sábado, 8 de octubre de 2011

Voto accesible

Las Elecciones Generales del 20-N se acercan y el Ministerio del Interior ha iniciado, como es su obligación, una campaña institucional de información de diferentes aspectos del proceso electoral. En esta ocasión me ha llamado poderosamente la atención la denominada “Voto accesible”. A continuación os dejo enlace al anuncio de TV.


Ya lo he visto emitido en diferentes ocasiones, aunque no recuerdo en qué canal. [Supongo que sería en un canal privado; sé que se acordó que la TV estatal no emitiría publicidad. Entiendo la capacidad de cualquier órgano legislativo para interpretar a su antojo las leyes existentes y admito, a la fuerza, que una campaña institucional informativa pueda considerarse “un necesario servicio público”. Así que acepto que es posible que haya sido en La 2].

De todas maneras, creo que la forma de realizar el anuncio merece ser reseñada aquí.


El día empieza con nuestro protagonista, ciego, saliendo de casa acompañado por su perro guía. Por el contexto suponemos que va a votar. Pasa por delante de un bloque de apartamentos cercados por una verja. Atraviesa un parque situado sobre un montículo. Cruza una avenida. En otro parque se cruza con un ciclista. Una chica acaricia al perro guía. Unos jóvenes juegan al baloncesto. Y, tras otra calle más, termina llegando al colegio electoral.

Sin profundizar demasiado, se me ocurren dos posibilidades:

ü      El perro guía le lleva dando un pequeño rodeo

ü      El colegio electoral queda realmente lejos de casa


Tampoco pasa nada por hacer un poco de saludable ejercicio, pero no parece que, el colegio electoral, sea lo que yo llamaría del todo accesible.


He intentado adivinar el propósito de la campaña; antes de rematar el anuncio con el consabido “Ministerio del Interior, Gobierno de España” se afirma con rotundidad “puedes ejercer tu derecho al voto con autonomía y sin obstáculos”. Ésta es la clave de la cuestión: con autonomía. Intentan convencernos que, un ciego —o con discapacidad visual grave—, aunque necesite un perro guía que le acompañe, puede considerarse autónomo, pero si llega a tener que necesitar a una persona que le ayude, dejará de serlo. Adicionalmente, supongo, se podrían considerar mermados sus derechos, al perder la posibilidad de ejercer el voto secreto [ya imagino que no se podrá contar con que haya ni un alma caritativa, que pueda echarle una mano, sin que se le escape una miradita cotilla para ver qué ha elegido].

El procedimiento parece ciertamente absurdo: los electores ciegos, o con discapacidad visual, inscritos en el Censo Electoral, que sepan utilizar braille y tengan reconocido un grado de discapacidad igual o superior al 33% —o sean afiliados a la ONCE— y, naturalmente, deseen utilizar el procedimiento de voto accesible, deben llamar a un número gratuito.

¿En qué consiste el procedimiento? En poner a disposición de los solicitantes del mismo, y que cumplan las condiciones descritas, un kit/maletín accesible [sic] el día de las elecciones, en su Mesa electoral. No te lo envían a tu domicilio. No. Deberás presentarte en tu Mesa electoral y decir algo así:

-          Hola, soy el ciego que solicitó el kit.

En ese momento te entregan el ansiado kit —no un paquete— que incluye:

ü      Material de votación estándar o normalizado
-          Un sobre del Congreso
-          Un sobre del Senado
-          Una papeleta de cada una de las candidaturas al Congreso
-          Una papeleta del Senado

ü      Documentación complementaria en braille
-          Guía explicativa de cómo utilizar la documentación contenida en el kit/maletín —en tinta y en braille—
-          Una plantilla troquelada (por las dos caras), dentro de la cual estará la papeleta electoral estándar correspondiente a las Elecciones al Senado.
-          Un listado, en braille, con los nombres de los candidatos y candidatas al Senado.
-          Un sobre grande que incluirá un sobre pequeño (tamaño cuartilla) por cada candidatura que concurra a las Elecciones al Congreso de los Diputados. Cada uno de esos sobres pequeños tendrá pegada una etiqueta en la que constará, en tinta y en braille, la denominación de la candidatura cuya papeleta electoral (estándar, no en braille) está dentro del sobre.

El sobre grande irá identificado con una etiqueta que tendrá el siguiente texto rotulado en braille e impreso en tinta: “Elecciones al Congreso de los Diputados”.

Cada uno de los sobres de tamaño cuartilla antes citados contendrá la papeleta normalizada de votación correspondiente a una candidatura proclamada. Con el fin de que el elector pueda conocer el contenido de cada sobre, se adherirá en cada uno de ellos una etiqueta que, en braille y también en tinta, especificará el nombre y las siglas de la candidatura cuya papeleta esté dentro del sobre.


La cosa está así de difícil. Voy a tratar de explicarlo. Llamas a un teléfono gratuito, solicitas el kit/maletín accesible, te presentas en la mesa y te entregan un maletín que incluye el kit descrito con anterioridad. Ahora, puedes solicitar a la Mesa electoral que te faciliten el acceso a un espacio, ubicado lo más cerca posible de la Mesa electoral, para que puedas manejar allí la información contenida en el kit de votación accesible, con garantías de privacidad. Vamos, que te ceden el despacho del decano para poder manejarte a solas. También te dejan llevarte el kit fuera del local electoral y regresar más tarde a emitir tu voto, pero ya hemos visto en el anuncio que tu casa no te queda precisamente a mano. Un poco de ejercicio es saludable, pero tampoco quieren cansarte.


Voto al Congreso

En el sobre grande viene un sobre pequeño (tamaño cuartilla) por cada candidatura que se presente. Cada uno de los sobres llevará pegada una etiqueta que identifique —en tinta y en braille— la papeleta incluida en el sobre. ¿Por qué en tinta? ¿No se supone que todo el proceso era para garantizar la autonomía de una persona ciega o con discapacidad visual grave? Si no va a poder leer la inscripción en tinta, ¿para qué incluirla? ¿O es para ayudar a la persona que acompaña al ciego que, de repente, ha dejado de ser autónomo?

En cualquier caso, el elector elige la candidatura deseada y quiere introducirla en el sobre del Congreso. ¿Cuál? La relación de contenidos del kit/maletín no incluye una pegatina —en braille— que identifique cada uno de los dos sobres —blanco y salmón— correspondientes al Congreso y el Senado. ¿Cómo hará el ciego para distinguirlos? Que avise a alguien de la Mesa electoral.

Voto al Senado

Vistas las dificultades del voto al Congreso y vislumbrando la complejidad del sistema de la plantilla troquelada (por las dos caras), apuntamos aquí la iniciativa que circula, extendida por la red, en cuanto a la votación al Senado:

¿Qué pasaría si, en las próximas elecciones, al abrir las urnas, aparecieran vacíos todos los sobres de los votos para el Senado?

La interpretación lógica sería que los españoles ¡¡¡no queremos senadores!!! y, por lo tanto, desaparecería y nos ahorraríamos el innecesario Senado. 

No es que yo secunde esta idea, pero imagino que, conociendo las dificultades por las que ha tenido que pasar nuestro protagonista, ésta puede parecer una razonable alternativa.


Se incluye una recomendación sobre el material sobrante, que me parece deliciosa:

Después de la votación, se recomienda al elector o electora que se lleve consigo el kit de votación accesible, junto con todo el material sobrante, a fin de asegurar el secreto del voto emitido.

Nada de reciclaje. Sólo privacidad.


La guía explicativa del kit de voto accesible está disponible en la página del Ministerio del Interior en castellano, català, balear, euskera, gallego y valencià. No lo está en otras lenguas locales —bable, leonés, andaluz—, ni tampoco en braille.


La accesibilidad, para el Ministerio del Interior, ha dejado de ser una lucha por la supresión de barreras arquitectónicas. Para que sea más accesible emitir el voto no debe orientar sus esfuerzos para facilitar el acceso a las personas con movilidad restringida, dependientes necesariamente por su edad y condición, colocando rampas o ascensores que faciliten el paso a los discapacitados físicos. Simplemente, con entregar maletines a los ciegos que los soliciten, habrán cumplido.

El anuncio se cierra con la imagen que incluyo:



Derecho al voto
Sin obstáculos

Y el elector se planta delante de una escalera en la que no hay ni una mísera rampa.


Con subtítulos.

¿Para quién? ¿Para el sordo que no puede estar sin saber lo que hace el ciego?

Con intérprete de lenguaje de signos.

¿Para quién? ¿No resulta redundante y confuso para un sordo contemplar a la vez a una intérprete de lenguaje de signos y el texto subtitulado? Si oigo a dos personas leyendo el mismo texto, personalmente me siento confundido; siento una excesiva exposición al ruido. El anuncio tiene el pernicioso efecto de no subsanar ninguna carencia sensorial, pero hace el ruido accesible a los sordos.


¿Se compromete el Ministerio del Interior, Gobierno de España a facilitar, después de las elecciones, el número de ciegos que se acogieron a tan singular iniciativa?

sábado, 1 de octubre de 2011

Taxi

Foto: Al Fed
El pasado martes, al salir de ver la película “El árbol de la vida”, cogí un taxi para volver a casa. Con más frecuencia de la que me gustaría, me veo obligado a tener que usar ese servicio. He tenido algunas experiencias desagradables, que no me pararé a mencionar ahora. Eso ha motivado que haya desarrollado una estrategia que recomiendo para todos los que quieran seguirla: tengo un par de números de taxistas grabados en el teléfono. Son los que utilizo para desplazamientos que puedo programar con antelación. Pero no siempre tengo esa posibilidad y, en ocasiones, debo recurrir al que encuentro en la parada.

Fue lo que hice al salir de la película.

En la parada había dos taxis. Los conductores estaban charlando. Pregunté cuál me correspondía y me lo indicaron. Me tocó un mercedes, tapicería de cuero, limpio, olía bien. El conductor, tras indicarle la dirección, preguntó si me molestaba la ventanilla que llevaba bajada. Le dije que no. Estaba profundamente emocionado por la experiencia reciente de la película y estaba dándole vueltas a mi cabeza. El conductor seleccionó en el reproductor de música y puso, para que sonara perfecto, la siguiente canción:


Me preguntó si molestaba la música en la parte de atrás. Le dije que no. Las emociones se agolpaban en mi cabeza. El recuerdo reciente de la película mezclándose con una de mis canciones favoritas, en un equipo que sonaba de fábula, de noche, con la calle desierta, sin prácticamente coches, con una conducción suave y el conductor en silencio. Todo encajaba. Mis ojos se anegaron de lágrimas.

Tuvimos tiempo para que, en el recorrido, seleccionara una segunda canción:


Entonces, al llegar a casa y finalizar el trayecto, le pedí una tarjeta.

Hoy tengo tres números de taxistas grabados en mi teléfono.

Actualización 17 de marzo de 2012.
Compruebo que la segunda canción, "Hurricane", de Bob Dylan está bloqueada por problemas de gestión de derechos, incluyo a continuación la versión que hizo Toli Morilla en bable. Nun ye lo mismu, pero casi.



Resumen septiembre 2011

Foto: Andrew Marden
La vuelta a las ocupaciones normales, al ritmo ordinario. Se acabaron las vacaciones y todos nos tuvimos que poner a trabajar duro.

El blog avanza. Cada vez sois más los entusiastas del activismo, lo que hace que se enriquezca gracias a vuestras imprescindibles aportaciones.

Espero vuestros comentarios y sugerencias siempre. Deseo que os siga interesando emplear parte de vuestro tiempo en asomaros a este vuestro espacio.

Gracias a todos.

A continuación, como siempre, os dejo una relación de temas tratados, por si alguno se os pasó en su momento y queréis revisarlo.


Bill Bryson: En casa (30/9/11) [Libros]

Vale (30/9/11) [Costumbrismo social, Formación]

El árbol de la vida (27/9/11) [Desarrollo personal, Películas]

La felicidad (II) (23/9/11) [Costumbrismo social, Creatividad, Habilidades sociales]

La felicidad (23/9/11) [Costumbrismo social, Creatividad, Habilidades sociales]

La competencia (21/9/11) [Costumbrismo social, Formación, Habilidades sociales]

Las normas (20/9/11) [Costumbrismo social, Desarrollo personal, Habilidades sociales]

Planificación y previsión (17/9/11) [Costumbrismo social, Desarrollo personal, Habilidades sociales]

Los hábitos (15/9/11) [Costumbrismo social, Desarrollo personal, Habilidades sociales]

Reduccionismo (13/9/11) [Costumbrismo social, Desarrollo personal, Habilidades sociales]

Gabriel Ginebra: Gestión de incompetentes (6/9/11) [Formación, Habilidades sociales, Libros]

The Damned United (6/9/11) [Desarrollo personal, Habilidades sociales, Películas]

Zapear (4/9/11) [Costumbrismo social, Creatividad]

Cuatro (3/9/11) [Costumbrismo social, Creatividad]

Los hábiles 10 (3/9/11) [Costumbrismo social, Formación, Habilidades sociales]

Resumen agosto 2011 (2/9/11) [Resumen mes]

viernes, 30 de septiembre de 2011

Bill Bryson: En casa

El planteamiento inicial del libro es ciertamente original: preocuparse por el origen y la historia de los lugares en que habitamos, los utensilios que empleamos y la génesis y evolución de los progresos que facilitan nuestras comodidades domésticas.

Bryson se pone a ello y lo hace de una forma realmente entretenida, mostrando sus vastos conocimientos, en temas verdaderamente singulares, y convirtiendo el relato en una colección de anécdotas y datos, carentes de un enfoque enciclopédico, que, todo sumado, convierte a la lectura de la obra en una experiencia sumamente atrayente.

Dos deficiencias en sus postulados lastran la obra para lectores vía traducción —a pesar del notable trabajo de Isabel Murillo en la edición española—:

ü      La historia de la vida privada —de lo que ocurre en casa— se circunscribe al Reino Unido y sus antiguas colonias [notablemente Estados Unidos], como si otras culturas no hubieran aportado nada en ese terreno [sólo se incluyen pequeñísimas pinceladas de Francia].

ü      El interés por la evolución etimológica de determinados términos en inglés, resulta superfluo para un lector español.

En definitiva: una forma entretenida de pasar un buen rato con la única pretensión de asistir al relato de acontecimientos interesantes de la historia, pero que, por su estructura singular, le deja a uno sin ningún poso.

Vale

-         Me vas a hacer un favor. Buscas en el armario de la entrada, ¿vale?, en el cajón de las llaves y está ahí el llavero del plátano que compramos en Tenerife, ¿vale?, me lo coges y me lo traes, ¿vale? Me traes también el estuche que guardo donde los calcetines, ¿vale? ¡Ah! Y no te olvides de traerme también el libro que tengo en la mesilla, ¿vale?, acuérdate que tiene las tapas azules y un dibujo de un tigre gruñendo, ¿vale?
-         Vale.


-         Hola, me llamo Victoria, pero mis amigos me llaman Vicky, ¿vale? Llevo trabajando dos meses en la empresa y estoy muy contenta del trabajo que hago, ¿vale? Me han apuntado para hacer este curso y no tengo muy claro qué es lo que espero sacar de él, ¿vale?, pero espero pasármelo bien, ¿vale?, y que me sirva para poder hacer bien mi trabajo, porque, como llevo poco tiempo, ¿vale?, todavía hay cosas que no sé hacer muy bien, ¿vale?, pero espero que el curso me sirva para aprender, ¿vale? También me gustaría que el curso me sirviera para conocer más a algunos compañeros, que todavía no los conozco bien del todo, ¿vale?, pero eso es lo que espero del curso que empezamos hoy, ¿vale?


-         Mire, tiene usted una frenopatía extrúlica, ¿vale? En estos casos, lo normal es operar, pero debido a su edad, ¿vale?, hemos pensado que será mejor tratarlo con medicación. Normalmente suele funcionar en un 75% de los casos, ¿vale?, pero es muy importante que siga el tratamiento que le vamos a indicar, ¿vale? Por las mañanas tiene que tomar una pastilla de xilizonina, ¿vale?, media de otropacil y tres gotas de parecemilín, ¿vale? Si algún día tiene dificultades para orinar a primera hora, tome citoporina granulado, ¿vale? Al medio día, después de la comida, tome 1 sobre de pinilorín, le ayudará a mantener alto el nivel de estrosterosa, que lo tiene muy bajo, ¿vale? Tiene que tomar una pastilla azul los lunes, miércoles y viernes, ¿vale?, y una pastilla roja los martes, jueves y sábados. Los domingos, ¿vale?, depende de si llueve o hace sol, pero no puede tomar la misma pastilla tres domingos seguidos, ¿vale?, esto es muy importante que no lo olvide. Para cenar, si tomó huevos en el día, ¿vale?, no se olvide de tomar un sorbito pequeño de clororato, ayuda en la descalcificación moleculosa, ¿vale? Los pacientes, como usted, con índices altos de FHpd, tipo II, ¿vale?, deben tomarlo siempre. Y antes de acostarse, ¿vale?, no olvide rezar sus oraciones y preparar la jeringa autoaplicativa de las dos de la mañana, ¿vale? De todas maneras, no se preocupe, que se lo dejo apuntado todo.
-         Y para todas estas medicinas, ¿me darán un vale?


Foto: paurian


Cuando el “vale” se usa para todo, no vale para nada.

Si estamos en la sociedad del “todo vale”, ¿alguien puede explicarme el valor de nuestra sociedad?


Estamos en el mundo de la indefinición, de la atonía, de la indiferencia existencial.

“Me da lo mismo ocho que ochenta”

“Como quien oye llover”

Se presta atención a cualquiera que quiera hablar, independientemente de que se le reconozca como un charlatán.


“Tengo derecho a contar mi verdad”.

Empeñarse en hablar, aunque nadie te atienda, aunque no vayas a conseguir nada, hablar por hablar, explicar incansable a los demás lo que opinas, para que sólo vayas a obtener un vale.

Vale.


En algún momento, al inicio de mi carrera de formador, me planteé poner una penalización a quien empleara en su discurso el perturbador “vale”. Cobarde declarado, me arredré, no fuera a ser que me denunciaran. Hoy creo que, si desde ese primer día hubiese puesto la penalización en marcha, ya habría conseguido retirarme.


Escuchar al socaire una conversación de adolescentes es asistir a un partido infinito de ping-pong vale.

Vale.

martes, 27 de septiembre de 2011

El árbol de la vida

En el artículo que iniciaba este blog afirmaba que había dejado de ir al cine. Era una afirmación veraz y explicaba, entre otras cosas, las razones por las que había dejado de ir al cine. Hoy he cambiado esa costumbre y he ido a ver “El árbol de la vida”, la reciente película de Terrence Malick, un director personalísimo, con una trayectoria de lo más particular, que podéis encontrar narrada en cualquier otro espacio dedicado al cine.


Antes de decidirme a ir a ver la película, exploré por internet. Las reacciones son extremas: o la rechazas o te apasiona. Había leído que la gente se va durante la proyección y, puedo confirmar que ocurrió lo mismo en la sesión a la que yo asistí. Incluso he visto alguna página que pedía que contaras las películas de las que habías salido durante la proyección y algunos afirmaban que era la primera vez que lo hacían.




Carece de una estructura narrativa convencional; de hecho casi cualquier adjetivo se podría intentar encajar para describirla, excepto convencional. Por eso, me declaro incapaz de contestar a la primera pregunta clásica del cine [¿de qué va?] y pospongo para el final del artículo la respuesta a la segunda pregunta clásica [¿te gustó?].



Haré tres apuntes personales a la película, sin pretender iniciar un debate para convencer a nadie de mis reflexiones; simplemente intentaré compartir —por si a alguien le pudiera interesar— algunas impresiones que considero de interés.

  1. No participo de una falta bastante extendida de acusar a otros de no tener sensibilidad por no emocionarse con las mismas cosas que le emocionan a uno. Asumo, por definición, que todos tenemos capacidad de emocionarnos y, que podamos encontrar esa posibilidad en diferentes situaciones, es una de las cosas que hace la vida más rica y entretenida.

Pero ésta es una película de emociones, de sensaciones. Ambas son difíciles de transferir. O se tienen o no se tienen. Nadie puede explicar a otro lo que siente cuando se emociona. Es evidente que no todo el mundo siente lo mismo en el cine. Resulta contradictorio verte llorando mientras otras personas abandonan la sala.

  1. El componente visual es relevante. La belleza de las imágenes es sobrecogedora. En muchos casos, me hacía pensar que, algunas de las imágenes con que he ilustrado artículos en este blog, parecían sacadas de la película.

  1. Para quién se pregunte cuál es el mensaje que quería transmitir el director, explicaré mi postura personal, única e intransferible: me interesan más las preguntas que las respuestas. “El árbol de la vida” no me ha ofrecido respuestas, pero ha hecho que, durante la proyección, me haya hecho muchas preguntas a mí mismo. Estoy seguro, además, que la película, las imágenes y las preguntas me acompañarán durante muchos días, por no decir toda mi vida.


Y ahora, la respuesta que había pospuesto, la convierto en dos preguntas:

ü      ¿Crees saber si me ha gustado?

ü      ¿Crees que te recomiendo que vayas a verla?

viernes, 23 de septiembre de 2011

La felicidad (II)

Viene de La felicidad

Si necesitas recordar el vídeo, vamos por el minuto 2:02 — justo a mitad de camino—.



Otra aportación anónima: “mis vacaciones ideales son estar en la playa, tumbada, sin hacer nada”.


No comentaré nada, para no cansarme. O sea, me da así como pereza, tía.


“Mi ideal de felicidad es pasar las vacaciones en una isla del Caribe. No es muy original, ya lo sé, pero me pierden esas playas de arena blanca y aguas transparentes”.


Es Carmen Beltrán, periodista (por ocupación) y soñadora (por definición) Le falta hacerse clienta del banco naranja. Eso sí, tiene una amiga y una bañera.

“Mucha espuma olorosa, velitas de colores, música agradable, cerrar los ojos y a gozar hasta que se me arruguen los dedos de los pies. Un momento de felicidad perfecto tras un día agotador y a buen precio. No hay como el buen consejo de una buena amiga”.


Pero, ¿no era que le faltaba plan para las vacaciones? Así sin conocerte te diré, guapa, que eso lo puedes hacer hasta los días de trabajo. De hecho, suena a plan al salir del trabajo. ¿Verdad que no nos estarías intentado engañar para parecer más feliz?



El 87.1% de la gente que se
considera muy feliz admite darse
algún capricho con regularidad


¿Ves? Te hemos pillado: con regularidad lo dice todo. Es el plan que haces todos los días cuando terminas de trabajar y llegas a casa, sola, y te pones velitas y espuma y musiquita y dejas que los dedos de tus pies se arruguen como los de una bruja mentirosa. Tu amiga te contó ese cuento, y se ligó a tu antiguo novio, y se dedica a hacer con él, lo que las amigas hacen con los antiguos novios de sus amigas, y luego tu amiga te cuenta cuentos como si fueran consejos, porque tu amiga sabe que eres de las amigas que se creen los consejos que les dan, y así te quedas en casa, arrugándote en una bañera, mientras piensas en el Caribe y no sales a la calle para hablar y conocer y hacer cosas de verdad con personas reales. Y ya.




“La felicidad humana generalmente
no se logra con grandes golpes de
suerte, que pueden ocurrir pocas veces,
sino con pequeñas cosas que ocurren
todos los días”

Benjamin Franklin



Dejo capturada imagen de los responsables: Clara Vila en la dirección —la maletera— y Marta Vila —dedos arrugados— y Tobias Leierkasten —viajero volador— en el guión (Aviso a rotulistas que guión lleva acento).


Y ahora me toca a mí. Y para ponernos en situación hay que llamar a Palito Ortega:


Hemos llegado a la felicidad en menos de cuatro minutos. Realmente es sencillo alcanzar la felicidad (en cuatro minutos). La idea es que dure algo más que eso. Esa efímera felicidad es del todo insatisfactoria. La madurez es, entre otras cosas, comprobar en uno mismo esa verdad imperecedera: que la felicidad tiene que construirse continuamente.

En un artículo anterior planteábamos condiciones para la felicidad:

ü      No hedonista, no inmediata, no superficial
ü      No exclusiva, no reduccionista, no selectiva
ü      Basada en el juicio personal, individual, identitario

Ahora afirmamos que la felicidad es un camino sin destino. Su propósito es una búsqueda personal. No hay baldosas amarillas que nos guíen como hacían con Dorothy cuando buscaba a Totó en El mago de Oz.



Plantear el camino como la búsqueda de un destino final es problemático, confuso y potencialmente frustrante. Dorothy empieza buscando a Totó, luego sigue tratando de llegar a Ciudad Esmeralda para poder consultar con El mago de Oz y, entre tanto, descubre que sólo quiere volver a Kansas.

En el camino, encuentra a tres simpáticos compañeros de viaje: un espantapájaros, un hombre de hojalata y un león. Cada uno tiene sus propias ambiciones y juntos inician una búsqueda que les lleva, por un montón de peripecias, hasta encontrarse con la decepción del farsante que se esconde detrás de la cortina.

Finalmente, Dorothy vuelve a casa y puede afirmar que “se está mejor en casa que en ningún sitio”. Esa valoración es, desde el punto de vista de un espectador, bastante cuestionable. Nadie hubiera ido a ver al cine una película titulada “La (aburrida) vida de Dorothy en Kansas”. De hecho, al principio ella quería escapar de Kansas. Donde se mostró verdaderamente feliz era en el mundo de Oz, aprendiendo y disfrutando de las experiencias que tenía que vivir junto a sus compañeros de aventuras. Eso es lo que todos queremos ver en la película: las luchas con la Bruja Mala del Oeste y las peripecias que deben ir superando. Lo demás es una fábula interpretativa rebuscada. Mucho se ha escrito sobre los mensajes implícitos de la misma. La actriz que interpretaba el papel protagonista, Judy Garland, no tuvo una vida precisamente feliz. Como homenaje al simbolismo encerrado en la película (que yo no consigo ver) fue elevada a lo más alto de la iconografía gay. Desaprovechó personalmente la posibilidad de extraer el mensaje que tenía a la vista y se sumergió en un mundo ficticio en el que creía que podría ser Dorothy para siempre.

Para nuestros propósitos, los que resultan verdaderamente ejemplares son sus compañeros de viaje: crecieron personalmente afrontando los retos que les preparaba el destino. El espantapájaros desarrolla su inteligencia, el hombre de hojalata muestra sus sentimientos y el león confirma su valentía. Son felices porque consiguieron las habilidades que pretendían. Cambiaron y maduraron hasta alcanzar la felicidad.


El programa transmite un mensaje confuso: plantea el viaje como una huida. Las aportaciones destacan que, en realidad, no son felices en su propia vida.

Un arraigado mensaje es que la felicidad es incompatible con el trabajo. Muchos estamos en desacuerdo. Entendemos el trabajo como una posibilidad de desarrollo personal; le dedicamos muchas horas y nos esforzamos, en una búsqueda activa, tratando de que nos guste lo que tenemos que hacer. El descanso después del esfuerzo es necesario, merecido y reparador. La holganza, la pereza y la flojera son, además de males a combatir, profundamente insatisfactorios.

Plantear una vida en la que, mientras trabajas, no tienes tiempo para hacer otra cosa y, cuando descansas, escapas de tus rutinas, es la causa de que existan las depresiones vacacionales: gente que descubre que, en el fondo, ni siquiera soporta a su familia. Por eso aumentan los índices de divorcios en vacaciones.


Yo quiero ser feliz todos los días. Quiero que ser feliz sea, para mí y los míos, rutinario. Intentaré poner un poco de azúcar en las cosas que tenga que hacer.



A partir de ahora, mientras duren los cuatro minutos de felicidad en La 2, ya sabéis dónde me podéis encontrar. Esperando que empiece Saber y ganar, que se retrasa siempre.


La felicidad depende siempre de uno mismo

Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...