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jueves, 30 de junio de 2022

ELVIS (Baz Luhrmann, 2022)

 


Fui al cine espoleado por la obligación de ver el biopic del showman más importante de la historia (uno se reserva ciertos placeres para realizarlos como si fueran obligación), pero receloso porque había visto el tráiler y era conocedor de algunos de los intentos perpetrados con anterioridad por el mismo director, pero no quise caer en el desaliento y, a la vista de la duración del film, me planté en la sesión de las 15:45 asumiendo que, en caso de salir las cosas torcidas, siempre me quedaba la oportunidad de echarme una siesta.

Siempre olvido que las salas de cine no son lugares apropiados para dormir si has olvidado los tapones para los oídos, como era mi caso.

*****

Resumo mucho (sin adentrarme en destripar tramas, ni dedicarme a vendimiar en exceso) afirmando que la película tiene múltiples defectos. Pero concedo al director que nadie va al cine (a estas alturas) para conocer la biografía de Elvis Aaron Presley (Austin Butler), del que, grosso modo, todo es sabido.

Y centrar la trama en el enfoque del Coronel Parker (Tom Hanks) tiene interés; los malos son personajes cautivadores (al menos en la época de la post-verdad). Pero su protagonismo es excesivo; en ocasiones parecía que asistíamos a la biografía de Parker. Y (seguro que mi opinión es compartida), los recuerdos del manager de un cantante tampoco constituyen motivo de peregrinación.

Finalmente: ver, en una pantalla de cine, la vida de un ídolo (muerto) implica que los motivos más sórdidos adquirirán más importancia de la debida, pero una cita de Chesterton previene sobre estos males:

 

“Es una pena que a menudo conozcamos el pasado sólo por el final. Recordamos el ayer sólo por las puestas de sol. Hay muchos ejemplos. Uno es Napoleón. Siempre pensamos en él como un déspota viejo y gordo que gobernó Europa con una despiadada maquinaria militar. Pero ésa fue sólo la 'última fase'. En la época más sorprendente e intensa de su carrera, que fue la que le hizo inmortal, Napoleón era casi un muchacho, y no precisamente un mal muchacho, ambicioso y obstinado, pero sinceramente enamorado y entusiasmado por una causa, la de la justicia e igualdad francesas”.

*****

Hechas estas salvedades debo reconocer que (expectativas bajas ayudan a una valoración más positiva) la película tiene algunos aciertos.

Y son colosales.

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Lo primero: la Banda Sonora. ¡Claro! El material del artista nacido en Tupelo, Mississippi conforma una de las discografías más extensas y reconocibles. No en vano es el cantante solista que más discos ha vendido.

Lo sigue siendo.

Segundo acierto: se escogen con tino los momentos decisivos de su trayectoria artística y se transmite de forma cristalina la construcción de su música, con tanto acierto que, sin contar ni explicar nada, haciendo sonar la música (y empleando recursos cinematográficos con verdadero oficio), se conecta de manera diáfana con lo que estás oyendo. Siendo la música una forma de arte “natural” (llevamos el ritmo arraigado en nosotros, lo que nos lleva a movernos de manera inconsciente), resulta muy complicado conseguir la asimilación de una evolución; aquí se logra de manera imparable.

 

Rock & roll como fusión de rhythm & blues y góspel.


Comeback Special. Elvis vuelve a actuar con público después de siete años

Debut como músico residente en Las Vegas

 

Son tres secuencias épicas; hacen que te olvides del resto (el excesivo metraje, el excesivo protagonismo del Coronel Parker, el excesivo final, no demasiado morboso) y recuerdas lo que ya sabías antes de decidirte a ir al cine: todo en la vida de este titán debe ser, a la fuerza, excesivo.

*****

Y concluyes que esta película (para los que nos consideramos inoculados por la música del diablo) es un evento IMPRESCINDIBLE.

 

Coda: evita el tráiler en la medida de tus posibilidades

(Consejo aplicable a cualquier película actual)

 

“Cuando sea peligroso decir algo, cántalo”

 



viernes, 17 de febrero de 2017

Tiranizados por el laikcismo


¿Alguna vez has dado “me gusta” a un texto que no has leído, una foto que has mirado al bies, una canción que no has escuchado y ni siquiera conoces, amparado en un deseo de reciprocidad, sabedor que las relaciones se alimentan de estas migajas de aceptación que se dan en espera de ser cobradas?

¿Has subido una foto, escrito una ocurrencia pasajera, compartido una canción ñoña y resultona, rebotado un enlace de un artículo demasiado largo y enrevesado para detenerte a leerlo; y te has quedado oteando, como un halcón, esperando que más y más gente (hordas desconocidas, ¡cómo os anhelo!) se abalancen en una interacción que, mal que te pese, es fructífera y satisfactoria?

Una realidad tiránica, descrita (empleando palabras ilustres) y editada por Santi Alverú, ejerciendo de pope de Yonlok, la revista de la que todavía no me han echado.

Dale like en el enlace adjunto.

lunes, 26 de octubre de 2015

DH, graduado

"El objetivo principal de la educación es crear hombres
que sean capaces de hacer cosas nuevas,
no repetir simplemente lo que han hecho las otras generaciones,
hombres que sean creativos, inventivos y descubridores".
Jean Piaget

Génesis: “En el principio”

Ben Braddock está en las nubes.

No se trata de una forma de hablar.
Es real.


Acaba de graduarse en una de las Universidades americanas de más prestigio; no se menciona, pero todo hace suponer que se trata de alguna de las ocho que conforman la Ivy League (Brown, Columbia, Cornell, Dartmouth, Harvard, Pennsylvania, Princeton y Yale), un círculo concéntrico que se cierra en el nordeste USA y que constituye el club más exclusivo que el adiestramiento moderno haya logrado forjar.
Y, tras haberse graduado con méritos y honores (obteniendo un premio por su esfuerzo; reconocimiento a su talento), vuelve a la casa de sus padres, en Pasadena, California, para disfrutar de un bien ganado descanso entre los suyos.
Tras aterrizar, se desliza por el aeropuerto, tal como su maleta.
Se desplaza al domicilio familiar y sube a su habitación.



Es la secuencia inicial de “El graduado” (“The graduate”), segundo largometraje dirigido por Mike Nichols en 1967, tras su celebradísimo debut, “Who’s afraid of Virginia Woolf?”.

*****

Ben Braddock está in albis.

Se sienta, delante de la pecera que tiene en su cuarto.
Su padre sube a hablar con él.




— ¡Eh! ¿Qué te pasa? Los invitados están abajo, Ben, esperando verte.
— Papá, ¿no podrías decirles que deseo estar solo un rato?
— Son todos buenos amigos. Muchos de ellos te conocen desde…, ¡bueno!, prácticamente desde que naciste.
— …
— ¿Qué te pasa, Ben?
— Sólo que…
— ¿Estás preocupado?
— ¡Uf! …pues sí.
— ¿Por qué estás preocupado?
— Creo que por mi futuro.
— ¡Hum! ¿Y a santo de qué?
— No lo sé. Quisiera ser …
— Ser ¿qué?
...diferente.
— ¿Ocurre algo?
— No, no. Ya íbamos a bajar.
— Han venido los Carlson…
— ¿Ah, sí? ¡Bien, magnífico!
— ¡Y han venido desde Tarsana! ¡Vamos!, hace rato que te esperan.
— Que agradable es en la vida poder contar con buenos amigos.


Aunque la escena se prolonga, el plano fijo, enfocando un cuadro de dudoso gusto, muestra el aspecto interior de Ben.
Ha completado su formación. Ya es todo un hombre.

*****

Ben Braddock está en el limbo.

Ben (interpretado por Dustin Hoffman en su debut en el cine) acompaña a Mrs. Robinson (Anne Bancroft) a su domicilio.

Ella, amiga de sus padres y poco dada a mantenerse fiel a las convenciones, ha apreciado el cambio en Ben, quien muestra que, habrá leído muchas páginas en sus libros de texto, pero le falta echar algún vistazo a las páginas de la vida. Es sonrojante su ingenuidad, siendo el único que no se percata de la seducción a que le somete la más clásica MILF del cine.




El juego no se completará en el hall de la familia Robinson; deberán ascender a la planta superior, donde se encuentran los dormitorios.

*****

Ben Braddock está inmerso.

Ha aterrizado. Ha bajado de su habitación. Ha descendido de la habitación de los Robinson.
Ahora debe integrarse en la sociedad.
Sus padres le embuten en un traje de buzo que le da autonomía (subacuática).




Pero él no quiere alcanzar la independencia.
Ha pasado de estar sujeto por sus padres a estar sometido por su ilícita amante.

*****

Ben Braddock está confundido.

Ha cogido gusto a la piscina y no quiere salir de ella.
Dedicará el verano al dolce far niente.




Si en lugar de estar circunscrito a la piscina familiar, rodeado de barbacoas, hubiera ido a la playa, podría parecer una promoción del verano español.

*****

Ben Braddock está en un proceso de cambio.

Ha comprendido, al fin.
Quiere a Elaine (Katharine Ross).
Quiere llegar hasta ella.
Quiere estar con ella.
Debe darse prisa. Puede ser demasiado tarde.
Ella puede no estar de acuerdo.
Es lo único que tendrá importancia.




En la última fila de un autobús que se dirige a ninguna parte, adquieres verdadera conciencia de que sigues careciendo de plan.
Pero tienes compañía.
Has forjado un vínculo.

*****

Ben Braddock está indeciso.

La película fue recibida con gran éxito de público y crítica.
Se le asignó la etiqueta de contracultura, como forma de clasificar a aquellas que pretendían dar una nueva visión, desde el cine, a los problemas de una sociedad que cambiaba.
Los tres vértices del irregular triángulo protagonista conforman las metáforas de los cambios que caracterizaron una época convulsa:

Mrs. Robinson no sabe qué hacer, a su edad. Desengañada con la vida cómoda que está viviendo, le parece turbador seducir a un joven triunfador y engañar a su marido.

Ben no sabe qué hacer, con su tiempo. Una vida programada resulta más cómoda, dada la facilidad de aceptar (o rechazar) los planes ajenos, que cuando es uno mismo el que debe concretar sus propósitos.

Elaine no sabe qué hacer. Nadie le animó a realizar preguntas. Su comodidad se muestra como su cautiverio.

Más allá de la seducción provocada por una mujer madura, activa, depravada, alcohólica confesa e inmoral, en la que un imberbe cae atrapado sin poder resistirse, la película muestra las fisuras de una sociedad que se resquebraja, al haber renunciado a sus tradiciones.

“Son los campesinos quienes conservan las tradiciones
en los campos de batalla o de la construcción de iglesias;
son ellos quienes recuerdan, en tanto que se recuerdan,
las apariciones de las hadas o las maravillas más solemnes de los santos.
En las clases superiores lo sobrenatural ha sido eliminado por el desdén”.
G. K. Chesterton

El desdén.

*****

Ben Braddock no se entera.

La película está ambientada en el verano de 1967 (“el verano del amor”). Su banda sonora fue un LP, en el que un grupo que se alejaba de los escenarios se transformaba en una banda ficticia que dejaba aparcada la corbata y la chaqueta para enfundarse un uniforme multicolor, charreteras y bigote, tocar en parques públicos, con sus corazones solitarios y un sargento especiado al frente.

Un destino se erigía como obligado; el único requisito era llevar flores en el pelo.

Había que ir a San Francisco. Era el momento de hacerlo.

Ben había cruzado el país. Se había hecho un coast-to-coast, para llegar desde Yale, pongamos por caso, hasta Pasadena.


"Ocho horas y media"

Y fue incapaz de irse a Frisco, en el mismo estado.

"Poco más de una hora"

Del 16 al 18 de junio de 1967 se celebró el Monterey International Pop Music Festival, en Monterey, California; considerado por todos los entendidos como el precursor de Woosdtock, un par de años antes. Allí triunfó como un coloso Otis Redding, pocos meses antes de morir al estrellarse la avioneta en que viajaba.
Al lado de la casa de Ben.
Se perdió una oportunidad irrepetible, con tanta visita al hotel Taft.

Si es que está a tiro de piedra…

"Con el clima californiano, su descapotable sería un imán rojo"

La combinación del LSD, que circulaba con profusión (bajo el nombre en clave “Purple Monterey”), más las lecciones de Otis, le hubieran permitido —levitar— para alcanzar la sabiduría.

“La sabiduría es como un zorro al que, tras larga persecución,
al final cuesta mucho esfuerzo hacer salir de su refugio;
es como un queso que, cuanto más sabroso es,
más espesa, más fea y más basta es su corteza,
y en el que, para un paladar sensato, los gusanos son lo mejor;
es como un ponche de vino, en el que cuanto más ahondas más dulce lo encuentras.
La sabiduría es como una gallina, cuyo cacareo debemos saber valorar y considerar,
pues es acompañado por un huevo;
en fin, es como una nuez, que, de no ser elegida con juicio,
puede costarte un diente y dispensarte nada menos que un gusano”.
Jonathan Swift

La mejor forma de alcanzar la satisfacción es empleando la ternura; convierte al amor en algo duradero.


*****

Todo lo bueno se acaba.
El inicio de las clases trajo el fin del verano.
El 6 de octubre de 1967 se celebraron sus funerales, en el distrito de Haight–Ashbury.


*****

Ben Braddock trabajó duro.

Tras haberse aplicado en seguir el plan que su padre había diseñado para él, Ben descubre que su graduación no era una meta; era una etapa, decisiva, pero no la más importante.
Era una puerta: la transición a la vida adulta. En ella, debería lograr algo más difícil que ser autónomo. Tendría que ser independiente.
Y, del mismo modo que hicieron sus padres, comprendió que la única forma de ser independiente, era siendo dependiente.
Forjando un vínculo estrecho, incondicional, que permitiera desentrañar las desconocidas circunstancias que le depararía el futuro.

Quizá intentara reproducirse junto a Elaine.
Recaería sobre ambos la responsabilidad de educar a sus hijos.
Mirar los referentes aprendidos en la familia y transmitirlos a su descendencia.

El mensaje más contracultural que se pudo contar en los ‘60s.

Que, casi 50 años después, sigue siendo innovador y transgresor.

“Existe una inteligencia común a todos los individuos.
Cada ser humano es una puerta de entrada tanto para lo idéntico como para sus semejantes.
Quien accede a la libertad de la razón se convierte en hombre libre de la herencia de ésta.
Puede pensar lo que pensó Platón, puede sentir lo que sintió el hombre santo,
puede entender todo lo que ha acontecido a cualquier persona.
Quien tiene acceso a esa mente universal participa de todo lo que existe y
todo lo que puede suceder, pues ésta es el elemento único y soberano”.
Ralph Waldo Emerson

*****

Nos obsesionamos por encontrar respuestas, mientras tememos hacernos preguntas.
Una vez que Ben es capaz de decidirse a hacer algo; una vez que ha superado la fase en que necesitaba ser empujado o arrastrado para convertirse en su propio motor, el gesto contrito que DH mostraba todo el tiempo, cambia.
Ya no está contenido, comedido o sobrio; el dique que retenía su pasión se ha desbordado.

*****

En la siguiente etapa de esta serie, su trayectoria interpretativa será analizada.
Mostraré cómo el control de sus emociones será determinante en su formación.
Eso espero, al menos. Es mi propósito. Estáis invitados.

*****

Esta entrada es la nº 600 de este blog.
Gracias a todos.

martes, 6 de octubre de 2015

Clásico

He alcanzado esa incierta edad en que he decidido leer, en exclusiva, clásicos, en el presuntuoso intento de conseguir, para mí, un aire renovado y moderno.

Leer

Pregúntame qué entiendo por clásico…

*****

En un proyecto que tiene vida —de momento— en mi página de Facebook, que invito a visitar, cuatro amigos se animaron a preguntar.

Sobre qué era clásico.
Y sobre qué, moderno.

*****

La respuesta fue extensa, pero puede resultar válida:

“Partiendo de que la lectura pueda contener un propósito que vaya más allá del entretenimiento, como no puede ser de otra forma, uno de los que me anima —a mí en concreto, sin que pretenda que deba ser universal, o que excluya motivos diferentes— es que facilita la comprensión; leer me ayuda a conocerme (y comprenderme) y es fuente para el conocimiento (y comprensión) de otros. Puesto que el mundo no ha cambiado tanto y, en lo básico, somos igual desde que somos humanos, hay ciertas reflexiones intemporales plasmadas por algunos escritores que buscaban trascender el ámbito de lo que para ellos era actual. El clasicismo no es un asunto tamizado por la antigüedad del autor, sino por sus intenciones. De manera análoga al modo de actuación de los antropólogos, que estudian las sociedades polinesias para comprender las occidentales, el conocimiento de lo que pensaba Montaigne, o Samuel Johnson, o Chesterton, a los que nadie negará su categoría clásica, me sirve para ayudarme a desentrañar lo que yo pienso. Para rematar, moderno es lo que está sujeto a la moda y es lo que, por su naturaleza, por su concepción, o por la falta de profundidad de su autor —atascado en asuntos de actualidad, o simple sin remisión— tiene fecha de caducidad y, pasada la explosión de la moda momentánea, se disuelve en su total falta de sustancia”.

(Han pasado años y no es un sinsentido)

Covadonga Díaz García, Carlos Tongoy, Alberto Royo y Bernardo Dual, amigos todos, fueron los responsables de que me animara a dejar esa declaración.

Más tarde, mi maestro, del que me declaro discípulo, me empujó hacia Calvino.
Creía que podía ayudarme a dar con más respuestas.


Por qué leer los clásicos (Siruela, 2009).
Un verdadero clásico.

viernes, 6 de julio de 2012

Se recupera el Códice Calixtino, sustraído de la Catedral de Santiago de Compostela: Analizando el tratamiento informativo


Ha sido noticia estos días. El 4 de julio la policía recuperó esta obra, un día antes de que se cumpliera un año, de la fecha en que los archiveros detectaran su ausencia y denunciaran el robo a las autoridades.


¿Qué pasó desde entonces y, especialmente, cómo se ha tratado la noticia en los medios de comunicación?

Desde su desaparición, la Policía Nacional —en concreto la Brigada de Patrimonio Histórico— inició una investigación que, paralelamente, se completó con las especulaciones populares: es fácil (y gratis) aventurar hipótesis, por lo que éstas abundaron. Un artículo publicado en 20 minutos el 22 de diciembre de 2011, firmado por D. Fernández, recoge el estado de la cuestión, a esa fecha, y nos sirve para esbozar nuestra primera conjetura: la cabecera del medio esconde el máximo de tiempo que un redactor puede emplear para documentarse, confeccionar y redactar cada uno de los diferentes artículos de los que debe ocuparse diariamente.

La noticia se tituló El ‘Códice Calixtino’ pudo ser robado para vengarse del deán. El artículo es impagable y se diseccionará aquí.

Entradilla

La Policía cree que el libro del siglo XII no ha salido de Santiago.
[Argumentativo]
Y que su sustracción busca perjudicar al deán de la catedral.
[Especulativo y finalista]
El códice tiene un valor incalculable, superior al millón de euros.
[Estupidez: tratando de realizar lo que se había afirmado imposible]

El artículo

El ‘Códice Calixtino’ descansaba en un cojín puesto sobre un atril, en un cuarto pequeño de tres por dos metros, que hace las veces de archivo. La habitación está custodiada por dos puertas, una de madera (siempre abierta) y otra acorazada con un mecanismo especial para abrirla, con unas llaves que solo tenía el deán de la catedral de Santiago de Compostela, José María Díaz.
[La descripción del escenario pretende aportar verosimilitud. Se hecha en falta mayor profusión de detalles, “...cojín de tafetán bermellón, con flecos y borlas de pasamanería antillesa, en tonos cereza”, “...sobre un atril, de madera de boj, fileteado en oro y con incrustaciones de esmeralda y alabastro, dibujando motivos ornamentales”,  “...dos puertas, una de madera (del siglo XVIII, tallada a mano en los reales talleres de O Carballeiro, de una sola pieza extraída del primer tamarindo que llegara de América en 1653)”]

El códice, que compartía sala con otros libros de igual o más valor, fue robado el 5 de julio. O quizás días antes. "No se sabe en qué fecha exacta desapareció, solo cuando se echó en falta", explica a 20 minutos uno de los responsables de la investigación. Han pasado ya más de cinco meses y la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional estrecha el cerco sobre el ladrón. ¿Quién pudo entrar?, ¿estaba la puerta acorazada abierta?, ya que no se forzó la cerradura, ¿alguien se hizo con las llaves del deán? Preguntas que la Policía ha empezado a dar respuesta.
[Aventuramos que Fernández, el redactor, es un devoto lector de novelas de misterio. Creemos que podremos descubrir algunas, por las pistas que irá dejando]

"Estoy convencido de que el códice no ha salido de Santiago de Compostela y de que detrás no hay ninguna banda organizada ni ningún robo por encargo de algún coleccionista", señalan las mismas fuentes. La verdad es que en estos cinco meses la Policía se ha tenido que enfrentar a una investigación compleja y llena de pistas enrevesadas. "Con la Iglesia hemos topado", enfatizan las fuentes.
[Convicción no probatoria. El énfasis de unas fuentes anónimas que aseguran haber topado con la Iglesia, denota el carácter ilustrado del firmante, pero la redacción pretende atribuir la complejidad de la investigación y el enrevesamiento de las pistas a un ánimo torticero del conjunto de la Iglesia, lo que constituye una burda manipulación]

Una línea de investigación predomina sobre las demás: el robo del códice buscaba perjudicar a su guardián: el deán de la catedral. La Policía ha tenido que lidiar con el fuerte enfrentamiento que había entre los 22 canónigos que trabajan en la catedral y que están bajo las órdenes del deán. Hay dos bandos enfrentados, uno de ellos bajo la influencia del Opus Dei y claramente contrario al deán y a que continúe su labor en la catedral (su puesto vence en 2014).
[Ánimo conspirador no probado. Era esperable que la sombra de Dan Brown y su Código Da Vinci iba a terminar planeando sobre este asunto. La lucha intestina entre las facciones enfrentadas dentro de la Iglesia —una de ellas capitaneada por el Opus Dei— era un ingrediente difícil de evitar]

Ya en el pasado, el deán (que está en la catedral desde 1975), tuvo que afrontar calumnias sobre supuestos abusos sexuales que no tenían ni pies ni cabeza. Ahora hay otro enfrentamiento abierto porque los canónigos, cuando mueren, son enterrados en la catedral, pero ya no hay espacio físico para seguir haciéndolo y no se ha encontrado una solución.
[Los abusos sexuales que afectaron en el pasado al deán no son ni tangenciales en el asunto presente. Ello no impide que se conviertan en una referencia inevitable. A pesar de que se señala el carácter calumnioso de las acusaciones, “sin pies ni cabeza”, se sigue destacando el texto en negrita. La relación del fin que se da a los cuerpos de los canónigos, una vez muertos, con el asunto de los supuestos abusos sexuales (que Fernández ya señaló que eran inexistentes, pero a los que no retira su condición de supuestos) es falaz y altamente improbable. Ello no impide que se engarcen en un único párrafo para buscar un tono escandaloso]

Investigación

Incluso se llegó a extender el rumor de que un palestino con mucho dinero ‘compró’ a uno de los canónigos para robar uno de los libros sagrados del cristianismo. Dimes y diretes.
[Se inicia el capítulo dedicado a la investigación con un rumor, se sobreentiende que desmentido, y se cierra el párrafo con el que deberá ser, a partir de ahora, el título de la columna de Fernández en 20 minutos. Dimes y diretes: periodismo de profundidad (esto último, añadido por mí)]

La Policía ha investigado a los 22 canónigos, a dos investigadores del archivo, a los trabajadores de mantenimiento que conocen la sala donde se guardaba el códice, a empleados de la limpieza y a músicos de la catedral. El cerco se estrecha.
[Lector de la trilogía “Millenium”, de Stieg Larsson; se le nota en la búsqueda de una narración trepidante]

Uno de ellos protagonizó incluso un episodio rocambolesco digno de una película de suspense. Salió de la catedral con un bulto sospechoso, dos policías le siguieron. Vieron cómo entraba en la capilla de Las Ánimas, a menos de un kilómetro de la catedral, y volvía a salir sin el bulto.
[Seguidor de Hitchcock, Fernández muestra su amplitud de registro]

Al día siguiente, Don Santiago, retor [sic] de Las Ánimas, llamaba a la Policía informando de que alguien había devuelto un cofre robado hace dos años. "Lo dejaron en el altar de Santa Rita, sobre su manto negro. El cofre guardaba la llave de plata del sagrario. Han devuelto el cofre, pero no la llave", explica a este diario Don Santiago, el retor [sic].
 [El párrafo está metido a calzador y no tiene relación con el asunto Calixtiano. Da la sensación de una Miss Marple, la anciana investigadora ocasional imaginada por Agatha Christie, siguiendo una pista falsa, en el trasunto de una remozada “Muerte en la vicaría”, reconvertida ahora por Fernández en “Robo en la re(c)toría”]

De momento, el ladrón ha conseguido parte de su propósito: perjudicar al deán, que en octubre renunció a su cargo de archivero de la catedral. Ya ha sido sustituido, aunque seguirá como deán.
[A pesar de que el propósito de perjudicar al deán se aventuró de forma especulativa, se recoge ahora como hecho confirmado. La trama vengativa ha triunfado. Ni el padre Brown, de Chesterton hubiera sido capaz de manejarse en un enredo de tal magnitud]

El ‘Códice Calixtino’, del siglo XII, tiene un valor muy difícil de calcular, aunque algunos expertos lo han valorado en un millón de euros. Compuesto por cinco libros y dos apéndices, fue encuadernado en un tomo único en 1964. Mide 30 por 21 centímetros y se elaboró con el objetivo de propagar la devoción por el apóstol Santiago, una especie de guía para los peregrinos que querían hacer el Camino de Santiago.
[Se cierra el artículo con un párrafo final, de naturaleza mixta, en el que, a pesar de que se destaca lo complicado del cálculo del valor del Códice, Fernández ha encontrado tiempo, en los 20 minutos que tuvo que dedicar al artículo, para contactar con “algunos expertos” que, a tenor de lo leído, no han tenido dificultad en, aun siendo varios, llegar a un acuerdo sobre una cantidad que, ¡oh, milagro!, es una cifra redonda: un millón de euracos. Las dos frases finales son información (imaginamos que contrastada: habrá usado la wikipedia) y, precisamente por eso, se dejan para el final, ya que a nadie le interesa la información, pudiendo centrarse en la fabulación]

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Y, antes de que se cumpliera un año del momento en que se descubriera la ausencia del Códice, justo un día antes, aparece en un garaje. El asunto fue noticia en todos los medios de comunicación: TV, radio, impresos, digitales. Todos explicaron los detalles y no es objeto de este artículo dar cobertura al suceso. El propósito es analizar el tratamiento que se le ha dado.

Antes de empezar, se acotará el procedimiento y se entenderá que utilizaremos una generalización: no todos (no se busca ser exhaustivo) cometerán los mismos errores, pero —dado que muchos coincidirán en los mismos—, se colige que se podrán extraer algunas conclusiones. Éstas son:

1 — Ausencia del principio de presunción de inocencia. Aunque el detenido parece que finalmente ha terminado confesando, inicialmente se negaba a dar ninguna información. Ana Bravo Cuiñas firma en El Mundo un artículo que titula El ladrón del Códice Calixtino: ‘No lo sé, no me acuerdo’ y que, aun así, intitula “ROBO. El detenido guarda silencio”. El titular califica, sin lugar a dudas, como ladrón a quien, en todo caso, debería ser tratado como presunto. No importa que en el desarrollo del texto, algunos (quienes lo hacen, que no son todos) expresen la fórmula de anteceder el “presunto” al calificativo, lo cierto es que se informa de un hecho juzgado y sentenciado. En el caso del artículo citado, de Bravo Cuiñas, es sintomático que se señale que “el detenido guarda silencio”, mientras se entrecomillan sus palabras textuales.

2 — Se incluyen nombre y apellidos del detenido, su profesión, su relación con la Catedral de Santiago. Se insertaron fotografías. Se nombra a los miembros de su familia, supuestos colaboradores en el robo. Todo ello —en un asunto que suscitó una respuesta especialmente sensible en el entorno en que se produjo—, acarrea una situación de indefensión para el detenido que, los medios de comunicación, deberían haber intentado evitar.

3 — Se especula gratuitamente sobre la motivación para la realización del robo (más allá del lucro; se habla de un deseo de venganza por haber sido despedido). No puede confirmarse sin haber sido juzgado.

4 — Se incluyen detalles sobre los hábitos del detenido, que nada tienen que ver con el robo. En la mayoría de las noticias, se destaca que el detenido seguía yendo “a misa a diario a la Catedral, mañana y tarde, incluso festivos”. El tono costumbrista es sorprendente; especialmente cuando se detalla que iba a misa los festivos. Extraña que no hayan estrechado el cerco antes, dado el atípico y extravagante comportamiento del detenido.

5 — Las hipérboles son frecuentes en las noticias. La Vanguardia (en una noticia tomada de Europa Press) titula así: El presunto ladrón del Códice Calixtino sustrajo objetos de la Catedral ‘todos los días’ durante 10 años. Una pequeña cuenta (y suponiendo que todos los días se llevara sólo uno) da como resultado que en el garaje del detenido (o en el domicilio) debieron incautar un mínimo de 3.500 objetos (imagino que, en la cuenta, se debían incluir velas, porque, en caso contrario, extrañaría que no se hubieran percatado antes de las faltas).

6 — El tono evasivo de las respuestas del detenido responden al estereotipo del carácter gallego y no escapan de los comentarios ingeniosos de algunos periodistas. En el blog Luz de luna, de Malena Guerra y Ángel Moya, alojado en el portal de Telecinco, le sacan punta al tema y citaré frases textuales que me han llamado la atención. El electricista siempre estuvo nominado entre la treintena de sospechosos”. “...hoy relataba con sorna gallega el comisario...”. “Manuel fiel al estereotipo gallego no decía ni que sí ni que no”. “Los dos pisos los pago en metálico, billete sobre billete”. “En los libros, entre las citas para cambiar el aceite al coche o la lista de la compra, el electricista había apuntado al detalle cuanto dinero y de dónde robaba en cada ocasión”. “Manuel no quisó [sic] decir dónde estaba el Códice Calixtino, y cuando le amenazaron con la cárcel respondió ‘yo con un rosario y un misal me apaño en la cárcel’”. “...en un trastero de Manuel, envuelto en calzoncillos raídos y bolsas de plástico”. “La sonrisa de un policía y de un gallego que con su trabajo [...], ha devuelto a sus paisanos uno de sus bienes más preciados”.

7 — Se destaca la sorpresa de los vecinos y conocidos, que no podían sospechar que el detenido pudiera haber sido el ladrón. El efecto Warhol se contempló de forma abrumadora para Begoña Bravo y su marido Mauricio García. Estaban sentados en una terraza próxima al garaje y se les requirió para que hicieran de testigos del registro. La Razón titula pésimamente la noticia en que se relata el momento (obviando el uso de signos de puntuación) “Lloramos el códice estaba en perfecto estado” dice un testigo del hallazgo, aunque realiza un recorrido emocional por las vivencias que, sin duda, el matrimonio repetirá este verano (y toda su vida) a cualquier persona con la que coincidan de ahora en adelante.

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En La Nueva España de Oviedo, periódico que sufro diariamente (por estar suscrito), dedican atención en la edición de hoy, 6 de julio de 2012, a Antonio Tenorio Madrona, avilesino, primero, y, además, inspector jefe de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional. Me gustaría haber incluido enlace a la noticia pero, por criterios empresariales, LNE ha decidido que, parte de sus contenidos, tengan acceso restringido a los suscriptores digitales y que ser suscriptor del periódico en formato papel no acarrea ninguna distinción. No puedo facilitar detalles (porque no quiero ponerme a copiar) de una entrevista plagada de tópicos y simplezas del firmante de la misma, Pablo Álvarez. Excuso al policía del tono folletinesco, porque sus respuestas han tenido interés, pero estaban condicionadas por las preguntas, de las que tomaré, a modo de muestra, la siguiente:

En el “ranking” de relevancia de los asuntos que ha tenido entre manos, ¿qué puesto ocupa el del Códice Calixtino?

Ya pueden ver que se trata —otro ejemplo más— de periodismo de raza.

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Y como final del asunto, adjunto enlace al artículo firmado por Luis M. Alonso, también en LNE de hoy, titulado Lo que se cuela por la red. (Es accesible; desconozco los criterios por los que se determina qué lo es y qué no).

La labor fundamental del periodista es ordenar para el lector la información que consigue por medio de sus fuentes o la que le llega por otras vías. Primero verificándola, segundo jerarquizándola en función de su importancia o interés. [...] los principios subyacentes para poder contar lo que pasa siguen existiendo: el primer deber del periodista, en cualquier caso, es la comprobación. Y eso no siempre parece estar claro para todos.

En el oficio periodístico, los hechos son sagrados. La información está destinada a mantener un equilibro entre novedad, oportunidad, exigencia y decencia. Por eso, los periódicos de siempre se han regido por editores que se encargan de garantizar, en la medida de lo humanamente posible, que se respeten los estándares éticos y no se incurra en difamación. El llamado periodismo ciudadano, practicado en las redes sociales y los blogs, se viene caracterizando, sin embargo, por lo fácil que resulta publicar cualquier cosa y de cualquier manera. Algunas piezas son de elaboración tan apresurada que no pasarían una prueba básica de gramática y redacción. Precisamente, uno de los peligros que acechan en estos momentos a las redacciones de los periódicos es el de contagio.

Gay Talese, maestro del reportaje del que estos días se publican sus memorias «Vida de un escritor», dijo no hace demasiado que sería trágico que el periodismo se quedara en las redes sociales o en los blogs, convertido en nada en medio del guirigay de internet. Ello y el empeño de los políticos en controlar la información son las dos grandes amenazas para un trabajo que a lo largo de décadas ha contribuido eficazmente a ayudarnos a entender la sociedad en la que vivimos y a denunciar los abusos del poder. Evidentemente, el periodismo de papel no siempre ha acertado en su misión, ha tenido mejores y peores páginas, pero al menos existe esa misión y en ella no está incluida publicar artículos atribuidos falsamente a personas que no los han escrito. Como escribió Walter Lippmann, el oficio de contar lo que sucede tiene que ser algo más que cantar en la ducha del baño o recitar monólogos en el desierto, por estupendos que resulten.

No sé. Tengo la sensación de que una lectura de las noticias destacadas aquí, no conllevaría la aprobación de Gay Talese o de Walter Lippman. Creo que, a pesar de provenir todas de medios “respetables”, tampoco cumplirían con la misión expresada por Luis M. Alonso.

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Página sobre el Códice: Codex Calixtinus (Liber Sancti Jacobi)
Para llevarte el Códice a casa (de forma legal): CodexCalixtinusfacsimil
Wikipedia: Codex Calixtinus

La Voz de Galicia: Códice Calixtino



Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...