín de estar imaginando “lo bien que sienta el negro”.


La escena final de “Kill Bill, vol. 1”, de Tarantino, “House of blue leaves”, muestra lo que lleva implícito un verdadero rompepistas. Atención: es la versión japonesa, sin censuras.


Nadie te puede alegrar el trabajo como ellos.


Una canción que los canadienses Northwest Company también hicieron suya, aunque realmente estaba escrita e interpretada por The Isley Brothers, quienes se empeñaron en explicar que nadie hace como ellos algunos pasos, especialmente el Twist y el Shout, a la vista de que todo el mundo se aprestaba a imitarlos.

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Así que, como si esto fuera un fiestón organizado por Chusina Misadedoce y amenizado por Ángel González, se os presentará la mejor música de baile de los ‘60s y algunas rutinas que todos los top dancers deberían conocer.

No os pongáis cómodos.

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Let’s dance (Chris Montez)

Shing-a-ling (Poncho Sánchez) y Boo-ga-loo (lecciones básicas para aprender a bailarlo) eran pasos de inspiración latina.

Y es que, para divertirte de verdad, debes conocer las rutinas del baile: ningún profesor mejor que James Brown.


Muchos sabían de qué iba la vaina.

Shake (Sam Cooke, que también bailaba el twist, como Chubby Checker)

The philly dog (The Olympics)

C’mon and swim (Bobby Freeman)

The jerk (The Larks)

Limbo rock (Chubby Checker)

Locomotion (Little Eva)

Mashed potato (Dee Dee Sharp)

Peppermint twist (Joey Dee & The Starlites)

The duck (Jackie Lee)

Hanky panky (Tommy James & The Shondells)

Ride your pony (Lee Dorsey)

The madison (Al Brown’s Tunetoppers)

The Harlem shuffle (Bob & Earl)

The stroll (The Diamonds)

Hippy hippy shake (Tom Cruise, en “Cocktail”, con el clásico de Chan Romero)

Hitch hike (Marvin Gaye)

The nitty gritty (Shirley Ellis)

The monkey (Major Lance)

The funky chicken (Rufus Thomas)

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Viendo a Rufus bailar, me he dado cuenta de que se me ha ido la olla.

Esto tenía que ser una reseña de un disco de 1990.

Aquí están todas las canciones.

02 — Good beat
05 — Smile on
07 — World clique
08 — E.S.P.

Pero sólo importa una.


Un torpedo absoluto. La mejor muestra kitsch de música baile. Con las apariciones fugaces, pero determinantes, de Bootsy Collins, el influyente bajo en la época dorada de James Brown, fundador e ideólogo en Parliament y Funkadelic —al que se le reconoce por su imagen de zumbado, luciendo las gafas definitivas, las que cualquier estrella debería llevar— y el fraseo vocal de Q-Tip, de A Tribe Called Quest —gorra, con visera en reverse—.

Dejo pistas para conocer a los tres figuras principales: ambos chicos tocan la flauta de émbolo (que permite realizar unos característicos glissandos, ascendentes y descendentes); el japonés lleva gafas cuadradas y permanece inmutable; el ucranio baila llevando el ritmo con las cejas, un estilo que alguien adaptó para desplazarse, manteniéndose ebrio.

Ella luce modelitos y una figura imponente y baila como si en hacerlo se jugara su destino final.

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Esto ha sido un repaso —trepidante, pero fugaz— sobre la música de baile y las rutinas que marcan los pasos que hay que seguir. Se han dejado al margen, intencionadamente, algunas que parecen vergonzantes, sin importar si son antiguas (pajaritos, Macarena) o contemporáneas (Gangnam, Harlem shake).

Aunque se hubieran podido poner 1000, sin exagerar un ápice.


Cuando Wilson Pickett vino a España, más de 20 años después de romper todos los registros con su clásico inmortal, demostró una energía arrolladora y que, en España, —pese a ser de San Blas, Malasaña o Lavapiés, vestir como un primo de la abeja Maya o un anticipo de un camarero siglo XXI standard, y preferir a Leño, Obús o Barón Rojo—, el macho ibérico no baila, aunque, cuando tiene que hacerlo, se entrega, dejando como testigos de la ocasión a Carlos Herrera y Bibi Andersen. Un episodio efímero que sigue contándose en los corrillos navideños de las tres familias afectadas.

Otro monstruo de la escena, Solomon Burke, poco antes de morir, cuando tenía que permanecer en un trono porque no podía sostenerse en pie, hacía que todos se estremecieran y sintieran la necesidad de tener que moverse y bailar.

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Tres películas explican bien lo que, para muchos, puede suponer el baile, desde ópticas bien distintas:

Danzad, danzad malditos, de Sidney Pollack (1969)

Saturday night fever, de John Badham (1977)

Dirty dancing, de Emile Ardolino (1987)

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Esta etapa de Por Amor a la Música responde a un envite de Pupilo Dilatado que, en la fase geográfica en que nos encontramos, propuso Japón.

Es evidente que no he sabido ajustarme.

Presento mis disculpas por ello.

Pero, tal día como hoy, encuentro varias señales que avisaban de que esto iba a suceder.

En primer lugar, mi dificultad para ajustarme a plazos y exigencias ajenas.
En tercer lugar, por mi deriva, que no sigue un rumbo predecible.


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La semana pasada, según la propuesta de Chals, realicé una reseña de un grupo chileno (que no conocía) y que me costó horrores.
Hoy era Japón, el país del sol naciente.
Una escena de una película en que cortaban cabezas.
Un intento de poner música de baile, cuando no he bailado en mi vida.
Explicando rutinas, yo, que, desde siempre, trato de escapar de ellas.
Un ucranio que tiene el nombre que todo el mundo espera oír en España y que tiene una clara opinión sobre la música que pongo aquí.

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Así que, hoy, 28 de febrero de 2013, el mismo día que se hace efectiva la renuncia de Benedicto XVI, yo presento la mía.

Y me pongo en manos de Tsi-Na-Pah, estímulo de este juego tan entretenido, para saber si quiere que la haga efectiva ahora o, tras la próxima semana, en la que estaba previsto que yo diera el primer paso. Si lo prefiere, seguiré una semana más. Pensaré en un país asequible a mis posibilidades (y accesible a todos).

Pero será la última. Seguiré viendo (desde la barrera) el desarrollo del juego y trataré de conservar los amigos que el juego me ha permitido hacer.

Todos tienen unos blogs interesantes, que recomiendo visitar.


Espero se entienda mi postura.

viernes, 22 de febrero de 2013

Enrique Mendoza: Toma de decisiones difíciles


El pasado 13 de febrero, Enrique Mendoza participó en una charla, en el Colegio Los Robles —donde estudian mis hijos—, sobre la toma de decisiones difíciles. Mendoza es una persona con una vida llena de sentido. Padre de siete hijos, trabajó en diferentes multinacionales, en Chile y México. Fue, también, director de un Colegio en Monterrey. Actualmente vive en España y se dedica a ejercer la abogacía y tiene un interesante blog.

Agradezco sus palabras, realmente inspiradoras, así como la esforzada labor que realiza Jorge Rodríguez, ideador, coordinador y organizador de estos informales encuentros, siempre tan estimulantes.

He tomado unas notas que resumen las “ideas-fuerza” sobre las que se ocupó en su disertación.

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— La función social del matrimonio. [Me recordó una charla anterior de Leopoldo Abadía, en la que explicaba que, más que preocuparnos por el mundo que le vamos a dejar a nuestros hijos, debíamos ocuparnos en los hijos que nosotros dejaremos al mundo].

— La Formación atiende a conocimientos y habilidades (desarrollo de hábitos).

— El Colegio está educando a nuestros futuros yernos (y nueras). Es importante interesarse (e involucrarse) por los criterios con los que realiza su labor.

Educar es fácil. Nunca ha sido tan fácil como ahora.

Educar es muy cansado.

— Actual descrédito del esfuerzo.

— Las virtudes cardinales (Justicia, Prudencia, Fortaleza, Templanza) están en la base de la cultura occidental y deben guiar la conducta pública de los ciudadanos (establecidas desde Platón, en “La República”). Deben recuperarse como ejes de la educación actual.

— Superar la tentación de ceder y tratar de “vivir en paz”.

Educar es una técnica y hay mucha experiencia documentada. Estudiar cómo aplicarla.

— Las decisiones son complejas, más que difíciles.

— Volver a lo básico. La sencillez es un valor. Apreciar las cosas sencillas.

— Enseñar la importancia del compromiso.

Aprovechar el tiempo.

— La pedagogía del deseo: enseñar a elegir el bien. Hago lo que quiero. Y querer hacer lo que se debe hacer.

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Muchos otros temas se esbozaron y, algunos, se trataron en el debate posterior, pero, los aquí compendiados, podrían suponer un tratado.

Muchas gracias por la inspiración que supuso la charla.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...