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sábado, 2 de marzo de 2024

Jackson C. Frank — Blues Run the Game


Jackson C. Frank
— “Blues Run the Game”

Jackson C. Frank (1965)

Buffalo, New York (USA)

*****

Prepárate para descubrir una historia asombrosa, la de uno de los cantautores con más talento y más mala suerte de la historia.

Alguien que merece ser conocido y dejar de ser un tesoro oculto.

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Jackson Carey Jones nació el dos de marzo de 1943 (hoy cumpliría ochenta y un años si no fuera porque falleció el tres de marzo de 1999, un día después de haber llegado a los cincuenta y seis), único hijo de Marilyn y Jack Jones, un piloto de pruebas. Más tarde adoptaría el apellido de su padrastro Elmer Frank, oficial del ejército.

Con once años, un horno explotó en la escuela donde estudiaba. El incendio mató a quince de sus compañeros y, pese a que él sobrevivió, sufrió quemaduras en más de la mitad de su cuerpo. Una experiencia tan traumática puede estar en el origen de los problemas psicológicos que desarrolló años después.

Estando ingresado en el hospital, uno de sus profesores le regaló una guitarra, para que estuviera ocupado en su rehabilitación. Una visita junto al resto de heridos a Memphis tres años después del accidente le permitió conocer a Elvis, que sería una gran influencia durante su adolescencia.

Al cumplir veintiún años recibió un cheque del seguro por un importe de 100.000 dólares por sus lesiones, lo que le permitió trasladarse a Londres.

En 1965 grabó durante seis horas en una sesión producida por Paul Simon, compinche en la escena folk local, a la que asistieron Art Garfunkel y Al Stewart. La enorme timidez de Jackson hizo que tuvieran que separar estudio y control con pantallas opacas, para que sus acompañantes no pudieran verlo.

El disco no tuvo ninguna repercusión y, entre que su salud mental empezaba a deteriorarse y el dinero del seguro se acababa, decidió volver durante un par de años a USA. Cuando volvió a Inglaterra en 1968, a todos les pareció una persona diferente, lleno de angustias y atormentado. Volvió a su país natal.

Se casó, tuvieron un niño y más tarde una niña. Su hijo murió de fibrosis quística y la depresión fue en aumento, teniendo que ser internado en una institución mental.

A principios de los ‘80s se mudó con sus padres. En 1984, tras haber sido sometida a una operación quirúrgica, su madre llegó a casa y comprobó que Jackson había desaparecido sin dejar aviso. Se había trasladado a NY, en busca de Paul Simon, al que no pudo encontrar y tuvo que empezar a dormir en la calle.

Le internaron en un psiquiátrico y le diagnosticaron esquizofrenia paranoide (Frank negó el diagnóstico y achacaba su depresión al trauma sufrido cuando era niño).

A principios de los ‘90s, un fan de su disco lo descubrió por casualidad, por mediación de un antiguo profesor del colegio donde estudiaba. Sólo conocía la portada de su disco y el contraste era desalentador. El incendio había causado un problema en su tiroides y Jackson estaba muy gordo y desaliñado, sin otra cosa que una vieja maleta y una guitarra desafinada.

Estando sentado en un banco en Queens, esperando volver a Woodstock para ingresar en un hogar para vagabundos, unos niños estaban jugando con un rifle de perdigones y, unos disparos al azar alcanzaron a Jackson, que quedó ciego del ojo izquierdo.

Una neumonía y un paro cardiaco le provocaron la muerte el día después de haber cumplido cincuenta y seis años.

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Descubrí esta canción en el quinto episodio, “Time of the Monkey”, de la primera temporada de una serie que recomiendo, “Poker Face”, una mezcla de “Kung-Fu” (el personaje interpretado por David Carradine, no el arte marcial) y “Colombo”.

Charlie Cole (Natasha Lyonne) es una trabajadora de un casino con dotes para detectar cuando la gente está mintiendo y, por complicaciones con su jefe demasiado complicadas para relatar aquí, debe huir. En cada episodio se ve involucrada en un crimen que, al igual que en la serie del detective al que da vida Peter Falk, el espectador conoce quién ha sido el culpable, pero lo interesante es encontrar el modo en que ata cabos para darse cuenta y desenmascarar al asesino. Entre los invitados estelares de la primera temporada están Adrien Brody, Chloë Sevigny, Simon Helberg, Ellen Barkin, Tim Blake Nelson, Nick Nolte, Joseph Gordon-Levitt, o Rhea Perlman.

*****

Cogeré un barco a Inglaterra, cariño

Tal vez a España

Donde quiera que haya ido

O en donde haya estado

Todos los blues son iguales

 

Iré por whisky, cariño

Iré por ginebra

El servicio de habitaciones y yo

Estamos viviendo una vida de pecado

 

Cuando no estoy bebiendo, cariño

Estás en mis pensamientos

Cuando no estoy durmiendo, cariño

Sabes que me encontrarás llorando

 

Vivir es una apuesta, cariño

Amar es más o menos lo mismo

Dondequiera que haya jugado

Siempre que haya tirado los dados

La tristeza ha dirigido mi juego

 

Tal vez mañana, cariño

En algún lugar en el futuro

Me despertaré mayor, mucho mayor

Y dejaré de intentarlo

Un tesoro oculto y una vida carente de suerte

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La Envolvente de Navidad. Extras. Traca final. Explicaciones. Resumen condensado. Una suerte de alegato

En España somos así.
Nos cuesta renunciar a las tradiciones, al tiempo que adoptamos modas que vienen de fuera.
Aceptamos cualquier propuesta que implique juerga (por mucho que resulte desfasada).
Nuestra imposible mezcla nos dota de un aire de modernidad, y nos resta (id)entidad.

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No quiero ponerme pesado. Un repaso al timeline (global) supondría una secuencia similar a ésta:

Halloween — Thanksgiving Day — Black Friday — Christmas Day — New Year’s Eve

En lo patrio, nos empeñamos en mantener ciertas particularidades, marcadas por algunas liturgias propias: Puente de la Constitución (#EscapaDeTuCiudad), Nochebuena (#EngañaATuCuñado), Navidad (#InvitaAUnPobr..jajajajajajaja),  Nochevieja (#UvasSinAtragantos) y Reyes (#AVecesSoyMonárquico).

Y, espoleados por nuestra capacidad para denigrar el enriquecimiento rápido (siendo ajeno), anhelamos secretamente ser afortunados, al menos un día muy concreto.

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Como las cosas no pintan bien, Loterías y Apuestas del Estado se han volcado en promocionar su producto estrella.
Han olvidado errores (y aciertos) del pasado para echar la casa por la ventana.
Han montado un chiringuito.
El bar de alguien a quien convierten en estrella (dejando actuar a una lotera veterana, Chelo, que tiene un cameo en la ficción que ella debería protagonizar).


La imagen muestra que hay letra pequeña. Es una captura de la imagen que aparece en la página web www.elbardeantonio.es. Allí lo pone bien claro (blanco sobre negro.

Para entrar en el bar de Antonio tienes que ser mayor de edad


SOY MAYOR DE EDAD


No es una mera formalidad.
En el bar de Antonio mercadean con alcohol y juego.
Ambos son legales (y sumamente adictivos).
Pero no tienen reparos para entrar en mi casa, sin avisos, sin pedir permiso.
Vía TV.
De forma invasiva.
Para aprovecharse de mi necesidad.
De mi debilidad.
De mi ignorancia.
Usando toda su astucia.
Atacando mis emociones.
De forma perfectamente orquestada.
No me dieron opciones para defenderme.
Sólo venían a recaudar.
Querían hacer caja.

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No han reparado en gastos. Han organizado una completa campaña mediática.

A continuación, los nueve (9) vídeos:




“El secreto”



“Beautiful”



“Dilo bien”



“Llamada”



“Carpeta”



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Como todas las tramas modernas, que han sido deconstruidas, al final las piezas encajan como en un puzzle. Todo cobra un cierto sentido.

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La deconstrucción es un término popularizado por el cocinero Ferrán Adrià, consistente en aislar los diversos ingredientes de un plato, por lo general muy conocido (la tortilla de patata es un ejemplo) y reconstruirlo de manera inusual, siendo el aspecto y la textura diferentes, pero manteniendo inalterado el sabor, que se aprecia en el momento de la ingesta. La puesta en escena suele requerir una actuación singular, lo que enfatiza la cualidad excepcional del momento.

El término fue acuñado por el filósofo Jacques Derrida. Está apoyado en el método empleado por Martin Heidegger en su análisis etimológico de la historia de la filosofía. El pensador alemán trataba de mostrar cómo cualquier concepto ha sido construido en un proceso histórico, acumulativo, metafórico. Ello conduce a que, lo que aparenta resultar claro y evidente, dista mucho de serlo. Los estratos han ido sujetándose unos sobre otros, estableciendo intrincadas relaciones internas, que dificultan la percepción de las partes que conforman un concepto concreto.

El esbozo planteado por Heidegger en “Ser y tiempo”, sería sistematizado por Derrida. La metodología amplía su radio de acción: parte de la filosofía, se extiende a la literatura, el arte, la gastronomía y, finalmente, se acomoda a la publicidad (o propaganda).

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Tanto devaneo filosófico requiere un cambio de tempo.
El gran descubrimiento de la campaña envolvente.
James Vincent McMorrow, puede que nos haya dejado helados.




Quizá le venga bien una remezcla.

En todo caso, su voz atormentada trata de transmitir un mensaje.
Se adjunta:

Someone hears a lie, somewhere underneath.
Caught between the reeling, mirroring the beat.
I no longer feel and the years asleep.
Show no sense of hope, staring honestly.

I wanna go south of the river.
Glacier slow in the heart of the winter.
I wanna go south of the river.
Facing alone in the heart of the winter.

And this we'll celebrate, this we'll celebrate.
There and on the stage, this is a mistake.
Damn me off too long, down the earth and moon.
Damn the clawing kneeling, rustling into change.
In a moment I was caught, calling by a storm.
In the moment of a hot.

I wanna go south of the river.
Glacier slow in the heart of the winter.
I wanna go south of the river.
Facing alone in the heart of the winter.

I’m not in a glove called how.

Few became, few became as glory as along
Against the forest state and starting living in the new.
Harrow since, harrow since the farthest.
Reach underneath inside a cheat.
Something is alive, somewhere underneath.
Caught between the real and the fake.
I don’t want to fit, there and has been found.
Silence is so cold, and there's no sense at all.
And I was someone else, I was something good.
Barely in the old, there among the cold.

I wanna go south of the river.
Glacier slow in the heart of the winter.
I wanna go south of the river.
Facing alone in the heart of the winter.

*****

Alguien escucha una mentira, en algún lugar debajo suyo
Prisionero en una secuencia, reflejando los golpes
No sentiré más, los años pasan dormidos
No muestro esperanza, caminando con honestidad

Quiero ir al sur del río
Un lento glaciar se apodera del corazón del invierno
Quiero ir al sur del río
Afrontando en solitario el corazón del invierno

Y eso es lo que vamos a celebrar, eso es lo que celebraremos
Allí, en el escenario, esto es un error
Maldito demasiado tiempo, bajo la tierra y la luna
Condenado, las rodillas desgarradas, crujiendo por un cambio
En un momento fui atrapado, atraído por una tormenta
Un instante cálido

Quiero ir al sur del río
Un lento glaciar se apodera del corazón del invierno
Quiero ir al sur del río
Afrontando en solitario el corazón del invierno

No llevo un guante llamado cómo

Pocos alcanzarán la Gloria para siempre
Atravesaré un bosque y empezaré a vivir de nuevo
Atormentado pues, atormentado hasta lo más lejos
Llegamos buceando al interior del cariño
Algo está vivo, en algún lugar en su interior
Prisionero entre la mentira y la realidad
No quiero encajar, allí me encontraré
El silencio es muy frio y allí no existen sentimientos
Y yo fui alguien más, fui algo bueno
Apenas en lo viejo, más allá del frío

Quiero ir al sur del río
Un lento glaciar se apodera del corazón del invierno
Quiero ir al sur del río
Afrontando en solitario el corazón del invierno

*****

Durante un momento sentí que la elección de la canción correspondía a un acto subversivo de alguien que, como Tyler Durden, trata de mostrar una realidad que nos empeñamos en no ver. Quizá esos retazos [“Alguien escucha una mentira”, “los años pasan dormidos”, “no muestro esperanza caminando con honestidad”, “un lento glaciar se apodera del corazón del invierno”, “eso es lo que celebraremos”, “esto es un error”, “condenado”, “crujiendo por un cambio”, “en un momento fui atrapado”, “pocos alcanzarán la Gloria”, “empezaré a vivir de nuevo”, “atormentado hasta lo más lejos”, “en algún lugar en su interior”, “prisionero entre la mentira y la realidad”, “no quiero encajar”, “allí no existen sentimientos”] podrían cobrar sentido en un mensaje oculto, críptico, que había que ser capaz de descifrar.

Puede que la deconstrucción conduzca a la destrucción.

*****

Fue lo que hice.
Desmenuzar cada una de las nueve piezas que constituían el puzzle.
Un trabajo exhaustivo que me dejó exhausto.

Episodio 1 – “El mayor premio es compartirlo”
Antonio y Manuel frecuentan el mismo bar.

Episodio 2 – “Si tú supieras”
Padres y hermanos. ¿Qué significa, para ti, compartir?

Episodio 3 – “El secreto”
Me pongo una camiseta para que me roben el protagonismo.

Episodio 4 – “Beautiful”

Episodio 5 – “Dilo bien”
La importancia de la apariencia.

Episodio 6 – “Llamada”
¿A quién le importa?

Episodio 7 – “Carpeta”
Esos recuerdos que se graban a fuego.

Episodio 8 – “No siempre se gana”
Ya sabemos quién es el malo.

Episodio 9 – “No la pierdas”
Moralina por un pálpito.

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La percepción es engañosa.
Discovery Channel está lleno de programas que muestran los engaños a que nos somete el cerebro.
Parte de los efectos que se explican son las ilusiones ópticas.
Eso que sucede cuando crees que has visto algo, sin que haya sido del modo que te había parecido. O cuando no has visto lo que ha pasado. Esos juegos tan divertidos (si es otro el que sufre el engaño) y tan desagradable (al ocurrirte a ti, con consecuencias irreversibles).

En ocasiones, pasa desapercibido. Debes fijarte mucho, con atención plena, para caer en la cuenta. Pero ahora, en este mundo hiperconectado, acelerado e instantáneo, lleno de estímulos que se suceden a velocidad vertiginosa, apenas da tiempo.

Tampoco hay carteles que avisen que algo va a suceder. Ni siquiera tratándose de la publicidad. Está tan integrada en nuestras vidas, es tan natural, que no prestamos atención y, cuando lo hacemos, nos olvidamos que no pretenden ayudarnos o informarnos. No son nuestros amigos.

Tratan de vendernos algo.

Por lo que tendremos que pagar.

Es necesario mantenerse alerta.

Haciéndolo, con mucha suerte, puedes descubrir el ardid, el montaje, la engañifa. En ocasiones, no se trata de lo que ves. Es, quizá, lo que NO ves. Lo que echas en falta.

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En el mundo en que yo vivo hay gente que fuma, gente con prisas, gente que discute.

En el mundo ficticio que han montado, en “La Envolvente”, NO hay nadie a la puerta del bar, apiñada en torno a ceniceros o taburetes en los que posan sus bebidas. En La Envolvente NO hay terrazas en los que, pese a la nieve, la lluvia o el frío glaciar, se mantengan apoyados por sus cigarrillos. En La Envolvente NO hay tablets o móviles (salvo los empleados como atrezzo por los figurantes en la trama). NO hay gente con auriculares, ya sean de botón o circumaurales. NO hay gente aislada, que va a lo suyo.

En el bar de Antonio, el proscenio de todo el montaje, NO hay máquinas tragaperras, la TV atronando, periódicos húmedos con restos de comida y círculos de café.

En el edificio donde vive Manuel, y en todo el barrio, NO hay locales vacíos, desocupados, sin perspectivas de futuro. En el edificio donde vive Manuel NO hay carteles anunciando que hay un piso en venta, en alquiler, lo suelto como sea (por lo que sea). En el edificio donde vive Manuel NO hay ropa tendida, ni tendederos.

En el barrio NO hay jubilados, NO hay parados, NO hay aburridos. NO hay gente triste, enfadada, ociosa. NO hay ancianos, paseadores de perro, gente haciendo la compra. NO hay gente pidiendo. En el barrio NO hay personas que parezcan vivas.

En La Envolvente NO hay niños jugando con la nieve, lanzándose bolas en plenas vacaciones de Navidad. NO hay niños saltando para salir en la TV, tratando de llamar la atención mientras saludan a cámara. NO hay niños (a excepción de un bebé que su madre expone a la nieve para enseñárselo a una vecina). NO hay niños en las casas, ni en el bar de Antonio, ni en fotos en las paredes, ni haciendo carreras en el aeropuerto.

En La Envolvente NO HAY NIÑOS.

NO hace falta decir más de un mundo que elimina a los niños.

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Es un montaje. Una farsa. Una ficción. Una triquiñuela. Un ardid. Un engaño. Una trampa.

Para ello se apoyan en nuestros anhelos y deseos, en nuestra confianza, en el afán que tenemos de entender que el mundo es justo y que hay mucha gente buena y honesta.


Claro que sí.
El mundo está lleno de gente buena, honesta y trabajadora.
Pero no salen en la TV. Porque no venden.
SÓLO COMPRAN.


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El año 1995 tuve que hacer viajes de trabajo por toda España. Visité sucursales y delegaciones de mi empresa. Íbamos a comer. Desde junio, nos ofrecían lotería de Navidad. Y decidíamos comprar: un décimo para cada uno. Yo volvía a Madrid y a quien iba a visitar se quedaba en su sitio. No podíamos partirlo.

Antes del sorteo hice cuentas. Había comprado 20 décimos. En 1995 el décimo costaba 3.000 pesetas. 60.000 napos del ala. Un buen pellizco. Hace 19 años.

El año siguiente no jugué y, cuando me preguntaban, decía gallardo, “este año gané 60.000”. La comidilla de toda la empresa. Nunca quise explicar mi sistema. Sería considerado un revolucionario.

Este año me tocarán 360 €. No debo descontar lo jugado. Ni pagar a Hacienda.

Un pastizal.

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Actualizando el dicho:

“El que parte y comparte, siempre se lleva la mejor parte”.

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El juego es el impuesto a la ignorancia.
La sensiblería es el recargo.

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El juego es una verdadera lacra social.
La Lotería, como impuesto que es, no supone mayor contribución social que el IVA.
Aunque haya un montón de proyectos (culturales, deportivos, musicales, literarios, gastronómicos, festivos o de cualquier índole) que se financien con las papeletas que nos vemos obligados a comprar (por simpatía hacia el proyecto o la persona que nos lo ofrece).
Esas personas con las que nos sentimos diariamente vinculadas, que forman parte del pedacito de mundo en que nos ha tocado vivir.
Nombres propios a los que somos capaces de poner rostro. Esos héroes anónimos, ejemplares, que pueblan nuestro entorno.
Los que están satisfechos de hacer su trabajo.
Los que se esfuerzan en poner una sonrisa cuando te los encuentras por la calle.
Los que tienen a mano una reacción humana, personal, intransferible.
Los que son más que esos estereotipos a los que algunos quieren reducirnos.
Los que quieren seguir confiando.
Los que están llenos de esperanzas, de deseos y sueños.
Los que contribuyen todos los días.

Los que son como tú.

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La gente sin rostro, global, deja rastro cuando se arrastra.
Puedes identificarla en cualquier lugar.
Son todos idénticos, porque se comportan del mismo modo.

Quieren envolvernos en un manto que nos nubla y que nos enturbia la visión.

Lo hacen con un propósito bien definido.

Quieren que perdamos el sentido, la noción de lo que sucede, la percepción de que se trata de una ilusión.

Les interesa que pensemos que estamos a un paso de cambiar nuestras vidas.

Como si todo fuera una cuestión de suerte.

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¿Qué tal desplegar lo mejor de uno, en un esfuerzo continuado?
Volver la vista atrás y pensar: “¿cuál fue el mejor día de mi vida?”.
“Me tocó la lotería”.
“Me casé”.
“Hoy”.

Poder empezar de nuevo, cada día, aceptando que no se trata de un día cualquiera.
Admitir que ni siquiera la salud es lo más importante, sino el convencimiento de que el trabajo continuado, el esfuerzo, será el que te haga construir un edificio sólido.

Llamadme idealista, no Ismael.

Cambiaré la banda sonora de un delirio.

La Mode — “El único juego en la ciudad”



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La película de Woody Allen, de 2000, “Small time crooks” (“Granujas de medio pelo”), cuenta con una fantástica Tracey Ullman, especialista en hacer pastas, que se deja embaucar por Hugh Grant. En la escena final Ray y Frenchy se reconcilian. Descubren que lo que buscaban no era el dinero, —que habían logrado trabajando honradamente en la tienda, no en el sótano—, sino lo que podían hacer cuando lo tuvieran.

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El envoltorio es tan bonito, está tan bien presentado, que deja de tener sentido lo que encierra en su interior.
Compramos regalos, sin sentido ni medida ninguna.
Despersonalizados.
Pedimos que nos los envuelvan para regalo.
Para ganar tiempo, en los establecimientos usan unos envoltorios que se cierran con una tira autoadhesiva. Rematan el efecto con pegatinas brillantes y adornos de colorines. Tardan menos en hacerlo que en pasar la tarjeta de crédito con la que vamos a pagar.
O en preparar el ticket regalo, “por si no le gusta y quiere cambiarlo”.

Tanto engaño, tanto fuego de artificio, tanta apariencia, conseguirá un efecto:

“Llenar la península ibérica de portugueses e ilusos”

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PD: ¿Cómo no va a tener importancia la ilusión?

Pero la ilusión no es una trampa en la que vayas a quedar atrapado.
No es un hotel, un bar o una fotografía.
Ni siquiera un día en la vida.

La ilusión es querer volver a vivir.


miércoles, 6 de agosto de 2014

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...