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miércoles, 28 de junio de 2017

Selfie

Una comedia sobre la crisis.


La película dirigida por Víctor García León, estrenada el pasado viernes tras ser premiada en el Festival de Cine de Málaga, plantea un tono de comedia sobre la crisis —económica y “de valores”, se suele apostillar— española.
Resulta sencillo acercarse desde el lado trágico: la situación lo es en sí misma; sería redundante.
Se agradece el esfuerzo de mostrar una comedia. Como en todas, hay una búsqueda de reírse de algo, entendiendo que la risa pueda resultar catárquica.
Y se reconoce el intento de esquivar tres tentaciones en las que la comedia puede caer: reírse de alguien (cayendo en una burla), apoyarse en prejuicios (alimentando un clima, molesto en exceso, que favorece el enfrentamiento y la transformaría en parodia), buscar soluciones simplonas (que conducirían a una farsa).

jueves, 17 de marzo de 2016

Superioridad moral

Me han dado una lección.
Alguien me hizo ver(me).

En cinismoilustrado.com

No importa lo que hagas, lo que prefieras; cuáles sean tus gustos o tus deseos.
Al final, juzgas a los demás y, en la discutible pirámide de la superioridad moral, siempre hay razones para que la cúspide la ocupes tú.

Es decir, yo.

*****

Lo sé, me cuesta enfrentarme a ello, porque significa enfrentarme a mí mismo, a ese lado oscuro que me acompaña, como si fuera mi doppelgänger.

*****

En la pirámide no aparecen los publicistas: Eduardo Salles (cínico e ilustrado) lo es.

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¡Qué difícil es la vida de un creativo de publicidad!
Es una ocupación con momentos gratos; es indudable.
Imagínate que una gran cuenta (los publicistas llaman así a sus clientes) llega y dice:

—Haz lo que quieras.
—¿Puedo hacer un anuncio largo?
—¿Cómo de largo?
—Un minuto.
—Si está bien, te damos hasta uno y medio y lo ponemos en los cines.
—¿Puedo usar una canción?
—Por supuesto.
—Pero, ¿puedo poner una buena canción, usando la original y no un ‘jingle’?
—Sí. Todo lo que quieras.
—¿Hace falta que la canción esté relacionada con lo que anunciamos?
—No. Nadie sabe inglés y no notarán la inadaptación.
—¿Y debo sacar la marca desde el principio?
—No. Quizá sea bueno que aparezca al final, pero en una transición suave...
—¿Dando la sensación de que no se trata de un anuncio, sino una forma de vida?
—Siempre supe que conocías el secreto.

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Así se promocionan las cadenas de alimentación o de supermercados.





Empleando a Family of the Year, o a Elton John.

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Pero, ¿qué hacer si el producto que intentas vender está destinado a quienes sufren y tratan de esconder su padecimiento? ¿A los que consideran que han hecho algo mal y están llenos de vergüenza porque han estado acosados por las metáforas?

"La enfermedad 'no es' una metáfora, y el modo más auténtico de
encarar la enfermedad –y el modo más sano de estar enfermo– es el
que menos se presta y mejor resiste al pensamiento metafórico".
Susan Sontag

Emplear metáforas visuales.

Alguna es conocida.

Acertijo visual: señala a dos personas que sufren en silencio
(y a una que seguro que no)

Pero hay una nueva. Para mí, un verdadero sinsentido:
¿un cepillo de cerdas?

Acertijo visual: explica la conexión

...que desaparece tras la aplicación de la pomada rectal.

Acertijo visual: ¿dónde está el cepillo ahora?



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Pido disculpas.
Sé que puede parecer que me vea en la cúspide de la pirámide de la superioridad moral.
Ese reverso del que trato de huir; al que trato de vencer.
Que se explica en alguno de mis hábitos:

No me gustan los establecimientos de comida rápida.
Visito el comercio local y especializado.

Y también debo emplear un flotador de forma episódica.
No quisiera ser más explícito.


domingo, 11 de octubre de 2015

Irrational man

Un profesor de filosofía está pasando una crisis existencial.


La última película de Woody Allen, “Irrational man”, nos presenta a Abe Lucas (Joaquin Phoenix), recién llegado al Braylin College, en Newport, Rhode Island, para tomar posesión (la retórica universitaria me fascina) de su plaza, en el campus local.

Su fama le precede; es recibido y alojado.

“Somos mayores. No somos para ti”

También es acogido.

“Me bajo el whisky, la escalera y el vestido cuando quieras, chato”

Rita Richards (Parker Posey) se muestra accesible.

“O sea, me encanta cómo piensas”

Jill Pollard (Emma Stone), también.

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Las cosas de los profesores de filosofía son así.
Se enredan en disquisiciones morales sobre el significado de la existencia, mientras olvidan que su responsabilidad está en las labores de las que se ocupan a diario.
No hace falta ir a la India para cambiar el mundo.
Abe se plantea qué hacer para dejar huella, y considera a su remesa de alumnos otra colección de mediocres irrelevantes, similar a los del resto de Universidades que ha dejado atrás, bebiendo whisky en su petaca, para dejarse dominar por la lascivia y permitir que su único rastro se encuentre en las camas que comparte, en un dilema profundo e inmoral.
Porque se puede ser profundo y meditabundo y, con ese agravante, ser inmoral.
Lo que se dice un sinsentido.
Más todavía al tener en cuenta que yace con una mujer casada…

“Te estoy mirando el escote”

…o una alumna.

“Hazme tuya”

*****

Con la característica verborrea de un profesor desencantado, fascina a la joven, aludiendo al azar, la suerte o lo aleatorio; la ruleta aparece como metáfora: la rusa, en un juego con sus alumnos en una fiesta a la que es invitado; o la de la fortuna, eligiendo el número correcto en la feria local.

“Con ese aparato podrás entrenar tu suelo pélvico y yo contendré los síntomas de mi incipiente erección”

Las confesiones al borde del mar…

“Llévame a España, tío”

…son el preludio de una charla postcoital.

“Siete letras: puedo tener más de uno; empieza por ‘or’ y termina por ‘asmo’”

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Cualquier película de Woddy Allen contiene detalles que la hacen mejor que la mayoría de las del resto de la cartelera.
Su ritmo de trabajo y sus cambios de registro hacen que sus propuestas estén siempre aderezadas por un riesgo añadido.

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Lo mejor: los vértices femeninos del triángulo: espléndidas Emma y Parker. La selección musical: los tres temas de Ramsey Lewis, que suenan de forma recurrente, describen la confusión del profesor.


Lo peor: Joaquin sigue lastrado por haber tenido que lidiar con la voz de Scarlett Johansson, y no con toda ella, en “Her”, la película de Spike Jonze. Es normal que no se recupere.

“Emma, ya lo sé: es un coñazo de antagonista”

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Dejémonos de filosofía. Apliquemos la psicología (popular):

“tanto mirar al mar te dejará ‘aventado’”

Un hombre irracional





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Llegando a casa, en el coche, no sé si por azar o por suerte —pero sí sé que fue aleatorio—, una canción sonaba: You Can’t Have Bad Luck All The Time (“No puedes tener mala suerte todo el tiempo”). Es Jackie Greene.



Tener a Bernardo Dual como amigo es la mejor garantía.
Gracias.


martes, 16 de julio de 2013

La disociación

Todos conocemos personas dispuestas a, con prontitud, establecer modelos explicativos —denigratorios— del comportamiento humano, en el que caben todos, menos uno mismo.

Los hay que van todavía más lejos y se exculpan, de forma cobarde, recurriendo a un irrevertible carácter propio —al que denominan bipolar y que entienden como licencia personal e intransferible—, o justificándose, sin aceptar reproches, aludiendo soterradamente a deméritos ajenos como causantes de sus actos fallidos.


"Disociados. Dependen del color desde donde miren" Foto: Apallalu

Aquello de la paja y la viga.

Por descontado, formular una ley de la conducta humana y apartarse de su aplicación, no implica la percepción de sentirse marginado. Más bien, resulta al contrario; defienden su completa normalidad.

Pero se sienten excluidos de la norma. Ése es el fundamento de su bipolaridad.

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“El sentido común es el menos común de los sentidos”. Resulta sencillo mostrar acuerdo con el popular dicho.

Pero se vislumbra complicado aceptar que pueda ser uno mismo el que carezca de él; el que se comporte como un insensato (ya sea de continuo, o de forma aislada).

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He oído hablar del pentalfa del periodismo: la fórmula quinta sobre la que se establecen las preguntas que deben ser resueltas en una labor de investigación coherente. Cinco cuestiones elementales, que empiezan por la misma letra (en inglés): “Qué” [What], “Quién” [Who], “Cuándo” [When], “Dónde” [Where] y “Por qué” [Why].

Alguien se percató de que habían olvidado una sexta, que incluyeron —pese a incumplir la regla (de la) inicial—. Era importante saber “Cómo” [How].

Pero en esta sociedad instrumental, utilitaria, que evita el uso de la crítica aséptica para resultar deudora de filias y fobias, “conocemos algunos ‘porqués’ y muchos ‘cómo’, pero ignoramos los principales ‘para qué’ de nuestra existencia”, en palabras de Aurelio Arteta, Tantos tontos tópicos (p. 22).

Finalmente, los enanitos resultaron ser siete, aunque uno de ellos, el menor del grupo, pudiera pasar desapercibido por ser mudo y no llevar barba. Seguramente nos preguntaría "Para qué" [For what].

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En los ‘60s, cuando se buscaban los límites de la experiencia y se suponía que otra forma de sociedad era posible, Buffalo Springfield cantaban que “nadie tiene la razón si todos están equivocados”, aunque hay esfuerzos que valen la pena.

Buffalo Springfield — For what it’s worth


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Voy concluyendo.

Acabo de ver la película “Hannah Arendt”, dirigida por Margarethe von Trotta.


Una película irregular, orientada hacia un clímax en el que la filósofa se defendía de los que no habían entendido su postura en el juicio del nazi Adolf Eichmann, argumentando de forma vibrante, en una cita que hago de memoria: “El pensamiento no es útil para el conocimiento; lo es para aplicar criterios morales, para distinguir el bien del mal, lo feo de lo hermoso”.

Su criterio no gustó a nadie, porque, cuando el juicio depende de la persona a quien se dirige, se convierte en prejuicio. Y, aunque no suponga falta de honradez, es profundamente deshonesto.

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La ética de las excepciones (autoaplicadas) es irreconciliable con la exigencia (arrojadiza) de dimisiones.

Escasean los librepensadores.

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...