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sábado, 7 de marzo de 2020

Nadia Sheikh — The Wire

Nadia Sheikh“The Wire”
Everybody Hears
but No One's Listening (2020)
Castellón (España)

*****

Una debilidad desde que la descubrí gracias a Criaturas Salvajes, el blog de Pupilo y Mr. B especializado en mujeres.

Así que asumo que no soy objetivo con ella, pero, ¿a quién le obsesiona la objetividad?

No a mí.

*****

Acaba de publicar su segundo EP, que confirma su gran momento tras su gira europea como telonera de Stereophonics y su participación en los Conciertos de Radio 3.

Hoy, víspera del Día Internacional de la Mujer: una joven de enorme talento, sin trucos ni efectos.




Hago las maletas
Desea que me vaya bien
Da miedo. Sí, lo sé
Pero hay algo en mi corazón que me mantiene en movimiento
Me hace flotar sobre el mar abierto
Por encima de esta cruda realidad

Toma mi mano, guíame bien
El camino es largo y sinuoso
Pero sigo los pasos según se elevan

Búscame donde el sol no brille
Donde nadie cumpla una promesa
Y todo consista en quién es el primero de la fila

Búscame donde se queda el valiente
Y los amigos son personas que te encuentras en el camino

Tómalo o déjalo
No mires atrás
Salta al agua
Lo mejor está por venir

Cree en lo que no puedes ver
Pisando el borde del acantilado más alto
Siente que estás a punto de perder la cabeza

No puedo escapar de aquí
Estoy encadenada al cable
Me mantiene viva

Me pongo de rodillas
Y me quemo en el fuego
Necesito sobrevivir

Y nos zambullimos
Siento como si estuviéramos a punto de perder la cabeza

Me encontrarás donde el sol no brille
Donde nadie cumpla una promesa
Y todo consista en quién es el primero de la fila

Me encontrarás donde se queda el valiente
Y los amigos son personas que encuentras en el camino

Todos oyen, ninguno escucha (y yo intentando comprender)

domingo, 1 de marzo de 2020

Be a Lady They Said

Repite el mismo mensaje y te convertirás en un profeta.
Di una cosa y su contraria y acabarás acertando.
Ordena sin criterio y tu criterio terminará imponiéndose.


Texto: Camille Rainville
Narración: Cynthia Nixon
Dirección: Paul McLean
Música: Louis Souyave

El 8 de marzo se acerca.




Sé...

viernes, 4 de octubre de 2019

Tammy Wynette — Stand by Your Man

Tammy WynetteStand by Your Man
Stand by Your Man (1968)
Tremont, Mississippi (USA)

*****

“A veces resulta difícil ser una mujer.
Dando todo tu amor a un solo hombre.
Tendrás malos momentos.
Y él pasará buenos ratos.
Haciendo cosas que no entenderás.
Pero, si le amas, le perdonarás.
Aunque sea difícil de entender.
Si lo amas, siéntete orgullosa de él.
Porque, después de todo, él sólo es un hombre.
Quédate junto a tu hombre.
Dale dos brazos en los que pueda apoyarse.
Y algo cálido llegará cuando las noches sean frías y solitarias.
Quédate junto a tu hombre.
Y muestra al mundo que le amas.
Dale todo el amor que puedas.
Apoya a tu hombre”.

*****

La canción fue un éxito en 1968, en un momento de profundos cambios sociales.
El movimiento feminista fue muy crítico con el mensaje de sumisión que parece encerrar, pero la canción sobrevivió a sus detractores. La propia Wynette, compositora de la canción junto a su productor habitual, Billy Sherrill, fue coherente en su defensa, argumentando que no era tanto una invitación a que las mujeres se mantuvieran en segunda fila, como que lucharan para mantener el vínculo de pareja. Es curioso que ella misma tuviera cinco maridos y que el single precedente, D-I-V-O-R-C-E, narraba la ruptura de su segundo matrimonio.

En todo caso ella supo mantenerse fiel a su canción y a su mensaje, algo que Hillary Clinton tuvo que aprender: poco antes de convertirse en la Primera Dama, afirmó en una entrevista con Gennifer Flowers que “ella no era una pequeña mujer ‘apoyando a su hombre’ como Tammy”. Una afirmación muy controvertida. El comportamiento de su marido hizo que, en poco tiempo, tuviera que desdecirse y actuar tal y como la canción parecía indicar.

*****

Hay algunos indicadores de la valentía de Tammy:

Es capaz de presentarse en el show de Johnny Cash y competir con él en cardado y brillo capilar.
Sale victoriosa.
Consigue esbozar lo más parecido a una sonrisa que yo haya visto nunca en el Hombre de Negro.



La canción fue seleccionada por la Librería del Congreso para incluirla en 2010 en el Registro Nacional de Grabaciones, un honor reservado para aquellas que resulten significativas cultural, histórica o estéticamente.

Forma parte del acervo cultural de la Humanidad, sin importar procedencia. La mejor muestra es que la orquesta vocal Perpetuum Jazzile (Ljubjlana, Eslovenia) la haya incorporado a su repertorio. Son muy estrictos en sus selecciones.




“Pasé veinte minutos escribiendo la canción y los siguientes veinte años defendiéndola”

lunes, 17 de octubre de 2016

Aretha Franklin — (You Make Me Feel Like) A Natural Woman

Lady Soul (1968)

Mirar la lluvia matinal.
Solía quitarme la inspiración.
Pensar en afrontar un nuevo día.
Señor, me hacía sentir tan cansada.
Antes de conocerte, la vida era cruel.
Pero has sido la clave para mi tranquilidad.

Porque tú me haces sentir.
Como una mujer de verdad.



La naturalidad de Aretha se manifiesta en una forma de moderar su talento para dejar brotar emociones puras; en 1968 ha alcanzado cotas máximas.

La composición de Gerry Goffin, Carole King y Jerry Wexler, cuenta con Spooner Oldham (piano), Tommy Cogbill (bajo), Gene Chrisman (batería), The Sweet Inspirations, Carolyn & Erma Franklin (coros).

Un hito irrepetible.

Pese a que muchas mujeres lo intentaron.

Tapestry (1971)

La versión en directo de la autora —que la había recuperado para su reivindicación como intérprete (y no sólo compositora) de éxito, el imprescindible Tapestry— muestra los sólidos fundamentos de una mujer independiente y triunfal.



New York Undercover [Soundtrack] (1995)

Natural del Bronx, Mary J. Blige realizó una muy digna versión para la serie de TV New York Undercover.



Me detengo aquí.
Cualquier mujer que haya sentido que podía cantar ha hecho su propia versión.

Aspirantes a concursos de talentos (sin distingos sexuales) han convertido el placer en un tormento.

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Es necesario constatar que nadie se acercará a Aretha.

viernes, 29 de julio de 2016

Travis — She's So Strange

TravisShe's So Strange
The Man Who (1999)

El cuarteto de Glasgow que formaron Fran Healy, Dougie Payne, Andy Dunlop y Neil Primrose, tomó su nombre del personaje, Travis Henderson, que Harry Dean Stanton interpreta en la película “Paris, Texas”, dirigida en 1984 por Wim Wenders.

Fueron capaces de escapar del dominio del britpop y, como demostró la elección de nombre, apuntaron hacia USA en sus referencias. Un recorrido muy habitual entre grupos escoceses, por otra parte. Serán sus ganas de mostrarse independientes.

Su segundo disco incluye una canción dedicada a una chica tan extraña.

Ella es tan extraña.
Ella es tan cruel.
Ella es tan mala.

¿Qué será de ella?



El vídeo es precioso.
Pero no está hecho para la canción, pese a que se ajuste a la perfección.
En realidad se trata de uno de los cuatro cortos que forman la colección Mood, según el proyecto de Paul Mignot.

Se titula Let Her, con Élodie Yung.

viernes, 17 de junio de 2016

Shirley Brown — Woman to Woman

Shirley BrownWoman to Woman
Woman to Woman (1974)

Hola, ¿podría hablar con Barbara? Barbara, soy Shirley. Puede que no sepas quién soy, pero la razón por la que te llamo es que he estado hurgando esta mañana en los bolsillos de mi marido y he encontrado tu nombre y tu número de teléfono...

De mujer a mujer, si alguna vez has estado enamorada.
Sabes cómo me siento.
De mujer a mujer, si estuvieras en mi lugar.
¿No estarías haciendo lo mismo que yo?

La inolvidable introducción hablada con la conversación entre Shirley Brown y la amante de su marido supuso el último gran éxito del sello Stax.

sábado, 14 de mayo de 2016

Calma fría

"¿Nadie ha pensado en el estrés del pavo?"

Una empresa burgalesa, especializada a la fuerza en comercializar embutido ahumado, nos regala una pieza que, según ellos, ayuda a equilibrar a la mujer y, como consecuencia, a la sociedad.



Su mensaje: “Una sociedad equilibrada también ayuda a reducir el estrés. Alimentando otro modelo de mujer”.

Conclusión: para equilibrar a la sociedad, y a la mujer —que se colige debe estar desequilibrada—, lo mejor es aislarla, llevarla a un recinto en el que se encuentre rodeada por otras como ella —sin hijos ni hombres, haga el favor— y dejarla que despliegue un sinfín de conductas estereotipadas, infantiles, antojadizas, que insistan en mostrar sus supuestas debilidades en vez de exponer sus verdaderas fortalezas, de las que no andan en absoluto escasas.

No me atrevería yo a decir algo parecido: “estáis para que os encierren”.

Me quedo frío con estos pavos. Indignante.

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Una lectura alternativa del spot.

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Un visionario James Brown denunciaba hace cincuenta años que, éste, era un mundo de hombres.



Me lleno de sudor frío viendo qué poco han avanzado algunos.

martes, 26 de abril de 2016

Madres TNT

Prepárense amigas.
El día de la madre está a punto de llegar.
El primer domingo de mayo.
Seguro que esperan una sorpresa, ¿verdad?


En TNT ¿dónde si no? han decidido que este año sea la bomba.
Un especial DÍA DE LA MADRE explosivo.
Lo nunca visto.




Programarán “Gladiator”, “Soy leyenda”, “Crazy, stupid, love” y “Sin compromiso”.

Las ciruelas a las que se les cae la baba, mandíbula batiente mediante, son Connie Nielsen, Alice Braga, Julianne Moore, Emma Stone, Marisa Tomei, Analeigh Tipton y Natalie Portman.

*****

Las nuevas madres:
Sin complejos.
Sin inhibiciones.
Sin compromisos.

Sin hijos.

Porque ser madre —como ser mujer— es un acto volitivo.
No vomitivo, que no se me malinterprete.

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No sé muy bien por qué, pero recordé la sensación del 2015, la estupenda Elle King.
Para ella, sólo existen dos tipos de hombres: ex’s y oh’s.

Los que ya no me interesan.
Y los que se interesan por mí.



Bravo, chicas: esto es lo que habéis conseguido en vuestra lucha por la igualdad.

jueves, 10 de marzo de 2016

Día Internacional de la Mujer


El pasado 8 de marzo, en el magazine “Y” de EsAsturiasTV, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, Ana López-Cancio, mujer, madre y empresaria, es entrevistada por Juan I. Rodríguez.



Uno de esos días que da gusto ver la TV.


martes, 8 de marzo de 2016

8 de marzo. Día Internacional de la Mujer

Con motivo de la celebración del día Internacional de la Mujer, el Círculo literario Morel de Sal tuvo la oportunidad de presentar el libro que recoge textos de los diferentes talleres desarrollados desde su creación en 2010.

El libro, publicado in memoriam de Marisa Gómez-Morán e ilustrado por Concha García Almazán, incluye textos de Mª Soledad Larrañaga, Silvia Pérez, Pilar Tuero Secades, Marisa Gómez-Morán, Mª Oliva Álvarez-Cienfuegos García, Concha García Almazán, Daniel García Pérez, María Pilar López Vega, Javier Prieto, Sonia Suárez, Asunción García-Prendes, Diego García-Otero, Sara Huidobro, María Iglesias y Teté Secades.

Se leyeron algunos de ellos. María puso voz al texto de su madre, Marisa, en el momento más emotivo de la jornada.

El acto contó con la presencia de la Concejala de Bibliotecas del Ayuntamiento de Oviedo, Mercedes González Menéndez y la coordinadora y alma máter del proyecto, Patricia Núñez.


Como colofón al evento, se realizó la lectura (des)dramatizada de un entremés (“pieza teatral de carácter cómico y de un solo acto”) preparado ad hoc, que contó con el siguiente elenco: Alma (Pilar Tuero), Óscar (Juan Mortera), Cuca (Teresa García), Jota (Hugo Baizán), Niño (Luis Secades)

Autor: Alberto Secades.



Un día espléndido, acogidos por Isabel en nuestro espacio de la Biblioteca La Granja, acompañados por multitud de amigos y familiares

lunes, 10 de marzo de 2014

Hablamos de relaciones

El pasado sábado, 8 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Mujer.

Google le dedicó su doodle. La segunda “O” acogía un triángulo equilátero. No estaba hecho con manos, con el vértice hacia arriba (pese a que la principal reivindicación que se articuló, en España, fue contra la ley del aborto). No. Apuntaba hacia el Este, dibujando el icono que se interpreta globalmente como “play”. Pinchando en él, aparecían mujeres, dejando constancia de su testimonio personal.


Un merecido reconocimiento. Un gran paso para las mujeres y, al tiempo, para el conjunto de la humanidad.

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Se me empieza a echar el tiempo encima, ya han pasado dos días desde la celebración, así que no me detendré demasiado. Resumiré lo sustancial de mi mensaje, en una sentencia breve, que todos sean capaces de recordar. Así, los apresurados podrán saltarse el resto del escrito e ir a despellejarme, mientras el resto —un amigo mío que no tiene otra cosa que hacer y, yo mismo, ocupado en releer y corregir el texto— emplearemos tiempo en llegar hasta el final.

Por de pronto:

Algunas mujeres son despreciables

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Otro amigo (distinto del que llegará al final, leyendo esto) dice que, para conseguir visitas y enemigos, podía lograrlo poniendo una foto (o un vídeo, quise suponer) de unos testículos, aunque prefiero apostar por el humor sutil, la fina ironía, la provocación.

En realidad, él tiene motivos para creer que el doodle parece una celebración de bolleras en éxtasis. Yo lo veo más como un anticipo de una semana santa multicolor, en la que nadie se enorgullece de ser gay, sino que, disfrazados con retraso, parece una cofradía de Cristos con macrocefalia, que evita el uso del negro para no ser considerada cuatricómica.

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Cuando ya no puedo generar más abandono en torno a este espacio, trataré de explicar de qué quiero hablar.

Pesa una sensación agobiante en este mundo, en el que nos pasamos un montón de tiempo mirando por encima de la valla del vecino, para juzgar cómo tiene su césped, sin prestar atención al nuestro, ni empeñarnos en cuidarlo.

Prestando atención a Wilson Pickett, mientras canta, dudo entre interpretar si está afirmando que es normal que el césped del vecino parezca más verde, o si, en lugar de eso, está recomendando a su chica que deje de fumar maría, que produce los mismos efectos hipnóticos que las pastillas que me hacen dormir a mí.



En todo caso, nos obsesiona fisgar, ver qué hacen los demás y aprovechar para juzgarlos a ellos —y si es posible, decirles cómo deben actuar— en lugar de enfrentarnos a lo que verdaderamente nos corresponde, que no es otra cosa que cuidar de nuestro jardín.

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Me preocupan las relaciones que se establecen en el conjunto de la sociedad, pero mi responsabilidad, el compromiso que libremente he adquirido y que debo cumplir, se circunscribe al ámbito de mi matrimonio y familia.

Soy consciente de que hablar de matrimonio suena anticuado, porque la neolengua ha reemplazado el término, y yo debería estar hablando de relación de pareja.

Y asumo que hablar de familia, en los términos que se han expresado aquí, resulta profundamente viejuno, porque se afirmó que “la familia es el principal sostén de la sociedad. Su principal utilidad radica en convertirse en instrumento de transmisión de valores, costumbres y tradiciones”.

El método recomendado es el modelo. Los hijos aprenden viendo a los padres.

Yo aprendí viendo a los míos. Recuerdo cómo eran las cosas en casa y, aunque admito que todo recuerdo es una re-construcción de lo vivido, mediatizada por la experiencia, en un intento en el que, según Kevin Dunbar, “las personas tienden a condensar las historias originales […] en un hilo narrativo lineal, y se olvidan de […] un camino lleno de desvíos y de tropiezos”, creo que puedo concluir que las cosas no eran entonces, al menos en nuestra casa, como se quieren pintar hoy.

Para empezar: mis padres estaban casados según el régimen de gananciales que sigue siendo el régimen por defecto que se aplica en la mayoría del territorio español, salvo indicación expresa en sentido contrario. Viene a significar que todos los beneficios o ganancias, de cualquiera de los dos cónyuges, obtenidos después de contraer matrimonio, se consideraban comunes a esa sociedad. Es un sistema justo, y por eso se ha mantenido. Permite que uno de los dos contrayentes no perciba retribución por su trabajo sin que eso signifique que no haya ganado nada. “A las duras y a las maduras”.

Mi madre se ocupaba de las tareas domésticas (en esa calificación tan molesta y condescendiente que en su DNI le hacía poner “sus labores”) y mi padre estaba pluriempleado (una práctica poco extendida hoy). Su actividad principal la realizaba en casa y no percibía un salario: era médico, tenía una consulta en el domicilio familiar y, por lo que hacía, se le consideraba “profesional independiente”. Así que esas condiciones genéricas como “trabajar fuera de casa” o “percibir un sueldo”, le resultaban igualmente ajenas a él.

Recuerdo bien que las cosas se hablaban en casa. Primero entre mis padres, que las trataban a puerta cerrada, sin que estuviéramos delante los hijos y que, con la entendible reserva, prefiero no imaginar cómo hacían para despachar asuntos, en su alcoba. Y, más tarde, cuando éramos capaces de participar, se planteaban en lo que llamábamos “Consejos de familia”, en los que hablábamos de los planes para las vacaciones, de asuntos de diferente grado de relevancia, del cambio de domicilio que tuvimos que afrontar, entre otros varios. Nuestra participación estaba condicionada, pero se nos permitía hablar y expresarnos (teníamos “voz”, aunque no siempre “voto”).

En todo caso, nunca tuve la sensación de que mi padre sometiera a mi madre a sus ideas o proyectos, sino que los discutían y tomaban decisiones, como buenamente podían, según las circunstancias. En la medida de lo posible, dejaban que asomáramos la nariz en lo que resultaba verdaderamente relevante.

No eran una excepción; al menos en el círculo de amistades con el que se relacionaban. Tengo la impresión de que era una fórmula habitual, o, al menos, no del todo infrecuente.

Hoy —cuando ya no puedo preguntar a ninguno de los dos si mis recuerdos, más allá de ser una reconstrucción, son en realidad una invención, ficticios, porque nada fue del modo que me gusta recordar—, debo encontrar los límites del jardín del que me siento responsable.

Estoy a punto de cumplir 17 años junto a ella. En esa decisión, que tomamos “libre y voluntariamente”, que nos vinculaba “en lo bueno y en lo malo”, todos los días de nuestra vida, “hasta que la muerte nos separe”, hemos construido una relación que ha cambiado y evolucionado, madurando y creciendo, haciéndose fuerte por los proyectos que afrontamos (de los que, el más importante, es la educación de nuestros hijos), aprendiendo de los reveses que da la vida, tratando de superarlos aplicando nuestros propios criterios, basados en lo que vivimos en nuestras casas, nuestra experiencia, el sentido común y unas gotas de inconsciencia que hicieron que el recorrido fuera más divertido y apasionante.

Unos años en los que nos empeñamos en conocernos, en comprendernos, en aceptarnos y, cuando nada de eso funcionaba, a resignarnos y entender que las debilidades ajenas tenían tanto sentido como las propias. Que las fortalezas de tu compañero te hacen más fuerte a ti, más capaz y complejo. Que los matices desconocidos y los cambios de humor y los días malos (como los buenos) no son siempre predecibles. Que no siempre vale tener planes, porque no todo lo bueno se puede prever. Que no todo debe dejarse para última hora, porque hay cosas que se pueden esperar.

En este jardín en el que estoy metido, del que no quiero salir —acompañado por una mujer llena de mérito y coraje, una verdadera luchadora, tierna y esforzada, trabajadora con denuedo, llena de iniciativas, testaruda y peleona, cariñosa y libre para pensar por su cuenta— compruebo la realidad de una sociedad que trata de manera diferente a hombres y mujeres, lo que me llena de espanto. Un mundo en el que, cuando la mujer no es ninguneada o despreciada, como si fuera inferior, surge un batallón de mujeres que luchan contra la injusticia tratando de cambiarla de signo, como si la injusticia a la inversa no fuera igual de injusta.

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Me enciende que traten de hacernos creer que hombres y mujeres somos iguales.
No consiste en establecer relaciones de igualdad.

Me exaspera cuando quieren tratarnos como idénticos.
No se trata de establecer relaciones de identidad.

Somos igual de valiosos. No es una realidad que dependa del sexo.
Es preciso construir relaciones de equivalencia.

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Nos quedamos turulatos escuchando las afirmaciones cientifistas de los invitados de Punset —al que su suspiro final en el anuncio debería haber fulminado como personaje de referencia— y, sin entender nada, repetimos conceptos vacuos —neuronas espejo, plasticidad cerebral, potenciales evocados, ritmos circadianos, cualquier variedad de neurociencia— y creemos comprender que todo comportamiento se corresponde a una predestinación contenida en las instrucciones fijadas en nuestra dotación genética, localizada en una topografía cerebral que pretendemos vislumbrar, más que en los hábitos que hayamos aprendido y desarrollado; en todo lo que hemos terminado interiorizando.

El estudio de las razones de las diferencias sólo presenta argumentos para sostenerlas, en lugar de ayudar en la búsqueda de formas de superarlas.

No nos maravillamos por la forma particular que tenemos de hacer las cosas (con independencia de nuestro sexo, que hoy nos es permitido elegir); nos reafirmamos en describir la forma en que estamos predeterminados para realizarlas.

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Imagino una existencia más allá de un pasado como cazadores / recolectores y amamantadoras / maestras. Quiero suponer que todo eso, nuestra herencia ancestral, supone un marco de referencia. Y que mi vida es un lienzo en el que puedo bosquejar un tipo de relación particular que construiré junto a ella, con reglas definidas por nosotros, considerándonos como equivalentes, que ayuden a la consecución de nuestros proyectos compartidos y sirvan de modelo para el desarrollo de la autonomía de nuestros hijos.

Si alguien ve el cuadro, mientras se está realizando, más o menos brillante en su esbozo (pero único en su expresión concreta) y se fija en los genes que nos han marcado, me resultaría tan sorprendente y ridículo como alguien que, viendo La Gioconda, quedara fascinado por la veta de la madera del marco.

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Son despreciables todas aquellas mujeres que pretenden excluir de la formulación de los términos de su relación de pareja a los hombres —máxime al pretender excluirlos de todas, y no sólo de las que son partícipes—, dando por hecho que resulta preciso revertir la dominación precedente y que, dado que sus abuelas fueron sumisas, sus nietos deberán ahora ser sometidos.

Despreciables, por tratar de imponer a la fuerza un tipo de relación, de la que excluyen de un plumazo a los que deben ser parte ineludible en su definición.

Despreciables, por ponerse a mirar por encima de la valla, diciéndole al vecino lo que tiene que hacer, en lugar de dedicarse a cuidar su jardín, que se mantiene seco, lleno de trastos y descuidado como un erial.

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Recuerdo un curso en Madrid y una alumna sosteniendo que “si toda la lucha de las mujeres había servido para que su hija se pusiera de rodillas y la practicara una felación a un chico de quien ni siquiera sabía su nombre, era una lucha que no había servido para nada”.

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Esa incierta edad [el libro]

A veces tengo la sensación de que llevo toda la vida escribiendo este libro. Por fin está terminado. Edita Libros Indie . Con ilustracio...