Marzo de 1971: Se graba
la canción en el Estudio A, en Hitsville USA (así se conocía a la factoría de
Detroit).
21 de mayo de 1971: Se
publica What's Going On, el LP que incluye el tema como sexto corte
(cierra la cara A).
10 de junio de 1971:
Lanzamiento del single, segundo tras
el que da título al LP.
1 de abril de 1984: Tras
una violenta discusión con su padre, éste dispara a su hijo dos veces, siendo
el primero de ellos fatal. Marvin Gaye es declarado muerto a la 1:01 PM, un día
antes de cumplir 45 años.
1991: Motown Records edita un videoclip conmemorativo
de los 20 años de la canción y el LP (una de las joyas imprescindibles de la
historia de la música). Aparecen figuras relevantes como David Bowie, Diana Ross
o Wesley Snipes.
21 de mayo de 2021: Se
estrena un nuevo
videoclip, con motivo de los 50 años de la canción. En pocas palabras: resulta
deprimente que no se les haya ocurrido nada más imaginativo, pero el sonido es
mucho mejor que el del anterior. En veinte años han mejorado muchas cosas; más
técnicas que artísticas.
*****
En
el LP en que Gaye —abrumado hasta la desesperación— decidió meterse en
política, dedica esta canción a la destrucción del medio ambiente en una
sociedad modernizada.
Tenía
claro la causa de sus preocupaciones, como dejó escrito en su biografía, “Divided Soul”:
“Cuando
no seguimos el ejemplo de Jesús y
nos dejamos llevar por la explotación y la codicia, nos destruimos a nosotros
mismos. De eso trata ‘Mercy Mercy Me’”.
*****
Resulta
interesante imaginar que Marvin pudiera contemplar el desarrollo de la acción
política en todos estos años, para darse cuenta de que, en resumen, en un mundo
globalizado y deslocalizado, el principal recorrido para alcanzar un “mundo sostenible” pasa por movilizar a
los ciudadanos y conseguir que separen sus residuos en bolsas de colorines y
que, al tiempo, dejen de usar bolsas cuando van a hacer la compra, mientras
dejan impunes a las grandes corporaciones.
En
fin.
*****
Ten
misericordia de mí
Las
cosas no son lo que solían ser
Adónde
se han ido todos los cielos azules
El
veneno es el viento que sopla del norte, del sur y del este
Ten
misericordia de mí
Las
cosas no son como solían ser (Ten piedad, Padre)
Petróleo
desperdiciado en los océanos y los mares (Ten piedad, por favor, ten piedad)
Pescado
lleno de mercurio (Por favor, ten piedad, Padre)
Radiación
subterránea y en el cielo (Por favor, ten piedad, ayúdanos, Padre)
Los
animales y pájaros se están muriendo (Por favor, ayúdanos, Padre)
¿Qué
pasa con esta Tierra superpoblada? (Ten piedad, oh Padre, ten piedad)
¿Cuánto
abuso más del hombre puede soportar? (Por favor, ten piedad)
Dos
ciudades con un importante legado histórico y simbólico se enfrentan en esta edición
de City WARS®.
Washington,
Distrito de Columbia, es la capital federal y centro del poder político,
legislativo y judicial. Su fundación fue importante porque dejaba de manifiesto
que los deseos de independencia no habían sido un antojo y, por fin, se habían
alcanzado.
San
Antonio, la segunda ciudad más poblada en Texas, aprovechó el episodio del
asedio de la misión de El Álamo por las tropas mexicanas comandadas por el
general Santa Anna y la férrea defensa a cargo de personajes legendarios como
Davy Crockett y Jim Bowie, para alcanzar los sueños de una Texas independiente,
antes de integrarse (a su manera) en Estados Unidos.
Andy Platts, Terry Lewis, Dave Oliver, Chris Boot, Cameron Dawson
*****
Tiene
el quinto trabajo de esta banda londinense ese aire reconocible que da transitar
por caminos visitados y muy agradables, en especial para los que idolatramos a Marvin Gaye, Bill Withers, Curtis
Mayfield o Stevie Wonder.
Su
colaboración en “Revolution”, el tema
que cerraba el disco Coolaid (2016) de Snoop Dogg, fue su bautismo, ya con el sobrenombre October London.
Y,
unos meses más tarde, debutaba con un EP de ocho canciones, que ya se reseñó aquí.
Pero
su colaboración con Faith Evans (a
la que se echa en falta) es tan deliciosa, tan llena de recuerdos de Sam Cooke, Marvin Gaye o Curtis
Mayfield, que no importa que todo pueda parecer almibarado en los próximos
minutos.
La Batalla de los Estados®
completa hoy la primera ronda.
Dieciséis
se han clasificado para octavos.
Sólo
quedan los mejores.
En
este enfrentamiento se ven las caras La
Gran Manzana, la capital del mundo,
la ciudad que nunca duerme, New York (el Estado del mismo nombre)
frente al pequeño cogollo que alberga
los centros del poder político de USA, la
capital de los Estados Unidos, la
ciudad que vigila el sueño del mundo, el Distrito de Columbia, homenaje permanente al legado español en toda
América.
Aparece esta canción en una película que no merece la pena mencionar
y me acuerdo de ella y me da la sensación de que ha pasado un montón de tiempo
desde que la bailaba.
No hace tanto, ¡qué son treinta años!
El mayor éxito del grupo escocés, un canto a la libertad y a hacer
lo que te apetezca.
Con el toque jamaicano de Junior
Reid gritando: “no tengan miedo de su
libertad”.
"Soy libre para hacer lo que quiera, en cualquier momento.
Así
que, ámame, abrázame.
Soy libre para estar con quien elija, siempre".
*****
Lo pienso y me doy cuenta que ha pasado una eternidad.
Y me entero ahora (confieso que no lo sabía) que se trata de una
versión de un tema aparecido en la variante inglesa del disco de los Stones (en
aquella época inicial en que sus discos no coincidían a ambos lados del
Atlántico), cuando Mick Jagger y Keith Richards empezaban a componer
material propio. La mayor parte del resto del disco se trata de temas de
músicos negros USA, elegidos con excelente criterio (Sam Cooke, Marvin Gaye, Don Covay, Solomon Burke).
No aprecias
la libertad hasta que dejas de tenerla
Mat Ajjarapu (voz,
teclados) / Khalyle Hagood (bajo) Ari Lindo (guitarra) / Khori Wilson (batería)
*****
Mat Ajjarapu creció fascinado por el legado musical que tenía como
epicentro una ciudad que generó su propio sonido, el “Chicago Soul”, del que menciona algunas influencias rastreables en
el grupo que lidera: The Dramatics, The Isley Brothers, Leroy Hutson (las más clásicas), o Jamie Lidell y Raphael Saadiq (en la vertiente más moderna).
El single expresa la
frustración de Mat con la falta de progreso de su país en la violencia racial o
los tiroteos indiscriminados en escuelas, y se pregunta qué pasaría si Sam Cooke, o Marvin Gaye, resucitaran y pudieran ver lo que está ocurriendo.
Así que su obra está marcada por el compromiso social y la
preservación de una herencia cultural.
Un par de anticipos de otros temas que muestran el nivel del
disco: “Tell Me” y “Green Light”.
El
pasado domingo, 31 de marzo, el rapero Nipsey
Hussle fallecía tras el tiroteo en que se vio envuelto en la tienda de ropa
de su propiedad, al sur de Los Angeles.
El
debate sobre la posesión de armas que había iniciado el líder de VOX, Santiago Abascal, toma dimensión cuando se plantean las
consecuencias.
Resulta
evidente para mí que la Segunda enmienda
(la que protege el derecho a portar armas de los ciudadanos estadounidenses) se
ha convertido en un luctuoso tiro al negro.
Una
historia de la música negra atendiendo a las vidas cercenadas por las armas.
El mejor disco de música negra de 2016 es una exquisitez deudora
de Marvin Gaye y Curtis Mayfield de manera más que
notable, de un protegido de Snoop Dogg,
que cuenta con momentos apoteósicos.
Si
fuera una mujer llamada España sentada en un bar y dispuesta a ser cortejada,
podría tener varios pretendientes:
Uno
seria mi ex. Nunca me gustó del todo pero creí que era el compañero mediocre y
capaz con el que salir adelante. Trajo comida a casa, no lo voy a negar, pero
no me llevó a bailar y me pisó cuando lo intentó en el salón. Ahora le veo como
conocido y agotado, con amor y con distancia. He hecho tantos chistes sobre su
pene que no soy capaz de diferenciar la verdad de la realidad que tuvimos en
las pocas noches de idilio que nos permitió la vida y que nos llevó a tener un
piso hipotecado que no es un castillo ni un loft. Se parece más a la antigua
casa de la abuela y es mucho, muchísimo más cara. Cada mes que llega la
hipoteca pienso que el calzonazos ese podía haber negociado mejor, cada vez que
aparece a la hora de la cena me da un asco que flipas y me pregunto cómo pasó
de ser un faro a ser el abuelo de Heidi y ahora un mendigo de amor pidiendo,
cual recién abandonado, una nueva oportunidad de ser felices.
Otro
es un tipo joven y elegante con una sonrisa embriagadora. Tiene una
conversación fluida y estoy segura que se depila los huevos. Le pregunto si
acaso es bueno en la cama y me dice que será lo mejor que pueda, que lo hará
como le sea posible pero que más adelante, cuando pasen los años y miremos a
nuestros hijos a los ojos, estaré orgullosa. “Al fin y al cabo” —me dice— “una
relación tiene que tener un objetivo y habrá que trabajar por ello”.
Y sí, eso está bien. Aburridamente bien. Conceptualmente correcto y
hasta factible. Está bien controlar el misionero y no hacer ruido para que no
se despierten los niños. Pero, joder, de vez en cuando también quiero que me
follen y que me empotren entre el ruido ensordecedor de nuestros gemidos sin
que sea una promesa que no llega nunca después de prepararme y esforzarme y
sacrificarme por un bien superior que me ponen en la estantería de “lejano”.
En
otro lugar está el amor platónico de la universidad. Se ha convertido en un
anuncio de supermercado como si quisiera ser el galán de las películas
somnolientas de los sábados por la tarde. Tintinea con destellos cuando sonríe.
Fue el capitán del equipo de fútbol y estoy segura que le siguen quedando bien
las medias de deporte. Me dice lo que quiero oír: me dice que estoy guapa, me
dice que estoy delgada. Me dice que “no
tengo que poner en duda que tendré con él el mejor sexo de mi vida porque ha
aprendido de los errores de universidad y ahora es el momento de disfrutar todo
lo aprendido”. Me dice que tengo derecho a disfrutar del sexo con él, que
es la mejor opción en la cama, que me la puede meter de tres y que la va a
meter de tres. Sin embargo tengo la percepción de que quiere disfrutar él
solo y eso nunca es divertido. Nunca es apasionante encontrarse con un tipo
guapo y ufano en el otro lado de la cama esperando a que le digas lo viril que
es, como si necesitase una aprobación continua, como si le tuvieras que dar un
azucarillo después de correrse.
Se
me ha acercado un tipo algo desaliñado. Me ha prometido sexo infinito,
veganismo y reiki. Me ha asegurado la temperatura correcta en el jacuzzi de
nuestra pasión, rodeados de productos ecológicos que fotografiaremos para
subirlos a su cuenta de twitter. Me ha intentado convencer de que no debo
preocuparme por nada y que él mismo, magnífico en su propia magnificencia, hará
de su lengua la varita mágica en la que nos subiremos para no bajar jamás. Es
más, me afirma que tiene amor para mí, para la vecina, para una que pasa por
ahí, tres turistas, dos refugiadas y cualquiera que lo necesite porque cogerá
el amor de los que tienen mucho para repartirlo gratis. Todo será luz tras este
bar de oscuridad, tras estos años en los que no tuvimos la suerte de conocer su
senda ni su prolífico amor y, sin embargo, creo que quiere follarme en el
callejón de atrás para contar a sus amigos lo bien que lo hizo. Comer una,
contar veinte. Ser un trilero del parchís que se olvida que el efecto Coolidge no es
infinito y el amor, tampoco. La promesas de amor eterno siempre son mentira
hasta en el convencimiento inexperto de los adolescentes que no han salido de
casa ni para comprar el pan y no ha sabido gestionar una sola erección en
compañía.
Así
que, aunque me carcomo por dentro después de apurar el gin tonic que es la
bebida de las separadas porque es amarga, debo de elegir entre esos cuatro y
mis genitales se empequeñecen cuando todos, absolutamente todos, en vez de
decirme lo que me harán bien, se empeñan en decirme lo mal que lo harán los
demás.
Como
un reality contemporáneo y miserable no puedo quedarme con lo bueno de cada
uno. Me encantaría poderles mezclar en una coctelera, bebérmelos y orinarlos.
*****
SOLUCIÓN (Como en los pasatiempos): Rajoy,
Rivera, Sánchez e Iglesias.
SOLUCIONES ALTERNATIVAS: Garzón, Urkullu, Mas,
el tuerto, el barbudo, tu primo.
Marvin Gaye lo había hecho todo: batería en sesiones de grabación para el sello Motown, crooner, ídolo de jovencitas, polo masculino en duetos mixtos,
cantante de éxito y compositor concienciado.
Tras
el triunfo de sus memorables discos de 1971, “What’s going on” y 1973, “Let’s
get it on”, su vida se encuentra en una encrucijada. Es demandado por
miembros de su banda, se inicia el proceso de divorcio con su primera esposa, Anna Gordy (hermana de Berry, fundador del sello) y,
literalmente, su vida y obra se someten a juicio.
Está
a punto de ingresar en prisión, por impagos en los gastos de manutención de su
hijo. Su promotor organiza una gira por Europa, donde no había estado desde
1964. Una de sus actuaciones, el 3 de octubre de 1976, sirve como base para su álbum
doble “Live at the London Palladium”,
en el que se incluye “Got to give it up”,
la canción de la discordia, un largo tema de casi 12 minutos que, editado en single, es uno de los petardos del año
1977. Reemplazó en el #1 en listas USA a “Dreams”
(Fleetwood Mac) y sería sustituido
por “Gonna fly now” (Bill Conti, tema principal de “Rocky”).
Fue,
en todo caso, un ejemplo de la dificultad que en aquellos años tenían los
artistas para encaminar sus trayectorias. Marvin Gaye no quería hacer música disco, como se le insistía desde su
sello discográfico. Al final, dejó un mensaje en el título de su canción, algo
así como “Tengo que renunciar”.
Como
Aretha Franklin, o Diana Ross, o muchos otros artistas soul se mostraba reacio a dejarse absorber
por el torbellino de la música disco,
pero era un fenómeno imparable. “Thank
God it’s Friday” o “Saturday
night fever” están a punto de convertirse en mainstream. Donna Summer o Bee
Gees reventarán las pistas y dejarán un nuevo espacio a los músicos negros
que se quieran adaptar (todos).
Una
precursora, Diana fue de las primeras en claudicar. En 1975 grabó “Love hangover”, la canción que el
productor, Hal Davis, había pensado
que podía cantar Marvin. Ella luego mejoraría con “Upside down”.
Al
animarse Gaye, se inspira en Johnnie
Taylor (“Disco Lady”) y, de
hecho, su canción se titulaba inicialmente “Dancing
Lady”. En la grabación final se incluyen determinados efectos, como una
conversación en la que se le oye decir: “Say
Don! Hey man, I
didn´t know you was in here!”. Se trataba de Don
Cornelius, el anfitrión del enorme “Soul
Train”, donde improvisaría una nueva versión de la canción.
La
canción influye a muchos otros artistas negros que iniciaban el mismo tránsito
(del soul al disco). The
Jacksons son deudores en “Shake
your body (Down to the ground)” (escrita por Michael y Randy). Michael en solitario, con producción de Quincy Jones, alcanzaría su primer éxito
indiscutible con “Don’t stop ‘til you get
enough”.
En
fin, que con todo en contra (divorcio, sentencias judiciales, cambio de gustos
musicales), Marvin agacha la cabeza, un poco más todavía. Graba ese disco en
directo. Al año siguiente, 1978, cumpliendo una nueva sentencia, debe entregar
a su exesposa los royalties de su
siguiente trabajo. Gaye, todo estilo, firma un disco impecable y lo titula “Here, my dear” (“Aquí está, cariño). Llena el disco con referencias personales.
Unos
años más tarde, en un confuso incidente con su padre, éste coge su pistola y lo
mata de un tiro.
Pero
ésa es otra historia…
*****
La
nuestra, la que ahora nos ocupa, es trazar la línea (admitiendo que pueda no ser
tan borrosa), que lleva desde Marvin Gaye a Pharrell Williams y Robin Thicke.