Mostrando entradas con la etiqueta Juego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juego. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de septiembre de 2016

Ben Harper — She's Only Happy In The Sun

Ben HarperShe's Only Happy In The Sun
Diamonds On The Inside (2003)

¿Encontraste lo que andabas buscando?
El dolor y la risa surgen de tus rodillas.
Pero si el sol te libera.
Serás libre. Libre de verdad.



Ben Harper se divorció de su primera esposa en 2001 y empezó a salir con Laura Dern, hija de Diane Ladd y Bruce Dern.

Dio vida a la atormentada mente de Lula en “Corazón salvaje”, la película dirigida en 1990 por David Lynch, donde sigue a Sailor, Nicholas Cage, en sus andanzas, con Willem Dafoe y Harry Dean Stanton acechantes, mientras Chris Isaak asiste al despliegue de ese perverso juego.



Haber nacido en Pomona, California no es garantía de sol suficiente; Ben y Laura rompieron lazos en 2013.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Black (Mis cojones)

"He tenido una idea"

Hoy es Black Friday. Las ofertan vuelan y martillean. Todo es más barato. Todo tiene una oferta. Un tanto por ciento de descuento. Una rebaja. Los comerciantes de las grandes empresas se han puesto de acuerdo para ser benévolos y hacernos partícipes de su generosidad. Nos quieren y nos tienen sumergidos en los grandes titulares de los precios. Juegan, como ese juego modernete de adultos al que parece que hay que jugar, a que encuentres el cofre del tesoro y, sin embargo, las monedas de oro se las debes dar a ellos.

"Precios fluctuando"

Los que estamos en el mundo sabemos que es una gran estafa, una gran mentira. Sabemos que MaryMark sube los precios para bajarlos ese día y posicionarlos un poco más altos de su lugar habitual. Sabemos que existe un determinado tipo de engendro social al que le da igual lo que compre, siempre y cuando pueda sentirse más hábil que sus vecinos. “Me he comprado una trócola de titanio con ziritione que estaba a 1.600€ por 12€” y lo dice entornando los ojos y arqueando las cejas, que es como miran los gilipollas. Algún imbécil cabalga entre mensajes de oferta para alimentar su ego o ver si sus genitales crecen como el que va en un enorme 4x4. Ellas se quedan delante del ordenador para ver si ese vestido está rebajado y van como zombies con tarjeta de crédito buscando la sensación de sentirse poderosas.

Eso es lo que alimenta el Black Friday porque ya sabemos que siempre hay una falsedad, una mentira y una pequeña estafa. Queremos jugar a un juego en el que las compañías engañan y nosotros nos creemos más listos y hoy es la celebración mundial de ello.

No voy a comprar nada. Mucho menos hoy.

Quizá compre pan...

*****

Texto firmado por maldíaparadejardefumar, el bloguero ausente.
Suscrito y rubricado por mí.

*****

Aunque a nadie le importe saber la verdad.



Porque sabemos que la habremos olvidado.
La memoria es frágil.


"Nunca olvidaré la historia del niño éste, ..., ¿cómo se llamaba?"

La ruleta rusa es el único juego en que siempre gana el negro.
El pesimismo se contagia, creo.

martes, 17 de noviembre de 2015

Maniquí es

Como no quiero que me vuelva a pasar lo del año pasado, haré un trabajo rápido.


El anuncio de la Lotería de Navidad, 2015, ya está aquí.



El anuncio toma como protagonista a Justino, vigilante nocturno en una fábrica de maniquíes.
A pesar de su horario —en el que no comparte tiempo con sus compañeros en la fábrica—, o de lo tedioso de su ocupación —hacer la ronda de vigilancia—, Justino es capaz de encontrar motivos que le impulsen a levantarse todos los días, a la misma hora —en un remedo del inicio del bucle de El día de la marmota y su ¡buenos días excursionistas!—; a Justino le gusta lo que hace, le gusta con quién lo hace.

*****

Había mimbres suficientes para fabricar un cesto estupendo: una persona aplicada, que cumple con su obligación y que lo hace de forma animosa; alguien que contagia a sus compañeros (a los que no ve) su ilusión y su entusiasmo.

Una persona que va feliz a trabajar.

Nada más y nada menos.

*****

Hasta que, yendo en el autobús nocturno, poniendo su hombro para que su habitual compañero de trayecto se quede dormido, ve el periódico en el que informan de que la Fábrica en la que trabaja ha ganado el Gordo.

Sin que nadie le haya informado o se haya puesto en contacto con él.

Han pasado más de 12 horas desde el momento en que se dieron cuenta (10:12 AM) hasta la hora en que llega a la fábrica: Justino siempre ficha a las 11:00 PM.

Ese pequeño detalle hace que Justino, por primera vez en lo que vemos de anuncio, llega a trabajar sin ganas; con un mohín de disgusto en su rostro alicaído. La puñetera codicia ha transformado su apariencia.

Luego resulta que la historia no era así del todo. Nos habían hecho trampas y nos escamotearon la posibilidad de descubrir que eran una piña. Todos. No sólo el rondador nocturno, el que se monta películas con sus muñecos inanimados, a los que dota de personalidad porque carece de personas reales con las que compartir experiencias de verdad.

Los demás, los integrados, los que trabajan en un horario normal y, pese a hacerlo en una fábrica, parecen un conjunto de oficinistas ramplones; el resto son, pese a sus desgraciadas vidas, seres humanos capaces de sentir compasión y comparten una lista en la que se apuntan los que quieran décimos y, para el que no quiera (Justino), le apuntan uno a cuenta de la casa, que ya veremos si después toca.

Y toca.
Y son generosos.
Y, ahora con dinero, hacen fiesta y brindan con champagne (“todos somos franceses”).
Haremos que te sientas uno más.
No como antes, cuando tú nos felicitabas, pero nosotros no te dábamos nada a cambio.
Da igual.
La pasta lo iguala todo.
Empezaremos de cero. Con el bolso lleno de viruta.

*****

La conclusión es la misma:

El juego es el impuesto a la ignorancia.
La sensiblería es el recargo.

*****

Son unos miserables:

1 — Se cargan el espíritu del Justino original, aquél que había protagonizado en 1994 la primera película de La Cuadrilla (Santiago Aguilar y Luis Guridi), en un papel que recibiría un Premio Goya al actor revelación (Saturnino García, Justino) y otro a la dirección novel. El primigenio, un puntillero recién jubilado en la plaza de toros, afronta cómo llenar su tiempo de ocio sin olvidar su afán justiciero, para convertirse en “Justino, un asesino de la tercera edad”. Es cierto que su ocupación no se corresponde al ánimo navideño (menos aún, visto desde la perspectiva de un pavo, con esa preocupación por la empatía holística que hemos desarrollado), pero es una canallada hacerle desaparecer, sin dejar rastro. No vayan a youtube, que no hay imágenes. Sólo la canción de Víctor Abundancia sobre los títulos de crédito.

2 — En la entrega del año pasado creaban un mundo en el que no había niños. Ahora, dan un paso adelante. Se burlan de nosotros, los paganinis. Nos lo dicen a la cara: sois unos maniquíes, unas marionetas, unos títeres. Movemos los hilos que dictan lo que debéis hacer. Callar y comprar. No sólo es que Justino trabaje en una fábrica de maniquíes. Es que él, como todos los demás, son muñecos. Sin cuentos. Sin rodeos, Sin escrúpulos.

Eso son Golpes Bajos.
Montarán una fiesta. De maniquíes. Puedo verlo.



Como se nota que ya no está Germán Coppini.

*****

En mi venganza mostraré algunas de las trampas que han empleado:



Justino vive en un cuarto pequeño. Desde la entrada puede verse la cama. Sobre ella, un anaquel con libros. Al lado de la puerta se apilan, amontonados, más libros que Justino no usa. El que está abierto está en blanco. Justino es un farsante. No lee. Si lo hiciera, no acumularía los libros de ese modo. Emplearía la colocación en vertical y trataría de dejar los cantos a la vista (para identificarlos). Si tienes dudas, podrás comprobarlo en más ocasiones. Aceptamos que en el mundo de la ficción narrativa de un anuncio publicitario, nadie utiliza el móvil. Es la misma regla por la que los protagonistas de una sitcom nunca ven la TV. Pero suponíamos que un vigilante nocturno podría leer. Falso.


Va a trabajar. Alguien que viene de trabajar emplea el mismo trayecto. Aprovecha para adormilarse en blando. Hasta ahí, normal. ¿Pero qué hace Justino llevando su tartera de comida y ningún libro?


Hecho confirmado. Se ve que el autobús (que recorta gastos en la señalización de paradas) le deja a la puerta del curro. Sólo lleva su tartera. Ni un libro.


Ficha a las 11:00 PM.


Es el único que está (columna izquierda: IN). Los demás se han ido (columna derecha: OUT).


Más trampas. El lugar de trabajo cuenta con unos estantes repletos de carpetas A-Z. Ni un libro. Mientras, Justino se dispone a hacer la ronda y sintoniza su radio. Al menos uno de los dos entretenimientos de un vigilante nocturno (libro o radio) podrá ayudar a Justino a pasar el tiempo. No hay TVs (sólo los monitores de vigilancia) y un PC del año que Ronaldo (el gordo) jugaba en el Barça, imposible para echarse una partidita de FIFA, actualizar el estado de facebook, o mirar el número de seguidoras en Ashley Madison, en el que su nick ha perdido una vocal con respecto a su nombre verdadero, en el nombre, y ha añadido un lacónico Breve para conformar su ficticio apellido.


Ya se ve que la mano derecha empuña la linterna (al modo pre-CSI, sin flexión del codo en 90º para que la luz esté a la altura de los ojos) y la izquierda se posa relajada en su retaguardia, liberada del transporte del transistor. ¿Quién dijo radio?


Resulta mucho más interesante pasear por la nave (sin misterio) y dejar que tus ideas fluyan. Ves la foto de una moza jovial, con gafas de protección, secundada por cinco maromos y un sexto, al que por permanecer en la más reta de todas las guardias, se le intuye dotes de mando. Todos gritan “cheese”, al grito de “selfie”. El que no sabe inglés —y lleva la torola despejada—, ha quedado con el gesto contrito porque, bienintencionado, pero lerdo en idiomas, pensó que estaban mandándole callar. Su mirada (izquierda, arriba) busca la neurozona donde se neuroubiquen los neuroreceptores que neuroconsigan neuroevitar que le neurodé una neura.


¡Caramba! Estamos en la Fábrica de Maniquíes. Un mundo vivo y nuevo.


En el que Justino hace amigos (manipulables) que consienten en salir en fotos colectivas junto a él.


Ha estrechado vínculos. Ya no sólo puebla las paredes de su espacio con selfies de amigotes. También les considera su familia y, como anunció Francisco, la familia que no come unida no puede considerarse una familia, sino una pensión. Así que, Justino, con la mejor de las intenciones ofrece una de sus albóndigas teletransportadas desde IKEA, a lo que su amigo de plasti dice que “nasti”. “He visto cinturones de Orión en Primark, por un euro; se irán como lágrimas en la lluvia”. “Eso significa no, ¿verdad?”.


Harto de sus amigos de látex, que carecen de prótesis u orificios útiles, Justino busca inspiración como todos los vigilantes de seguridad hicieron antes, y seguirán haciendo mientras tengan que prestar el juramento Prosegur: fisgar en los lugares de trabajo de los compañeros que están ausentes. Se aprende a ver detalles. Una pelota dibujada el 6 de noviembre, el anterior al Viernes 13. Una foto de una calle de París.


El 25: “Cumple Carmen”. Me mostraré ingenioso. Haré como Eduardo con sus tijeras. Y entra en un desfase similar a Johnny Depp.


Mientras, los colegas del horario diurno (que no se sabe qué hacen, pero que no parecen trabajar en una fábrica), se ponen a apuntar en una lista los que quieren un décimo de la Lotería de Navidad. La empresa es tan molona que nadie se ocupa de hacerlo: cada uno, con su propio bolígrafo, escribe su nombre y un número (de décimos que quiere), pero nadie recoge la pasta, ni lleva una caja de lata en la que guarda los fondos, ni paga en la administración o devuelve los que han sobrado, o se encarga de ir a comprarlos a la administración más próxima, o al bar de Antonio que tocó el año pasado; a ése no vamos, que ya tocó entonces; ¿compramos por internet donde la bruja de Sort?; mi hijo tiene participaciones del equipo de fútbol, ¿queréis alguna?; en la estación de servicio también tienen, ¿alguien quiere?; y eso sigue sin apariencia de que nunca pueda cesar...


La lista se cae. Se ve el teléfono del Radio-Taxi (que llamen a Uber), una MasterClass de Zumba, el cartel de Empanadillas Leo, un folio amarillo en el que se lee: “Hemos hecho una porra. ¿Cuándo llega Dani Ahuir? (1 €)”. Lo más incomprensible es un post-it azul en el que dos puntos y una curva dotan de una aire siniestro al emoticono más empleado en los móviles de los pitufos.


Tanta ida de olla tiene un colofón final en un efecto Rube Goldberg que culmina con el encendido ritual de un árbol de Navidad compuesto por maniquíes apilados en la fábrica (que tal parece un almacén y no una factoría).


Justo en el momento (10:12 AM) en que alguien se percata de que han ganado el Gordo.


La fábrica ha ganado el Gordo. Porque estos sujetos que diseñan anuncios y que carecen de contacto con la vida real, que creen que pueden proyectar emociones en los muñecos de plástico de una factoría al borde de la quiebra, que pueden sustituir a personas por figurines, que figuran de atrezzo y que, en el mejor de los casos, ni siquiera se quejan por la calidad de la comida de plástico que sirven envuelta en filminas los de la empresa de catering que, siendo como es del hermano del dueño de la productora, se mete unos patinazos que no se puede contar; estos sujetos desnaturalizados, que emplean tres horas al día en desplazamientos desde su casa a su domicilio y vuelta, que viven en burbujas y que no se relacionan con sujetos que hagan cosas con las manos —más allá de hand-shakes o give-me-fives—, que no comprenden que las relaciones son estrechas, porque se tornan en vínculos que se fortalecen con la reciprocidad; estos seres que notan su creatividad porque intentan suplantar a las personas que retratan y, mientras intentan pensar por ellos, se muestran incapaces de pensar con ellos, justificando otra vez que la suplantación es un impedimento para la comprensión y que, llegados a este punto, hacen que el premio lo gane la Fábrica —objeto inerme, inanimado, carente de un antropomorfismo que pueda llegar a confundir al público, o a los creativos, indistinguibles ya en la mente enfermiza de un moderno creador de monstruos— y no las personas que trabajan en la fábrica. El remate inverosímil es que la noticia la facilita un periódico vespertino, aquellos que, según cuentan las leyendas, se vendían por las tardes y reunían las Informaciones que se habían producido en el día en curso; hace eones de la última vez que una persona dio crédito a esta leyenda, que Iker Jiménez piensa estudiar en breve.


Champagne. Preludio de fiesta. Brindaremos cantando con la marsellesa, que tanto nos costó aprender.


Jarana total. Jolgorio absoluto. “Sí, bueno; pero no se me apiñen tanto. Yo soy más de plástico”.

*****

No existe nada más feo
Que usar para este bis
Con ánimo maniqueo
Al tío del Manneken Pis

lunes, 5 de enero de 2015

Juegos y juguetes

El juego es un invento, ingenioso, lúdico (y, en ocasiones, didáctico).

Divertido y diverso.

No precisa de objetivos (más allá de su propio desarrollo; pese a todo, es posible que la fantasía pueda requerir de unas reglas que concilien la participación coral).

Tampoco de objetos (los juguetes; esos artefactos, secundarios, que aumentan su cotización cuando son diseñados -y fabricados- por el propio usuario).

Todo lugar es propicio como escenario de un juego

Los que se nutren de la imaginación, acarrean dosis ilimitadas de ilusión.


"El primer regalo" - Viñeta: Erlich

Hoy sí que es la noche de la ilusión.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La Envolvente de Navidad. Extras. Traca final. Explicaciones. Resumen condensado. Una suerte de alegato

En España somos así.
Nos cuesta renunciar a las tradiciones, al tiempo que adoptamos modas que vienen de fuera.
Aceptamos cualquier propuesta que implique juerga (por mucho que resulte desfasada).
Nuestra imposible mezcla nos dota de un aire de modernidad, y nos resta (id)entidad.

*****

No quiero ponerme pesado. Un repaso al timeline (global) supondría una secuencia similar a ésta:

Halloween — Thanksgiving Day — Black Friday — Christmas Day — New Year’s Eve

En lo patrio, nos empeñamos en mantener ciertas particularidades, marcadas por algunas liturgias propias: Puente de la Constitución (#EscapaDeTuCiudad), Nochebuena (#EngañaATuCuñado), Navidad (#InvitaAUnPobr..jajajajajajaja),  Nochevieja (#UvasSinAtragantos) y Reyes (#AVecesSoyMonárquico).

Y, espoleados por nuestra capacidad para denigrar el enriquecimiento rápido (siendo ajeno), anhelamos secretamente ser afortunados, al menos un día muy concreto.

*****

Como las cosas no pintan bien, Loterías y Apuestas del Estado se han volcado en promocionar su producto estrella.
Han olvidado errores (y aciertos) del pasado para echar la casa por la ventana.
Han montado un chiringuito.
El bar de alguien a quien convierten en estrella (dejando actuar a una lotera veterana, Chelo, que tiene un cameo en la ficción que ella debería protagonizar).


La imagen muestra que hay letra pequeña. Es una captura de la imagen que aparece en la página web www.elbardeantonio.es. Allí lo pone bien claro (blanco sobre negro.

Para entrar en el bar de Antonio tienes que ser mayor de edad


SOY MAYOR DE EDAD


No es una mera formalidad.
En el bar de Antonio mercadean con alcohol y juego.
Ambos son legales (y sumamente adictivos).
Pero no tienen reparos para entrar en mi casa, sin avisos, sin pedir permiso.
Vía TV.
De forma invasiva.
Para aprovecharse de mi necesidad.
De mi debilidad.
De mi ignorancia.
Usando toda su astucia.
Atacando mis emociones.
De forma perfectamente orquestada.
No me dieron opciones para defenderme.
Sólo venían a recaudar.
Querían hacer caja.

*****

No han reparado en gastos. Han organizado una completa campaña mediática.

A continuación, los nueve (9) vídeos:




El secreto



Beautiful



Dilo bien



Llamada



Carpeta



*****

Como todas las tramas modernas, que han sido deconstruidas, al final las piezas encajan como en un puzzle. Todo cobra un cierto sentido.

*****

La deconstrucción es un término popularizado por el cocinero Ferrán Adrià, consistente en aislar los diversos ingredientes de un plato, por lo general muy conocido (la tortilla de patata es un ejemplo) y reconstruirlo de manera inusual, siendo el aspecto y la textura diferentes, pero manteniendo inalterado el sabor, que se aprecia en el momento de la ingesta. La puesta en escena suele requerir una actuación singular, lo que enfatiza la cualidad excepcional del momento.

El término fue acuñado por el filósofo Jacques Derrida. Está apoyado en el método empleado por Martin Heidegger en su análisis etimológico de la historia de la filosofía. El pensador alemán trataba de mostrar cómo cualquier concepto ha sido construido en un proceso histórico, acumulativo, metafórico. Ello conduce a que, lo que aparenta resultar claro y evidente, dista mucho de serlo. Los estratos han ido sujetándose unos sobre otros, estableciendo intrincadas relaciones internas, que dificultan la percepción de las partes que conforman un concepto concreto.

El esbozo planteado por Heidegger en “Ser y tiempo”, sería sistematizado por Derrida. La metodología amplía su radio de acción: parte de la filosofía, se extiende a la literatura, el arte, la gastronomía y, finalmente, se acomoda a la publicidad (o propaganda).

*****

Tanto devaneo filosófico requiere un cambio de tempo.
El gran descubrimiento de la campaña envolvente.
James Vincent McMorrow, puede que nos haya dejado helados.




Quizá le venga bien una remezcla.

En todo caso, su voz atormentada trata de transmitir un mensaje.
Se adjunta:

Someone hears a lie, somewhere underneath.
Caught between the reeling, mirroring the beat.
I no longer feel and the years asleep.
Show no sense of hope, staring honestly.

I wanna go south of the river.
Glacier slow in the heart of the winter.
I wanna go south of the river.
Facing alone in the heart of the winter.

And this we'll celebrate, this we'll celebrate.
There and on the stage, this is a mistake.
Damn me off too long, down the earth and moon.
Damn the clawing kneeling, rustling into change.
In a moment I was caught, calling by a storm.
In the moment of a hot.

I wanna go south of the river.
Glacier slow in the heart of the winter.
I wanna go south of the river.
Facing alone in the heart of the winter.

I’m not in a glove called how.

Few became, few became as glory as along
Against the forest state and starting living in the new.
Harrow since, harrow since the farthest.
Reach underneath inside a cheat.
Something is alive, somewhere underneath.
Caught between the real and the fake.
I don’t want to fit, there and has been found.
Silence is so cold, and there's no sense at all.
And I was someone else, I was something good.
Barely in the old, there among the cold.

I wanna go south of the river.
Glacier slow in the heart of the winter.
I wanna go south of the river.
Facing alone in the heart of the winter.

*****

Alguien escucha una mentira, en algún lugar debajo suyo
Prisionero en una secuencia, reflejando los golpes
No sentiré más, los años pasan dormidos
No muestro esperanza, caminando con honestidad

Quiero ir al sur del río
Un lento glaciar se apodera del corazón del invierno
Quiero ir al sur del río
Afrontando en solitario el corazón del invierno

Y eso es lo que vamos a celebrar, eso es lo que celebraremos
Allí, en el escenario, esto es un error
Maldito demasiado tiempo, bajo la tierra y la luna
Condenado, las rodillas desgarradas, crujiendo por un cambio
En un momento fui atrapado, atraído por una tormenta
Un instante cálido

Quiero ir al sur del río
Un lento glaciar se apodera del corazón del invierno
Quiero ir al sur del río
Afrontando en solitario el corazón del invierno

No llevo un guante llamado cómo

Pocos alcanzarán la Gloria para siempre
Atravesaré un bosque y empezaré a vivir de nuevo
Atormentado pues, atormentado hasta lo más lejos
Llegamos buceando al interior del cariño
Algo está vivo, en algún lugar en su interior
Prisionero entre la mentira y la realidad
No quiero encajar, allí me encontraré
El silencio es muy frio y allí no existen sentimientos
Y yo fui alguien más, fui algo bueno
Apenas en lo viejo, más allá del frío

Quiero ir al sur del río
Un lento glaciar se apodera del corazón del invierno
Quiero ir al sur del río
Afrontando en solitario el corazón del invierno

*****

Durante un momento sentí que la elección de la canción correspondía a un acto subversivo de alguien que, como Tyler Durden, trata de mostrar una realidad que nos empeñamos en no ver. Quizá esos retazos [Alguien escucha una mentira”, “los años pasan dormidos”, “no muestro esperanza caminando con honestidad”, “un lento glaciar se apodera del corazón del invierno”, “eso es lo que celebraremos”, “esto es un error”, “condenado”, “crujiendo por un cambio”, “en un momento fui atrapado”, “pocos alcanzarán la Gloria”, “empezaré a vivir de nuevo”, “atormentado hasta lo más lejos”, “en algún lugar en su interior”, “prisionero entre la mentira y la realidad”, “no quiero encajar”, “allí no existen sentimientos”] podrían cobrar sentido en un mensaje oculto, críptico, que había que ser capaz de descifrar.

Puede que la deconstrucción conduzca a la destrucción.

*****

Fue lo que hice.
Desmenuzar cada una de las nueve piezas que constituían el puzzle.
Un trabajo exhaustivo que me dejó exhausto.

Episodio 1 – “El mayor premio es compartirlo
Antonio y Manuel frecuentan el mismo bar.

Episodio 2 – “Si tú supieras
Padres y hermanos. ¿Qué significa, para ti, compartir?

Episodio 3 – “El secreto
Me pongo una camiseta para que me roben el protagonismo.

Episodio 4 – “Beautiful

Episodio 5 – “Dilo bien
La importancia de la apariencia.

Episodio 6 – “Llamada
¿A quién le importa?

Episodio 7 – “Carpeta
Esos recuerdos que se graban a fuego.

Episodio 8 – “No siempre se gana
Ya sabemos quién es el malo.

Episodio 9 – “No la pierdas
Moralina por un pálpito.

*****


La percepción es engañosa.
Discovery Channel está lleno de programas que muestran los engaños a que nos somete el cerebro.
Parte de los efectos que se explican son las ilusiones ópticas.
Eso que sucede cuando crees que has visto algo, sin que haya sido del modo que te había parecido. O cuando no has visto lo que ha pasado. Esos juegos tan divertidos (si es otro el que sufre el engaño) y tan desagradable (al ocurrirte a ti, con consecuencias irreversibles).

En ocasiones, pasa desapercibido. Debes fijarte mucho, con atención plena, para caer en la cuenta. Pero ahora, en este mundo hiperconectado, acelerado e instantáneo, lleno de estímulos que se suceden a velocidad vertiginosa, apenas da tiempo.

Tampoco hay carteles que avisen que algo va a suceder. Ni siquiera tratándose de la publicidad. Está tan integrada en nuestras vidas, es tan natural, que no prestamos atención y, cuando lo hacemos, nos olvidamos que no pretenden ayudarnos o informarnos. No son nuestros amigos.

Tratan de vendernos algo.

Por lo que tendremos que pagar.

Es necesario mantenerse alerta.

Haciéndolo, con mucha suerte, puedes descubrir el ardid, el montaje, la engañifa. En ocasiones, no se trata de lo que ves. Es, quizá, lo que NO ves. Lo que echas en falta.

*****

En el mundo en que yo vivo hay gente que fuma, gente con prisas, gente que discute.

En el mundo ficticio que han montado, en “La Envolvente”, NO hay nadie a la puerta del bar, apiñada en torno a ceniceros o taburetes en los que posan sus bebidas. En La Envolvente NO hay terrazas en los que, pese a la nieve, la lluvia o el frío glaciar, se mantengan apoyados por sus cigarrillos. En La Envolvente NO hay tablets o móviles (salvo los empleados como atrezzo por los figurantes en la trama). NO hay gente con auriculares, ya sean de botón o circumaurales. NO hay gente aislada, que va a lo suyo.

En el bar de Antonio, el proscenio de todo el montaje, NO hay máquinas tragaperras, la TV atronando, periódicos húmedos con restos de comida y círculos de café.

En el edificio donde vive Manuel, y en todo el barrio, NO hay locales vacíos, desocupados, sin perspectivas de futuro. En el edificio donde vive Manuel NO hay carteles anunciando que hay un piso en venta, en alquiler, lo suelto como sea (por lo que sea). En el edificio donde vive Manuel NO hay ropa tendida, ni tendederos.

En el barrio NO hay jubilados, NO hay parados, NO hay aburridos. NO hay gente triste, enfadada, ociosa. NO hay ancianos, paseadores de perro, gente haciendo la compra. NO hay gente pidiendo. En el barrio NO hay personas que parezcan vivas.

En La Envolvente NO hay niños jugando con la nieve, lanzándose bolas en plenas vacaciones de Navidad. NO hay niños saltando para salir en la TV, tratando de llamar la atención mientras saludan a cámara. NO hay niños (a excepción de un bebé que su madre expone a la nieve para enseñárselo a una vecina). NO hay niños en las casas, ni en el bar de Antonio, ni en fotos en las paredes, ni haciendo carreras en el aeropuerto.

En La Envolvente NO HAY NIÑOS.

NO hace falta decir más de un mundo que elimina a los niños.

*****

Es un montaje. Una farsa. Una ficción. Una triquiñuela. Un ardid. Un engaño. Una trampa.

Para ello se apoyan en nuestros anhelos y deseos, en nuestra confianza, en el afán que tenemos de entender que el mundo es justo y que hay mucha gente buena y honesta.


Claro que sí.
El mundo está lleno de gente buena, honesta y trabajadora.
Pero no salen en la TV. Porque no venden.
SÓLO COMPRAN.


*****

El año 1995 tuve que hacer viajes de trabajo por toda España. Visité sucursales y delegaciones de mi empresa. Íbamos a comer. Desde junio, nos ofrecían lotería de Navidad. Y decidíamos comprar: un décimo para cada uno. Yo volvía a Madrid y a quien iba a visitar se quedaba en su sitio. No podíamos partirlo.

Antes del sorteo hice cuentas. Había comprado 20 décimos. En 1995 el décimo costaba 3.000 pesetas. 60.000 napos del ala. Un buen pellizco. Hace 19 años.

El año siguiente no jugué y, cuando me preguntaban, decía gallardo, “este año gané 60.000”. La comidilla de toda la empresa. Nunca quise explicar mi sistema. Sería considerado un revolucionario.

Este año me tocarán 360 €. No debo descontar lo jugado. Ni pagar a Hacienda.

Un pastizal.

*****

Actualizando el dicho:

“El que parte y comparte, siempre se lleva la mejor parte”.

*****

El juego es el impuesto a la ignorancia.
La sensiblería es el recargo.

*****

El juego es una verdadera lacra social.
La Lotería, como impuesto que es, no supone mayor contribución social que el IVA.
Aunque haya un montón de proyectos (culturales, deportivos, musicales, literarios, gastronómicos, festivos o de cualquier índole) que se financien con las papeletas que nos vemos obligados a comprar (por simpatía hacia el proyecto o la persona que nos lo ofrece).
Esas personas con las que nos sentimos diariamente vinculadas, que forman parte del pedacito de mundo en que nos ha tocado vivir.
Nombres propios a los que somos capaces de poner rostro. Esos héroes anónimos, ejemplares, que pueblan nuestro entorno.
Los que están satisfechos de hacer su trabajo.
Los que se esfuerzan en poner una sonrisa cuando te los encuentras por la calle.
Los que tienen a mano una reacción humana, personal, intransferible.
Los que son más que esos estereotipos a los que algunos quieren reducirnos.
Los que quieren seguir confiando.
Los que están llenos de esperanzas, de deseos y sueños.
Los que contribuyen todos los días.

Los que son como tú.

*****

La gente sin rostro, global, deja rastro cuando se arrastra.
Puedes identificarla en cualquier lugar.
Son todos idénticos, porque se comportan del mismo modo.

Quieren envolvernos en un manto que nos nubla y que nos enturbia la visión.

Lo hacen con un propósito bien definido.

Quieren que perdamos el sentido, la noción de lo que sucede, la percepción de que se trata de una ilusión.

Les interesa que pensemos que estamos a un paso de cambiar nuestras vidas.

Como si todo fuera una cuestión de suerte.

*****

¿Qué tal desplegar lo mejor de uno, en un esfuerzo continuado?
Volver la vista atrás y pensar: “¿cuál fue el mejor día de mi vida?”.
“Me tocó la lotería”.
“Me casé”.
“Hoy”.

Poder empezar de nuevo, cada día, aceptando que no se trata de un día cualquiera.
Admitir que ni siquiera la salud es lo más importante, sino el convencimiento de que el trabajo continuado, el esfuerzo, será el que te haga construir un edificio sólido.

Llamadme idealista, no Ismael.

Cambiaré la banda sonora de un delirio.

La ModeEl único juego en la ciudad



*****

La película de Woody Allen, de 2000, “Small time crooks” (“Granujas de medio pelo”), cuenta con una fantástica Tracey Ullman, especialista en hacer pastas, que se deja embaucar por Hugh Grant. En la escena final Ray y Frenchy se reconcilian. Descubren que lo que buscaban no era el dinero, —que habían logrado trabajando honradamente en la tienda, no en el sótano—, sino lo que podían hacer cuando lo tuvieran.

*****

El envoltorio es tan bonito, está tan bien presentado, que deja de tener sentido lo que encierra en su interior.
Compramos regalos, sin sentido ni medida ninguna.
Despersonalizados.
Pedimos que nos los envuelvan para regalo.
Para ganar tiempo, en los establecimientos usan unos envoltorios que se cierran con una tira autoadhesiva. Rematan el efecto con pegatinas brillantes y adornos de colorines. Tardan menos en hacerlo que en pasar la tarjeta de crédito con la que vamos a pagar.
O en preparar el ticket regalo, “por si no le gusta y quiere cambiarlo”.

Tanto engaño, tanto fuego de artificio, tanta apariencia, conseguirá un efecto:

“Llenar la península ibérica de portugueses e ilusos”

*****

PD: ¿Cómo no va a tener importancia la ilusión?

Pero la ilusión no es una trampa en la que vayas a quedar atrapado.
No es un hotel, un bar o una fotografía.
Ni siquiera un día en la vida.

La ilusión es querer volver a vivir.


Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...